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  • 10 de julio de 2009

    Trabajas en un chiringuito informático del tres al cuarto. Sois tres únicos currelas para hacerlo todo: diseñar, programar y mantener el software y la página web, tratar con los clientes, llevar la contabilidad, cambiarle la tinta a las impresoras, desatascar la fotocopiadora, hacer los pedidos, preparar cafés, avisar al electricista cuando el ascensor vuelve a fallar… Un buen día decides que ya está bien de mamarla: vas a coger el toro por los cuernos, vas a plantarle al futuro tu mejor sonrisa y a aprovechar ese gran potencial social de Internet para dar a conocer tu talento. Te maquillas, te depilas un poco las cejas, te haces una foto, abres una cuenta en Twitter y le dices al mundo que has llegado para quedarte y que nada detendrá tu carrera hacia el éxito.

    Pero llegan las primeras dudas: ¿cómo me presento, qué pongo en mi perfil? “Pringado del tres al cuarto” no proyecta una imagen de demasiado éxito. Necesitas reinventarte un poco. Ojo, sin exagerar. Que uno es un tío honrado. ¿Qué experiencia he adquirido en estos catorce meses en la empresa? Un poquito de HTML, un poquito de PHP, algo de SQL; pero vaya, que en realidad me he pasado la mitad de los días navegado por Internet. Soy partícipe de la revolución, del cambio. En el futuro podré decir que yo estuve allí. Vaya que si estuve: de 9.00 a 18.00 de lunes a sábado. Ahí, revolucionando la forma en que nos comunicamos. Casi ná.

    Total, que tú te mereces un perfil en Twitter como dios manda. De esos que al rato de publicarlos te empiezan a llover ofertas de trabajo e invitaciones a ponencias. En Perspicalia queremos lo mejor para ti, así que hemos puesto a trabajar a nuestros mejores expertos y hemos creado el Twitter bio 2.0 generator, una herramienta imprescindible en estos tiempos. Pulsa el botón [generar otro perfil] hasta que encuentres el texto que mejor se adapte a tu visión de futuro, colócalo en tu Twitter y voilá, ya eres alguien en el mundo 2.0.

    Señoras y señores, con todos ustedes:

    Twitter bio 2.0 generator

    [javascript debe estar habilitado]

    De nada, a mandar. Acuérdate de nosotros cuando estés forrado.

    27 de mayo de 2006

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    24 de febrero de 2006

    Cuando llegué a Irlanda ya contaba con un buen nivel de inglés y un amplio vocabulario informático, aunque limitado al aspecto técnico del asunto: ratón-mouse, cagada-bug, y todo eso. Pero en las reuniones al principio me perdía, con tanto vocabulario de marketing, business y tal. En los casi tres años que llevo aquí ya me defiendo perfectamente, así que en vista de que España va tan bien que todo el mundo se está pirando al extranjero, he recopilado las expresiones más comunes de management, por si a alguien pudieran serle de ayuda.

    Allá van.

    “We are looking for experienced engineers; this is a great opportunity to become a part of a young growing company. Great bonus package offered”

    • Mi compadre y yo tenemos algo de pasta, unas oficinas y unas grafiquitas de colores; buscamos unos cuantos tipos que sepan de qué coño va todo esto. El café es gratis.

      “We are looking for an energetic, self motivated individual with a strong background in computer technology who is willing to learn new things in a rapidly changing environment”

      • Se busca pito del sereno.

      “Conceptualize the product”

      • Marear la perdiz.

      “Brainstorming”

      • Fiesta de conceptualizing.

      “Today we have a brainstorming meeting with the development team to conceptualize the product”

      • Hoy mi compadre y yo tenemos una fiesta de marear la perdiz con los pitos del sereno para marear la perdiz.

      “Status meeting”

      • Reunión mensual en la que le dices a tu jefe lo que te tiene que decir que hagas durante el mes siguiente y le recuerdas lo que le dijiste que te dijese que hicieras el mes anterior y nunca te dijo pero aún así hiciste.

      “This year the company will readjust the incentive program to focus on actual mid-term targets, so that we can be more proactive and achieve better response times”

      • Este año no hay subida de sueldos.

      “Although the current prototype could be technically enhanced, from a business perspective it fulfils the customer needs”

      • Esto se entrega como está, aunque los ingenieros digáis que es una mierda.

      “The marketing team has successfully identified the weak points in the current version”

      • Oye, pues es verdad que era una mierda.

      “To add value”

      • Recortar presupuesto.

      “This year we will increase the company value by optimizing resources”

      • Este año tampoco hay subida, y se acabó el café gratis.

      “The company is changing the business strategy from product development to professional services”

      • Acepción 1. Como no sabemos ordeñar, alquilaremos las vacas.
      • Acepción 2. Manolo, desempolva el CV que vienen curvas.

      Total, que my tailor is rich and my mother is in the kitchen.

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      Terminó la tercera serie de abdominales y se metió en la sala de rayos uva. Se miró al espejo, y entonces supo que el puesto sería suyo.

