ÚLTIMA HORA: Segunda edición de "Fuckowski, memorias de un ingeniero" casi agotada, en preparación la tercera edición
  • Buscar en Perspicalia

  • Últimas entradas

  • Páginas

  • Populares

  • Tags

  • Temas

  • Archivos

  • Activismo

  • Telekomor

  • Meta

  • (Basado en hechos reales)

    Aquel enorme engendro cilíndrico engullía mi camilla mientras el enfermero me contaba pausadamente las instrucciones. La rodilla me había hecho ¡CLAKK! para desunirse de la tibia jugando a basket y ahora me acordaba del que hubiese inventado la resonancia magnética, que dio en el clavo para fotografiar ligamentos hechos espagueti pero las hace pasar canutas a los que tenemos claustrofobia.

    Cuando el leviatán electromagnético empezó a rugir ensordecedoramente (18 letrazas) conmigo encerrado, instantánemente pensé en Guantánamo. A mí me dieron unos auriculares que eliminaban el sonido exterior y emitían el debate matutino de la radio sueca (se supone que querían evitar la tortura auditiva pero como dicen aquí arriba, fue como tener que elegir entre la peste o el cólera), sin embargo en ese cacho de tierra invadido a Cuba no les daban taponcillos de cera, los encadenaban en cuclillas y los machacaban con ruido infernal durante más de veinticuatro horas seguidas ¡veinticuatro horas!

    Mi mente quería escapar de allí, por eso empecé a… ¿cómo se dice? ah, sí, FLIPAR. En mi flipe llegó Batman (el de Batman Begins), y suspendido boca abajo del techo de la habitación del hospital comenzó a aleccionarme: sé el miedo, conviértete en tu miedo, que es como el:

    - ¡échale un par, hosstias! (que te diría cualquier colega, y que es análogo a la filosofía oriental de flores azules y collejas ninja voladoras).

    El caso es que funcionaba, me sentía un poco mejor. Aún así lo que me convenció del todo fue que el conjunto de figuras geométricas, regulares, armónicas, periódicas, minimalistas del equipo de IRM, junto con sus hipnóticas y sobrias luces blancas, más los rigurosos leds verdes de medición me introdujeron como pasajero en una nave espacial… la Discovery de 2001 Odisea en el espacio.

    El vals Danubio Azul enmudeció a los debatientes suecos y me sedó más eficazmente que dos lexatin. Imaginé que flotaba ingrávido, al compás de los violines, y escuchaba mi propia respiración en el casco de astronauta cuando desconectaba la memoria de HAL para interrumpir la resonancia a mi rodilla y liberarme. Fue cuando el enfermero sueco dijo por el auricular:

    - ¡te bajas echando le-ches!

    Puto aguafiestas, refunfuñé. Pero lo que realmente había dicho era:

    - La foto ha quedado muy bien, E. Una más, ¿preparado?

    Le había pillado el truco, ya era un superhéroe murciélago más listo que HAL (pero con la rodilla escacharrada, de ahí mi más conveniente estado ingrávido), que había vencido al miedo y se veía atravesado por campos electromagnéticos los cuales aún no controlaba. Uno que sí los controlaba, sobre el papel, fue el físico Maxwell. Siempre me fascinó el hecho de que Maxwell hubiera avanzado el desarrollo teórico de las ondas electromagnéticas hasta unificarlo con la óptica. Halló una relación entre las constantes de sus ecuaciones y la velocidad de la luz c (para luces las que les faltaban a algunos profes de teleco y sus vomitivas clases). El hallazgo traía esa conclusión alucinante de regalo: ¡la luz es una onda electromagnética! Un hito de la ciencia que para mí tenía cierto… magnetismo (si no lo digo reviento).

    A punto estuve de decirle al enfermero que me dejara allí, con mi bat-bata de hospital, charlando con HAL y Maxwell, diciéndole a Kubrick que podría hacer una peli chula sobre un cómic, escuchando el Zatatustra de Richard Strauss…

    Y acordándome con rabia e impotencia de los torturados confinados de Guantánamo y del mundo entero.

