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  • Publicado el 27/07/2009, en columna en El Avance, Fuckowski ·  1

    Era mi primera tarde en mi nuevo apartamento, en el sótano de un caserón en pleno centro de Dublín. Andaba desempaquetando ropa y libros cuando llamaron a mi puerta. Abrí, y lo primero que pensé fue que aquel tipo raro no podía querer nada bueno. Era extremadamente delgado y pálido, lucía una barba canosa y descuidada y su mirada era esquiva. Tenía en los dedos y en los labios las típicas manchas oscuras del tabaco, y olía como si sudase güisqui puro. La camisa blanca pulcramente planchada y el ajustado sombrero negro contrastaban con el aspecto dejado de aquel hombre. ¿Sí? –pregunté, desconfiado. Buenas tardes, mi nombre es Joe. Vivo en el apartamento de al lado. Tan sólo deseaba darle la bienvenida a la casa; para cualquier cosa que necesite quedo a su disposición. Hablaba muy despacio, como si quisiera asegurarse de pronunciar correctamente pesar de su embriaguez. Intercambiamos unas frases amables y cada uno volvió a lo suyo.

    Varios días después Joe volvió a llamar a mi puerta. Eran las ocho de la mañana; yo acababa de ducharme y estaba a punto de salir a trabajar. Aún sonaba Pink Floyd en mi equipo de música (Recuerda cuando eras joven, y brillabas como el sol…) Joe, en su tono amable y correcto, me preguntó si podía subir el volumen. Yo no tengo equipo de música; he reconocido la canción y desearía disfrutarla unos instantes –me explicó. Subí el volumen y puse la canción desde el principio. Cuando acabó me fui a trabajar, intrigado.

    Joe es un misterio. No tiene trabajo y siempre está en casa, solo. Pasa las horas leyendo, viendo la tele y dando largos tragos a su botella de güisqui. No tiene horarios; a veces sale a tender sus camisas a las cuatro de la mañana. Algunas tardes le veo por la ventana del patio durmiendo en una vieja butaca. Cuando hace sol, Joe se pone su sombrero negro y se sienta en la terraza del bar de al lado, y bebe y fuma y ve pasar la vida sin mediar palabra. Nunca tiene visita; supongo que nadie le echa de menos. Imagino que malvive gracias a algún tipo de subsidio. Es posible que padezca alguna enfermedad; o quizás su enfermedad sea sólo la botella.

    La semana pasada se nos inundó el sótano; el agua nos llegaba hasta las rodillas. Joe y yo tuvimos que abandonar nuestros apartamentos en mitad de la noche. Nos sentamos en la escalera a esperar a los bomberos y charlamos amigablemente durante cuatro horas. Joe, entre trago y trago, me habló de sus múltiples viajes, de su niñez en la Irlanda deprimida, de cuánto han cambiado los tiempos. Se expresaba con una inusual elocuencia y citaba a Wilde, a Joyce y a Becket con una facilidad pasmosa. A ratos, evocando pasajes de su memoria, sus ojos brillaban como los de un niño al que el mundo le resulta fascinante. Oyéndole concluí que en realidad él no está enfermo; el que está enfermo es el mundo y Joe bebe para olvidarlo, para preservar en alcohol al niño que lleva dentro y que ya no entiende nada.

    Hoy he terminado de recoger mis cosas; mi apartamento ha quedado inhabitable. Mañana me mudo a otra parte. Dentro de un rato voy a despedirme de mi extraño vecino y a dejarle un regalo que le he comprado esta tarde: un reproductor de CD y un “grandes éxitos” de Pink Floyd. Shine or your crazy diamond, Joe.

