
Lo que de verdad me irrita de los reality shows no es el hecho de que sean una forma de mantener entretenido al público con morbo malsano. Tampoco que a veces se presenten como “experimentos sociales” en los que participa “gente normal”. Los individuos dispuestos a vender su vida privada a cientos de miles de personas intentando hacerse famosos a golpe de genital no son la norma, ni psicológica ni estadísticamente hablando. Es duro pensar que cada vez que alguien eleva a la categoría de experimento científico esa casa con diez oligofrénicos copulando en los retretes y teniendo conversaciones que harían enrojecer a un niño de seis años, millones de científicos que dedicaron décadas de esfuerzo y pasión para hacer avanzar el conocimiento humano, desde Aristóteles hasta Einstein, se revuelven en sus tumbas. Pero esto no es nada nuevo.
También tengo la impresión de que muchos de los que ven estos programas con la excusa de que “sólo se ríen de los frikis” lo hacen porque tienen la autoestima por los suelos y subconscientemente necesitan sentirse superiores a alguien, aunque sea un pobre anciano desfigurado con un retraso mental más que evidente, como era el ya desaparecido Pozi, o un yonki en las últimas al que años de consumo de drogas le han borrado del cerebro el sentido del ridículo. Pero esto no es lo que más me irrita.
Lo peor de los realities son las cámaras en la nuca.
Hablo en concreto de los programas para “buscar pareja”, subgénero dentro del género reality, como el actual Granjero busca Esposa o uno que daban en la MTV hace un tiempo, cuyo nombre ni siquiera quiero buscar en google. Así como en Gran Hermano el “espectáculo” se centraba en la convivencia y tocaba de forma tangencial el romance entre los concursantes, aquí el “romance” es el tema principal. En teoría, estos programas diseñados para parecer reales (reality show, ¿recuerdan?) generan un ambiente relajado para los que están detrás de las cámaras. Los testimonios de los concursantes así lo afirman.
-Estaba nervioso al principio, pero después de unas cuantas sesiones se olvida que las cámaras están ahí, ¿sabes? -dice Menganito.
Oh, maravilla. Es entonces cuando empieza la magia, el inicio del espectáculo, dice el productor. Los concursantes se han olvidado de las cámaras y entonces el selecto público puede disfrutar de ser voyeur sin necesidad de llevar gabardina ni unos prismáticos ni el riesgo de acabar en el cuartelillo dando explicaciones.
Pero la realidad es que los concursantes no se olvidan de las cámaras, simplemente se acostumbran a vivir con ellas.
Es muy humano adaptarse a las diferentes situaciones sociales. No usamos las mismas palabras ni el mismo lenguaje corporal con los amigotes que con nuestros abuelos, ni siquiera usamos el mismo tono de voz. Todos nos creamos personajes que se adecuan a las distintas situaciones que vivimos en nuestras vidas. Nos imitamos unos a otros, a veces conciente y otras inconscientemente, como primates que somos. Nos adaptamos. Cuando los concursantes de los realities se acostumbran a las cámaras, no están olvidándolas. Simplemente han interiorizado sus personajes y pasan a actuar con la naturalidad de un actor profesional. Y pueden llegar a creerse que son ellos. Pero en ese momento los que están delante de las cámaras son los personajes que han creado para mostrar al mundo. Sus verdaderas personalidades están ocultas en el fondo de su cerebros, asustadas de salir porque saben que encima de su nuca está la cámara, esperando que pierdan el control, ávida de basura para rellenar los tabloides y alimentar de morbo a la gente que disfruta con las miserias ajenas. Estos personajes artificiales, creados en los cerebros de los concursantes, se multiplican como virus en millones de televisores y entran en los salones de nuestras casas.
Si un programa de estas características se vuelve popular no existe escapatoria, apagar el televisor no nos inmuniza. Cuando los personajes están en suficientes cabezas estos pasan a derramarse en conversaciones delante de la máquina de café en el trabajo y en las barras de los bares. Son personajes que parecen reales y que se comportan como si fueran reales, y les imitamos como primates que somos. Cuando nos contagian actuamos como si nuestras vidas también estuvieran siendo retransmitidas. De esta forma, los reality shows nos hacen un poco más superficiales, potenciando nuestra obsesión por la imagen, transformando las relaciones humanas en actuaciones y equiparando la búsqueda de pareja con la búsqueda de una chaqueta que nos siente bien. Eh, pero que quede bien claro que no tenemos ningún problema. Al principio se nos hizo un poco raro, pero por fin nos hemos acostumbrado y ya no notamos que las cámaras están ahí. En nuestras nucas.









21 comentarios en el blog
Gran articulo, totalmente de acuerdo!
Muy acertada tu descripción de los concursantes de reality, pero creo que te has dejado llevar al final. Decir que los dos o tres realities que se emiten en televisión y que como mucho seducen a 3 millones de personas (de 50 millones que vivimos aquí)son los culpables de la deshumanización de la sociedad es mucho decir.