    ¿Cómo puede la literatura asustar y generar crisis en una organización criminal que maneja miles de millones de euros?
    Roberto Saviano

    Prohíbe a una cabra contar una historia y a la cabra le dará igual.
    Salman Rushdie

    El poder de los libros y las amenazas a la libertad de expresión fueron los temas de la conferencia impartida en la Academia Sueca en 2008 por Roberto Saviano y Salman Rushdie, ambos amenazados de muerte por sus escritos.

    Ocurrió en Estocolmo

    El napolitano respondía así a su propia pregunta: La literatura inquieta al crimen por cuanto desvela sus mecanismos no como un informe policial, sino de manera directa al corazón, al estómago y la cabeza. Éste es el verdadero miedo de las organizaciones criminales, que el lector llegue a sentir el problema como suyo propio, que se meta en la piel de quienes sufren esta lacra. Ya no se tratará entonces de una barbarie que ocurra allá en Nápoles, en un gulag o en Chechenia sino que será realidad en el mundo entero, y cuando la palabra comience a expandirse por él ya no se podrá detener puesto que se puede callar al escritor pero no a su aliado fundamental, el lector. Mientras el lector exista, existirá el testimonio del escritor.

    Rushdie por su parte usaba el símil animal para explicar que la libertad sencillamente de poder contar historias (ya sea la de nuestra familia, la de nuestro país, etc) es una cuestión que va más allá de la libertad de los escritores para escribir, o de los lectores para leer: es una cuestión existencial. El crimen contra esta libertad es un crimen contra la naturaleza del ser humano.

    Yo quería escribir una crítica sobre “Lo contrario de la muerte”, librito (por el tamaño) de Roberto Saviano publicado después de Gomorra. No quería desvelar mucho del contenido, así que debía completar la reseña con otros datos relacionados si tuviesen interés. Entonces me encontré con ese seminario en la Academia de los Nobel. Allí aparecía el partenopeo y su cabezón calvo rapado con un lunar, gruesas cejas, ojos apagados, ojeras (que ya tenía en la foto de Gomorra), barba de tres días más o menos y la misma austera, aburrida indumentaria de los hombres de negocios suecos: chaqueta negra, camisa blanca.

    El seminario era conducido por el entonces secretario de la Academia, Horace Engdahl. Pronunciaba un inglés británico perfecto, acentuando las últimas sílabas de cada palabra al unísono con cabezazos al aire que le hacían bailar el flequillo. Una puesta en escena pedante (aparentemente) para exponer unos conceptos y una oratoria que no tenían nada de pedantes.

    Engdahl y su flequillo rebelde introdujeron primero a Rushdie: Estrella de la literatura actual, condenado a muerte en una fatua emitida por Jomeini que puso precio a su muerte. Una década escondido bajo vigilancia policial. Como consecuencia de la fatua, Reino Unido e Irán rompieron relaciones diplomáticas (1989). Gente asociada con el libro fueron atacados e incluso asesinados. En 1998 las relaciones Reino Unido-Irán se reanudaron: Irán no apoyaría intentos de acabar con la vida de Rushdie pero el líder espiritual de Irán -Alí Jamenei- proclamó que la sentencia de muerte aún era válida. Lo inusual (hasta el momento) de aquel caso era que un estado persiguiera, por uso de la libertad de expresión, a un ciudadano de otro estado distinto.

    Desde aquel incidente se puede hablar de globalización de la amenaza, una represión para la que no existe exilio, que es a su vez reconocimiento del poder de los autores para reunir a un público internacional. Horace observa que por desgracia, existen grupos represores sin ninguna reputación internacional que arruinar, los cuales no se van a dejar impresionar por simples declaraciones de inquebrantable defensa de los Derechos Humanos.