    Columna publicada en el diario
    El Avance de La Axarquía

    Publicado el 23/07/2009, en Juin, música ·  1

    A día de hoy, en una casita en las afueras de Nueva York vive un profesor jubilado. Se llama Tom. Después de cincuenta años dando clase en diferentes universidades decidió que ya había conseguido “decir lo que tenía que decir” y se retiró. Tom es una persona reservada y probablemente pase desapercibido en su vecindario, lo cual no sería nada extraño para un jubilado de 81 años si no fuera porque Tom es un genio del humor y fuente de inspiración de los más famosos músicos/humoristas modernos.

    El humor es algo que envejece muy mal. Da igual que venga dentro de las páginas de un libro de chistes, en un casette de esos que vendían en las gasolineras, encuadrado en una viñeta o con una guarnición de risas enlatadas envasado dentro de una comedia televisiva. Lo que era gracioso hace años pasa a ser grosero, burdo, infantil. Cuando se habla de humoristas clásicos muchas veces hay que analizarlos en el contexto histórico y social, no esperar que te hagan gracia.

    Por eso cuando vi un vídeo de Tom Lehrer grabado en 1968, no esperaba caer al suelo de la risa primero, y de rodillas por pura adoración momentos más tarde.

    Tom Lehrer cantó acerca de la bomba atómica, la tercera guerra mundial, la universidad, recitó la tabla periódica, su odio hacia las palomas urbanas y rompió lanzas a favor de la obscenidad y las enfermedades venéreas. Todo esto mientras tocaba el piano y su público se ahogaba de la risa. Demostró que se podía pasar uno la correción política y los tabús por el arco del triunfo con estilo, elegancia e impecable ejecución musical. Podría estarme horas echándole flores, pero creo que lo mejor es que lo escucheis vosotros mismos.

    Esta canción la he elegido por el 40 aniversario del aterrizaje del Apollo XI. Cuenta la historia de Wernher von Braun, histórico científico líder en el desarrollo de la cohetería del siglo XX. La cohetería del siglo XX llevó a cosas tan maravillosas como el viaje a la luna y tan horribles como la bomba atómica.

    Al acusar a Wernher de nazi uno podría pensar que estamos cayendo en la Ley de Goldwin, pero cuando los cohetes que diseñó fueron los que usó Alemania para la bombardear Londres la cosa cambia. Más tarde, cuando los nazis cayeron Wernher se mudó a Estados Unidos, donde trabajó en el ICBM, para finalmente trabajar en 1969 en el Saturn V, cohete de propulsión del Apolo XI. Sin duda un gran científico, pero sobre todo un gran hijo de madre germana. O yankee. Quién sabe. En 1968, un año antes de que Wernher decidiera que igual ya iba siendo hora de dejar de diseñar artefactos diseñados para la muerte masiva para lavar su imagen de cara a la historia, Tom Lehrer lo dejaba claro.


    Gather around while I sing you of Wernher von Braun
    A man whose allegiance is ruled by expedience
    Call him a Nazi, he won’t even frown
    “Nazi schmazi,” says Wernher von Braun.
    Don’t say that he’s hypocritical
    Say rather that he’s apolitical
    “Once the rockets are up, who cares where they come down
    That’s not my department,” says Wernher von Braun.
    Some have harsh words for this man of renown
    But some think our attitude should be one of gratitude
    Like the widows and cripples in old London town
    Who owe their large pensions to Wernher von Braun.
    You too may be a big hero
    Once you’ve learned to count backwards to zero
    “In German oder English I know how to count down
    Und I’m learning Chinese,” says Wernher von Braun.

    Traducción:

    Acercaos para que os cante acerca de Wernher von Braun
    Un hombre cuyas alianzas se rigen por la conveniencia
    Llamadle Nazi, ni pestañaerá
    “Ha, Nazi schmazi,” dice Wernher von Braun
    No digas que es hipócrita
    Más bien di que es apolítico
    “Una vez que los cohetes están arriba, a quien le importa donde caen
    Ese no es mi departamento” dice Wernher von Braun
    Algunos tienen duras palabras para este renombrado hombre
    Pero otros piensan que nuestra actitud debería ser de gratitud
    Porque por ejemplo las viudas y tullidos de la vieja Londres
    Deben sus enormes pensiones a Wernher von Braun
    Tú también puedes ser un gran héroe
    Si aprendes a contar hasta cero
    “En alemán o inglés se contar hacia atrás
    Y estoy aprendiendo chino” dice Wernher von Braun

