
Cuando se conocieron apenas acababan de abandonar la niñez. Él era un joven algo reservado que empezaba a madurar a escondidas detrás de su semblante serio; ella la hermana pequeña de un amigo, una niña risueña en un exuberante cuerpo de mujer, la fruta prohibida del árbol del deseo. Cada vez que la tenía cerca, él tenía que esforzarse por ahogar en silencio una oleada de sensaciones, una extraña mezcla de amor y lujuria que de tan intensa llegaba a darle miedo. Así pasaron muchos meses, y entre ellos nunca hubo más que un espeso silencio y alguna leve sonrisa de complicidad que a veces alcanzaba a colarse entre toda aquella emoción contenida.
Una fría tarde de invierno en que los amigos se habían reunido para ver una película, los dos acabaron sentados juntos en el sofá arropados con una misma manta. Ambos miraban la televisión y disfrutaban nerviosos de la proximidad del otro, hasta que en un momento dado, quizás por casualidad (o quizás no), sus meñiques se encontraron bajo la manta. Fue un roce casi imperceptible, apenas unos milímetros de piel, pero aquello les hizo estremecer. Enseguida sus manos volvieron a encontrarse, y ya no dejaron de acariciarse en silencio, con la respiración entrecortada y el pulso acelerado. Con los dedos se dibujaban el uno al otro caprichosas figuras en la palma de la mano, como si quisieran trazar sobre la piel todas esas palabras que nunca habían llegado a decirse. Durante dos horas en el mundo no hubo más que ellos dos y el erótico roce de sus manos. Aquella noche se despidieron con dos besos que guardaban un excitante secreto; se fueron a la cama sonrientes y contaron las horas hasta volverse a ver. No mucho después, un viernes noche, coincidieron en un bar. Hubo un apagón, los dos se buscaron apresuradamente y se fundieron en un apasionado beso que les hizo temblar. Volvió la luz y el secreto se hizo público: estaban juntos.
Pero aquello no duró. Eran demasiado jóvenes y aquello era demasiado intenso; les vino grande y no supieron manejarlo bien. El miedo y la inconsciencia juveniles pusieron punto final a aquellos días felices, que se desvanecieron dejando un regusto amargo. Pasaron unos años en que no se vieron más que en contadas ocasiones, en las que volvió a interponerse entre ellos el espeso silencio. Al final la vida les separó del todo y no volvieron a saber el uno del otro. Él rememoró con frecuencia aquellos felices encuentros, y una y otra vez se arrepintió de haber dejado escapar aquel amor juvenil. Sabía que algunos trenes sólo pasan una vez en la vida.
Y la vida pasó, como pasan las cosas que no tienen mucho sentido; separados por la distancia y el olvido ambos se hicieron adultos y cumplieron la treintena. Lejos quedaba ya la despreocupada juventud y esa sensación de que todo está a salvo y es para siempre. La vida les trajo amores y desamores, salud y enfermedad, hospitales, cementerios, buenos tiempos y malos tiempos, calor y cariño, frío y soledad. Al final consiguieron ser aceptablemente felices, aún a sabiendas de que probablemente nunca volvería a resurgir la llama del amor de entre las amargas cenizas del pasado. Demasiadas decepciones; demasiadas cicatrices.
Quizás fuese una casualidad (o quizás no), pero el caso es que una fría noche de invierno las nuevas tecnologías les pusieron de nuevo en contacto. Ella le envió un discreto mensaje que tuvo que recorrer dos mil kilómetros para llegar a su destino. Apenas un par de líneas (“hola, hace mucho que no sé de ti, me alegra encontrarte”), algo leve como el roce de un meñique. Él, catorce años después, volvió a estremecerse. Quedaron para cenar a los pocos días, y la espera se hizo eterna y no estuvo exenta de miedos y dudas: ¿y si ya no eran las mismas personas? ¿Y si ya no quedaba nada? ¿Y si era una mala idea?
Ella esperaba nerviosa fumando un cigarro en la calle. Él apareció al rato, y en cuanto posó sus ojos sobre ella su eterno semblante serio se transformó en una gran sonrisa. Se dieron un fuerte abrazo seguido de dos besos cálidos que aún seguían custodiando un excitante secreto. Ahora eran adultos, él con un montón de canas y ella con una preciosa hija, dos luchadores que se habían empeñado en sobrevivir, pero al cruzar las primeras palabras volvieron a temblar como niños. Apenas una hora después, sentados a la mesa, volvieron los días de vino y rosas y el esplendor en la hierba. Charlaron y rieron y se confesaron que en realidad nunca se habían olvidado, y ambos se alegraron de comprobar que bajo las múltiples cicatrices aún latían dos corazones jóvenes y fuertes capaces de sentir con intensidad. El peso de los años se disipó entre risas y volvieron a ser dos jóvenes felices y despreocupados.
Esa noche durmieron juntos y despertaron abrazados. Volvían a estar debajo de aquella manta que tantas veces arropó su idilio adolescente; volvían a estar juntos y a sentirse a salvo. Catorce años después había vuelto a pasar el tren, y esta vez no lo habían dejado escapar.
Muchos besos y muchas caricias después, ella le miró a los ojos y le susurró: “quiero que esta vez dure siempre”.
Y yo también, Carolina.









40 comentarios en el blog
Te deseo de todo corazón que no sea ficción. La redacción es excelente, como siempre. Tienes un don.
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Magistral ;)
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Bizcochón. Me ha gustado :-)
“¿Qué se puede hacer con el amor
qué se puede hacer si es cosa de él
qué se puede hacer con el amor
qué se puede hacer si es cosa de él
qué se puede hacer si siempre el cariño
nos sabe tan bien?”