    En el segundo turno de presentaciones de la conferencia, Roberto Saviano: Gomorra, dos millones de ejemplares vendidos en Italia; publicado y traducido en más de veinte países. El problema que sufre este napolitano nos atañe a todos: en países modernos con leyes adecuadas para defender la libertad de expresión, sigue habiendo personas que son silenciadas con amenazas de muerte. En Suecia sin ir más lejos, testigos en juicios contra bandas criminales renuncian a declarar como resultado de las presiones, al igual que periodistas que investigan a dichas organizaciones.

    Roberto explicó que cuando un policía dice que tu vida ha cambiado para siempre, o un informador revela la hora exacta de tu ejecución, lo primero que siente uno no es cuánto de injusto y erróneo tiene todo eso, la primera sensación es “¿pero qué he hecho yo?”. Empieza él mismo a odiar las palabras que ha escrito porque aunque ellas han llegado muy lejos, él no puede simplemente caminar por la calle, moverse tranquilamente, hablar, vivir. Marginación. A pesar de que esas palabras no son ya de uno solo sino de muchos -el verdadero peligro-, el castigo se recibe en solitario.

    Más aún, la mayoría de las acusaciones que recibe el de Nápoles no vienen de la Camorra (ellos emiten su condena a muerte y punto), sino de la sociedad civil que le acusa de ser un payaso, buscar la fama, el éxito, de haber especulado con esto para su beneficio. “Esto me hiere”, dice Saviano. Acusado de difamar a su propio país por decir lo que funciona mal. Roberto está fuertemente convencido de que contar la realidad es por el contrario una forma de resistencia, una forma de honrar a la parte sana del país y dar esperanza en encontrar la solución.

    Una vez hizo alguien una pintada contra él en Italia, sigue relatando: “no me lo tomé a mal, uno cuenta con ello al ser un personaje público, pero lo increíble es que hasta ahora nadie haya hecho una pintada contra la Camorra, responsable directa del aumento del cáncer en mi región por el transporte ilegal de desechos tóxicos. Las mafias en Italia son una de las potencias económicas de Europa; facturan cien mil millones de euros, invierten por todo el mundo, incluido Escandinavia. A lo largo de mi vida han matado a cuatro mil personas sólo en mi región. Una organización que hace negocios en el cemento, la panadería o la distribución de carburante. Con jefes que son médicos, constructores, psicoanalistas… una burguesía de emprendedores que está envenenando para siempre el sur de Italia” (y exportando a toda Europa el veneno en productos agrícolas o derivados, como se puede leer en Gomorra).

    Una burguesía que le quiere aniquilar por haber revelado nombres sin tapujos. Rushdie explica que irónicamente al amigo de ambos Suketu Mehta, escritor de un libro sobre la mafia en Bombay, le ocurrió lo contrario: Mehta cambió los nombres en su libro por otros ficticios… y los gángsters se molestaron. Suketu les explicó que de otra manera podrían tener problemas con la policía, a lo que contestaron “nosotros nos encargamos de la poli, tú pon nuestros nombres”.

    Salman Rushdie había empezado su discurso dando las gracias a la Academia Sueca, probablemente para la literatura lo más parecido a un sitio sagrado (risas). Lo suelta con cara de pillo, dedos jugando con su perilla cana, buscando y esperando con sus ojos de travieso que la audiencia haya entendido la broma.

    No sólo pistolas callan bocas

    Pone sobre la mesa el inglés de origen hindú la ausencia de libertad de expresión en China, África y el mundo islámico. Pero apunta que corren malos tiempos también en los países llamados “libres” de Occidente. En parte porque algunos bienintencionados grupos ideológicos intentan prevenir de lo que puede ser dicho por si pudiera parecer estar en contra de esta o aquella identidad. La censura acaba marginando y haciendo anodina a una literatura que debe ser más dura o áspera que insulsa. La democracia en sí, en su mejor versión, no es precisamente una merienda entre amigos sino una discusión apasionada. Hay (desgraciadamente, según Rushdie) una aspiración de aplacar a esos grupos que se sienten ofendidos, y con ello toda una cultura de la ofensa ha crecido: “Verdaderamente parece que estas comunidades no tiene realmente una cultura hasta que son ofendidos por algo”.