    Enlaces:

  • Canal semi oficial de Youtube (Gran recopilación de videos de conciertos y apariciones en televisión recopiladas por un fan, bajo el permiso de Tom)
  • I hope Tom doesn’t read this (La supuesta historia del último alumno de Tom Lehrer)
  • Publicado el 20/07/2009, en columna en El Avance, Fuckowski ·  1

    -Pues yo a tu edad ya llevaba tres años partiéndome la espalda –su padre le repetía el mismo discurso por enésima vez-, y entre saco de cemento y saco de cemento a mí no me quedaba tiempo para depresiones, ni crisis, ni tonterías de esas que os pasan a los jóvenes hoy en día. Que os habéis vuelto muy blandos, tanta consola y tanta tele y tanta tontería, y no aguantáis nada. Teleco es muy duro, teleco es muy duro… ¡Hacer mezcla, poner ladrillos, levantar muros, eso sí que es duro! ¡Y veinte años me he pasado yo dando el callo de sol a sol para poder darte a ti las oportunidades que yo nunca tuve! ¡Vamos, me habría sacado yo teleco con la punta del pijo! ¿Qué es eso de que estás desmotivado? ¿Acaso le digo yo al capataz que no puedo sacar más mezcla porque me he desmotivado? Uy, pobre, que está desmotivado, llevémosle al psicólogo y a ver si en tres o cuatro meses podemos terminar la obra. Pero sin prisa, que vaya que le dé una crisis… Vamos hombre. Menuda chorrada. Los apuntes son como los ladrillos. Doscientos ladrillos, un tabique. Doscientos folios, una asignatura menos. Así de fácil. Y no me vengas con que no te entran, a ver si va a ser que he tenido un hijo tonto. ¡Tonto! ¡Un hijo mío! De eso nada. Tú llevas mi apellido, mi sangre y mi inteligencia. Así que no quiero oír más tonterías. Te metes en tu habitación y en Septiembre demuestras de qué madera estamos hechos en esta familia.

    Así que una vez más Roberto se metió en su habitación sin una salida, sin una respuesta. Sin poder replicar que el pedigrí de una humilde familia de albañiles no basta para dominar las ecuaciones diferenciales, máxime cuando se estudia en una universidad masificada donde entran cien y sólo pueden salir cinco, y además se sufren graves carencias de base por culpa de una reforma educativa diseñada para lavar la cara a las estadísticas a base de aflojar el nivel exigido en lugar de mejorar la calidad de la enseñanza. Sin encontrar siquiera una pequeña grieta en el férreo discurso paterno por la que introducir una idea muy simple: en realidad él nunca había querido ser ingeniero. Pero toda la vida había escuchado la misma cantinela: éste niño muy listo (como su padre), llegará lejos, sacará matrículas de honor, lucirá el apellido familiar bordado sobre una bata blanca por los pasillos de la universidad.

    Delante de él se elevaba un muro infranqueable de cincuenta asignaturas que se le antojaban imposibles y que además sólo le conducirían a un futuro que nunca había deseado; detrás de él, un muro de incomprensión. Avanzar le resultaba imposible y retroceder era decepcionar a todos. Así que justo antes de volverse loco, Roberto optó por escapar volando de su mudo cautiverio. Desempolvó la guitarra que tuvo que enterrar en un armario en primero de carrera, metió algo de ropa en su raída mochila y, sin dejar siquiera una nota de despedida, escapó en el tren nocturno con destino a cualquier parte. Hoy su foto decora las calles de la ciudad. Desaparecido hace ocho meses; se recompensará cualquier información sobre su paradero.

