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  • 15 de diciembre de 2009

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    01 de diciembre de 2009

    Lo que de verdad me irrita de los reality shows no es el hecho de que sean una forma de mantener entretenido al público con morbo malsano. Tampoco que a veces se presenten como “experimentos sociales” en los que participa “gente normal”. Los individuos dispuestos a vender su vida privada a cientos de miles de personas intentando hacerse famosos a golpe de genital no son la norma, ni psicológica ni estadísticamente hablando. Es duro pensar que cada vez que alguien eleva a la categoría de experimento científico esa casa con diez oligofrénicos copulando en los retretes y teniendo conversaciones que harían enrojecer a un niño de seis años, millones de científicos que dedicaron décadas de esfuerzo y pasión para hacer avanzar el conocimiento humano, desde Aristóteles hasta Einstein, se revuelven en sus tumbas. Pero esto no es nada nuevo.

    También tengo la impresión de que muchos de los que ven estos programas con la excusa de que “sólo se ríen de los frikis” lo hacen porque tienen la autoestima por los suelos y subconscientemente necesitan sentirse superiores a alguien, aunque sea un pobre anciano desfigurado con un retraso mental más que evidente, como era el ya desaparecido Pozi, o un yonki en las últimas al que años de consumo de drogas le han borrado del cerebro el sentido del ridículo. Pero esto no es lo que más me irrita.

    Lo peor de los realities son las cámaras en la nuca.

    Hablo en concreto de los programas para “buscar pareja”, subgénero dentro del género reality, como el actual Granjero busca Esposa o uno que daban en la MTV hace un tiempo, cuyo nombre ni siquiera quiero buscar en google.  Así como en Gran Hermano el “espectáculo” se centraba en la convivencia y tocaba de forma tangencial el romance entre los concursantes, aquí el “romance” es el tema principal. En teoría, estos programas diseñados para parecer reales (reality show, ¿recuerdan?) generan un ambiente relajado para los que están detrás de las cámaras. Los testimonios de los concursantes así lo afirman.

    -Estaba nervioso al principio, pero después de unas cuantas sesiones se olvida que las cámaras están ahí, ¿sabes? -dice Menganito.

    Oh, maravilla. Es entonces cuando empieza la magia, el inicio del espectáculo, dice el productor. Los concursantes se han olvidado de las cámaras y entonces el selecto público puede disfrutar de ser voyeur sin necesidad de llevar gabardina ni unos prismáticos ni el riesgo de acabar en el cuartelillo dando explicaciones.

    Pero la realidad es que los concursantes no se olvidan de las cámaras, simplemente se acostumbran a vivir con ellas.

    Es muy humano adaptarse a las diferentes situaciones sociales. No usamos las mismas palabras ni el mismo lenguaje corporal con los amigotes que con nuestros abuelos, ni siquiera usamos el mismo tono de voz. Todos nos creamos personajes que se adecuan a las distintas situaciones que vivimos en nuestras vidas. Nos imitamos unos a otros, a veces conciente y otras inconscientemente, como primates que somos. Nos adaptamos. Cuando los concursantes de los realities se acostumbran a las cámaras, no están olvidándolas. Simplemente han interiorizado sus personajes y pasan a actuar con la naturalidad de un actor profesional. Y pueden llegar a creerse que son ellos. Pero en ese momento los que están delante de las cámaras son los personajes que han creado para mostrar al mundo. Sus verdaderas personalidades están ocultas en el fondo de su cerebros, asustadas de salir porque saben que encima de su nuca está la cámara, esperando que pierdan el control, ávida de basura para rellenar los tabloides y alimentar de morbo a la gente que disfruta con las miserias ajenas. Estos personajes artificiales, creados en los cerebros de los concursantes, se multiplican como virus en millones de televisores y entran en los salones de nuestras casas.