    Conforme a lo que opinó Salman, tradicionalmente el poder que más ha amenazado a los escritores ha sido, aún más que los estados, la Iglesia. Escritores como Diderot o Voltaire se propusieron romper con ese poder, y el éxito de ese proyecto (acabar con el poder de la Iglesia de limitar los pensamientos) es la victoria en que la libertad de expresión de ideas en la época contemporánea está basada. Lamentablemente, existen en la actualidad autoridades de diferentes religiones esforzándose en limitar aquello que puede ser dicho con métodos (el asesinato entre ellos) aún más brutales que los de la Inquisición.

    Rushdie prosigue señalando que el terror se ha hecho internacional pero no siempre cruza las fronteras. Voltaire decía que un escritor debía vivir cerca de la frontera con otro país, porque podría ser necesario alguna vez cruzarla para escapar. El exilio ya no funciona porque vienen a por ti de todas maneras… pero no debiéramos dar al enemigo más poder del que realmente tienen. Por ejemplo, cuando se emitió la fatua contra los Versos Satánicos, pudo comprobar el escritor inglés el límite de ese poder y con ello encontrar el camino a la solución. No estoy seguro -dice Salman- de cómo de largo es el brazo de la Camorra, pero no creo que pueda alcanzar a todos y cada uno de los rincones de este mundo.

    Añade que tenemos la obligación de proteger a Saviano, no sólo porque sea un chico simpático (risas), sino porque ésta se trata de una más entre las largas series de batallas en las que el poder intenta controlar la discusión sobre la batalla en sí.

    Ambos escritores ilegalmente sentenciados a muerte terminaron la conferencia discutiendo los distintas aspectos que afectan a la libertad de expresión. Saviano, entre otros, llamaba la atención sobre el peligro de la sobreinformación (y su connatural dificultad para filtrar o discernir lo relevante) ayudándose del dicho catalán según el cual “cuando hay inundaciones, lo primero que desaparece es el agua potable”. Rushdie alertaba de que en el tiempo presente se alienta a la gente a definir su identidad de manera cada vez más restringida, y cuanto más estrecha es ésta, más fácil es el desacuerdo con los otros. Cualquiera entiende que ninguno tenemos identidades simples. Todos tenemos identidades plurales, amplias, complejas… reconociendo esto podremos encontrar puntos de acuerdo con los demás. A lo mejor yo soy cristiano y tu musulmán pero en otra área de nuestra identidad podemos ser personas preocupadas por nuestro peso, que sufren la misma enfermedad, con hijos que nos causan idénticos problemas o seguidores del mismo equipo de fútbol. Todo eso junto es nuestra identidad y no sólo una cuestión limitada de ideología o creencias.

    Los dos autores apuntaron a diversas causas, personas, grupos, etc. Roberto Saviano asestó también el peso de la responsabilidad a todos nosotros como lectores: hay escritores que aún sufriendo enormes dificultades consiguen contarnos en un libro la realidad. Pero desgraciadamente es una realidad en la que muchos, teniendo la maravillosa libertad de ir a la librería, ver una película, etc, no se desean sumergir. Por esa razón la mafia durante muchos años ha estado estereotipada (El Padrino, Vito Corleone, Scarface), vista como una cosa glamurosa, violenta pero terroríficamente fascinante. Y la gente ya no quiere otra versión distinta.

    El libro

    La versión más realista, la que Saviano leyó en los informes judiciales y vivió como infiltrado cuando escribía Gomorra no es tratada directamente en su siguiente obra “Lo contrario de la muerte” pero es su trasfondo. El relato de lo que ocurre en el sur de Italia lo lleva inevitablemente insertado como un tumor gigante incurable, arrancarlo de cuajo sería perder más de medio cuerpo.