    Un joven anónimo le pone alma a una triste estación de metro arrancando acordes de blues a su vieja guitarra. Alguien se acerca, deja caer un euro sobre la raída mochila que yace en el suelo y dice: qué talento tienes, chaval. Y, por primera vez en años, Roberto sonríe.

    Columna publicada en el diario
    El Avance de La Axarquía

    La reunión estaba a punto de comenzar. Yeurrg levantó de su asiento la masa verde que era su cuerpo y dijo:

    -Saludos, amigables seres. Tengo el honor de presentarles al profesor Xarrrrghh, reputado exobiólogo experto en razas alienígenas en vías de desarrollo.

    Los presentes en la sala golpearon sus tentáculos contra la mesa haciendo sonar un viscoso aplauso:

    Chof, chof, chof, chof, chof…

    Xarrrrghh dió las gracias por la ovación. Se levantó de su asiento y con su tercer tentáculo izquierdo pulsó el botón del mando, iniciando la presentación de diapositivas.

    -Saludos. Me dirijo a ustedes para presentar un trabajo titulado Las actividades lúdicas de los terrícolas sugieren una recalificación del estatus la especie a “involucionando”.

    Click. Siguiente diapositiva.

    - El estudio tenía como objetivo estudiar a los terrícolas durante sus actividades de ocio. Escaneamos el planeta en busca de una aglomeración significativa de especímenes, y encontramos en el norte de la península Ibérica un asentamiento llamado Pamplona, donde se estaban celebrando unas multitudinarias festividades en honor a un tal “Fermín”.

    Click.

    -Fermín fue lo que se denomina en la tierra un “mártir”, palabra humana usada en varios idiomas de los denominados “occidentales”. Aún no conocemos su significado, pero sospechamos que es un sinónimo de la palabra japonesa “kamikaze”. La fiesta se supone en su honor, pero es difícil de explicar.

    -¿A qué se refiere, profesor?

    -Para celebrar que el señor Fermín fue decapitado, los terrícolas introducen en sus organismos grandes cantidades de alcohol etílico, por via oral y a juzgar por las manchas en sus ropajes creemos que también por vía cutánea. La conexión entre los eventos se escapa a todos nuestros análisis.

    -Inquietante… ¿Cuanta gente asiste a esta festividad?

    -Más de un millon de personas. Es una de las fiestas más conocidas del planeta.

    -¿Y por qué es esto?

    -La fiesta fue popularizada por un escritor alcohólico suicida. Se sabe que los terrícolas, por razones aún desconocidas, tienden a idolatrar a aquel artista que se quite a si mismo la vida y/o que sea adicto a consumir un tóxico. Estas parecen ser cualidades admirables en un terrícola, así que pudiera ser que que estas fiestas estuviesen orientadas a promocionar la vida terrícola virtuosa. Al fin y al cabo consisten en consumir tóxicos y jugarse la vida.

    -¿Jugarse la vida? Expliquese, por favor.

    -Verá, durante estas fiestas los humanos asustan y provocan a unos animales domésticos. Luego los liberan para que les persigan por las estrechas calles de la ciudad. Para hacer el trayecto más peligroso el evento se organiza a primera hora de la mañana, con una gran parte de los asistentes alcoholizados y sin haber descansado.

    Los científicos se miraban atónitos.

    -Creo no haber entendido bien. ¿Quienes son los que huyen de los animales? ¿Esclavos? ¿Condenados a muerte? ¿Prisioneros de guerra tal vez?

    -Eso supusimos la primera vez que les observamos, pero la evidencia apunta a que los que corren son ciudadanos libres y voluntarios.

    Un murmullo de protesta e incredulidad se alzó en la sala. El profesor Yeurrgh protestó:

    -¡Este mar de disparates me es muy difícil creer!

    -Supuse que esta sería su reacción, por eso he traido pruebas. Para hacer el trabajo de campo mandamos un robot modelo PCHANGA camuflado entre los asistentes del evento. Les voy a reproducir una conversación traducida al Xorggiano que mantuvo el robot con uno de los especímenes humanos.

