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  • 25 de marzo de 2010

    Dinero · Miguel Brieva

    (Juin): Hoy tenemos el honor de entrevistar a uno de los artistas con más talento del país. Muchos definirían lo que hace como “novela gráfica”, pero como bien dijo Mauro Entrialgo (otro gran artista), este término es sólo un eufemismo síntoma del complejo de inferioridad que tiene el mundo del cómic respecto al mundo literario. Así que Miguel Brieva hace cómics. Yo soy un orgulloso lector de cómics y lo digo bien alto, porque ahora tengo un método infalible para reafirmarme: cada vez que alguien me mira por encima de la tapa dura de su novela de Dan Brown cuando estoy leyendo un tebeo en el metro, saco de mi mochila mis ejemplares de Dinero y El otro mundo, y blandiendo uno en cada mano abofeteo con sus geniales páginas la cara del iluso hasta que reconoce que la única razón que tiene para considerar el medio del comic un género “de bajo nivel cultural” son sus prejuicios sin fundamento y su esnobismo intelectual.

    Cuando un día cayó “Dinero” en mis manos me tuvo un fin de semana encerrado en casa. Cuando acabé, me di cuenta de que necesitaba a alguien para hablar de él, así que aparecí en casa de Alfredo para prestárselo.

    (Adehoces): Recibí el ejemplar de manos de Juin y me lo lei de una sentada. Quedé absolutamente fascinado por el corrosivo humor de Miguel Brieva, un humor capaz de sacarte una carcajada y removerte las entrañas al mismo tiempo. Sus personajes ponen una y otra vez de manifiesto el descorazonador absurdo de la sociedad de consumo: sonríen felices mientras cometen las mayores atrocidades contra el sentido común y los derechos humanos. Su obra rezuma filosofía; con frecuencia consigue hacernos reír de puro gozo intelectual. Una de las grandes habilidades de Miguel es la de desenmascarar con extrema facilidad las trampas ideológicas que siempre se ocultan en la propaganda. Con frecuencia recurre a la distopía para hacernos ver a dónde conducen determinados senderos ideológicos; gran parte de sus viñetas podrían perfectamente ilustrar el 1984 de Orwell o el Mundo Feliz de Huxley.

    Y aquí viene lo irónico del asunto: cuando terminé de leer “Dinero”, en lugar de salir corriendo al bosque intentando escapar de las garras del la sociedad de consumo, cogí la VISA y me fui a la FNAC. Compré dos flamantes ejemplares del libro: uno para mí para siempre, y otro para el Señor E, pues supuse que disfrutaría de su lectura tanto como yo.

    (Señor E): El paquete llegó a Suecia con el libro, una nota de Alfredo escrita en mayúsculas y otro papel de valor. A partir de entonces, durante unas semanas, mis noches siguieron el ritual de escabullirme de la cama cuando mi novia se quedaba dormida, y encender una lamparita en la mesa de la cocina que sólo alumbraba las fascinantes páginas de Dinero.

    Esa carcajada que te arranca Brieva es un ejercicio mental recomendable, una catarsis que pone algunas cosas en orden; sus viñetas, sazonadas con una guasa muy española, no son un manual de cómo debe ser la sociedad pero dejan muy claro cómo no debería ser.

    Cerraba el libro después de esa nocturna detonación controlada en el cráneo y me iba de nuevo a la cama entrenado para que no me la colasen al día siguiente, confiando a la vez en no despertarme y verme en el espejo con una pelusa gigante por cabeza.

    Señoras y señores, con ustedes: Miguel Brieva.

    En primer lugar felicitarte por tu carrera y por tu extraordinario talento; me declaro ferviente admirador de tu obra. Hoy por hoy vives únicamente de tu talento artístico; ¿cómo ha sido tu trayectoria profesional. ¿Has tenido otro tipo de empleos? ¿Qué consejo darías a las personas que quieran vivir del arte?

    (Miguel Brieva): He trabajado de profesor de pintura decorativa para discapacitados mentales (allí lo aprendí todo, de ellos precisamente), de diseñador, ilustrador de museos y como montador de exposiciones.

    En cuanto a consejos, únicamente diría que lo fundamental es disfrutar de los procesos, sin albergar objetivos ni pretensiones demasiado elevadas o abstractas. Uno observa y aprende, en función de las inclinaciones que tenga, pero luego todo eso va tomando cuerpo, de manera caótica, conforme se hace propio, y del choque entre todas esas influencias y lo que uno es sale la expresión personal, los registros que uno es capaz de alcanzar.

    Por último les diría que el acto creativo es, en cierto modo, un acto de amor con el universo, así que si no acostumbran a amar por dinero, que tampoco malgasten su talento e imaginación en contra de sus propios principios, que esa sí que es la forma más sórdida y triste de prostitución.

    Lo primero darte la enhorabuena por Dinero (me tuvo absolutamente enganchado), harían falta unas cuantas páginas para contar sus virtudes. Ya voy al grano, pero permíteme que me extienda en el planteamiento: Un tema que tocas y con el que comparto la perspectiva es el de la utilización de la mujer como objeto; más concretamente, como objeto sexual para satisfacer al hombre en la pornografía. En gran parte del porno (véanse las biografías de las actrices) la mujer acaba en él por presiones, condicionantes y manipulaciones psicológicas que consiguen que lo haga “porque quiere” o porque sea una “(póngase aquí algún vocablo típico de la moral machista)”. De este modo el consumidor por un lado se deshace de toda responsabilidad ética ante la eventual explotación de un ser humano, y por otro además satisface su (terminología de algunos artículos científicos) “fantasía de la puta guarra”. Tu viñeta en la que una mujer es fustigada por dos hombres con la leyenda “la pornografía es libertad, igualdad y amor” es muy ilustrativa. ¿Cómo ves el nivel de concienciación ante este problema y el de la prostitución? ¿Cuáles crees que son las causas por las que esta situación de explotación de la mujer se mantenga generación tras generación?

    Buf, es algo que se remonta al neolítico, no sé. Probablemente sea la lucha más urgente y primordial de todos los tiempos. Hay quien sostiene, de hecho, que las primeras monedas de cambio entre comunidades fueron las mujeres, es decir, que de esa injusticia se deriva posteriormente el germen mismo de la sociedad acumulativa o capitalista. La instrumentalización de la mujer es, tal vez, la piedra angular sobre la que se ha erigido nuestro enrevesado edificio social. Cambiar esta inercia es, pues, lo más urgente de todo, pero también lo más difícil, pues es algo arraigado en lo más arcaico de nuestra construcción antropológica.

    Los valores del hombre (conflicto, superación, prepotencia, beneficio individual, unidireccionalidad), es decir, los que rigen la humanidad, no son precisamente los más beneficiosos para la especie -para la felicidad de la especie-, pero hasta ahora se han mantenido inamovibles, tal vez por ser “activos” e “impositivos” frente a otros valores más “pasivos” (empatía, cuidado, bien común), que parecen preservar en nuestra especie precisamente las mujeres. Lo deseable sería una sabia intersección de estos dos ejes rectores, haciendo especial hincapié en el segundo, por aquello de compensar trayectorias hasta la fecha más que defectuosas.

    En tus comics, los niños son muchas veces los únicos personajes cuerdos. Creo que es obvio que no estás muy de acuerdo con la educación que reciben viendo en la clase de dementes que se convierten en tus comics cuando llegan a adultos. Debido a que sólo nos muestras instantaneas de tu universo y no solemos ver a tus personajes en evolución, te tengo que preguntar: ¿Los adultos dementes y consumidores compulsivos de tus comics nacieron siendo niños sabios? ¿Los niños sabios crecen para perder su intelecto irremediablemente, o queda esperanza para alguno?

    Los niños no son precisamente sabios, pero sí ingenuos y desprejuiciados -están aún sin hacer-, y, por encima de todo, lo único que les guía es una permanente pulsión por la vida, un deseo de juego y goce sin premios, sólo por el mero hecho del disfrute en el presente. Únicamente siendo niños -o bien mediante la meditación o la ingesta de ciertas sustancias-, puede uno llegar a abolir el tiempo y el espacio, y desembarazarse de ese lastre que conocemos por “realidad”. Sería, claro está, muy difícil constituir una sociedad exclusivamente de niños, pero algo hay en este comportarse de los primeros años de vida de las personas que parece perderse irremisiblemente en el adulto, y que sin embargo bien merecería la pena conservar. Algo de ello, de hecho, siempre queda, pero la mayoría de las veces es justamente lo peor de los rasgos del niño lo que permanece, como el egoísmo, la visión reducida de las cosas, la inmadurez emocional, etc.

    Si lográsemos educar a los que aún son niños para que conserven su curiosidad, su imaginación, su vitalidad, su ausencia de dogmas, estaríamos alumbrando una nueva manera del ser humano. Ha habido algunos intentos pedagógicos en esa dirección, y algunos muy esperanzadores, pero difícilmente son aplicables a las estructuras de un estado, y mucho menos a las de uno capitalista.