    Si un programa de estas características se vuelve popular no existe escapatoria, apagar el televisor no nos inmuniza. Cuando los personajes están en suficientes cabezas estos pasan a derramarse en conversaciones delante de la máquina de café en el trabajo y en las barras de los bares. Son personajes que parecen reales y que se comportan como si fueran reales, y les imitamos como primates que somos. Cuando nos contagian actuamos como si nuestras vidas también estuvieran siendo retransmitidas. De esta forma, los reality shows nos hacen un poco más superficiales, potenciando nuestra obsesión por la imagen, transformando las relaciones humanas en actuaciones y equiparando la búsqueda de pareja con la búsqueda de una chaqueta que nos siente bien. Eh, pero que quede bien claro que no tenemos ningún problema. Al principio se nos hizo un poco raro, pero por fin nos hemos acostumbrado y ya no notamos que las cámaras están ahí. En nuestras nucas.

    21 de noviembre de 2009

    Iba en el autobús de Torre del Mar a Málaga. Contemplaba el mar y se me perdía la mirada entre los brillos del sol sobre el rítmico vaivén del agua. Pasé largo rato absorto, hasta que por el rabillo del ojo capté una preciosa sonrisa pintada de rojo que me sacó de mis reflexiones. A través del hueco entre los asientos delanteros pude fijar mi atención en aquellos labios felices y cálidos. Una chica joven de ojos verdes y rostro sereno parecía recrearse en algo que, a juzgar por esa mirada derretida de puro amor, debía ser fascinante. Supuse que era el mar.

    Entonces otros labios también pintados se acercaron a los suyos, sus ojos verdes se cerraron despacio, y hubo un beso templado y suave y caricias en la mejilla, y yo casi me sentí culpable por colarme en aquel íntimo momento escondido tras mis gafas de sol.

    La chica de ojos verdes volvió a la devota contemplación de su compañera. Yo volví a perder la vista en el mar, y al rato me di cuenta de que me había quedado perplejo. No por el beso lésbico, que uno siempre ha pensado que pretender imponer al amor y al deseo los límites estadísticos de las costumbres es una gilipollez contra natura, sino porque caí en la cuenta de que no recordaba haber visto una expresión de cariño tan pura en muchísimo tiempo.

    ¿Cuándo había sido la última vez que había visto una pareja heterosexual en actitud semejante, mirándose a los ojos con tal devoción? Solo alcanzaba a recordar caras largas, brazos cruzados, ceños fruncidos, discusiones, reproches, rabia contenida, como si las parejas estuviesen juntas por obligación y no por placer. Concluí que quizás, como postulaba Erich Fromm en El arte de Amar, los tentáculos de la sociedad de consumo se hayan enredado en las mismas raíces del amor. Todo se define, se retuerce y se condiciona, todo se desvirtúa y se etiqueta y se convierte en producto, y al final se acaba persiguiendo esa versión superficial e insulsa del amor con la que se nos bombardea en los medios, con sus sonrisas Profidén y sus mesas para dos y sus diamantes para siempre, un sucedáneo frívolo del amor que llena el alma tanto como el comprar un nuevo teléfono móvil. Adquirimos el producto esperando que, acto seguido, nos invada esa felicidad mística que la publicidad nos promete; queremos que el vecino del quinto nos mire y se muera de envidia. Pero la felicidad nunca termina de llegar, y acabamos culpando al otro de no ser aquello que creímos comprar.

    La sociedad de consumo acabará apropiándose también de las relaciones homosexuales y las redefinirá, desvirtuará y etiquetará a su gusto, inventará ritos y fechas señaladas y prometerá la felicidad eterna al final de un laberinto de escaparates y cajeros automáticos. Pero hoy que aún es un acto de rebeldía el salir del armario, hoy aquellas dos chavalas del autobús se aman porque les da la gana, lejos de todo condicionamiento, y se besan en discreto silencio sin importarles el resto del mundo. Mientras, otras muchas parejas exhiben ruidosamente sus superficiales relaciones de diseño, y algunas incluso se atreven a afirmar que lo suyo es “lo natural”.