    El profesor Xarrrrghh inició una animación holográfica. Un robot metálico con un pañuelo rojo al cuello charlaba con un joven local, que no parecía alarmado por estar charlando con un robot extraterrestre.

    -Especimen humano, respóndeme a esta pregunta. Tu especie hace unos pocos milenios domesticó a los Uros, animales salvajes y potencialmente peligrosos, seleccionando a los menos agresivos de generación en generación hasta llegar a la especie actual, la pacífica Bos Taurus. ¿Por qué entonces seleccionais a un grupo de machos agresivos, los provocais y los lanzais contra vosotros mismos? ¿Qué sentido tenía domesticarlos en un primer lugar? ¿No es esto lo que la gente de tu cultura calificaría como “una gilipollez”?

    El joven humano hizo una pausa para vomitar a un lado y contestó.

    -¡Buah, menudo fieshtón! ¡Eresh mi megor amiga, toshtadora que habla! -dijo el joven mientras intentaba abrazar a la unidad PCHANGA. Esta, incómoda, intentaba evitar el contacto.

    -Humano, las leyes de respeto interplanetarias me permiten atomizarte si persiste el contacto físico. Volvamos al interrogatorio. Lo siguiente que haceis con los animales después de la corrida es matarlos. ¿Cierto?

    -En efeshto, Tosti.

    -Tengo una sugerencia, terrícola. ¿Por qué no matáis a los animales antes de que os puedan hacer daño y luego os haceis una carrerita?

    -Los encierros no son pediglosos, sólo muere gente algunash vecesh. Una cada seish años de media.

    -¿Pero no es tu misma raza la que cuando alguien intenta saltar desde un edificio moviliza a bomberos, policías, psicólogos y familiares para evitar la tragedia? ¿Por qué esto es diferente?

    El joven se detuvo en seco y dijo muy serio.

    -Porque es una tradición. Una bella, excitante y maravillosa tradición.

    -Tradición, concepto no registrado, concepto no registrado… Desistiendo intento de comprensión. Siguiente pregunta: ¿por qué hacer esto con animales teniendo armas más sofisticadas? Podríais, por ejemplo, dar un revolver a cada participante del evento. Uno de ellos estando cargado con una sóla bala. Pero teniendo el revolver espacio para seis balas, sólo moriría una persona cada seis años de media.

    -¡Pero que dices tronco, eso sería un suicidio y una locura!

    -Error fatal, erroorr fataaaaal…

    El holograma perdió intensidad hasta detenerse.

    -Aquí se corta la comunicación. Cómo era de esperar, los circuitos lógicos de la unidad PCHANGA se sobrecalentaron y provocaron un fallo total del sistema.

    -Disculpe profesor, me interesa la definición de la palabra humana “tradición”. ¿Han conseguido descifrar su significado?

    -En el departamento de Lingüística Alienígena están trabajando en ello. La hipótesis que parece estar ganando fuerza es “algo extremadamente estúpido que se repite periódicamente”.

    -Sí, tiene sentido.

    -Digame profesor. ¿Qué opina acerca de los terrícolas? En la anterior reunión se planteó incluirlos en la lista de “seres inteligentes” y establecer contacto diplomático…

    -Debo mostrarme enérgicamente en contra. Creo que lo mejor es que sigamos con la política estandar, abducción aleatoria y sondas rectales.

    -Sí, estoy de acuerdo. Pasarán muchas sondas por los rectos de los terrícolas antes de que demos el siguiente paso. Muchas gracias, profesor Xarrrrghh. Esperamos ansiosos sus futuros descubrimientos.

    -Muchas gracias a ustedes.