      Tenía una reunión al día siguiente. La corporación necesitaba un arquitecto con experiencia en filostros para el proyecto ShopMaster. Él había participado en varios proyectos de superficies cuadrúpedas.

      El puesto tenía un nombre: Minglanillas. Arquitecto. El arquitecto Minglanillas. Buenas tardes, soy Minglanillas, el nuevo arquitecto.

      Mientras le decía esto a su reflejo, ensayó un gesto de modestia, de condescendencia, dejando clara su posición de superioridad y a la vez abriendo un canal informal, de tú a tú. Llevó su mano izquierda, bien abierta, a la altura del pecho y la bajó lentamente con un giro (…arquitecto…), como si acariciase su ego. Era un gesto muy metrosexual, con estilo. No podrían resistirse.

      Minglanillas sospechaba que tenía un don.

      Durante el baño de rayos uva soñó despierto. Se vio enfundado en un traje negro junto a un flamante descapotable rojo; el sol hacía brillar su tarjeta de identificación nueva. Él abría la puerta del coche y hacía entrar a una rubia.

      Se duchó y se fue a casa. Se metió en la cama y leyó un capítulo entero de la Guía Zen del Éxito Profesional. El mensaje era claro: no basta con ser el mejor, también hay que parecerlo. Estaba a punto de quedarse dormido cuando reparó en algo que había pasado por alto: para la tarjeta de identificación necesitaría una foto nueva.

      Era hora de cambiar de peinado.

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      Despertó a las 6:00. Se dio una ducha y se afeitó.

      ¿Cómo se peina un arquitecto? ¿Sobrio con un toque informal? ¿O quizá informal, como los genios, pero con un toque de elegancia que sugiera respeto por el deber?

      Probó varias combinaciones; usó agua, gomina, laca, peine, cepillo. Al final optó por un peinado sin raya, muy formal alrededor de la cabeza, y un poco alocado y chisporroteante por la parte de arriba. Parecía un sobrio ejecutivo que no dejase de tener chispeantes ideas. Era perfecto.

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      -Es usted uno de los mejores, señor Minglanillas. Su expediente es intachable, su actitud es un ejemplo para todos -dijo el señor Smith. Se pasó la lengua por la encía superior emitiendo un chasquido, y siguió:

      -No hay más que mirarle para darse cuenta de que es usted serio, responsable, y con buenas ideas. Es el candidato ideal para el puesto. Esta es una gran oportunidad para su carrera, ¿se ve capacitado para afrontar el reto?

      Era el momento. Ahora o nunca. Dijo:

      -Considero que tengo el perfil adecuado -levantó la mano e hizo el gesto-, pero usted sabe mejor que nadie si estoy o no capacitado.

      Mostrar confianza en sus superiores. Era otro de los principios de la Guía Zen del Éxito Profesional.

      -Yo apuesto por usted, señor Minglanillas. Será el Pretending Architect de ShopMaster. El lunes le desplazaremos a la capital.

      El pretending era una de las innovadoras medidas introducidas en la corporación por el señor Smith. Antes de ser ascendido, cada empleado pasaba una temporada no inferior a seis meses desempeñando las nuevas funciones sin modificación de su contrato. Esto incrementaba la velocidad de reacción de la empresa, pues en caso de urgencia se podía disponer de nuevos perfiles sin necesidad de pasar por los siempre engorrosos trámites de Recursos Humanos. Además motivaba a los empleados, pues durante el periodo pretending tenían que demostrar su valía para el nuevo puesto. Sentían que ya casi tenían el ascenso y se dejaban la piel.

      Aún había una tercera ventaja: al cliente se le cobraban las horas al precio del puesto desempeñado, y al empleado se le pagaban al precio del que aún figuraba en su contrato. El 70% de la plantilla trabajaba en modalidad de pretending, lo que significaba un sustancial ahorro en salarios y un jugoso incremento de los bonus mensuales de la directiva. Había empleados que pasaban al borde del ascenso más de dos años. El señor Smith era un genio de los negocios.

      Minglanillas aceptó sin dudarlo. Todo gran avance implica un gran sacrificio.

      El señor Smith hizo unas llamadas.

      -Ya tiene habitación reservada. Le estamos preparando la tarjeta de crédito, su nueva identificación, y el kit de viaje. Enhorabuena -le tendió la mano.

      -Es un honor. No le defraudaré.

      Minglanillas estrechó la mano del señor Smith.

      -Estoy seguro de ello. Ah, se me olvidaba. Llévese mi Business Card. Ante cualquier eventualidad, tiene línea directa conmigo.

      Línea directa. Minglanillas ya vislumbraba la dorada luz de las altas cumbres.

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      El vuelo se le hizo muy corto. Apenas tuvo tiempo de revisar unos PDF’s. ShopMaster; el más novedoso centro comercial jamás construido. Fondos públicos. Proyecto adjudicado por unanimidad a TeddyBear Consulting. Finalizada fase de cimentación. Comenzando fase de diseño. Pretending Architect: Minglanillas. Support Analyst: Fuckowski.