    En tu obra hay padres desastrosos que creen hacerlo de maravilla, y al mismo tiempo se preocupan tanto o más del dinero que de sus propios hijos. ¿Cuáles crees que son algunos de esos valores perniciosos que estamos transmitiendo a la próxima generación desde casa, desde el colegio, a través de la publicidad, etc?

    Lo más desastroso de todo es precisamente la desvalorización que se transmite, puesto que el dinero como motivador único no es un valor (no tiene contenido antropológico posible), sino una mera coordenada para insertar en una ecuación. Afortunadamente, las personas todavía no somos ecuaciones, pero se está haciendo todo lo posible para que respondamos como si lo fuéramos.

    Otra enseñanza que se da a los niños es que no existe la causa-efecto, no existe en los hechos y por tanto menos aún en el plano moral. De esta manera es posible mantener un discurso-carcasa cargado de buenas intenciones y al mismo tiempo provocar las acciones más atroces imaginables. Alabamos la naturaleza mientras la destruimos, nos repetimos lo mucho que queremos a nuestros hijos mientras les enterramos bajo el jardín de infancia toneladas de residuos nucleares. Es la naturalización del mal y la primacía de la inconsecuencia.

    Muy interesantes a este respecto son los libros de Santiago Alba Rico (filósofo y uno de los guionistas de La Bola de Cristal), especialmente Leer con Niños, o el más reciente El Naufragio del Hombre, junto con Carlos Fernández Liria.

    En el último salón de Comic de Barcelona hablaste de la cantidad de profesionales creativos que hay en el mundo de la publicidad en comparación con la cantidad de creativos en áreas del arte. Me pareció una reflexión muy interesante, y me gustaría que profundizaras en ella. ¿Crees que el modelo económico actual es nocivo para la expresión artística? ¿Que alternativas crees que podrían existir para evitar este ratio?

    El modelo económico actual es claramente nocivo para cualquier área de la actividad humana salvo para la puramente económica o financiera, o la del ejercicio abierto de la violencia. En el terreno de la imaginación, el cómputo es desalentador. Por cada creador libre hay 200 que han puesto todo su potencial al servicio de la maquinaria sistémica. Una persona trata, trabajosamente y con paciencia, de alumbrar otra manera de ver las cosas, y enfrente suyo, 200 cuentan con todos los medios del mundo para reafirmar exactamente lo contrario: compra, no hay mucho más que hacer. Muchos de ellos tal vez escriban poemas en sus ratos libres, o tengan la vaga idea de hacer algún día un corto propio, yo qué sé, pero entre tanto su energía creativa sólo sirve para apuntalar todo este despropósito. La lucha es, por tanto, muy desproporcionada.

    Algo muy similar a esto sucede con la investigación científica; esa brecha entre lo que la gente investigaría libremente y por el bien común, y lo que en verdad se ven forzados a investigar para vivir de ello.

    La única alternativa a esto es que cada individuo con talento e imaginación valore bien hacia donde quiere remar, y tenga el valor de crear luchando y construir creando, al margen del dinero y la vida fácil, que no es precisamente la más grata.

    Haces una muy dura crítica de la sociedad de consumo y su maquinaria propagandística creadora de realidades alternativas. ¿Crees que nos volvemos imbéciles porque se nos impone una visión naif del mundo, o que en muchos casos elegimos voluntariamente vivir alienados? Es decir, el imbécil, ¿nace o se hace?

    Nadie nace imbécil, aunque siempre se puede tener cierta predisposición genética para ello. El problema es que la escala del mundo en nuestros días es casi inaprensible (la globalización es enrevesada e inabarcable) , y es necesario un gran esfuerzo emocional e intelectual para comprenderlo en su totalidad. Los medios de incomunicación, por supuesto, hacen todo lo posible por fragmentar sus contenidos y reducirlos a meras anécdotas que sólo generen una respuesta emocional, nunca reflexiva. La gente, por tanto, con tan sólo tres o cuatro piezas entre las manos de entre un millón existentes en el puzzle de la realidad, difícilmente se hace una idea del conjunto.

    Luego están las inercias que vienen desde hace siglos, las convenciones mantenidas e incuestionadas, como las religiones o el propio sistema financiero. Deconstruir esas falacias nos puede llevar siglos y siglos, en tanto que a menudo se sustentan en instituciones muy poderosas y arraigadas cuyo único propósito es perpetuarse sin cambio alguno.

    Si tuvieras que reencarnarte y estuvieras obligado a elegir entre concursante de Gran Hermano, CEO de una multinacional que se dedica a hacer zapatillas con piel de niños del tercer mundo, jerarca de una secta sexista y homófoba o publicista: ¿Qué eligirías?

    Mmmmmmmm. Ante tan estimulantes alternativas es difícil decantarse por una sola. Lo mejor sería ser todas ellas a la vez, una suerte de reconcentrado pesadillesco que tal vez así, de tan compacto y denso, implosionase por sí mismo hasta convertirse en un bello e inofensivo nenúfar que fuera engullido instantes después por una megafoca venida del precámbrico superior. Por decir algo.

    “Yo sólo cumplo con mi deber” decía en Dinero el empleado que encerraba en una caja blindada la última partícula de sentido común del mundo. ¿Sientes alguna responsabilidad (por llamarlo de alguna manera) de aportar sentido común, o descubrir la falta de él en la sociedad?

    Creo que eso es responsabilidad de todos. El que tenga facilidad para pensarlo, que lo piense y lo comparta, el que la tenga para evocarlo artísticamente, que así lo haga, el que tenga otros oficios o talentos, que lo reivindique desde sus ámbitos. Cada uno, al hacer nuestro trabajo, hacemos el mundo. Y por supuesto, no es algo exclusivo de lo laboral, sino de todo lo que hacemos, lo que decimos, lo que consumimos. Esa responsabilidad la llevamos todos encima, lo queramos o no.

    Nuestra actual sociedad mundial, multiconectada e hipercompleja en su funcionamiento, ha logrado engendrar un nuevo estado, el de la disipación continuada de la culpa. Todos (las élites de las corporaciones y los gobiernos en mayor medida, claro está) somos partícipes de lo que pasa, y sin embargo nadie se da por aludido. ¡Es fantástico!

    Acerca de los derechos de autor. Editas tu obra como Creative Commons, y se vende muy bien porque el formato papel es muy superior al formato electrónico. Pero en caso de que esto dejara de ser así (es decir, se inventara un ebook muy barato, cómodo y fácil de usar que fuera igual o mejor que el papel), de qué forma se te ocurre que se te podría remunerar tu trabajo?

    Hace un tiempo que le estamos dando vueltas a eso junto con otros amigos. Ahora existe un momento de transición y ambigüedad a ese respecto, y lo ideal sería que la gente que genera contenidos creativos formase una plataforma digital colectiva de distribución de materiales, una especie de SGAE pero de verdad, no en su versión cortijo-empresarial, que además cerrase esa brecha entre autor-consumidor. De esta manera, cada autor podría elegir si quiere regalar las descargas de su trabajo o cobrar algo por ellas, pero algo que siempre sería mucho menos que lo que ahora se paga, puesto que ya no estarían los intermediarios (editoriales, productoras, distribuidoras, tiendas) para aumentar costes o simplemente llevarse el botín.

    La democracia degenerada en dictadura del mercado. “Compre, obedezca, no piense, trabaje”. Quien no se atenga al lema es un terrorista. ¿Qué valores tendríamos que aprender para escapar de esta tendencia que va a llevar a convertirnos en hormigas subnormales con la tarjeta de crédito insertada en la piel?

    El capitalismo, afortunadamente y como todo, también será una cosa del pasado. De hecho, sus topes de expansión se ven cada día más delimitados, fundamentalmente por las limitaciones energéticas inminentes y el deterioro del ecosistema, pero también por su propio funcionamiento financiero, completamente ficticio, que los economistas más juiciosos juzgan insostenible por mucho más tiempo.

    Los nuevos valores habrán de surgir, por tanto, de la gente, de todos nosotros, y posiblemente muchos de ellos no serán nuevos en absoluto, si no los mismos de siempre. Creo, en todo caso, que sí será necesario para nuestra supervivencia el superar prejuicios e inercias ancestrales, como las religiones dogmáticas o los hieratismos ideológicos, y habremos de guiarnos más por un compromiso con el bienestar común y el equilibrio con el entorno. Y tal vez todo ello requiera, no sé, de cierto salto espiritual, con todo lo escurridiza que una cosa así pueda sonarnos.

    “Las Pelusas” son objetos omnipresentes en tu obra. ¿Por qué? ¿Algún jersey que te volvió loco? ¿Acaso las coleccionas? ¿Has pensado venderlas como merchandising a través de “Editoriales Clismon”?

    La convivencia forzosa, y luego más tarde consentida, con estas formaciones hogareñas naturales me hizo tomar conciencia de su belleza y armonía. El mercadeo con estos entes no me interesa; lo verdaderamente bonito sería que entráramos en contacto íntimo con esa pelusa que todos llevamos dentro. La pelusa es la parte más humilde y peluda del alma.

    ¿Has contemplado la posibilidad de hacer animación?