    02 de noviembre de 2009

    La tele no avisa de que va a soltar basura, simplemente la emite y a veces uno se la traga si anda descuidado y con las defensas bajas. Si más tarde se visiona de nuevo ya con la perspectiva del tiempo, p.e. cuando la rescata algún documental, advierte uno por fin la pestilencia de esos mismos programas que antes encajaron en la “normalidad”. Como aquel programa que llegó a tener Jesús Gil, las mamachicho, las gracietas de Berlusconi en Italia o los shows con el impresentable de Menem en Argentina. Otros (aquí meto un saco de programas de la MTV) dan ganas de vomitar a la primera y aunque hoy se hayan colado sin hacer ruido en la cotidianidad, mañana llevan más papeletas en el concurso de esperpentos.

    Por otro lado están esos escasos momentos que te dejan pegado a la pantalla del televisor con la piel de gallina porque, bien algo trascendente está ocurriendo, o bien los protagonistas elevan el nivel de calidad del medio en información, periodismo, espectáculo, etc: Gabilondo preguntándole a González si ordenó el GAL, Del Olmo a Aznar que cuándo aceptaría una charla con Iñaki, Juan Echanove replicando a Gil, Eduard Murrow jugándosela en la entrevista a McCarthy, Frost acorralando a Nixon, etc, o en otra categoría de entrevistas memorables, la que le hizo a Aznar un Urdaci con los pantalones bajados antes de empezar.

    Cinco estrellas también para algunas ediciones del Daily Show de Jon Stewart quien haciendo una comparación a lo bruto, podría ser la versión yanqui de nuestro Gran Wyoming. Muy relevante también el hecho de que habla como si tuviera dos bolas de algodón en las encías inferiores, igual que las que se puso Marlon Brando en El Padrino. Su seguimiento a las elecciones que ganaría Obama era para no perdérselo: inteligente, ácido y disparando humor contra todo y contra todos. Los debates cara a cara para las presidenciales expusieron nítidamente por sí solos el (en mi opinión) penoso nivel de los representantes republicanos McCain-Palin (tan malo o peor que el de Bush) y la calidad del discurso Obama-Biden. Después The Daily Show hacía unos resúmenes que además de comentar e informar te tiraban al suelo de la risa.

    Una de esas brillantes ediciones ya al margen de las elecciones enfrentó a Jon (no James, ése era el actor y siempre confundo el nombre) Stewart contra Jim Cramer, presentador de Mad Money en la cadena de noticias financieras CNBC. Cramer es, ¿cómo podría describirse?… pura cancamusa (dónde he escuchado yo…? da igual). La entrevista no tuvo desperdicio: Jon se comió a Jim -dialécticamente- con patatas. Ambos discutieron sobre la crisis económica con un lenguaje directo (esto muy americano) pero al mismo tiempo sin gritar ni insultar y aunque hubo momentos de tensión, los dos supieron desengrasar la charla con alguna que otra broma. Jim, que quedó para el arrastre, al menos tuvo el mínimo de decencia para dar la cara y una vez desarmado, no negar la evidencia. Mal acostumbrados estamos en España, donde lo habitual es ver políticos en rueda prensa diciendo que es de noche cuando es de día porque así se decidió en sede del partido, o evadiendo preguntas definitivas con ese “no a todo” para la posteridad de la tránsfuga Sáez en el tamayazo.

    Lo que viene a continuación es simplemente una narración y traducción libre de esa entrevista (alguno pensará con razón que es como cantar los goles de un partido de la temporada pasada); señoras y señores, esto no es una peli del Oeste pero se titula JON STEWART vs JIM CRAMER.

    The Daily Show With Jon Stewart Mon – Thurs 11p / 10c
    Jim Cramer Extended Interview Pt. 1
    www.thedailyshow.com
    Daily Show
    Full Episodes
    Political Humor Health Care Crisis

    Primer asalto, primer punch.

