
Iba en el autobús de Torre del Mar a Málaga. Contemplaba el mar y se me perdía la mirada entre los brillos del sol sobre el rítmico vaivén del agua. Pasé largo rato absorto, hasta que por el rabillo del ojo capté una preciosa sonrisa pintada de rojo que me sacó de mis reflexiones. A través del hueco entre los asientos delanteros pude fijar mi atención en aquellos labios felices y cálidos. Una chica joven de ojos verdes y rostro sereno parecía recrearse en algo que, a juzgar por esa mirada derretida de puro amor, debía ser fascinante. Supuse que era el mar.
Entonces otros labios también pintados se acercaron a los suyos, sus ojos verdes se cerraron despacio, y hubo un beso templado y suave y caricias en la mejilla, y yo casi me sentí culpable por colarme en aquel íntimo momento escondido tras mis gafas de sol.
La chica de ojos verdes volvió a la devota contemplación de su compañera. Yo volví a perder la vista en el mar, y al rato me di cuenta de que me había quedado perplejo. No por el beso lésbico, que uno siempre ha pensado que pretender imponer al amor y al deseo los límites estadísticos de las costumbres es una gilipollez contra natura, sino porque caí en la cuenta de que no recordaba haber visto una expresión de cariño tan pura en muchísimo tiempo.
¿Cuándo había sido la última vez que había visto una pareja heterosexual en actitud semejante, mirándose a los ojos con tal devoción? Solo alcanzaba a recordar caras largas, brazos cruzados, ceños fruncidos, discusiones, reproches, rabia contenida, como si las parejas estuviesen juntas por obligación y no por placer. Concluí que quizás, como postulaba Erich Fromm en El arte de Amar, los tentáculos de la sociedad de consumo se hayan enredado en las mismas raíces del amor. Todo se define, se retuerce y se condiciona, todo se desvirtúa y se etiqueta y se convierte en producto, y al final se acaba persiguiendo esa versión superficial e insulsa del amor con la que se nos bombardea en los medios, con sus sonrisas Profidén y sus mesas para dos y sus diamantes para siempre, un sucedáneo frívolo del amor que llena el alma tanto como el comprar un nuevo teléfono móvil. Adquirimos el producto esperando que, acto seguido, nos invada esa felicidad mística que la publicidad nos promete; queremos que el vecino del quinto nos mire y se muera de envidia. Pero la felicidad nunca termina de llegar, y acabamos culpando al otro de no ser aquello que creímos comprar.
La sociedad de consumo acabará apropiándose también de las relaciones homosexuales y las redefinirá, desvirtuará y etiquetará a su gusto, inventará ritos y fechas señaladas y prometerá la felicidad eterna al final de un laberinto de escaparates y cajeros automáticos. Pero hoy que aún es un acto de rebeldía el salir del armario, hoy aquellas dos chavalas del autobús se aman porque les da la gana, lejos de todo condicionamiento, y se besan en discreto silencio sin importarles el resto del mundo. Mientras, otras muchas parejas exhiben ruidosamente sus superficiales relaciones de diseño, y algunas incluso se atreven a afirmar que lo suyo es “lo natural”.






34
Social comments and analytics for this post…
This post was mentioned on Twitter by perspicalia: POST: Un beso furtivo http://bit.ly/6gNQPi...
[...] Un beso furtivo [...]
Has dado en el clavo. Sad but true.
bueno.. nada es para siempre.. tampoco eso,,
Buen articulo en general. De todos modos tengo una amiga lesbiana y siempre esta discutiendo con su novia jeje.
Bueno, bonitas palabras pero me adhiero a lo dicho por Helua,parece que todas las relaciones heterosexuales estuvieran desvirtuadas y tampoco es eso!!
post muy regular. No tiene sentido. Desde luego los has hecho mejores.
Una emoción parecida sentí en un tren al observar el cariño y atención que un hombre anciano le dedicaba a su mujer enferma y en silla de ruedas… La empujaba como si la acariciara…
Por otro lado, no estoy de acuerdo en que un reproche, una discusión o una cara larga desvirtúen una relación. Cierto es que podríamos ahorrárnoslos la mayoría de las veces pero, desde mi punto de vista, es algo tan natural en una relación como cualquier momento de ternura o un buen revolcón. Siempre he desconfiado de aquellas parejas que dicen no discutir nunca. La convivencia y la comunicación no siempre son fáciles. El bagaje emocional de cada uno, diferencias a la hora de afrontar situaciones nuevas, cansancio después de un día duro de trabajo… todo influye, pero ahí está el amor para pasar por encima de todo eso, aprender de ti, de tu compañer@, crecer juntos, olvidarlo y pasar a esa ternura que tu describes y más.