    Algo he hecho, pero más por encargo que por vocación. He hecho animación un poco básica, a lo Terry Gilliam con los Monty Python, pero aplicar animación tradicional al tipo de dibujo que yo hago es tan trabajoso y caro que ni me lo planteo. Antes que eso, tan esforzado, me molaría hacer algo con actores, pero eso también cuesta lo suyo. En fin.

    Ahora te dedicas también a la música. La página web de tu grupo Las Buenas Noches es una obra de arte en si misma y la música me encanta. El problema es que no he sido capaz de ponerle ninguna etiqueta, así que me he asesorado con los demás miembros de la página y hemos sacado las siguentes etiquetas: “Folk independiente”, o “Indie-Folk-Pop-Latinoamericano” o “Simon & Garfunkel hartos de peyote”. ¿Que opinas de que se etiquete la música? ¿Qué instrumento tocas? ¿Cuanto tiempo llevas tiempo en el mundo de la música? ¿Estais viviendo una espiral de gloria, lujo, groupies, drogas y degeneración?

    Afortunadamente, si eres tú el que tocas no tienes que preocuparte por poner etiquetas, que eso ya lo hacen otros por ti, aunque por otra parte nadie se lo haya pedido. El etiquetado es útil a la hora de clasificar cosas, pero siempre suele estar por debajo de la realidad de las cosas.

    Nosotros hacemos el refrito musical que nos sale de múltiples músicas que nos gustan, a menudo sin pensarlo demasiado. Y por lo demás, se hace lo que se puede. Yo toco el charango, el ukelele, la guitarra, el cajón y el cuatro venezolano, pero todos ellos muy mal tocados.

    En cuanto al desenfreno, el lujo y la vida al límite, la respuesta es: nos comemos un mojón. Pero por otra parte, tampoco es que andemos persiguiéndolo, ya que a estas alturas estamos todos un poco viejunos y lo que tratamos más bien es de redireccionar nuestra carrera para conseguir en un futuro amenizar veladas en un asilo de la tercera edad de Benidorm, 3 comidas al día y cama gratis.

    ¿Cómo te defines en política? ¿Y en un plano filosófico? ¿Cómo imaginas la sociedad ideal?

    Mis simpatías, por razones obvias, son con la izquierda, que yo entiendo como el aglutinamiento de todas aquellas corrientes que han apostado y luchado por el progreso colectivo a lo largo de la historia. Todo lo bueno del mundo, desde las artes a la ciencia, se lo debemos a esa tendencia de cambio permanente, a esa incansable pulsión de mejora social y humana.

    En todo caso, creo que el cambio necesario ha de venir más de la urgencia de resolver cuanto antes nuestros acuciantes problemas que de un cuerpo ideológico cerrado y riguroso. Una sociedad humana hipotética pero realista, a mi entender, habría de sustituir el sistema monetarista por otro de propiedad colectiva, despoblar las mega ciudades (insostenibles, nos pongamos como nos pongamos) para dispersarse por el territorio, autoproduciendo sus productos básicos en un ámbito local, generando poblaciones más reducidas en las que el autogobierno por asamblea fuese posible (los estados, aunque más controlables que las corporaciones, también son temibles), y usando exclusivamente las fuentes de energía renovables, que por cierto tienen un potencial infinitamente más poderoso que todas las contaminantes actuales juntas. Habría que renunciar, claro está, a ciertos caprichos de la vida consumista, pero con el tiempo, un desarrollo tecnológico colectivo focalizado en resolver las verdaderas necesidades acabaría generando un nivel de vida muy superior al actual.

    Pero, vamos, definir cómo pase todo esto (o lo que sea que pase) habrá de ser tarea de todos, y eso sí que es bueno.

    Los desarreglos humanos y sociales que se recogen en tu obra son, desgraciadamente, universales. ¿Váis a publicar Dinero en otros países e idiomas, si no se ha hecho ya?

    A mí me gustaría, y creo que efectivamente se entendería en otros idiomas, pero de momento no ha habido ocasión. Un amigo publicó algo de Dinero en Argentina, una revista anarquista de Grecia también saca viñetas de vez en cuando, y ahora Bienvenido al Mundo se edita en Cuba, pero poco más.

    Algunas de tus viñetas sólo necesitan dar una leve vuelta de tuerca al panorama político para convertirse en humor disparatado. ¿Crees que la clase política exigirá a los humoristas pagar un canon por hacerles parte del trabajo?

    Eso, o al revés. Podemos denunciarles nosotros por intromisión gremial reiterada.

    El otro día -verídico- me intentaron vender por teléfono un cepillo de dientes eléctrico. Colgué antes de escuchar la marca pero tengo mis sospechas, ¿sabes si Clismón quiere su trozo de pastel en el mercado de la higiene mental (quiero decir, dental)?

    Lo desconozco, la verdad, pero si una corporación tan oscura y oblicua como Clismón llama a tu casa, lo mejor que puedes hacer es apuntalar puertas, ventanas e interfonos, y poner la televisión al máximo volumen. Eso, y rezar, o acabarás empelusado por entero.

    ¿Cómo das sentido a tu vida? ¿Eres una persona espiritual?

    Bueno, se hace lo que se puede. A veces nada parece tener sentido, pero luego te tomas una cañita al sol con un buen amigo y todo se resitúa más amablemente. En cuanto a mi espiritualidad, si es que existe, podría acotarla en algún lugar entre mirar un insectito de los que pululan por mi mesa fijamente durante horas, sin saber por qué, y tratar de visualizar el tamaño del universo como si uno fuese un gigante tan grande que se saliese literalmente de él. No sé si me explico. Lo más espiritual que puede hacer cualquiera es olvidarse por un momento de sí mismo.

    El fútbol como fabricante de micro-expectativas: genial definición. En España especialmente -por lo visto en los telediarios- parece que no haya otros deportes, ni que las mujeres practiquen o compitan en alguno. La pregunta (profunda) es… ¿de qué equipo eres? ¿piensas que el codazo de Ronaldo merecía roja?

    Siendo sincero, he de confesar que me encanta el fútbol, más aún jugarlo que verlo, pero en todo caso me gusta. Ello no impide que con cada absurda repetición en cámara lenta de alta tecnología de un futbolista echando un gargajo, me dé como un extraño sonrojo de vergüenza ajena-propia universal. El fútbol es un juego divertido de ver, como cualquier otro. El uso que se hace de él como opiáceo social espectacular (generador de micro-momentos de plenitud, de épica, de “magia”) para encubrir la realidad, eso da tanto vértigo y por otra parte es tan efectivo como el reiterado uso que se da del cuerpo de la mujer.

    Confiesa, ¿ves telebasura en la intimidad?

    Suelo verla los domingos a la hora del té. Me arrebujo en mi batín de seda japonés, sobre mi trono de zafiros de peluche, y la veo con fruición, 27 canales a la vez, en compañía de 27 caniches austro-húngaros que van tomando nota de todo lo que acontece en cada monitor. Luego hacemos una mesa redonda y jugamos a la canasta.

    Teniendo en cuenta el estado de la educación actual, ¿Qué opinión te merece la “escolarización en casa”?

    No me parece mal, pero creo que casi más importante aún que los métodos y contenidos educativos es la compañía de otros niños. Lo ideal sería hacer escuelas-cooperativas de padres y profesores o algo así, no muy grandes, pero con el tamaño suficiente para que se oyera siempre griterío en el patio.

    En tu obra parece claro que crees que la educación juega un papel fundamental en el devenir de la sociedad. En gran medida el individuo piensa, siente y por ende se comporta en función a la educación recibida, y esto lo saben los poderosos, que siempre procuran adoctrinarnos desde los medios de masas. Estoy totalmente de acuerdo con el papel clave de la educación, pero no puedo dejar de reparar en la cantidad de veces a lo largo de la historia en que los propios revolucionaros se han convertido en dictadores, al estilo de “Rebelión en la granja” ¿Cómo podríamos evitar la tendencia al aburguesamiento? ¿Puede una educación correcta no solo inculcar ciertos principios, sino asegurar que el individuo permanecerá fiel a ellos? ¿Se puede evitar de alguna forma que el poder corrompa?

    Después de todo, el comportamiento humano, al margen de los matices genéticos de cada persona, es fundamentalmente mimético. Si en una familia se miente con regularidad, el niño naturalizará la mentira como un hábito aceptable. Si en cambio la honestidad es lo común, el niño integrará esa pauta de comportamiento como suya propia. No somos robots, y esta explicación no será 100% infalible, pero sí creo que representa lo que más comúnmente se da. Esto quiere decir que unas condiciones de vida aceptables en un contexto social más o menos equilibrado podrían devenir en una forma de comportamiento colectiva no egoísta que se fuera asentando con las sucesivas generaciones. En todo caso, como es una pesadilla que se muerde la cola, lo primero que hemos de hacer para cortar este bucle es modificar nuestro comportamiento nosotros mismos, los adultos de hoy en día

    Así a bote pronto se me ocurre: 1-Pensar, así en general. 2- No creerse lo que viene de los medios del espectáculo y buscar fuentes de información alternativas. 3- Sacar el dinero de los grandes bancos y meterlo en banca ética o en cooperativas de servicios como Coop 57. 4-Consumir lo menos posible, ceñirse fundamentalmente a lo producido en el entorno, y comer cuanto menos carne posible. 5- Usar el transporte público, la bicicleta y el tren en detrimento del coche y el avión. 6- No participar de la democracia ficticia. El bipartidismo actual es la perpetuación de lo peor. 7- Intercambiar impresiones con los demás; hablar, compartir e imaginar juntos lo que vendrá.