    CNBC se ha opuesto a rescatar a las personas acechadas por embargos hipotecarios; ¡que les jodan! gritaban los brokers ante un comentarista de esa cadena en el parqué del CME. Esa misma cadena, cuenta Jon Stewart, ha estado jaleando a los bancos que extendían préstamos a un interés del 30% y seguido insultando a los que ahora pierden sus casas.

    Cramer dice para defenderse que no comparte ese ataque a los que se han arruinado, que la gente que ahora necesita tres trabajos son héroes y no perdedores… que él mismo en su día llegó a vivir en el coche. Jon le agradece ese desmarque pero lanza el primer ataque (echa la silla hacia atrás, barbilla abajo, dedos al labio inferior): en CNBC se presentan como expertos financieros con acceso a los CEO… ¡¡y ni la olieron!! ¡además le echan la culpa a la gente corriente que no tiene la pericia en economía de la que ellos presumen! ¡les acusan de ser parte del problema!

    Segundo punch.

    Jim, que aguanta el chaparrón como puede, es la viva estampa del minglanillas (otro déjà vu…? da igual), estresado porque se le está poniendo un espejo delante; admite errores pero defiende el no verla venir asegurando -angelito- que aquello era una probabilidad entre un millón…

    - (Jon) ¿Entonces por qué te pones furioso con nosotros? ¿por qué dices que somos injustos?.

    Cramer rectifica, ahora dice que The Daily Show no fue injusto y se escuda en que tienen que rellenar 17 horas de tv al día y hacer predicciones (tan exitosas como la de comprar cedés).

    - (Jon) A lo mejor podríais recortar tantas horas y de hecho, dejar de hacer predicciones ¿acaso tienes que hacerlas, es algo genético?… Llegaste a soltar que se había llegado al fondo, que las acciones sólo bajarían 15 puntos y al día siguiente, después de un repliegue de 300 puntos bailaste sobre la tumba de los chicos desplumados de la bolsa.

    Ahora Cramer hace un enorme esfuerzo por explicar lo que no puede, habla lento, gesticulando, exagerando, espeso, con vocabulario simplón…

    - (Jon) …gracias por hablarme como si tuviera 5 años…

    Las carcajadas en el plató dan un respiro a un Jim Cramer que parece disfrazado de sí mismo: camisa arrugada dos tallas demasiado grande, arremangada nerviosamente por encima de los codos como preparada para meterse en faena sucia y que subraya su imagen de farsante, de vendedor de crecepelos, trepa, etc.

    Dime la contraseña y pongo el vídeo.

    El trailer del programa de Jim Cramer, Mad Money, lo presenta como un gurú: “cuándo no sabes dónde invertir, qué hacer, Cramer te respalda… IN CRAMER WE TRUST”.

    - (Jon) ¡Dios viene a vernos! ¿¿es Dios quien te señala e ilumina las acciones??

    Por lo visto Jim dirige un fondo de inversiones; el dardo que viene ahora apunta precisamente en esa dirección: Stewart indica a su equipo la contraseña de un vídeo en concreto, un vídeo de Jim contando cosas interesantes…

    - (Jim) Muchas veces, cuando las acciones iban a declinar, crearía -usa el condicional- con antelación un nivel de actividad que encauzara el futuro… es un juego divertido.

    Se acaba el vídeo y Cramer intenta empezar al menos tres frases que no consigue terminar, quiere explicarse pero no lo consigue. Afirma hipócritamente que eso que cuenta en el vídeo no lo ha llegado a hacer, que estaba en realidad intentado revelar cómo funcionan esas cosas, que su intención iba aún más allá: que los reguladores lo vieran. El vídeo se reanuda dejándolo por mentiroso:

    - (Jim) …animaría a cualquiera que dirija un fondo de inversiones a hacerlo porque es legal y una manera muy rápida y satisfactoria de hacer dinero. Nadie admitiría esto pero me da igual.