De hecho, la lista de fracasos dentro del género triplica a la lista de éxitos.
Yo diría que son una consecuencia y no una causa, un programa de entretenimiento no tiene tanto poder (los telediarios son otra cosa) y desde luego si una cosa he aprendido haciendo televisión es que la gente no es tan tonta.
Si os dijera que jamas he visto un reality, porque me aburren soberanamente, me creeríais?
Cual fue mi sorpresa al encontrarme mi calle, mi casa, mi ventana con mis cortinas de encaje entreabierta y la mesa blanca del patio en google maps…
nacho no es tan tonta, tal vez.. es discutible, pero sus personajes si lo son, que son los que envenenan la sociedad, para mi los reality shows, son el maximo esplendor, el apoteosis, el gran exponente de la telebasura.
deberián inlegalizarlos.
por cierto de los mejores que he leido de juin
Nacho, yo más bien diría que son consecuencia y causa a la vez. Esa gente “no tan tonta” que describes puede demandar el ocio que le de la gana, por atroz que sea; la televisión actual es entonces una consecuencia. Pero millones de adolescentes se están criando delante de la TV; entonces la consecuencia se converte en causa. Si sumamos la cobertura mediática global de los concursantes de realities, entre GH, OT y el resto, el panorama es desolador. Como bien indica Juin en el artículo, estos individuos de cámara en nuca son más personajes que personas, y viven vidas prácticamente diseñadas por publicistas. Son productos, y cuando estos productos se convierten en modelos a imitar (y se imitan, y mucho), mal vamos.
Fuckowski, desde luego que son personajes, y coincido plenamente como he dicho antes, con la descripción de Juin, en lo que discrepo es en la capacidad de GH, OT y otros de influir en la sociedad y ser causantes de la merma de valores que padecemos.
EL prefil del espectador de reality es de clase media, con estudios medios, no mayor de 45 ni menor de 25 y más mujeres que hombres. Por eso digo que no son tan tontos y que lo ven porque les gusta. No porque consideren modelos a los personajes de GH.
Modelos se consideran a La princesa Letizia o a Cristiano Ronaldo y eso le daría a Juin para otro post.
Por último que los adolescente se críen delante de la tele o la consola o el World of Warcraft, es culpa de los padres.
Creo que Juin no entraba a discutir quien tiene o deja de tener la culpa, sino el efecto que este tipo de programación puede llegar a tener.
Vaya, entonces nuestro podcast debe ser un mierda XD
Nacho, estoy de acuerdo en que es difícil de medir hasta que punto estos programas influyen en la sociedad, el artículo es fruto de mi impresión personal, nada más. No creo que sean “los culpables de la deshumanización de la sociedad”, sólo que aportan su granito de arena. Por eso he escrito “…De esta forma, los reality shows nos hacen **un poco** más superficiales…”
Thumbs up!!
Ya, pero también dices “transformando las relaciones humanas en actuaciones y equiparando la búsqueda de pareja con la búsqueda de una chaqueta que nos siente bien” y parece que son sólo los realities los que llevan a esa situación cuando es una consecuencia de la sociedad de consumo en su conjunto, y no de uno sus de productos.
Y mi comentario sólo se centra en eso, el efecto reality es mucho menor en sus espectadores de lo que la mucha gente opina. E insisto en que el análisis del personaje de reality me ha parecido brillante.
[...] La cámara en la nuca [...]
este tema me pone los pelos de punta. El otro día, un amigo periodista, me comentaba lo último en realitys, algo así “como tu primera vez” con cámaras en la nuca también. Vomitivo tiene que ser, aunque lo que más me sorprendió, es que él lo viese.
quién quiera vivir siendo un producto, allá él/ella. y va mucho más lejos de tener un televisor.
también apuntar que creo que el éxito de estos programas radican en el “primera persona”, en poder meterse en la vida de otros, cómodamente, desde un sofá, y sentirse así menos miserables que los que salen por la tele.
En fin, un producto de publicistas como dice Fuckoswki, y mil cosas más que podríamos añadir al tema.
Yo llevo un tiempo, largo ya, con una especie de mitad experimento, mitad reto personal, todo vanidad. En sí es muy simple: Descarto la televisión. Y no sólo el televisor, que puede estar perfectamente apagado y aún así seguir el hilo de series nuevas, noticias, películas, etc. por Internet. No, me refiero a un apagón por completo cual emisión analógica (La campaña en las paradas de autobús me ha puesto al corriente). Desconozco las películas que están en cartelera, las series que están de moda, los anuncios que se emiten (con TODO lo que conlleva), o qué o cual persona hacen ésto o lo otro en tal o cual programa. Ésto evidentemente no ha sido de un día para otro, es como una enorme bola de mierda que me ha costado parar y ha sido de manera progresiva.