    En cuanto al poder, siempre que existan estructuras de poder habrá una alta probabilidad de que éstas devengan en corruptas. Hemos de imaginarnos, pues, estructuras sociales en las que el poder sea temporal, muy limitado y nunca compatible con el beneficio personal, y para ello será necesario vivir en poblaciones más reducidas, en unidades de gobierno local y asambleario, aunque bien pudiera haber alguna clase de acuerdo mundial común en los puntos básicos más elementales.

    No sé, y a vosotros ¿qué se os ocurre?

    En Perspicalia apostamos por un conjunto de medidas simples y contundentes: reciclar la basura, consumir ecológico, exigir siempre el cumplimiento de los Derechos Humanos y hacer boicot a toda empresa que no los respete al cien por cien o que incurra en maltrato animal, cumplir a rajatabla con nuestras obligaciones cívicas, sustituir la asignatura de religión por la de “historia de las religiones” como en otros paises europeos, fomentar y premiar en la escuela todos estos valores de responsabilidad social, Derechos Humanos, Ecología, Civismo, etc, en una asignatura que se podría llamar, por ejemplo, Educación para la Ciudadanía (por decir algo), no leer a Enrique Dans, no reenviar powerpoints, y solo consumir contenidos de bloggers que corran libres por el corral y no de esos a los que tienen encerrados en jaulas publicando tres posts diarios.

    Muchas gracias por tu tiempo, Miguel. Un fuerte abrazo.

    02 de noviembre de 2009

    La tele no avisa de que va a soltar basura, simplemente la emite y a veces uno se la traga si anda descuidado y con las defensas bajas. Si más tarde se visiona de nuevo ya con la perspectiva del tiempo, p.e. cuando la rescata algún documental, advierte uno por fin la pestilencia de esos mismos programas que antes encajaron en la “normalidad”. Como aquel programa que llegó a tener Jesús Gil, las mamachicho, las gracietas de Berlusconi en Italia o los shows con el impresentable de Menem en Argentina. Otros (aquí meto un saco de programas de la MTV) dan ganas de vomitar a la primera y aunque hoy se hayan colado sin hacer ruido en la cotidianidad, mañana llevan más papeletas en el concurso de esperpentos.

    Por otro lado están esos escasos momentos que te dejan pegado a la pantalla del televisor con la piel de gallina porque, bien algo trascendente está ocurriendo, o bien los protagonistas elevan el nivel de calidad del medio en información, periodismo, espectáculo, etc: Gabilondo preguntándole a González si ordenó el GAL, Del Olmo a Aznar que cuándo aceptaría una charla con Iñaki, Juan Echanove replicando a Gil, Eduard Murrow jugándosela en la entrevista a McCarthy, Frost acorralando a Nixon, etc, o en otra categoría de entrevistas memorables, la que le hizo a Aznar un Urdaci con los pantalones bajados antes de empezar.

    Cinco estrellas también para algunas ediciones del Daily Show de Jon Stewart quien haciendo una comparación a lo bruto, podría ser la versión yanqui de nuestro Gran Wyoming. Muy relevante también el hecho de que habla como si tuviera dos bolas de algodón en las encías inferiores, igual que las que se puso Marlon Brando en El Padrino. Su seguimiento a las elecciones que ganaría Obama era para no perdérselo: inteligente, ácido y disparando humor contra todo y contra todos. Los debates cara a cara para las presidenciales expusieron nítidamente por sí solos el (en mi opinión) penoso nivel de los representantes republicanos McCain-Palin (tan malo o peor que el de Bush) y la calidad del discurso Obama-Biden. Después The Daily Show hacía unos resúmenes que además de comentar e informar te tiraban al suelo de la risa.

    Una de esas brillantes ediciones ya al margen de las elecciones enfrentó a Jon (no James, ése era el actor y siempre confundo el nombre) Stewart contra Jim Cramer, presentador de Mad Money en la cadena de noticias financieras CNBC. Cramer es, ¿cómo podría describirse?… pura cancamusa (dónde he escuchado yo…? da igual). La entrevista no tuvo desperdicio: Jon se comió a Jim -dialécticamente- con patatas. Ambos discutieron sobre la crisis económica con un lenguaje directo (esto muy americano) pero al mismo tiempo sin gritar ni insultar y aunque hubo momentos de tensión, los dos supieron desengrasar la charla con alguna que otra broma. Jim, que quedó para el arrastre, al menos tuvo el mínimo de decencia para dar la cara y una vez desarmado, no negar la evidencia. Mal acostumbrados estamos en España, donde lo habitual es ver políticos en rueda prensa diciendo que es de noche cuando es de día porque así se decidió en sede del partido, o evadiendo preguntas definitivas con ese “no a todo” para la posteridad de la tránsfuga Sáez en el tamayazo.

    Lo que viene a continuación es simplemente una narración y traducción libre de esa entrevista (alguno pensará con razón que es como cantar los goles de un partido de la temporada pasada); señoras y señores, esto no es una peli del Oeste pero se titula JON STEWART vs JIM CRAMER.

    The Daily Show With Jon Stewart Mon – Thurs 11p / 10c
    Jim Cramer Extended Interview Pt. 1
    www.thedailyshow.com
    Daily Show
    Full Episodes
    Political Humor Health Care Crisis

    Primer asalto, primer punch.

    CNBC se ha opuesto a rescatar a las personas acechadas por embargos hipotecarios; ¡que les jodan! gritaban los brokers ante un comentarista de esa cadena en el parqué del CME. Esa misma cadena, cuenta Jon Stewart, ha estado jaleando a los bancos que extendían préstamos a un interés del 30% y seguido insultando a los que ahora pierden sus casas.

    Cramer dice para defenderse que no comparte ese ataque a los que se han arruinado, que la gente que ahora necesita tres trabajos son héroes y no perdedores… que él mismo en su día llegó a vivir en el coche. Jon le agradece ese desmarque pero lanza el primer ataque (echa la silla hacia atrás, barbilla abajo, dedos al labio inferior): en CNBC se presentan como expertos financieros con acceso a los CEO… ¡¡y ni la olieron!! ¡además le echan la culpa a la gente corriente que no tiene la pericia en economía de la que ellos presumen! ¡les acusan de ser parte del problema!

    Segundo punch.

    Jim, que aguanta el chaparrón como puede, es la viva estampa del minglanillas (otro déjà vu…? da igual), estresado porque se le está poniendo un espejo delante; admite errores pero defiende el no verla venir asegurando -angelito- que aquello era una probabilidad entre un millón…

    - (Jon) ¿Entonces por qué te pones furioso con nosotros? ¿por qué dices que somos injustos?.

    Cramer rectifica, ahora dice que The Daily Show no fue injusto y se escuda en que tienen que rellenar 17 horas de tv al día y hacer predicciones (tan exitosas como la de comprar cedés).

    - (Jon) A lo mejor podríais recortar tantas horas y de hecho, dejar de hacer predicciones ¿acaso tienes que hacerlas, es algo genético?… Llegaste a soltar que se había llegado al fondo, que las acciones sólo bajarían 15 puntos y al día siguiente, después de un repliegue de 300 puntos bailaste sobre la tumba de los chicos desplumados de la bolsa.

    Ahora Cramer hace un enorme esfuerzo por explicar lo que no puede, habla lento, gesticulando, exagerando, espeso, con vocabulario simplón…

    - (Jon) …gracias por hablarme como si tuviera 5 años…

    Las carcajadas en el plató dan un respiro a un Jim Cramer que parece disfrazado de sí mismo: camisa arrugada dos tallas demasiado grande, arremangada nerviosamente por encima de los codos como preparada para meterse en faena sucia y que subraya su imagen de farsante, de vendedor de crecepelos, trepa, etc.

    Dime la contraseña y pongo el vídeo.

    El trailer del programa de Jim Cramer, Mad Money, lo presenta como un gurú: “cuándo no sabes dónde invertir, qué hacer, Cramer te respalda… IN CRAMER WE TRUST”.

    - (Jon) ¡Dios viene a vernos! ¿¿es Dios quien te señala e ilumina las acciones??

    Por lo visto Jim dirige un fondo de inversiones; el dardo que viene ahora apunta precisamente en esa dirección: Stewart indica a su equipo la contraseña de un vídeo en concreto, un vídeo de Jim contando cosas interesantes…

    - (Jim) Muchas veces, cuando las acciones iban a declinar, crearía -usa el condicional- con antelación un nivel de actividad que encauzara el futuro… es un juego divertido.