    Enlaces:

  • despair.com (Aquí podeis comprar una camiseta para llevar el verano que viene a Pamplona.)
  • Publicado el 16/07/2009, en críticas, libros, Señor E ·  1

    Conocía al autor, Javier Cercas, de artículos en El País Semanal con los que más de una vez me he tronchado de risa; me parecía un tipo lúcido, simpático y buena gente. Recuerdo una columna en la que contaba su encuentro fortuito con un “enemigo” literario y cómo le resultaba imposible mantener en persona una actitud hostil hacia aquel otro hombre. Qué majo.

    En Soldados de Salamina, Javier sigue mostrando mucho de sí mismo y eso me hace seguir conectando con él, por ejemplo cuando narra fantásticas reuniones donde se juntan sus amigos, su familia y la gente a la que admira (recordatorio: tengo que montar unas cuantas antes de palmarla). También al hacer representaciones mentales de funerales, esa ceremonia donde mostrar que duele el alma por la pérdida de a quien se quiere, ama, respeta o admira (o todo a la vez), es un homenaje noble. No pocas veces en la imaginación he vivido esas mismas situaciones.

    El libro en cuestión es un relato real sobre un episodio de la Guerra Civil, más las vivencias personales del autor en su investigación de los hechos. Ese es todo mi análisis objetivo.

    El título me confundió al principio, en mi ignorancia pensaba que era otra de esas novelas españolas que se anuncian juntando tres palabras pedantes sin pies ni cabeza por razones de marketing. Como los top ten Carrefour: “El templario bizco y su puta madre” y otras por el estilo.

    Me enganché fácilmente porque entre otros aspectos, mantenía el mismo tono cercano y directo de sus artículos en El País (aún así tuve que consultar la RAE veinticinco veces). Además, el tema de la Guerra Civil del que poco he leído, me parecía aún más interesante si cabe después de tanto revisionismo y tantas piruetas interpretativas de la historia -hasta hay quien dice que Franco preparó a España para la democracia… hay que joderse-.

    Un sólo hecho, ocurrido un día de 1939, le sirve a Cercas para preguntarse qué es realmente un héroe, para revelarnos que aún hay viejos españoles muriendo en asilos sin que a nadie le interese que perdieron todo luchando por la libertad, para contagiar el deseo de escuchar a esas personas, aún entre nosotros, que poseen tesoros guardados sin orgullo y con enorme tristeza. Tristeza porque de la guerra, cuentan ellos, no se saca nada, nada bueno. Porque perdieron a sus amigos, familiares, a sus compañeros y no pasa un día sin que se acuerden de todos ellos. Porque nosotros estamos vivos pero aquellos ya no. Porque a aquellos se les robó la oportunidad de tener esposa, tener hijos y poder arroparles por la noche, de reír, llorar, de envejecer con los de su quinta, con los de su pueblo o su barrio. Porque Soldados de Salamina es un canto, ¡¿qué canto?! es una hostia en la cara que nos avergüenza si es que no estamos otorgando los más altos galones a lo más preciado, LA VIDA: algo que aquellos héroes anónimos saben que es valor en sí mismo sin haber leído nunca a un filósofo vitalista. Aquellos héroes desconocidos sí comprenden lo que vale y lo absurda que sigue siendo a pesar de todo, porque aún concediéndonos el ser no viene con manual de instrucciones y por ello, en todos los intentos para entender de qué va, nos encontramos con que la única respuesta…

    … “es que no hay respuesta, la única respuesta era una especie de secreta e insondable alegría, algo que linda con la crueldad y se resiste a la razón pero tampoco es instinto, algo que vive en ella con la misma ciega obstinación con que la sangre persiste en sus conductos y la tierra en su órbita inamovible y todos los seres en su terca condición de seres, algo que elude a las palabras como el agua del arroyo elude a la piedra, porque las palabras sólo están hechas para decirse a sí mismas, para decir lo decible, es decir, todo excepto lo que nos gobierna o hace vivir o concierne o somos“.

    Eso indescriptible que nos ha colocado a mí escribiendo esto y a ti leyéndolo. Setenta años después.