Así que me puedo considerar alguien que “ve desde fuera” la influencia de la televisión en mi barrio y en mi lugar de trabajo. Y la verdad, es espeluznante ver como la gente de tu alrededor adopta posturas, temas de conversación, chascarrillos, comentarios repetitivos, melodías, cancioncillas, etc. según pasa el tiempo y se suceden los distintos eventos, y te hace pensar como es posible que las personas sean tan increíblemente moldeables cual plastilina, grisácea eso sí, pero plastilina al fin y al cabo. De repente son maestros golfistas, tenistas, o entrenadores luego tienen soluciones a las crisis de todo el mundo, desde secuestros de barcos a atentados y raptos, para soltar un “ay omaita” (o lo que toque en ese momento) y comentar “lo guapo” o “lo buenorra” que es X persona. Yo de mientras miro incrédulo la situación y me acojono cada vez que mi hija de ocho años me comenta tal o cual frase al tono del programa infantiloide de turno, mientras hago memoria y repito “¿como están usteeeedeeeeeeeees?”
Un saludo, y muy buena redacción, maese Juin.
Esto ya lo hemos vivido con el Futbol, en realidad desde el pan y circo romanos no ha cambiado mucho. El futbol domina la mente de miles de personas desde el abuelo hasta el niño. Domina conversaciones, portadas de periodicos, vestimenta, corte de pelo… domina hasta los sentimientos.
La sociedad es asi, nos sometemos a nosotros mismos, tu al vecino y el vecino a ti, si queremos integrarnos y no ser anacoretas solitarios es la unica manera, o seria posible que cada uno fuese autentico, unico y con su propia forma de pensar diferente??NO Nadie estaria interesado en nadie.
Bien se puede uno buscar sus circulos de amistades para hablar de los reality’s del futbol o de filosofia y letras.
Hablar de los Realitys para bien o para mal es “estar dentro” de la bola.
Afortunadamente vivir en el extranjero me libra de la tv/radio y conservo mi independencia…. pero no me integro :-)
Deberian ir cambiandonos los idolos a la masa, premiando y sacando en la tele al que hace bien su trabajo, al que triunfa en sus estudios, en sus investigaciones, analisis.. etc
kale,
es interesante tu reflexion, pero estaras tambien deacuerdo conmigo que hay sociedades mas mongoloides que otras, y en la tele como en cualquier medio, me parece irresponsable que pongan semejante mierda por la tele que contamina las conversaciones etc..
con el futbol, hay un efecto que consiste en lo siguiente: cuanto mas futbol ponen, mas le gusta a la gente, como le gusta mas a la gente ponen mas futbol, y como ponen mas futbol a la gente le gusta mas..
pasa lo mismo con la mierda, la literatura y el arte, pero estamos en un momento en el que la sociedad es mas dada al cultura fast-food, es decir, facil y de poco valor, pero que te llena la cabeza de mierda.
por este efecto, ami me parecen los medios, responsables de su contenidoo, y no volcarse en que es lo que pide el mercado.. porque como se a demostrado estos ultimos dos años, una vez más, el mercado no es sabio, es idiota.
Recién he leido esta y otras entradas (como una sátira a Martin Varsavsky, que fue lo que me trajo aquí) y me hecho una idea de esta web.
Creo que los Españoles que tanto me han agradado, en especial los catalanes, se estan dejando llevar un poco por el celo y resentimiento, a cosas que no lo merecen.
Creo que en América se nos infunde mas la idea que las cosas hay que hacerlas en lugar de quedarse quieto y quejarse, y por eso tenemos esa desigualdad social aparente. Por eso se nos tiende a ver como insostenibles, pero creo lo contrario. El progreso lo haces o lo compras.
Porque lo que es bueno es bueno. Y es codiciado. =)
Personalmente creo que los medios son los ganadores si nosotros mismos creemos que la sociedad mostrada en ellos es la sociedad real. Vamos, que somos muchos que podemos algún día consumir telebasura, pero nuestras neuronas nos hacen diferenciar y pensar mucho más allá. Todas las generalizaciones son simplistas y creo que siempre ocurre lo mismo cuando se habla de la sociedad, como si fuera un ganado. No nos creamos tan únicos y superiores.
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Es cierto, la tv avienta mierda y no avisa. Y lo que se traga sin ser analizado o reflexionado va directamente al incosciente y ahí se queda, para luego modificar comportamientos, pensamientos y posturas.
Como primates, los seres humanos somos ociosos por naturaleza, mental y físicamente. Por eso nos gusta lo fácil, lo superficial, preferimos una comedia tonta a un libro profundo.
Lo que sucede es que desde que evolucionó el Homo Sapiens(?) hasta ahora sólo han pasado 40000 años, evolutivamente se necesitan por lo menos dos millones para lograr un avance a nivel de especie.
pero mucho antes de eso nos vamos a autodestruir :)