    Se acaba el vídeo y Cramer intenta empezar al menos tres frases que no consigue terminar, quiere explicarse pero no lo consigue. Afirma hipócritamente que eso que cuenta en el vídeo no lo ha llegado a hacer, que estaba en realidad intentado revelar cómo funcionan esas cosas, que su intención iba aún más allá: que los reguladores lo vieran. El vídeo se reanuda dejándolo por mentiroso:

    - (Jim) …animaría a cualquiera que dirija un fondo de inversiones a hacerlo porque es legal y una manera muy rápida y satisfactoria de hacer dinero. Nadie admitiría esto pero me da igual.

    De nuevo Cramer siente que debe dar explicaciones en el plató de The Daily Show pero esta vez traslada la responsabilidad a los reguladores que no han llevado acciones después de (supuestamente) haber visto el vídeo. Débil argumento fulminado ipso facto:

    - (Jon) ¿PORQUÉ LOS REGULADORES? ¿PORQUÉ NO LA CADENA CNBC, QUE PRECISAMENTE ES LA “EMISIÓN DE NOTICIAS FINANCIERAS”? CNBC podría ser una herramienta increíble de iluminación para la gente que empieza a creer que en realidad hay dos mercados: Uno, el que se nos ha vendido como de largo plazo, el de nuestras pensiones, el del pon la pasta aquí y no te preocupes y dos, el “real”, el de la trastienda de transacciones rápidas con muchísimo dinero. Pero este segundo mercado es PELIGROSO, ÉTICAMENTE DUDOSO y de hecho PERJUDICIAL para el mercado de largo plazo. Da la sensación de que el gran público está poniendo el capital para vuestra aventura y de que es UN JUEGO QUE VOSOTROS CONOCÉIS, cuando tenéis una cadena de televisión en la que se actúa como si esto no ocurriese. La industria de noticias financieras es culpable por todo ello, de un delito no ya de omisión sino de actuación.

    Una de vídeo y otra de arena.

    Jim Cramer se intenta presentar como el único entre los suyos que dice la verdad, el engañado por los CEO, el honesto entre compañeros que debieran haberse juramentado a sí mismos decir la verdad antes de salir en antena. Pero The Daily Show no ha acabado y vienen más vídeos. Jon suelta otra contraseña.

    - (Jim, en el vídeo) No puedes fomentar, porque sería una violación de las reglas, la impresión de que unas acciones van a bajar… pero lo haces de todas maneras porque el SEC no se entera.

    ¿Se puede caer más bajo?… Sí. Siguiente vídeo, Diciembre de 2006, antes de que el iPhone se presentara en la convención MacWorld (Enero de 2007).

    - (Jim) Sobre las acciones de Apple decir que es importante extender el rumor de que tanto ATT como Verizon han decidido que no quieren el teléfono, o de que no estará listo para el MacWorld, esto es muy fácil de hacer…

    La cosa se calienta.

    - (Jon) Entiendo que quieras hacer divertidas las noticias financieras… ¡PERO NO ES UN PUTO JUEGO! Después de ver este vídeo comprendo que vosotros sí que sabéis cómo funciona todo.
    - (Jim) Lo que pretendía realmente era mostrar los shenanigans.

    S-h-e-n-a-n-i-g-a-n-s: esta palabra va directa a la versión inglesa de nuestro diccionario cancamusero, además impresiona que no veas… la tuve que buscar y significa más o menos argucia, truco sucio, etc.

    -(Jon) Mientras sabíais lo que los bancos estaban haciendo os burlabais de nosotros y llegado el momento en que la cosa explota, actuáis como si fuese un tsunami, un algo impredecible que ocurre una vez en la vida. Como mínimo eso es falsamente ingenuo o un crimen en el peor de los casos.

    El knockout

    - (Jim) …quien dirige Lehman Brothers me mintió.

    Jim Cramer está muy nervioso, levanta la voz que cada vez le sale más aguda, echa el cuerpo encima de la mesa…

    - (Jon) ¿Y NO SERÍA PRECISAMENTE VUESTRA TAREA DAR ESA NOTICIA, VOSOTROS, EL CANAL DE FINANZAS?

    Un Cramer muy alterado dice que querría que se dictaminasen acusaciones contra esos CEO, que él ya le ha dicho al Departamento de Justicia cómo conseguirlas.

    - (Jon) ¿De qué parte está la cadena CNBC? Esta gente ha estado de celebraciones pagadas por sus compañías con el dinero de nuestras pensiones, todos sus incentivos se convirtieron en beneficios, quemaron la casa con lo nuestro dentro y se marcharon andando ricos como el demonio mientras CNBC LO SABÍA.

    Jim Cramer sigue con la cantinela de que jugaban a algo posible, a conseguir beneficios ininterrumpidos año tras año del 30%.

    - (Jon) Eso es UNA MENTIRA PELIGROSA que vendéis, “no hagas nada, sacarás entre el 10 y el 20% de beneficios”… cuándo nos daremos cuenta de que NUESTRA RIQUEZA ES EL TRABAJO.

    Cramer ya está totalmente desarmado, tira la toalla y se convence de que debería contar en su programa que no hay manera fácil de ganar dinero.

    - (Jon) … y por eso anuncias tu programa como “FAST MONEY”.

    Jim afirma conocer todos esos shenanigans, pero que realmente confiaba en que el mercado subiría siempre.

    - (Jon) ¿Pero ante quiénes sóis vosotros responsables, ante los pensionistas y el público en general o antes los comerciantes de Wall Street?

    - (Jim) …sí, deberíamos haber señalado constantemente los fallos que cometimos… absolutamente.

    - (Jon) Estoy bajo la suposición de que no tomáis en valor ni la palabra del Secretario del Tesoro ni la de los CEO, sino que los escucháis y luego lo descifráis. Aparte de eso y para colmo, ya estáis mostrando reticencias a que el gobierno intervenga demasiado. Como tú has dicho en uno de tus vídeos, por un lado está la letra de la ley y por otro la intención de la ley. Por ello sería bueno que hubiese una ORGANIZACIÓN DE NOTICIAS QUE MANTUVIESE LA INTENCIÓN DE LAS LEYES y con ello forzasen a las compañias a que crecieran y tuviesen beneficios pero de una manera en la que NO QUEMASEN TODO EL CAMPO.

    - (Jon de nuevo) Mi madre tiene ya 75 años y aún así ella piensa que el camino a seguir son las inversiones a largo plazo.

    - (Jim, voz baja, cabeza gacha) …no salió bien… no salió bien…

    - (Jon) Deberíamos quitar el “In Cramer We Trust” y volver a LOS FUNDAMENTOS DEL PERIODISMO, así yo puedo volver a lo que hacía antes, poner caras divertidas y hacer sonidos de pedos.

    - (Jim) …lo firmo, aquí mismo.

    K.O. a la cancamusa. Qué tío este James Stewart. Quiero decir… Jon.

    10 de julio de 2009

    Trabajas en un chiringuito informático del tres al cuarto. Sois tres únicos currelas para hacerlo todo: diseñar, programar y mantener el software y la página web, tratar con los clientes, llevar la contabilidad, cambiarle la tinta a las impresoras, desatascar la fotocopiadora, hacer los pedidos, preparar cafés, avisar al electricista cuando el ascensor vuelve a fallar… Un buen día decides que ya está bien de mamarla: vas a coger el toro por los cuernos, vas a plantarle al futuro tu mejor sonrisa y a aprovechar ese gran potencial social de Internet para dar a conocer tu talento. Te maquillas, te depilas un poco las cejas, te haces una foto, abres una cuenta en Twitter y le dices al mundo que has llegado para quedarte y que nada detendrá tu carrera hacia el éxito.

    Pero llegan las primeras dudas: ¿cómo me presento, qué pongo en mi perfil? “Pringado del tres al cuarto” no proyecta una imagen de demasiado éxito. Necesitas reinventarte un poco. Ojo, sin exagerar. Que uno es un tío honrado. ¿Qué experiencia he adquirido en estos catorce meses en la empresa? Un poquito de HTML, un poquito de PHP, algo de SQL; pero vaya, que en realidad me he pasado la mitad de los días navegado por Internet. Soy partícipe de la revolución, del cambio. En el futuro podré decir que yo estuve allí. Vaya que si estuve: de 9.00 a 18.00 de lunes a sábado. Ahí, revolucionando la forma en que nos comunicamos. Casi ná.

    Total, que tú te mereces un perfil en Twitter como dios manda. De esos que al rato de publicarlos te empiezan a llover ofertas de trabajo e invitaciones a ponencias. En Perspicalia queremos lo mejor para ti, así que hemos puesto a trabajar a nuestros mejores expertos y hemos creado el Twitter bio 2.0 generator, una herramienta imprescindible en estos tiempos. Pulsa el botón [generar otro perfil] hasta que encuentres el texto que mejor se adapte a tu visión de futuro, colócalo en tu Twitter y voilá, ya eres alguien en el mundo 2.0.

    Señoras y señores, con todos ustedes:

    Twitter bio 2.0 generator

    [javascript debe estar habilitado]

    De nada, a mandar. Acuérdate de nosotros cuando estés forrado.