Fantástico. En mi caso las mejores letras salen cuando hay algo de verdad en ellas, cuando se siente lo que se escribe.
Salutes!
Como te amaricones te meto.
….muy bonito,…as usual (fijo has dejado tu harencillo superrevuelto ;)
…y qué complicado eso de los trenes que van y vienen!!! (para estos no hay mapa con las paradas, destino…uno nunca sabe :( …)
…como Fer: espero de veras no sea ficción…y desde luego tienes un don (a seguir explotándolo y nosotros disfrutando de ello!!!)
[...] A veces vuelve a pasar el tren [ http://www.perspicalia.com ] [...]
A veces vuelve a pasar el tren…
Cuando se conocieron apenas acababan de abandonar la niñez. Él era un joven algo reservado que empezaba a madurar a escondidas detrás de su semblante serio; ella la hermana pequeña de un amigo, una niña risueña en un exuberante cuerpo de mujer, la frut…
Primera vez que vengo por aquí. Me quedo. Gracias por recordarme… que las vías están ahí, y que los trenes van por ellas. Te sigo.
Sublime Alfredo, sublime. Sin palabras. Sigue explotando ese don, porque lo vales.
Eres un loco. Felicidades.
Pues a mi me ha parecido flojo, no esta a la altura de lo que nos tienes acostumbrados: el argumento es ñoño y el estilo es pesimo… Te estas convirtiendo en un Marcial Lafuente E.?
El “como te amaricones te meto” ha sido genial. Suena muy verídico ;)
Enorme, no he podido reprimir dos fugaces recuerdos, que también tuvieron lugar bajo una manta. Malditas sean todas las cicatrices.
¡Un saludo!
un poco ñoño
Para los que llaman ñoño a Alfredo. Pero bueno, a ver que pasa aquí. No todo van a ser ataques de ácido sulfúrico y lisérgico a emprendedores y cancamusos; los Fuckowskis también se enamoran :D
Claro que sí, estoy con Juin, a mi me ha gustado la historia, aunque no estaría de más un poco de cancamusa… Darle más vida a perspicalia, que desde que os sigo no se ve mucho movimiento por aquí.
Estoy de acuerdo con Juin, a ver que va a pasar, hasta los Fuckowskis se alimentan de amor, no?
…pero mas de acuerdo estoy con El Teleoperador, asi que cuidaditor. ;)
Malditos recuerdos. ¿Y los que vimos caerse el tren al final del puente qué hacemos…?
bonita historia!
mas publicación y menos ostias.
pd. por lo que leo tienes una debilidad con el tabaco y los trenes.
Juin, para que luego digas que el facebook no vale para nada :P ¡Una gran historia!
Es una historia muy bonita, al final casi se me han saltado las lágrimas. Os deseo toda la suerte del mundo en ésta segunda oportunidad.
pero bueno donde esta mi tren!!! alfredo eres increible y un gran escritor, me encanta!!!! gracias por querer tanto a mi niña y a su niña, muchos besos y que sea para siempre…….
Alégrame el días, di que la historia es verdad
lo mejor que has escrito joder… llorando en el curro como un gilipollas estoy.
I-m-p-r-e-s-i-o-n-a-n-t-e, Alfredo. Eres un gran hombre y un gran escritor. Te deseo lo mejor. Un beso
Interesante composición.
Un placer aterrizar en estos lares, y comentarlo.
Leo tus escritos desde hace mucho tiempo y me encantan, solo queria que lo supieras.
Un abrazo desde La Cala del Moral
No lo hagas. No queda nada del Orient Express que dejaste pasar.
No se trata de que los buscavidas de mierda hagan hijos para que los ingenieros senior y demás gente trabajadora se los críe.
Mirar siempre hacia adelante y con orgullo, así acabemos todos viejos, solos y alcoholizados.
Un saludo desde la ETSII.
Ese meñique y ese roce sublime es indescriptible, electricamente atemporal, subatomico, poderoso, inigualable, abrumador…
Se capta tu felicidad, no hagas caso de los agoreros. Zambullete en el mar del amor, nada, salta, y rie, que esa adrenalina no es comparable con nada y siempre-siempre te hara sonreir.
Pop: los que visteis caer el tren al final del puente… podéis ayudar a hacer mejores puentes para que el próximo tren llegue a su destino.
Podías haberlo titulado… veamos… “puentes como liebres”? jejeje
Precioso Alfredo, gracias!
Me ha gustado especialmente lo de “Lejos quedaba ya la despreocupada juventud y esa sensación de que todo está a salvo y es para siempre”… Debe ser la edad, acercándonos inexorablemente a los cuarentas…
Es maravillosa la escritura. Me hace recordar una historia hermosa que vivi de adolescente y que aun no ha acabado por mas que pasen los anios y abunden amores, desamores y soledades.
Alguien dijo alguna vez que en el pasado quedan las cosas que se concretaron y que lo demas queda pendiente. Yo lo vivo asi y lo siento a diario, una triste melancolia que me inunda por mas que ahora soy grande y tenga mi vida resuelta junto a mi pareja, no deja de dar vueltas en mi cabeza.
Precioso…Quién no ha soñado alguna vez con trenes que hace tiempo dejaron de pasar por nuestra vía?
Saludos desde Pontevedra.
De piedra, de piedra me he quedado al leer mi historia de amor, salvo un par de matices, es completamente mi vida plasmada de forma exquisita en un papel.
Gracias, por remover más a un si cabe, sentimientos y sensaciones inexplicables.
Iu&Lore 1998 el mejor verano de mi vida.
Iu&Lore 2009 invierno,rencuentro mediante las nuevas tecnoligias .
Rectificación.
Iu& Lore 1997
Iu& Lore 2009
La edad ya hace que cambiemos los años de fecha! jajajajaj