    “Lo contrario de la muerte” cuenta anécdotas de chavales italianos que se ven obligados a meterse en el ejército porque no tienen otra salida, que odian la guerra pero aman el combate. Han oído disparos en su calle y en el extranjero. Si no les destroza una mina quizá vuelvan a casa contaminados por uranio y con sus amigos en ataúdes, vive ahora con eso. Hombres que van con un fusil a donde se les mande y descubren pronto lo absurdo de la guerra. ¿Afganistán? desde allí escribió Enzo a Maria que “en Kabul nadie aguantaba ya más la guerra y todos querían estar tranquilos como él. Escribía diciendo que no esperaba encontrar un país tan hermoso que casi te venían ganas de irte a vivir allí y de maldecir a quien fuese que lo había dejado así“.

    Lo descrito por Saviano me llega entre otras muchas razones porque lo he visto desde mi ventana, algunas cosas son las mismas ya ocurran en barrios de España, Nápoles o Baltimore. No ya la combinación de ausencia de Estado con la ideología neoliberal del destruye a tu competidor, no sólo los crímenes en sí sino también los mecanismos que los vecinos aprenden para convivir con ellos. Citando al libro, “te adiestran para considerar todo lo que sucede como inevitable [...] y esta postura te impide entender. Entender cómo van las cosas, cómo pueden evitarse, de dónde provienen. Es como tomar cada día como si fuera el peor de los días, pero saber qué provecho sacar de cada uno de ellos. Una ventaja miserable“.

    Recoge en este libro, como hizo en Gomorra, historias humanas que hablan de los universales (la violencia, la familia, la muerte, la amistad, la tierra, la infancia, la vejez), de lacras de nuestra sociedad como el machismo, la corrupción o la brutalidad. También excarba con la misma ansiedad para encontrar rincones donde poder respirar y admirar belleza hasta comprender qué es lo contrario de la muerte. A pesar de todo ello, “Lo contrario de la muerte” sigue condenando a Roberto Saviano a vivir lo contrario de la vida.

    No quería escribir una crítica escasa y finalmente ha sido extensa para un libro de noventa páginas. Es una manera de expresar que para mí este italiano es un héroe. Y si héroe es una palabra demasiado cargada de sentimientos, fácilmente manipulable y utilizable por diferentes intereses, digo que es sencillamente necesario.

    Porque cuando a Saviano se le cuestionaba el que estuviera obsesionado con la sangre y la violencia respondió que él, al igual que quienes tienen en su corazón comprensión tanto para la belleza como para la posibilidad de vivir libre y amar, no soporta el hedor de la corrupción y devastación de su propio país. Y por ello del mismo modo que Albert Camus, indicaba su (para mí más que necesario) propósito:

    Existe la belleza y existe el infierno. A ambos permaneceré fiel lo mejor que pueda“.

    Por Diego Fidalgo, 18/02/2010, en Diego, la viñeta

    Viñeta Diego F

    Por Diego Fidalgo
    (sobre el autor)
  • Entradas anteriores en Perspicalia.com