    Cuando hablamos de la sagrada red de redes se nos llena la boca de grandes ideales: que si el espacio común, que si la tierra prometida, que si la libertad de expresión. Esto es la panacea, a dios pongo por testigo de que ya nadie nunca podrá cerrarnos la boca, podremos decir lo que queramos de la SGAE, de Teddy Bautista, del ministro de cultura, de Microsoft… Ahora se oirá la voz del individuo con la misma intensidad que la de las empresas, y al que no le guste que se joda, que para eso el bit es la unidad de medida de la libertad, y tal.

    El problema viene, como siempre, cuando no se trata de la libertad de uno sino de la de los otros. Ahí ya la cosa cambia, oiga. Que una cosa es que yo sea libre de opinar lo que quiera sobre los demás, y otra muy diferente que los demás puedan ir por ahí opinando de mí lo que les dé la gana. Vamos hombre, hasta ahí podíamos llegar.

    Hace unos días se me informa de que alguien ha presentado una queja contra mí acusándome de cosas diversas: acoso desde diversos medios de Internet (¡acoso, ni más ni menos!), creación de múltiples identidades para mancillar su honor, atentados contra su imagen, secuestro de Madeleine y asesinato con premeditación del torero Manolete, entre otras. ¿Y dónde piensan ustedes que se presentó la queja? ¿Guardia Civil, Policía Nacional, Tribunal Supremo, Organización de Consumidores…? Pues no. La queja se presentó en la empresa donde trabajo. Y qué tendrán que ver los cojones con el trigo, se preguntarán ustedes. Efectivamente, amigos: hay que decirlo más.

    Andaba yo griposo perdido partiéndome la cara con cinco mil líneas de código, en una semana en la que no me había podido permitir ni cogerme días por enfermedad por la cercanía de una fecha de entrega, cuando se me convoca a una reunión en Recursos Humanos. Me acerco por la oficina indicada, todo sudoriento y polvoroso yo; allí me espera Jack Bauer con cara de pocos amigos y un cascanueces tamaño familiar. Tomo asiento y el amigo Jack me cuenta la película: un tal Enrique Dans ha presentado una queja por todo lo arriba expuesto, indicando además que mi actividad criminal se realiza usando recursos de la compañía. Acto seguido a mí se me caen los palos del sombrajo y no sé si descojonarme o pellizcarme a ver si estoy teniendo una pesadilla 2.0. Entonces se produce un amago de conversación sobre qué es o deja de ser humor, dónde acaba la parodia y empieza la suplantación, si soy la mano negra que anda detrás de tal o cual cuenta de twitter con nariz roja y si tengo contactos con Al Qaeda.

    Respiro hondo, cuento hasta diez, reflexiono y expongo mis argumentos: a) Internet es muy grande, hay cientos de iniciativas críticas y/o humorísticas, y si alguien pretende afirmar que yo estoy detrás de todas y cada una de ellas es que, o bien sufre un trastorno narcisista severo que le impide aceptar que un montón de personas diferentes puedan estar en desacuerdo con tal o cual de sus opiniones o acciones, o bien está intentando aplicar el principio del enemigo único de Goebbels; b) tengo una página web en la que me limito a ejercitar mi libertad de expresión sin incurrir en actividad criminal alguna, y si alguien considerase que alguno de mis actos pudiera ser constitutivo de delito debería comunicarlo a las autoridades y no a una empresa a la que no le incumbe ni tiene derecho a exigir explicación alguna sobre mi vida privada; y c) rizar el rizo y afirmar que múltiples hechos que ni son delictivos ni son obra mía constituyen una actividad criminal que realizo yo desde mi lugar de trabajo, es una enorme calumnia que sólo puede entenderse como un intento vil y rastrero de intimidarme para censurar unas opiniones absolutamente legítimas agarrándose al clavo ardiendo de alguna intervención ocasional en la página del susodicho. En resumen, que lo más probable es que el denunciante me haya reconocido por algún comentario en su página realizado desde mi puesto de trabajo en mis ratos libres y haya intentado asestar un palo de ciego cargándome el muerto de toda aquella iniciativa de Internet que no resulte de su agrado, sin por supuesto tener forma alguna de saber a ciencia cierta quién anda detrás. Feo, muy feo.

    La cosa es de lógica aplastante y cae por su propio peso, así que no es necesario darle mas vueltas. Se me convoca a una reunión posterior después de la pertinente investigación. Me voy a casa reflexionando sobre la ley del embudo, el populismo, la hipocresía y lo fácil que resulta llenarse la boca y el blog de grandes valores, del “nosotros todos”, del “yo, vuestro humilde y altruista representante e incansable defensor de la libertad”, y luego andar por ahí en plan matón de la SGAE abusando de la denuncia y del cease and desist por aquello de que “la red es de todos pero a mí que no me toquen lo mío”.

    Lo cierto es que estas cosas hace mucho que no me sorprenden; cada cierto tiempo me pasa algo similar. Es el precio a pagar por tener opinión y expresarla a cara descubierta. Y por no tomarme a ciertos personajes tan en serio como ellos se toman a sí mismos. Ya tuve hace unos años a un juntaletras con muy mal perder que se dedicaba a contactar a cada tanto con los editores de “Fuckowski” (y con algunos escritores presentados al mismo concurso que yo) para informarles de que yo era el anticristo. “Ustedes crearon al monstruo”, llegó a decir. En fin, hay mucha gente desequilibrada que pierde bochornosamente los papeles cuando se les mete el dedo en la llaga. Cuatro años llevo ya con la jeta puesta en Internet; me han dicho de todo, pero jamás me he sentido acosado ni se me ha ocurrido tomar represalia alguna. De hecho me he reído un rato.

    Así que me agencio el teléfono del individuo (lo tiene publicado en su web) para intentar solventar la situación por la vía corta y pacífica (retirada inmediata de unas acusaciones absolutamente injuriosas antes de que se malgaste mi tiempo y el de Jack Bauer en reuniones y movidas), o por la vía larga y no tan pacífica (yo me veo obligado a pasar por el proceso de Kafka y, una vez superado, es mi turno de poner denuncia por injurias y pedir indemnización por daños y perjuicios). Y de paso para que me explique qué se ha fumado.

    Casi hora y media de conversación que no reproduciré por respeto a la privacidad de mi interlocutor. Sí diré que me harté de cancamusa. Pero a base de bien. La cosa empezó con mal pié y acabó de forma medianamente civilizada; se optó por la solución pacífica. Para mi sorpresa, a mi pregunta clara y concisa “cómo se atreve a mentir descaradamente y acusarme ni más ni menos que de acoso desde diversos medios, amén de otras lindezas”, el señor Dans responde, más o menos, que todo ha sido un lamentable error. Que la cosa no ha pasado de apenas un comentario informal a un amigo suyo. El cómo un comentario informal acaba convertido por arte de magia en una extensa acusación formal queda planteado como ejercicio al lector.

    El resto de la conversación, un claro caso de noslomismo:

    -¿Oiga, usted sí que puede cagarse repetidas veces en el ministro de cultura y afirmar que en España hay mucho hijo de puta al que habría que coser la cara a bofetadas, y yo no puedo indicar lo que pienso de usted?

    -Hombre, es que noslomismo.

    En resumen, incompatibilidad de perspectivas. A mí todo esto de la gran revolución de la Web 2.0 me sigue pareciendo una patochada que aprovechan un montón de mindundis para atiborrarse a canapés y chupar cámara a costa de repetir una y otra vez el mismo discurso hueco, trasnochado e intrascendente; estos individuos, como cualquier otra persona que sale a la palestra, son susceptibles de ser criticados y/o parodiados. Pero al parecer esto lo veo yo así porque tengo un tornillo suelto desde que un consultor externo me robó una novia, o algo. La verdad verdadera es que la Web 2.0 es la salvación del mundo y ellos los intocables caballeros de dorada armadura que, a lomos de sus pegasos blancos, vienen a imponer luz sobre las tinieblas; a ellos y su sacrosanta misión hay que tomarlos en serio, muy en serio. Con ellos, humor y crítica se convierten en herejía. A un caballero 2.0 hay que amarlo sobre todas las cosas sin jamás tomar su nombre en vano. Mas líbranos del mal, amén.

    Luego me hago asesorar y se me recomienda (cómo no), prudencia y buena voluntad para hacer de éste un asunto lo menos engorroso posible. Y uno, a pesar de que ácido pueda llegar a ser un rato, en el fondo no tiene mala fe. Así que me comprometo a dar un repaso a mis textos y retractarme de cualquier afirmación constitutiva de delito, e incluso a disculparme públicamente por ello. Me voy a casa, mando al limbo algunas entradas de mi página y espero a tener un rato para revisarlas a conciencia.

    Eso sí, lo cortés no quita lo valiente. Separando la cancamusa del grano, de todo esto he sacado un curso práctico de libertad de expresión con estupendos ejercicios a todo color. Veamos algunos ejemplos sencillos:

    “Señor ministro, es usted un mentiroso, un incompetente, un cavernícola, un farsante y un retrógrado”. Bien. Ejercicio legítimo de la libertad de expresión. Chachi piruli 2.0.