Te sigo con frecuencia pero no acabo de estar muy de acuerdo con la reflexión que haces. El último párrafo es muy incongruente. ¿Cuál es el mensaje que quieres dar? ¿Que las relaciones homosexuales son más auténticas porque están menos desvirtuadas? ¿Porque son más nuevas? ¿Más modernas? ¿Que no discuten? ¿Que se salvan de la sociedad de consumo? No lo veo claro.
Me atrevo a afirmar lo contrario. Precisamente porque es un acto de rebeldía, algo moderno, algo que se lleva, que se promociona, que se ha convertido en trivial y estereotipado (por el sector “liberador” del mundo gay), muchas relaciones homosexuales sí están sometidas a un teatrillo hiper condicionado donde sí importa el resto del mundo y las apariencias. Hace falta estar ciego para no verlo.
Si esas dos chicas realmente no se besaban en público como acto de rebeldía o autoafirmación, sino como amor sincero, chapeau. Pero supongo que tú, como heterosexual, también lo idealizas porque son dos mujeres, que es lo que a ti te gusta, y eso te enternece, si es que no te da morbo :)
Pues no se, yo creo que no solo lo he entendido, sino que lo comparto.
A lo mejor es que no lo he leído con los ojos, sino que lo he sentido con el corazón.
Menuda cagada de post xD. Siempre leo lo que escribes, pero hoy estoy totalmente de acuerdo con Luigi: “Hace falta estar ciego para no verlo.”
Espero que el querer ir cada día un poquito más allá en la defensa de las libertades, no esté empezando a nublar su juicio, señor Fuckwoski. Así que le pido con fuerza que luche contra la tentación de convertirse en un progre de pacotilla, por favor por favor por favooooor :(
Sí, LaMala, sí. Lo que a ti te pasa es comprensible. Es lo que ocurre cuando se utiliza la literatura para dar opinión: que uno se deja llevar por los sentimientos, difuminando la opinión, que a veces ni siquiera interesa. A mí no me gusta ese género porque ni lo disfruto como literatura ni acabo de captar la opinión del autor, pero entiendo que es respetable.
Yo personalmente sigo sin entender el mensaje. Quizá sería rico, clarificador y aportador para el debate que nos propusieras tu visión del asunto con la que, además, estás de acuerdo. ¿No?
Y sin en algo estoy totalmente en desacuerdo es en el comienzo del último párrafo: ¿que el mundo homosexual se ha librado “de momento” de la garra del consumismo, de la imposición de “su gusto, sus ritos, sus fechas señaladas y su promesa de felicidad eterna” (textual)?.
¡Por favor! Eso es una idealización como la copa de un pino, seguramente provocada por el matiz literario que se le ha querido dar o por la repentina erección del autor durante el beso. El gay de hoy sigue unos estereotipos tan o más marcados y rígidos que el heterosexual, se preocupa y gasta en imagen, tiene sus movimientos libertadores y su filosofía de vida igual que los heterosexuales. Un respetable y nutrido grupo, además, se encarga de sentar cátedra y de asegurarse de que todos son iguales, como ovejitas. Exactamente igual que en el mundo heterosexual, de nuevo.
Quien ve o quiere ver matices o sensibilidades diferentes entre homosexuales y heterosexuales, o incluso entre hombres y mujeres, es precisamente quien está marcando la diferencia que debería desaparecer.
Pérez-Reverte opina y hace literatura. Por separado. A algunos les gusta una faceta, la otra, o las dos. Alfredo, te ganaste a la mayoría de los lectores a base de hacer opinión al estilo Pérez-Reverte.
Adentrarse en el campo de la literatura es encomiable. Ahora bien, sentar opinión mezclada con literatura y, encima, con estilo de Paulo Coelho… resulta desconcertante.
Con todos mis respetos, que la cancamusa no pueda contigo. No lo entiendas como una crítica destructiva, sino como un pequeño desconcierto. Ánimo en cualquier caso y escribe para ti, que es lo importante.
Saludos.
