• Búsqueda

  • Últimas entradas

  • Páginas

  • Tags

  • Temas

  • Archivos

  • Activismo

  • Telekomor

  • Meta

  • Publicado el 31/12/2008, en autobombo, Fuckowski ·  0

    Los lectores de Diario SUR tuvieron a bien recomendarme para los I Premios SUR.es a las mejores iniciativas de Málaga en Internet. Hace pocos días el jurado me ha elegido como finalista en la categoría de mejor página web personal. Con motivo de la nominación hoy se publica una pequeña entrevista.

    Publicado el 30/12/2008, en columna en El Avance, Fuckowski, opinión ·  4

    Artículo publicado en El Avance (cierre del anuario de 2008)

    El año 2008 será sin duda recordado como el año de la gran crisis. En años anteriores los bancos se habían estado estafando unos a otros con las hipotecas subprime y, como en el timo de la estampita, cuando finalmente el avispado comprador de duros a cuatro pesetas se quedó a solas y abrió el sobre de los beneficios descubrió que allí solo había papel mojado. La bola de nieve empezó a correr ladera abajo, se fue haciendo cada vez más grande, y acabó arrastrando consigo toda la economía mundial. Las consecuencias son de todos conocidas: inestabilidad, derrumbe bursátil, crisis alimentaria, y los gobiernos del mundo tratando de tapar el agujero de la economía privada a base de inyectar insultantes cantidades de dinero de los fondos públicos. De nuestros bolsillos, vaya.

    Siempre nos la meten doblada exactamente con la misma historia. Apelan a nuestra avaricia y nos ofrecen algo que hoy vale cuatro y mañana (aseguran) se podrá vender por cuarenta. Y picamos una y otra vez como pardillos. Áticos en el extrarradio, acciones de las puntocom, colecciones de sellos de Los Simpsons, etcétera. Pura y simple especulación; la misma estafa piramidal mil y una veces rebautizada. Al final siempre llega un punto en que la burbuja de precios hinchados no tiene más remedio que estallar, y toda la pirámide hace crack.

    Hasta hace escasos meses los defensores a ultranza de este fraude a gran escala que ha sido el capitalismo neoliberal (y que, como todo fraude, sólo puede defenderse por interés o por ignorancia) aún se atrevían a sostener que habían construido el mejor de los mundos posibles, y lo peor del asunto es que una parte considerable de la población se lo creía. Nos las prometíamos muy felices en nuestro dulce sueño de crecimiento exponencial. Pensábamos que todo el monte era orégano y que de verdad, de alguna forma, estos señores multiplicaban los panes y los peces. Pero llegó la hora de la verdad, que siempre llega, y pasó lo que tenía que pasar: unos pocos se lo llevaron crudo y a los demás sólo nos han dejado enormes deudas. Ellos se salvaron de la catástrofe con sus paracaídas de oro y a nosotros nos han dejado el mundo hecho unos zorros.

    De todas formas todo este desastre no deja de tener una lectura positiva: hemos tocado fondo y, exceptuando los casos de estupidez insalvable, hemos cobrado conciencia de muchos de nuestros errores. Hace escasas semanas no se podía mantener una postura de izquierdas y abogar por la regulación de los mercados sin que miles de cretinos envalentonados alzasen la voz para lapidarte bajo una lluvia de manidos clichés sobre las virtudes del neoliberalismo económico y el sueño americano. Una defensa acérrima que sólo puede explicarse por egoísmo y estrechez de miras. Es comprensible; ingresaban dinero sin esfuerzo y no se planteaban que todo giraba en torno al engorde artificial de precios de cientos de miles de viviendas que no se necesitaban y que en algún momento nadie se iba a poder costear. Hoy, millones de criaturitas han despertado del sueño húmedo americano y se han dado cuenta de que en realidad estaban solos en la cama y además se estaban meando encima.

    Este será también el año que vio marcharse a Bush, ese engendro estulto, reaccionario y caduco que tan bien representa a la podrida moral capitalista. Se fue el último de las Azores, el trío de pequeños dictadores que quisieron subirse a hombros de la historia y lo único que consiguieron es hacer de este mundo una vergüenza. Esperemos que ya pronto se apaguen los ecos de sus voces chirriantes y soberbias y dejen tranquilo al mundo seguir su nuevo curso.

    Afortunadamente, 2008 también será recordado como el año de la elección de Obama. Uno, que está acostumbrado a la decepción política constante y a que todo quede en bonitas palabras que se lleva el viento, no puede evitar plantearse si todo esto no será demasiado bueno como para ser cierto. Pero voy a darme el gusto de creer que, efectivamente, las cosas van a empezar a cambiar. Necesitamos desesperadamente renovar nuestras esperanzas. Aún queda un larguísimo camino por recorrer para hacer de este mundo un lugar mínimamente digno, pero voy a permitirme el lujo de pensar que al menos empezamos a apuntar en la dirección correcta.

    El panorama es desolador: Oriente Medio, el tercer mundo, el calentamiento global, Latinoamérica, por citar algunos de los grandes problemas del mundo de los que puede responsabilizarse en gran medida al imperialismo yankee. En un futuro inmediato me gustaría ver a EEUU retirarse de Irak, comprometerse a respetar el protocolo de Kioto, retirar su apoyo incondicional a la barbarie israelí, reducir drásticamente su consumo energético y su dependencia del petróleo árabe, retirar el embargo económico a Cuba… Ya es hora de devolver un poco de cordura a este mundo aquejado de la fiebre del dinero.