    “El señor Dans ha hecho el ridículo con el tema Mobuzz”. MAL. Fatal. Noslomismo. Acoso personal. A la hoguera.

    “Los de la SGAE son unos ladrones”. Bien. Afirmación totally totally amparada por la libertad de expresión.

    “Muchos de los conferenciantes de la Web 2.0 son unos charlatanes y unos cantamañanas”. Noooo. Mal. Herejía. Noslomismo. Los de la SGAE están ahí claramente por la pasta y el interés; los conferenciantes de la Web 2.0 son todos unos humildes y bonachones profesores que no cobran un duro y se pagan los eventos de su propio bolsillo movidos únicamente por el noble ideal de la cultura, y que entre conferencia y conferencia se van al parque a reflexionar sobre el Mayo del 68 y dar de comer a las palomas.

    “La mitad de los finlandeses son unos hijos de puta a los que habría que partir la cara”. Bien. Libertad de expresión en su máxima expresión, valga la rebuznancia. Minipunto.

    “Afirmar lo anterior es ser gilipollas”. No. Así no. Mal. Mofa, befa y escarnio. Y muy posiblemente acoso. Afirmación NO amparada por la libertad de expresión.

    Queda claro, ¿no? La libertad de expresión es la libertad del individuo de decir lo que quiera sobre los malos, pero nunca sobre los buenos. ¿Y quiénes son los buenos? Pues por sus blogs les conoceréis, hermanos.

    En fin, este es un cuento muy viejo ya. La historia de los revolucionarios que se acaban aburguesando se repite una vez más, esta vez en formato digital. Hace un par de años aupamos al olimpo de las A-lists a todo individuo con un perfil mínimamente académico y que nos cantase los mantras fundamentales: “SGAE mala, P2P bueno, bloggers unidos jamás serán vencidos, publicidad en los blogs no, mejor con Firefox, Linux forever”. Ellos prometieron guiarnos hacia esa tierra prometida que visionaban: los geeks dominarían el mundo, los bloggers podrían decir lo que quisieran en sus sagrados blogs, las empresas en lugar de intentar cerrar bocas escucharían atentamente las voces de los individuos y tomarían buena nota de sus críticas. Los dioses nos sonreirían desde el olimpo y harían llover maná en forma de mp3’s sin DRM y software libre, y todo sería júbilo.

    Claro, es fácil hablar del bien común cuando aún no se tiene nada. Pero una vez alcanzada cierta popularidad, la tentación es grande: ¿Y si me pongo un banner? Nada, uno pequeñito, a ver qué pasa. A modo de experimento, vaya. Total, si no se va a notar… Luego llega el “a nadie le amarga una BlackBerry” y “uy, qué majos los de Nokia que me mandan su último móvil, y a vosotros no, chincha”. Más tarde el “voy a hablar un poquito de la empresa de mi amigo, así desinteresadamente… total, mi participación de capital es casi testimonial”. Por último, después de asomar el careto por bodas, bautizos y comuniones, se le coge el ritmo a esto de capitalizar la popularidad y “El blog de Fulano” se convierte en “Fulano S.L.”. El individuo queda entonces transformado en otra empresa más a la que no le gusta ser criticada y que defiende con uñas y dientes su parte del pastel. El discurso ha ido cambiando poco a poco y al final es un gran eufemismo que esconde ni más ni menos que lo que en un principio se criticaba.

    Total que al final, cuando se pasa la tormenta y tengo un rato libre, le pego un repaso a los textos más controvertidos de mi página y para mi sorpresa compruebo que no hay nada que cambiar. Crítica, sí. Mordaz, ácida, jocosa. Opinión pura y dura. Así que vuelvo a subir las entradas tal cual, y ahí se van a quedar hasta que algún juez tenga algo que objetar. La próxima vez que esto me ocasione problemas volveré a capear el temporal como buenamente pueda, pero mi boca no se cierra.

    Eso sí, voy a aprovechar para llevarme todas las entradas clasificadas en “chorradas” a una página aparte, que es algo que hace mucho tiempo que quería hacer. Esta página se queda para opinión y narrativa; en cuanto tenga dos minutos abriré otra única y exclusivamente de humor, con un cartel bien grande arriba que ponga: “Ésta página es de humor. Si eres incapaz de reírte de ti mismo cierra tu navegador, deja de mirarte el ombligo, sácate el palo de escoba del culo y vete a un puto psiquiatra”.

    27 de noviembre de 2008

    Esto ya es blanco y en botella. La web 2.0 es un circo y Enrique Dans el bombero torero. Lo llevo sosteniendo no sé cuanto ya, lo que me ha valido no pocas críticas; ídem por mis más que fundadas sospechas sobre FON y recientemente por ironizar acerca del cierre de Mobuzz. Que si algunos sólo sabemos criticar, que si somos unos hijos de puta con mucho tiempo libre a los que habría que coser la cara a bofetadas, que si España es el país de la envidia.

    Esto de la envidia del éxito ajeno es la carta de órdago de todos los charlatanes sin excepción. Además es un argumento falaz que constituye en sí mismo un farol del ocho y medio: a cualquier cosa le llaman éxito.

    En 1977, Larry Ellison fundó Oracle con 2000 dólares de su propio bolsillo (no encontraba financiación para su idea, nadie apostaba por aquello del modelo relacional). Hoy es una de las 10 personas más ricas del planeta y su empresa paga las nóminas de 80.000 empleados en todo el mundo: esto es éxito. En 2004, Anil de Mello fundó Mobuzz.tv y cuatro años después, tras fundirse cientos de miles de euros, se declara insolvente y deja en la calle a 14 empleados que han trabajado unas semanas sin cobrar: esto es una etiqueta de anís del mono. Y no, no nos da ninguna envidia.

    Ahora llegan el llanto plañidero y el mear fuera del tiesto. Cuando íbamos al colegio ya aprendíamos a atribuirnos los meritos (“he aprobado”) y culpar a otros de los fracasos (“me han suspendido”). De igual forma, si nuestra empresa triunfa es porque semos los mejores, pero si fracasa, la culpa es de los otros: de España, ese país de envidiosos en el que no se apoyan las iniciativas privadas y donde todo el mundo está deseando verte fracasar. Pues nada, señores: los que tan a disgusto estén en este país donde no pueden emprender como dios manda, que hagan el petate y se vayan a Silicon Valley. Yo el día que concluí que las circunstancias me eran desfavorables cogí un avión, y hasta hoy. Es bien fácil. Pero que se vayan ya. Mañana, vamos. Que dejen de derramar  su bilis reaccionaria, que ya tenemos bastante con un Jiménez Losantos.

    En España nos encanta el éxito, el propio y el ajeno. Faltaría más. Lo que no nos gusta tanto es el cantamañanismo. España es un país con una larga historia de orgullo obrero; aquí sabemos que la riqueza sale de la tierra y el sudor. No atamos los perros con longaniza, no somos un imperio de economía piramidal con tanques allí donde hay petróleo cuya población civil pueda ni quiera permitirse el lujo de vivir alienada pensando que es más guapa y más lista. Aquí la mayoría sudamos hasta el último céntimo de nuestras hipotecas y sabemos lo que vale un peine y lo que cuesta ganar el pan de nuestros hijos. Aquí sabemos que el dinero no sale de debajo de las piedras si no es con mucha paciencia y un arado, y que, tarde o temprano, los excesos de unos los tendremos que pagar todos. Consideramos inmoral vivir del aire, y no nos fiamos de los charlatanes que pretenden que invirtamos nuestra pasta en negocios basados en la economía de la cancamusa.

    ¿Qué es la cancamusa? La cancamusa es eso que es más complicado de lo que parece, eso que ni usted ni yo sabemos porque no somos expertos en nueva economía; la cancamusa es eso en lo que se basan los discursos inspiradores, son esos datos que manejan los expertos y que resultan incomprensibles a los mortales. Esas cuentas internas, esa carta sin levantar que permite al jugador de póker ir de farol. La cancamusa es esa nube en la que flotan los gurús muy por encima de usted y yo. Por ejemplo, cuando alguien criticaba el modelo de negocio de Mobuzz en el blog de Enrique Dans y él contestaba indignado: “te equivocas, porque no tienes los datos, y yo sí los tengo […] he visto los costes, los he evaluado yo mismo, he revisado las proyecciones, y SÍ es rentable”, eso es cancamusa. Luego, una vez Mobuzz pegó el batacazo y Dans dice que “la crisis, el retraso de varias campañas, y una inoportuna remodelación forzada de la estructura de financiación han dejado a la empresa en una situación complicada [...] una mala combinación de factores ocurridos en el peor momento”, eso es cancamusa. Cuando Mobuzz pide donaciones y se levanta 32000 euritos y todo vuelve a ser de oro, Enrique Dans dice que “se publicarán las cuentas enteritas online [...] un ejercicio de transparencia y para callar la boca a algunas críticas completamente injustificadas, y a ver a cuántos de los que hoy veo afilándose los colmillos y criticando en base a clichés injustificados veo venir después a pedir disculpas por haberse equivocado”. Eso es cancamusa. Cuando uno se defiende de la crítica con un “aquí lo que hay es mucho envidioso y mucho hijo de puta con tiempo libre”, eso ya no es cancamusa; es ser gilipollas. Pero esa es otra historia.