    [16/02 por Adehoces] Cuando se conocieron apenas acababan de abandonar la niñez. Él era un joven algo reservado que empezaba a madurar a escondidas detrás de su semblante serio; ella la hermana pequeña de un amigo, una niña risueña en un exuberante cuerpo de mujer, la fruta prohibida del árbol del deseo. Cada vez que la tenía cerca, [...]
    [05/02 por Diego Fidalgo] (Internet en China) [...]
    [03/02 por E] Abrí El guardián entre el centeno cuando el tren que me llevaba desde algún lugar de Suecia hasta la capital echaba a andar. Lo hice con resignación, tenía que afrontar de alguna manera las siete horas de viaje que tenía por delante. Luego quise que el viaje durase más para que me diese tiempo a [...]
    [21/01 por Diego Fidalgo] (Haití antes del terremoto, Haití después del terremoto) [...]
    [06/01 por Juin] Hace años formé parte de un grupo de resistencia. Era el grupo “Yo No Necesito un Teléfono Móvil”. Nuestra causa era noble, el lenguaje SMS nos repugnaba y el estar conectados a todas horas del día con cualquier pesado que quisiera llamarnos nos parecía una pesadilla. Pero acabamos cayendo, uno por uno. Algunos aún aguantan [...]
    [04/01 por Adehoces] Tras la avalancha de pedidos navideños, quedan únicamente 20 15 ejemplares de la segunda edición de “Fuckowski, memorias de un ingeniero”, que mantienen el precio de oferta: 17€ gastos de envío incluídos, con dedicatoria y firma (puedes hacer tu pedido en la Tienda Online). La Fundación DRAC me confirma que se va a imprimir una [...]
    [15/12 por Adehoces] A partir de hoy y hasta el 1 de Enero, todos los pedidos de la edición impresa de “Fuckowski, Memorias de un Ingeniero” tendrán un descuento navideño de 5,40 EURAZOS. Llévatelo a casa por 22,40€ 17,00€ gastos de envío incluídos. Indica a quién va dedicado el ejemplar en la caja de texto correspondiente y pulsa “añadir [...]
    [01/12 por Juin] Lo que de verdad me irrita de los reality shows no es el hecho de que sean una forma de mantener entretenido al público con morbo malsano. Tampoco que a veces se presenten como “experimentos sociales” en los que participa “gente normal”. Los individuos dispuestos a vender su vida privada a cientos de miles [...]
    [21/11 por Adehoces] Iba en el autobús de Torre del Mar a Málaga. Contemplaba el mar y se me perdía la mirada entre los brillos del sol sobre el rítmico vaivén del agua. Pasé largo rato absorto, hasta que por el rabillo del ojo capté una preciosa sonrisa pintada de rojo que me sacó de mis reflexiones. A [...]
    [02/11 por E] La tele no avisa de que va a soltar basura, simplemente la emite y a veces uno se la traga si anda descuidado y con las defensas bajas. Si más tarde se visiona de nuevo ya con la perspectiva del tiempo, p.e. cuando la rescata algún documental, advierte uno por fin la pestilencia de esos [...]
    [08/10 por Juin] Sobre la superficie lunar se encontraban dos astronautas. Estaban a unos cuantos metros de la nave de aterrizaje, donde el resto del equipo bajaba todo el material necesario para larga lista de experimentos planeados. El capitán James Mayansky increpó a su acompañante: -¿Qué, te convences ahora? ¿Es esto suficiente prueba? Has estado callado todo el viaje [...]
    [05/10 por Adehoces] Mucho se ha hablado ya de la llamada web 2.0 (de hecho, el 90% del espacio en disco ocupado por la web 2.0 se ha empleado precisamente en hablar de la web 2.0; el 10% restante son anuncios gratis y publicidad de AdSense), y parece que el asunto nunca se acaba de definir. El concepto [...]
    [30/09 por Juin] Un hombre de tupida barba blanca, generosa barriga y camiseta de cuadros se subió a una tarima. Si no fuera por la cara seria y sus rasgos severos, habría parecido un Papá Noél de paisano. Delante suyo había una audiencia considerable, la mayoría hombres de mediana edad. -¡Queridos camaradas! ¡Nos hemos reunido aquí hoy para pasar [...]
    [28/09 por Adehoces] Una mañana soleada en un concurrido parque. Música alegre de violines. Varios niños juegan al fútbol, un señor sonríe jovial en su puesto ambulante de algodón dulce, jóvenes enamorados pasean de la mano, dos señoras gordas sentadas en un banco charlan animadamente y dan de comer a las palomas. Los violines paran en seco. Se oye [...]