    De nuevo Cramer siente que debe dar explicaciones en el plató de The Daily Show pero esta vez traslada la responsabilidad a los reguladores que no han llevado acciones después de (supuestamente) haber visto el vídeo. Débil argumento fulminado ipso facto:

    - (Jon) ¿PORQUÉ LOS REGULADORES? ¿PORQUÉ NO LA CADENA CNBC, QUE PRECISAMENTE ES LA “EMISIÓN DE NOTICIAS FINANCIERAS”? CNBC podría ser una herramienta increíble de iluminación para la gente que empieza a creer que en realidad hay dos mercados: Uno, el que se nos ha vendido como de largo plazo, el de nuestras pensiones, el del pon la pasta aquí y no te preocupes y dos, el “real”, el de la trastienda de transacciones rápidas con muchísimo dinero. Pero este segundo mercado es PELIGROSO, ÉTICAMENTE DUDOSO y de hecho PERJUDICIAL para el mercado de largo plazo. Da la sensación de que el gran público está poniendo el capital para vuestra aventura y de que es UN JUEGO QUE VOSOTROS CONOCÉIS, cuando tenéis una cadena de televisión en la que se actúa como si esto no ocurriese. La industria de noticias financieras es culpable por todo ello, de un delito no ya de omisión sino de actuación.

    Una de vídeo y otra de arena.

    Jim Cramer se intenta presentar como el único entre los suyos que dice la verdad, el engañado por los CEO, el honesto entre compañeros que debieran haberse juramentado a sí mismos decir la verdad antes de salir en antena. Pero The Daily Show no ha acabado y vienen más vídeos. Jon suelta otra contraseña.

    - (Jim, en el vídeo) No puedes fomentar, porque sería una violación de las reglas, la impresión de que unas acciones van a bajar… pero lo haces de todas maneras porque el SEC no se entera.

    ¿Se puede caer más bajo?… Sí. Siguiente vídeo, Diciembre de 2006, antes de que el iPhone se presentara en la convención MacWorld (Enero de 2007).

    - (Jim) Sobre las acciones de Apple decir que es importante extender el rumor de que tanto ATT como Verizon han decidido que no quieren el teléfono, o de que no estará listo para el MacWorld, esto es muy fácil de hacer…

    La cosa se calienta.

    - (Jon) Entiendo que quieras hacer divertidas las noticias financieras… ¡PERO NO ES UN PUTO JUEGO! Después de ver este vídeo comprendo que vosotros sí que sabéis cómo funciona todo.
    - (Jim) Lo que pretendía realmente era mostrar los shenanigans.

    S-h-e-n-a-n-i-g-a-n-s: esta palabra va directa a la versión inglesa de nuestro diccionario cancamusero, además impresiona que no veas… la tuve que buscar y significa más o menos argucia, truco sucio, etc.

    -(Jon) Mientras sabíais lo que los bancos estaban haciendo os burlabais de nosotros y llegado el momento en que la cosa explota, actuáis como si fuese un tsunami, un algo impredecible que ocurre una vez en la vida. Como mínimo eso es falsamente ingenuo o un crimen en el peor de los casos.

    El knockout

    - (Jim) …quien dirige Lehman Brothers me mintió.

    Jim Cramer está muy nervioso, levanta la voz que cada vez le sale más aguda, echa el cuerpo encima de la mesa…

    - (Jon) ¿Y NO SERÍA PRECISAMENTE VUESTRA TAREA DAR ESA NOTICIA, VOSOTROS, EL CANAL DE FINANZAS?

    Un Cramer muy alterado dice que querría que se dictaminasen acusaciones contra esos CEO, que él ya le ha dicho al Departamento de Justicia cómo conseguirlas.

    - (Jon) ¿De qué parte está la cadena CNBC? Esta gente ha estado de celebraciones pagadas por sus compañías con el dinero de nuestras pensiones, todos sus incentivos se convirtieron en beneficios, quemaron la casa con lo nuestro dentro y se marcharon andando ricos como el demonio mientras CNBC LO SABÍA.

    Jim Cramer sigue con la cantinela de que jugaban a algo posible, a conseguir beneficios ininterrumpidos año tras año del 30%.