Bienaventurados los artistas egocéntricos porque no caerán en el error de tomar en cuenta las opiniones de los consumidores…
Juzgar un texto poético (ahora resulta que la literatura se usa para contar los sucesos locales) por su falta de objetividad en fondo y forma es una gigantesca y avergonzante paradoja, por no decir una muestra de incultura. Casi más vergonzoso que decirle a una persona por dónde debe o no debe ir basándose sólo en el propio gusto de lo que le gustaría que hiciera.
Qué pena que en este mundo virtual de gadgets de moda e ideas a medida ya no quede sitio para la poesía. QUÉ PENA.
Pues estoy en parte de acuerdo con algunas de las opiniones que se han escrito aquí. Darle de forma implícita el carácter de puro a las relaciones homosexuales me parece arriesgado.
Me gusta hacer la reflexión sobre la imposición social que desvirtúa la relación amorosa. Es algo que ocurre y con lo que, de más cerca o más lejos, hemos convivido muchos. Pero esta imposición social no entiende de parejas del mismo o de diferente sexo, afecta a las personas… que consumen.
Y partir de la sorpresa que te causó un beso tierno entre dos chicas también me gusta (aunque ya no nos sorprende como hace unos años, admitámoslo), pero de lo primero a lo segundo hay un salto muy grande y dejas demasiados flecos (que dan mucho juego para el debate, todo sea dicho :D).
Acostumbro a leerte, Fuckowski, y es cierto que éste me parece de tus textos más flojos.
Vamos, que San Valentín no es el Día de los enamorados heteros…
Cierto.
El amor no necesita de diamantes, cuerpos perfectos, sonrisas profidén.
Y cada vez es más difícil ver actitudes como la que nos has descrito. La gente parece que solo se acuerda de amar cuando el CorteInglés nos recuerda que llega San Valentín, o para los aniversarios (y más por compromiso que por otra cosa muchas veces).
Por eso hay que rehuir esos tópicos, y acordarse de amar cada mañana, cada mediodía y cada noche a nuestra pareja.
Aunque veo que algunos no han entendido que lo que aquí se dice, tal y como yo lo entiendo, no es que esas relaciones puras sean exclusivas del amor homosexual. Lo que sucede es que el amor heterosexual está tan usado por la sociedad de consumo, que muchos solo se acuerdan de amar cuando un anuncio lo dice.
los homosexuales tal vez son incluso mas esclavos de la moda.. no nos confundamos..
cierto es que lo natural no existe.. y que no debemos dejarnos llevar por la moda, esteriotipos, etc.. para amar.
Lady Pain, entiende la postura de algunos. Una persona como Alfredo que ha destacado por llamar a las cosas por su nombre, por ser claro, por mojarse, por separar el grano de la paja, por hacer una crítica durísima con las ambigüedades, etc… sorprende con este post.
¿Qué puede decir lo que le de la gana y no seguir ningún criterio? Por supuesto. Pero también ha abierto los comentarios, así que algo querrá de esos “consumidores”, como así denominas a los lectores.
Está más que claro que comienza con una descripción y unas intenciones digamos, literarias, pero acaba con una idealización homosexual con aroma a resquemor amoroso heterosexual y una crítica a la sociedad consumista. Acaba con un toque de ensayo, o de crítica, más que claro. No sé cuándo la poesía ha sido así.
Y yo no estoy de acuerdo con esa opinión. Me parece muy, muy sesgada. No creo que el amor y el mercantilismo dependan de la heterosexualidad u homosexualidad de cada uno.
Me parece una chorrada, con todos los respetos. Supongo, que fruto de la ignorancia o la idealización.
¿Créeis que los heterosexuales acudimos como gilipollas a comprar regalitos para San Valentín por ser heterosexuales mientras los homsexuales se profesan un amor puro y no se regalan nada?
Luego podéis empezar a teorizar sobre si las caricias que se profesan los homosexuales son verdadero amor condensado y que los heterosexuales follan el sábado, sabadete después de ver “dónde estás corazón”, porque lo dice el refrán, que es lo que nos gusta en realidad.
Si preferís creer eso porque es más bonito, más poético o más etéreo, allá cada uno. Ahora bien, criticar a quienes son críticos o puntillosos, o quieren las cosas claras, que es precisamente lo que ha hecho famoso a Alfredo De Hoces, me parece poco menos que ridículo.
Luigi, tu comentario ya me parece más respetable =)
Simplemente opino que nadie realmente creería que está diciendo que a todos los homosexuales les va de vicio, y a todos los heterosexuales fatal. Ni que unos están sumidos en el consumismo y los otros no, hay tópicos de un lado y del otro que demuestran la universalidad del consumismo.