    La cancamusa es la razón por la que los pisos nunca bajan, los sellos se revalorizan un 400% al año y el crecimiento exponencial es perpetuo. La cancamusa es esa parte de la ecuación que cuando se elimina, uno lo ve claro y concluye: “cojones, esto es un timo”.  De la RAE: “Cancamusa: 1.  f. coloq. desus. Dicho o hecho con que se pretende desorientar a alguien para que no advierta el engaño de que va a ser objeto”. Y resulta que en este país, muy en particular los que tenemos más de treinta y nos dedicamos a las tecnologías de la información, otrora “la informática”, de cancamusa sabemos un rato. El que más el que menos lleva ya a sus espaldas la crisis de las puntocom y varios otros fiascos. Hemos aprendido a separar la cancamusa del grano y ya no nos la meten doblada. Nos sabemos de pe a pa el workflow de una tormenta de mierda.

    La cosa es siempre igual: Fulanito tiene una visión (normalmente se ve a sí mismo dando la vuelta al mundo en yate con una bailarina rusa), Fulanito le levanta X millones a algún inversor o al banco, Fulanito funda su startup y contrata a unos cuantos individuos. Entonces empiezan a fundirse alegremente la pasta. El sentido común aconsejaría ser cuidadosos con el gasto mientras la empresa no obtenga beneficios; si se acaba la inversión se acaba la startup. Pero no: se compran trajes, iPhones, Blackberries, se cambia de coche, se organizan fiestas y presentaciones, se asiste a todos los saraos y se proclama a los cuatro vientos que la startup es ya hoy un gran éxito. Se alquilan oficinas en el sitio más pijo posible y se vive de puta madre mientras dura la sopa boba en el banco. Se trata de aparentar éxito y de generar la mayor cantidad de cancamusa posible hasta poder vender la empresa a algún pardillo que luego descubrirá que aquello no vale ni su peso en sellos. En muchos casos ni siquiera se preocupan de generar beneficios; al final se entra en una espiral de gasto desmesurado dedicado a aparentar lo más posible para así incentivar la compra. Se echa toda la leña al fuego, a la desesperada.

    Al calor de la cancamusa los egos engordan una barbaridad, y eso es lo que a muchos nos toca las narices. Es normal que la directiva pretenda proyectar una imagen de éxito. Pero con frecuencia los empleados de chiringuitos se endiosan hasta el punto de no ver más allá de su propio centro de gravedad (localizado en el ombligo o en el agujero del culo, depende). “He triunfado, soy el más listo del pueblo”. Olvidan que el éxito no es sacarle unos millones al inversor; el éxito es devolverlos y que nos sobre pasta, que nuestro trabajo y talento se hayan traducido en ganancias. Pero no. Ellos se relamen gustosos el centro de gravedad, se consideran triunfadores, y tratan con cierto desdén a los que nos sudamos el jornal. Son arrogantes mientras dura la sopa boba; creen elevarse por encima de los mortales flotando en su nube de cancamusa. Se acaban creyendo la propaganda y, como Narciso, se enamoran de su reflejo en un PowerPoint y pierden absolutamente la perspectiva. Valga de ejemplo el comentario de nuestro amigo en Japón después de recibir una charla cancamusera del señor que regala routers: “por la tarde llegó el mito [...] persona increíble de esas que desprenden un aura [...] habló durante una hora exacta y me hizo sentir como el protagonista de una novela de ciencia ficción que está en el momento justo en el lugar adecuado [...] os puedo asegurar que el mundo va a cambiar con Fon, quizás sea lo más interesante que está pasando ahora en toda Europa e incluso en todo el mundo. Chúpate esa.

    Cuando regalar routers tuneados que se fabrican en Taiwán se considera “exportar alta tecnología española” es que ya se ha perdido el norte. Uno se deja llevar por los cantos de sirena hasta tal punto que ya es incapaz de aceptar la más mínima crítica aunque sea constructiva, esté respaldada por la experiencia y sea con la mejor intención (“cuidado con este, primo, que se sabe desde hace mucho de qué palo va”). Uno se aferra a su delirio y atribuye toda opinión contraria a la vil envidia, rechaza a las personas críticas y se rodea de crédulos y lameculos. Se vuelve paranoico e imagina conspiraciones y persecuciones: “me odian porque soy más guapo y más listo”. A los demás se los considera necios, y se aplica el “a palabras necias, comentarios moderados”. En esta tesitura se encuentra un elevado porcentaje de la web 2.0. Es casi locura colectiva, y la sintomatología es muy clara: si uno no soporta la crítica es que algo anda mal en la psique.

    Total, que este asunto que nos venden como “empresa pionera líder en el sector, súper viable y chiripitifláutica se ve obligada a cerrar por un cúmulo de desafortunadas circunstancias impensables sumadas a la dificultad de conseguir financiación en este país de envidiosos hijos de puta”, una vez eliminada la cancamusa, se queda en un simple “empresa se pule cientos de miles de euros de inversión en cuatro años y no llega a conseguir beneficios”. Y encima tienen la desfachatez de pedir donaciones, como si fueran una ONG. Vamos hombre. Menuda forma de emprender. Ha fracasado la idea o no se ha llevado bien a cabo, punto. Si el producto es bueno, triunfar es fácil. Mobuzz no ha suscitado el suficiente interés, es así de sencillo. Estaba bien realizado, sí, pero un refrito de noticias interneteras que para cuando se ha terminado de grabar el noticiero ya son totalmente viejunas no es como para estar pegado a la pantalla esperando al nuevo programa. No sé más sobre la empresa, vi dos o tres programas y no me gustó el tema así que no volví a pasar por allí. La televisión 2.0 puede ser todo lo viable que sea, pero Mobuzz no era “la” televisión 2.0. Ha sido un intento con un contenido y un formato determinados, y no ha funcionado.

    Es que muchos (malos) emprendedores piensan que el triunfo consiste en llegar los primeros. No señores, el triunfo consiste en hacerlo lo suficientemente bien. Es como si mañana yo me apresuro a apuntarme a un concurso de tango aunque no tenga ni puta idea, llego el primero a la pista y una vez allí me pongo a bailar como si tuviera un ataque epiléptico. Lo normal es que me descalifiquen, y es del género tonto congratularse de haber sido “un pionero”. Pero bueno, esa es la cultura del pelotazo. Apuntarse rápido a lo más novedoso y aparentar.

    Señores, un poquito de humildad, que no pasa nada por reconocer que uno se ha equivocado. Este es un país de gente humilde que se solidariza con las personas humildes; nos rascamos la cartera y arrimamos el hombro por las buenas causas. No se nos caen los anillos por ir a ponernos hasta las cejas de chapapote cuando alguien ha sufrido un verdadero infortunio. Pero el mundo de los negocios es el mundo de los negocios: si te sale bien ganas pasta y si te sale mal la pierdes. Ya estamos hartos de que se pida independencia cuando todo va bien y solidaridad cuando todo va mal. La parte de mi salario que decido dedicar a causas solidarias va para Greenpeace y Amnistía Internacional, entre otras. También dono a veces a esos que se dedican a hacer software libre que me resulta útil o a esos otros que subtitulan mis series favoritas. A empresas que fracasan o especuladores a los que le sale el tiro por la culata, ni agua.

    Y a todo esto, resulta que una vez barrida la cancamusa, nuestro experto en economía digital que tan claramente visualiza a que olerán las Blackberries del año 3000, es incapaz de anticipar el batacazo inminente de una empresa así tenga las cuentas en la mano y venga de cenar con el CEO. Un 10 de noviembre nos dice que “las microdonaciones y el fortísimo impacto del buzz generado [...] han posibilitado la llegada de opciones que antes parecían más alejadas en el tiempo [...] y que garantizan la continuidad de la compañía con un modelo de negocio viable como el que siempre tuvo: un modelo que, a pesar de lo que decían muchos agoreros y siniestros personajes malintencionados o directamente mentirosos, únicamente falló puntualmente debido a elementos coyunturales”. El día 24 iba todo Cristo a la calle, como pudo constatar una intrépida reportera. Menudo auditor; como para tener a este pavo de asesor financiero, vaya. Es lo que pasa si pretendes ir de experto en finanzas cuando no eres más que otro de tantos comentaristas que se limita a explicar de la forma más críptica posible lo ya acontecido o a teorizar sobre lo que podría acontecer dentro de cien años: que haces el ridículo.

    En fin. Este ha sido un año plagado de batacazos, lo que, a pesar de que piensen algunos, a la mayoría no nos divierte. Eso sí, tengo la agradable sensación de que, a costa de darnos de bruces con la realidad, estamos recuperando lentamente el sentido común. En breve todos los charlatanes habrán quedado en evidencia y no nos la volverán a dar con cancamusa.