    - (Jon) Eso es UNA MENTIRA PELIGROSA que vendéis, “no hagas nada, sacarás entre el 10 y el 20% de beneficios”… cuándo nos daremos cuenta de que NUESTRA RIQUEZA ES EL TRABAJO.

    Cramer ya está totalmente desarmado, tira la toalla y se convence de que debería contar en su programa que no hay manera fácil de ganar dinero.

    - (Jon) … y por eso anuncias tu programa como “FAST MONEY”.

    Jim afirma conocer todos esos shenanigans, pero que realmente confiaba en que el mercado subiría siempre.

    - (Jon) ¿Pero ante quiénes sóis vosotros responsables, ante los pensionistas y el público en general o antes los comerciantes de Wall Street?

    - (Jim) …sí, deberíamos haber señalado constantemente los fallos que cometimos… absolutamente.

    - (Jon) Estoy bajo la suposición de que no tomáis en valor ni la palabra del Secretario del Tesoro ni la de los CEO, sino que los escucháis y luego lo descifráis. Aparte de eso y para colmo, ya estáis mostrando reticencias a que el gobierno intervenga demasiado. Como tú has dicho en uno de tus vídeos, por un lado está la letra de la ley y por otro la intención de la ley. Por ello sería bueno que hubiese una ORGANIZACIÓN DE NOTICIAS QUE MANTUVIESE LA INTENCIÓN DE LAS LEYES y con ello forzasen a las compañias a que crecieran y tuviesen beneficios pero de una manera en la que NO QUEMASEN TODO EL CAMPO.

    - (Jon de nuevo) Mi madre tiene ya 75 años y aún así ella piensa que el camino a seguir son las inversiones a largo plazo.

    - (Jim, voz baja, cabeza gacha) …no salió bien… no salió bien…

    - (Jon) Deberíamos quitar el “In Cramer We Trust” y volver a LOS FUNDAMENTOS DEL PERIODISMO, así yo puedo volver a lo que hacía antes, poner caras divertidas y hacer sonidos de pedos.

    - (Jim) …lo firmo, aquí mismo.

    K.O. a la cancamusa. Qué tío este James Stewart. Quiero decir… Jon.

    08 de octubre de 2009
    chorradas · humor · Juin ·  3

    Sobre la superficie lunar se encontraban dos astronautas. Estaban a unos cuantos metros de la nave de aterrizaje, donde el resto del equipo bajaba todo el material necesario para larga lista de experimentos planeados. El capitán James Mayansky increpó a su acompañante:

    -¿Qué, te convences ahora? ¿Es esto suficiente prueba? Has estado callado todo el viaje desde que despegamos de la Tierra, podrías decir algo.

    El segundo astronauta guardó silencio. Detrás del cristal de su casco espacial su rostro estaba serio y ceñudo.

    -¿No quieres hablar, eh? Ven, vamos a ver el módulo de alunizaje original.

    James tomó de la mano a su compañero y le guió hasta detrás de una duna plateada, donde se encontraba el histórico módulo lunar del Apolo 11. Por unos instantes se detuvo para disfrutar del momento: ¡Toda una vida de entrenamiento y al final lo había conseguido! Estaba en la Luna, contemplando el preciso lugar donde la había pisado por primera vez la humanidad. Se sintió extremadamente afortunado. ¡Que maravillosa vista!

    -¿Lo ves? Está todo ahí. El módulo, las huellas de los astronautas, las marcas del aterrizaje, la placa con la firma de Armstrong…

    James dejó de hablar para observar a su acompañante, que seguía silencioso y con cara de pocos amigos. Se preguntó si estaba escuchando, tal vez estaba en algún tipo de shock. Igual estaba enfermo. Al fin y al cabo no era la persona mejor entrenada de la misión.