Sí creo que es sesgada, pero cuando te basas en un pequeño detalle que te llamó la atención y en los pensamientos que tuviste en el momento para elaborar un texto… salen cosas como ésta, sesgada como tú dices, porque concentra toda la fuerza de un punto de vista que no es absoluto en la mente de nadie, pero que así conseguimos transmitir en esencia.
Yo alguna vez también lo he hecho, y soy capaz de llevarme la contraria a mí misma con un texto completamente opuesto porque en realidad pienso ambas cosas, sólo que me concentro en una de ellas para elaborar un texto más íntimo =)
Vaya, supongo que si mucha gente parece no haber entendido el mensaje es que no he debido explicarme bien. Mea culpa, intentaré explicarme un poco mejor.
Nadie dice que el amor heterosexual esté absolutamente desvirtuado y el homosexual sea puro; eso es llevar la reflexión al extremo absoluto. Todas mis afirmaciones están delimitadas como “en muchas ocasiones”, “parece que”, “quizás”; el escrito es una reflexión concreta en un momento concreto que ni se basa en un estudio estadístico ni trata de sentar cátedra.
Cuando hablo de la influencia de la sociedad en las relaciones no hablo de la moda; hablo de costumbres. Puede parecer que hoy en día ya no hay diferencia entre los dos tipos de relación, pero luego en la práctica no es así para nada. A los varones se les bombardea con el “a ver cuando te echas una novia”, y a las féminas con lo contrario. Se asume la heterosexualidad. En la vida de una persona se celebran varios “triunfos”: el fin de los estudios, el primer empleo (“el niño ya está colocado”), la compra de una vivienda, la boda, los hijos. El camino está marcado y se nos condiciona para seguiro; no tener pareja formal en muchos casos se considera síntoma de fracaso. Lo que quiere decir que se puede tener una pareja por contentar al entorno, y en muchos casos es así. ¿Quién no cuenta entre sus amigos con cinco o seis parejas de esas que apenas se soportan y se son infieles cada dos por tres, pero que permanecen juntas por poco más que la fuerza de la costumbre, por no saber o no querer ir solos a los eventos en los que todo el mundo va ya acompañado? Se vive pasando de una pareja a otra porque no se sabe vivir de otra manera; porque así está montado este rollo.
Y esto no es así para nada en el caso de los homosexuales. El que diga lo contrario no vive en el mundo real. En la tele puede “parecer que”, pero en la práctica, y de forma mucho más acentuada en los pueblos, salir del armario suele ser dar una decepción a la familia. En mi entorno más o menos cercano hay homosexualidades llevadas en secreto durante veinte años, parejas y matrimonios “tapadera”, bodas secretas en las que se invita a los amigos íntimos y no a la familia.
Yo soy hetero, así que no creo que mi visión esté sesgada por nada más que por lo que observo a mi alrededor. Ningún gay o lesbiana de veinte años está hoy por hoy deseando echarse un novio o novia para poder poder una foto de pareja en casa de los padres. En el mejor de los casos la familia será tolerante con la homosexualidad, pero el asunto no se aireará públicamente con orgullo, tal y como sucede con las parejas hetero (“mi niña, que se me casa con un arquitecto”…) Por no hablar del caso de tener hijos: en una pareja hetero esto es sin duda alguna un gran acontecimiento social, y en el caso homosexual aún hay un amargo debate.
Así que, por mucho que nos empeñemos, a efectos prácticos hoy en día el homosexual lo sigue teniendo mucho peor (“peras y peras, y manzanas con manzanas”, “lo de matrimonio homosexual es una contradicción, porque el matrimonio se define como la unión de un hombre y una mujer”, y todas esas cosas que se oyen todos los días). Por lo que, en su caso, no existe el impulso de ir a buscar pareja por contentar al entorno, sino todo lo contrario. Y esto, desde mi punto de vista, en muchos casos concede mas valor a la relación en sí, puesto que el valor estético, social y costumbrista del asunto suele ser nulo, cuando no negativo. Me parece muy obvio y solo tengo que mirar a mi alrededor para comprobarlo.