    Ahora el mundo expresa sus buenas intenciones, lo que no deja de ser reconfortante. Pero las buenas intenciones no bastan; no es suficiente con soltar una lágrima oyendo un discurso de Obama, cogernos de la mano y entonar el yes we can a la luz de las velas cual anuncio navideño de Coca-Cola. Tenemos que cambiar drásticamente de mentalidad y de actitud y recuperar nuestra conciencia política. El cambio empieza por nosotros. Tenemos que recuperar nuestros valores y dejar atrás la carrera de ratas; hemos vivido los últimos años en una vorágine de consumo compulsivo y derroche energético, creyéndonos mejores cuantas más cosas inútiles poseíamos e ignorando las drásticas consecuencias de nuestra locura colectiva. Nos habíamos convertido en unos horteras inconscientes capaces de cometer las mayores barbaridades con tal de mantener un tren de vida estúpido e insatisfactorio.

    Hoy más que nunca hay que arrimar el hombro. Hemos dado muchos pasos atrás y hay que recuperar el tiempo perdido. Aprovechemos el cambio de año para hacer firme propósito de enmienda y hagamos de 2009 el principio de una nueva vida. Recuperemos la humildad y la sencillez, dejemos atrás ese narcisismo caprichoso propio de la inseguridad adolescente, y maduremos de una vez por todas. Quizás no sea demasiado tarde.

    Publicado el 02/12/2008, en columna en El Avance, Fuckowski, opinión ·  1

    Columna publicada en El Avance el 28 de Noviembre de 2008
    (Versión impresa)

    Nos costó tres horas de coche llegar a la playa, la mayor parte del trayecto por un camino de tierra plagado de curvas. Íbamos charlando sobre lo mal que va el mundo últimamente. A pesar de que el coche temblaba con fuerza, Luka dormía plácidamente en brazos de su madre. Cuando finalmente llegamos a nuestro destino todos estábamos exhaustos menos él. Despertó riendo, se apeó del coche y echó a andar hacia la orilla.

    Allí no había ni rastro de civilización. Sólo estábamos nosotros, el mar y una espesa bruma blanca flotando sobre la arena. Espacio natural protegido, rezaba un cartel. Quedé largo rato contemplando el paisaje, maravillado. El Atlántico rugía profundo ante mis ojos, el viento se estrellaba contra las montañas volcánicas a mis espaldas, el sol se colaba por entre las nubes y yo cada vez me sentía más pequeño y más humilde. De pronto me avergoncé de pertenecer a esta raza humana tan ciega y tan cargada de odio, y sentí ganas de llorar por un planeta que muere a manos de nuestra mezquina insensatez.

    Me despojé de mi ropa y eché a correr por la orilla; apreté los puños y corrí desnudo por la arena hasta que me perdí en la bruma. Paré cuando la sangre empezó a golpearme las sienes; me lancé de cabeza al agua y me dejé llevar por las olas de espuma. Una y otra vez nadaba mar adentro, y una y otra vez las olas blancas me devolvían a la orilla y me dejaban tirado sobre la arena. A veces uno quisiera que el mar se llevase los sueños rotos, los malos recuerdos, la rabia, los demonios; a veces uno lo daría todo por olvidar que el mundo está condenado. A veces uno quisiera renacer y no puede.

    Una voz lejana que gritaba mi nombre me sacó del trance. De la nada blanca surgió una pequeña figura borrosa que corría hacia mí con los brazos abiertos. Era Luka.

    Tiene cuatro años. Es medio serbio y medio bosnio, pero nació bajo el sol de Canarias y ha pasado su corta vida jugando en la playa. Un buen día su madre decidió que quería empezar de nuevo, se armó de valor y abandonó Serbia. Aterrizó en las islas sola y sin saber español, y a base de mucho coraje y sacrificio consiguió construirse una vida. Luka nació poco después. Él es inmensamente feliz; así lo atestigua su mirada limpia y risueña. No sabe lo que es el odio, ni la guerra, ni la miserable condición humana. Aún no había nacido aquella mañana de Abril en que su madre no pudo ir a clase porque la OTAN bombardeaba Belgrado. Luka no sabe de los fantasmas que pueblan la memoria de su madre; ella mantiene a raya sus demonios detrás de una perpetua sonrisa. Luka ha nacido en un espacio protegido donde juega feliz y no conoce más que el amor.

    “¡Ehpérame, ‘Fredo, que te fuihte sin mí y aún no jugamoh!”, me dijo el pequeño con su peculiar acento majorero. Le cogí en brazos y nos metimos en el agua a jugar a los surfistas, y durante un rato volví a ser un niño inocente y despreocupado.

    Mas tarde tuvimos frío y decidimos regresar. Subí al pequeño a mis hombros y volvimos paseando por la orilla. Entonces me di cuenta de que no todo está perdido: Luka es la esperanza. A veces el coraje de una madre es capaz de sobreponerse a la barbarie y hacer resurgir la inocencia de entre las ruinas del odio. Luka es la humanidad renacida. Su madre quizás no lo sepa, pero ella sola ha salvado el mundo. Y es que sólo hay dos fuerzas en la naturaleza: el caos y el amor de madre, y una vez más el amor de madre ha ganado la partida.