    “¡No es justo que esté aquí!”, pensó James. “El único mérito que tiene este hombre es ser el chalado con la página conspiración lunar más popular. El directivo de la NASA que lo seleccionó para venir con nosotros tiene un sentido del humor de lo más retorcido.” De pronto sintió lástima por él. Toda una vida dedicada a buscar fantasmas y pruebas de que el hombre no había llegado a la luna para acabar pisándola él mismo. La situación era más trágica que irónica. Intentó ser amable.

    -Mira, sé que es difícil aceptar que llevas toda la vida obsesionado con una idea, pero disfruta de estar aquí, del enorme privilegio que se te ha concedido y de…

    -Es un montaje.

    -¡¿QUÉ?!

    -Es un montaje. Obviamente no estamos en la luna, todo esto es un elaborado escenario. Con la tecnología actual es imposible llegar a la Luna.

    -Pero eso es absurdo. Yo…

    -Vamos a ver, si yo no soy capaz de instalarme la impresora en mi güindous y soy más listo que el hambre. ¿Cómo vais a ser vosotros capaces de llegar a la Luna? Es un argumento irrefutable.¿Creíais que seríais capaces de engañarme, eh? ¿Eh? ¡Pues estabais equivocados!

    -Pero… pero…

    -Tengo que reconocer que ha sido un buen truco lo de pintar el desierto de Nevada de blanco y lanzar un enorme globo aerostático con la forma exacta del planeta Tierra para intentar hacerlo más creible.

    James no se lo podía creer. ¡Tenía que haber algo que la paranoia de este hombre no fuera capaz de explicar!

    -¡Ya lo tengo! ¿Que me dices de la gravedad? ¿No te sientes más ligero?

    El conspiranoico enarcó las cejas.

    -¡Ja! Buen intento, “Capitán”. Es un Campo Antigravitatorio Electromagnético (CAE) sacado del Área 51 implantado bajo tierra. Todo el mundo sabe que el gobierno Estadounidense extrajo esa tecnología del Ovni que aterrizó en la tierra en 1947 en Huelva.

    -¿De qué estás hablando? ¿Dónde está Huelva? ¿Cómo es posible que creas que el gobierno Estadounidense esté en contacto con alienígenas y tenga esa clase de tecnología y sin embargo sostengas que el hombre no llegó a la Luna? ¡Tú has llegado a la Luna! ¡ESTAMOS EN LA LUNA!

    -Desde luego, que poca capacidad interpretativa tienen los agentes del FBI. ¿Creía que me iba a impresionar con el “despegue” desde la Tierra? Con esos cientos de actores posando como técnicos de la NASA, toda la prensa internacional haciendo el paripé, las asombrosas vistas de la tierra fuera de órbita… La enhorabuena de mi parte a los encargados del departamento de animación multimedia, porque la verdad es que me costó ver el montaje. Han mejorado ustedes desde el burdo intento de 1969, pero siguen sin ser capaces de engañarme.

    -Oh, dios mio… – James se llevó las manos al cristal del casco.

    -Veo que ya se ha cansado de intentar engañarme y se ha rendido a la evidencia, agente. Espero que no le importe si me quito este casco de moto que me han puesto, es bastante incómodo…

    -¡Pero que haces, idiota!

    El conspiranoico se quitó el casco y cayó al suelo con claros síntomas de asfixia. Mientras se agarraba el cuello y los ojos se le salían de las órbitas, James se apresuró en volverselo a colocar. El conspiranoico volvió a respirar y dijo entre jadeos:

    -¿Hasta donde pretendeis llegar para intentar convencerme de esta patraña? Habeis sellado este área del desierto de Arizona con una cúpula gigante, habeis pintado las estrellas y las constelaciones y habeis extraído todo el oxígeno con un fuelle. A mi me la vais a pegar, cachorros de los Illuminati.

    -Sigh… Volvamos a la nave.

    El Capitán James Mayansky volvió a la nave arrastrando las botas de su traje espacial. A su lado su acompañante le seguía dando saltitos en la baja gravedad, feliz por haber conseguido, una vez más, no ser engañado.