No me he puesto mis gafas de pasta y mis calcetines de colores para marcarme un alegato sobre las bondades de la homosexualidad y lo super tolerante y chachi que soy yo, “que tengo muchos amigos gays, o sea, sabes tía? Y me gusta mucho el chaotic jazz y el cine de autor húngaro”
Otra cosa: no entiendo lo que ha querido decir uno de los comentaristas con eso de “ahora Alfredo ha abierto los comentarios, algo querrá”. Los comentarios llevan abiertos cinco años; los tenía en el foro (enlaces directos desde cada entrada) y he decidido volver a activar los de WordPress por una serie de motivos técnicos.
En resumen, admito que por la limitación de espacio que tengo en la columna para El Avance, no he conseguido explicar bien el motivo de la reflexión, y entiendo que el tema se preste a confusión. En cualquier caso, me parece que los límites del asunto estaban perfectamente marcados: no se trata de “amor gay VS amor hetero” (para mí ambas son la misma cosa), sino “el papel de las relaciones de pareja en la sociedad de consumo VS dos chavalas que vi en un autobús”. Espero haber terminado de aclarar mi opinión con este comentario.
Saludos :)
creo que la exageracion a distorsionado el mensaje confundiendolo como “apologia” de la homosexualidad.. y digo bien con apologia porque aunque seamos super progresitas, sigue habiendo resquemor de aceptarlo completamente, llevando a besar los extremos.
la explicación de alfredo para mi es valida. esta vez a sido mas “light” , y no se a puesto por encima a la pareja de homosexuales de los heteros, que es con la sensacion que sale uno al leer el articulo.
Alfredo a mi me ha encantado, y me he sentido muy identificada con lo que dices…
Me ha gustado mucho el artículo, buena reflexión.
La explicación sobra desde mi punto de vista. Está claro lo que se dice en el artículo, lo que pasa es que hay personas muy tiquismiquis que en cuanto leen “homosexualidad” se lanzan al ataque.
Saludos
Creo que te equivocas al intentar alcanzar la raiz de su amor. Eso no lo sabremos nunca, sólo lo saben ellas.
Si es que existe. Lo que viste en esa chica quizá fue solo un eco de tus propios anhelos (qué cursi!). Quizá acababan de reconciliarse tras una bronca monumental ;-)
El comentario ha quedado muy aclarado. Gracias Alfredo. Lo de “ha abierto los comentarios” es simplemente un “los posts están abiertos a comentarios”. No quería decir que hubiera sido ahora.
Entiendo la explicación y la comparto en su mayor parte. Totalmente de acuerdo en la sociedad de consumo, los ritos y las costumbres. Pero no negarás que, si el trasfondo eran las relaciones de pareja en la sociedad de consumo VS las chavalas del bus, como dices, haber elegido el amor heterosexual para fomentar las críticas consumistas y constumbristas versus una pareja homosexual como ejemplo de lo contrario, lo ha desvirtuado.
Es completamente normal que los lectores pensemos que se está insinuando que es mucho más habitual y puro el amor homosexual que el hetero, ¿no?. Y aunque no fuera tu intención, así ha quedado reflejado. Con la explicación todo queda más claro, por supuesto.
Para mí lo que comentas, sin embargo, tiene mucho más que ver con la edad y con la inocencia. El amor de adolescencia/juventud es puro, no le importan las barreras ni el qué dirán. Precisamente el que comentas en el texto. Pero el heterosexual puede ser igual o más auténtico que el homosexual. Y seguramente tú lo sabes bien.
El amor de la mediana edad es diferente: la sociedad y la familia esperan algo de ti y está muy relacionado con la estabilidad de la pareja, la fertilidad y los hijos. Con las posesiones, la posición social y el futuro. Totalmente de acuerdo en que es una convención a la que muy pocos se resisten. También es un antídoto contra la soledad, que es muy dura.
¿Has pensado que la gente quizá no lo hace por seguir la corriente sino porque no sabe o no quiere estar sola? ¿O quizá porque saben que esa pareja idílica no existe pero prefieren compartir? ¿O que el amor acaba siempre transformado por el tiempo y la costumbre pero siguen a pesar de ello?
No olvidemos que aquí todos esperamos una pareja inteligente, guapa, afín a nosotros, comprensiva, agradable, sociable y que nos haga gozar en la cama. Es lo que nos han vendido. Normal que luego pase lo que pasa…
Pero qué quieres que te diga… tampoco nadie lleva con orgullo que sus hijos se casen con otras cosas que tampoco están bien vistas y se salen del modelo: con un divorciado, con un viudo, con alguien con hijos, con alguien de menor clase social, de otra raza, con alguien discapacitado…
Así es la sociedad y así ha sido siempre.
Don Luigi, me parece un poco sobreactuado su tono, teniendo en cuenta que no hemos sido presentados, le aclaro: cualquier grupo de personas que tenga que luchar por su amor y tenerlo taaan jodido, merece todos mis respetos, y recalco personas, insisto.
Y después de la aclaración del maestro, me reitero muchísimo más en lo que dije y en que creía haberlo entendido (más bien, sentido), además estoy más que de acuerdo.
Don Fuckowski, póngame usté a los pies de la madre que lo parió.
Don Luigi, después de leer su último comentario, cuando dice “todos”, me incluye a mi? usted qué coñes sabe lo que yo espero por pareja?
Cuando dice que “sus hijos se casen con ‘otras cosas’” se refiere a usted?
Francamente, con esos mimbres mentales no me extraña que no haya entendido una mierda del texto. Usted no ve más que sus propias miserias, por eso no le gusta.
Don Luigi, hágase un favor, salga un poquito más a la calle.
LaMala, ¿alguna aclaración o aportación más respecto al tema del texto aparte de “Lo he captado a la primera. Estoy totalmente de acuerdo”? Alfredo ha hecho un gran esfuerzo por dar una estupenda explicación. Es lo que enriquece estas cosas.
Respecto a los temas personales no voy a entrar, pero gracias por haber leído mis comentarios en cualquier caso.
Respecto a lo de casarse con otras “cosas”, es una errata al escribir rápido y mal, como ocurre al responder con un comentario muy largo en un espacio tan pequeño y no reeditable como es una cajita de texto como ésta. Supongo que no hacía falta la aclaración, pero ahí queda para quien lo haya malinterpretado.
Sigo insistiendo en que estoy totalmente de acuerdo en la reflexión básica de Alfredo en el comentario aclaratorio: la sociedad tiene un modelo muy claro, guiado por el mercado (entre otras muchas cosas). Todo está montado sobre ese modelo y es durísimo no seguirlo; y salirse implica estar perdido. No hace falta irse muy lejos. Ni ser homosexual ni cualquiera de los otros ejemplos que planteé en el comentario: cualquiera que a cierta edad esté soltero o, peor, se haya divorciado lo sabe muy bien. Lo que es estar dentro y fuera del modelo. Pero esos modelos están definidos para todos los grupos y edades.
Afortunadamente en estos tiempos de cambio, multiculturalidad y globalización cosas que antes se salían sangrantemente del modelo hoy son el pan nuestro de cada día: parejas homosexuales, parejas no casadas, parejas con hijos de anteriores parejas, parejas entre persona de distinta raza, de diferente clase social…
Y todo depende también del lugar y del tamaño de la ciudad. España, no digamos la España profunda, sigue siendo muy recalcitrante en ese aspecto, pero no tiene nada que ver con algunas capitales europeas o, por ejemplo, California, donde seguir el modelo que aquí tenemos instaurado no es precisamente la norma, sino todo lo contrario. Y donde la publicidad se ha adaptado a los nuevos modelos para seguir vendiendo, todo sea dicho.
Hay q ver las vueltas q se le puede dar a ver a una pareja, sea homo o hetero en un bús. Concediendote q los momosexuales lo tienen mas difícil, al final, es lo mismo, nada es para siempre.
[...] de que ve más allá de lo que alcanzamos la mayoría. Hoy ha relatado cómo se encontró con un beso furtivo en el autobús y reflexiona por encima sobre las relaciones homosexuales y heterosexuales y la [...]
Luigi…cállate ya!
Felicidades por el post, una reflexión profunda… El arte de Amar, que buen libro… para mi es un referente que debería leerme de nuevo (por 4 vez :) ) que ya han pasado unos cuantos años…
Por cierto, para mi ha estado clarísimo desde el principio, creo que te has expresado perfectamente, pero aún así siempre habrá mal entendidos. Solo un punto dejo a la reflexión: por lo que yo he visto, mucho “amor” entre personas del mismo sexo no es siempre tan puro… a veces me ha dado la impresión, por lo menos en mi entorno, que ser gay es, de alguna forma, “guay” y “trasgresor”… a mucha gente le gusta tomar ese papel de rebeldía. Por lo que también, para mi, se metería dentro de un pseudo-amor… como del que hablas. En resumen, en mi opinión el amor no entiende de sexos en ningun caso, tan sólo de madured emocional.
P.D. Tu narrativa no se parece a paulo cohelo… gracias a dios por que me cae mu gordo…