      Minglanillas tenía que diseñar el edificio. Cerró los ojos, dejó la mente en blanco y trató de visualizar los planos. Sin darse cuenta, se metió la mano en el bolsillo y acarició la tarjeta del señor Smith.

      Solo consiguió ver un descapotable rojo y un pendón en minifalda. El piloto indicó que iban a proceder al aterrizaje. Se ajustó el cinturón de seguridad, procurando no arrugarse la camisa.

      A la media hora abandonaba el aeropuerto, con la pequeña maleta en una mano y el paraguas de empresa en la otra.

      Paró un taxi y preguntó al conductor:

      -Disculpe, ¿se puede pagar con tarjeta corporativa?

      -¡Suba, amigo…!

      Entró al vehículo, indicó al conductor la dirección del hotel y sacó unos cuantos documentos de la maleta.

      -En viaje de negocios, ¿eh?

      -Bueno, sí, me quedaré dos meses. Es un proyecto muy importante; yo soy el arquitecto.

      Había soñado tantas veces con pronunciar esas palabras… era un gran momento. Una gran cagada de paloma se estrelló contra la luna delantera.

      -Me cago en la leche. Estos bichos parece que lo hagan aposta, amigo…

      Minglanillas miró al cielo a través del cristal e intentó de nuevo visualizar los planos. El taxista accionó el limpiaparabrisas y la mierda de paloma fue esparcida por toda la luna.

      Cuando se hubo disuelto la cagada Minglanillas estaba inmerso en sus documentos. Gráficas, análisis de requerimientos, comparativas de sinergias y simulaciones 2D.

      A fin de cuentas toda la fachada estaba ya diseñada y el suelo totalmente cimentado. Sólo faltaba lo de dentro; tenía que ser trivial.

      Llegaron al hotel. Era de cinco estrellas.

      -Pues ya estamos. ¿Le hago un recibo, amigo?

      -Sí, por favor -le pasó la tarjeta al conductor.

      -Hay un par de clubs interesantes por la zona, por si se aburre el fin de semana -el taxista le guiñó un ojo.

      -Bueno, los fines de semana vuelo a casa.

      -¡Coño! ¿Todos los fines de semana?

      -Pues sí…

      -¡Vaya, amigo! Aviones, hoteles, tarjeta de crédito… ¡debe usted estar forrado!

      -Bueno, no nos podemos quejar. Esto… ¿no le sobrará un cigarro?

      -Sí, cómo no -el taxista le pasó un pitillo al arquitecto.

      Se puso el cigarrillo en la boca, cogió el recibo, su maleta y su paraguas y se encaminó al hotel. Justo cuando el taxista arrancó, Minglanillas se dio cuenta de que no tenía fuego.

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      A las diez llegó al complejo ShopMaster. Mostró su identificación a la recepcionista, una rubia de ojos azules y sonrisa de porcelana. Charló un rato con ella, y luego cruzó las instalaciones a la búsqueda de las oficinas.

      Gente yendo y viniendo, grúas, tractores, cables, ruido. Por todas partes se respiraban prisas. De pronto Minglanillas sintió pánico; todo aquello le pareció una especie de enorme monstruo metálico que amenazaba con devorarle, y lo único que tenía para defenderse eran unos rollos de papel en blanco.

      El éxito es de los valientes. Trató de combatir el miedo repitiéndose la frase una y otra vez, pero no funcionó. Atravesó rápidamente el bullicio sin dejar de mirar su reloj y se perdió entre las múltiples oficinas prefabricadas que Teddybear había habilitado en el solar.

      Necesitaba esconderse un rato, relajarse, meditar, ponerse a punto. Revisar la guía Zen. Pero al llegar a la puerta de su despacho, alguien le estaba esperando.

      -¿Minglanillas? -preguntó el tipo. Llevaba un abrigo largo, negro. Se había aflojado el nudo de la corbata y desabrochado el cuello de la camisa. Parecía serio, pero se le adivinaba una sonrisilla un tanto pretenciosa. Con esa pinta oscura, tenía que ser uno de esos fanáticos de Matrix. O peor aún, un Jedi.

      -Sí, soy Minglanillas, el arquitecto -ejecutó el gesto.

      El oscuro observó el gestoarquitecto y sonrió de medio lado.

      -Fuckowski, el pito del sereno -dijo, haciendo una exagerada reverencia.

      Así que ese cretino era el tal Fuckowski, el programador maldito. Había oído hablar de él. Batía todos los records de actitud negativa, pero por algún motivo no le despedían. Al parecer, técnicamente era bueno, así que la empresa simplemente le toreaba.

      -Encantado -dijo Minglanillas, incómodo.

      -Igualmente. Espero que tengas listos los planos, acabo de terminar con los cimientos y tengo que pasar a la siguiente fase.

      Los planos no eran ningún problema, solo le hacía falta un poco de tiempo.

      -Los planos… sí, ahora mismo están en fase de conceptualización.

      -¿Cómo que “conceptualización”? ¿Quieres decir que aún no son un concepto? O sea, ¿que no tenemos nada?

      Pues sí que era negativo el tipo. Nada más empezar, y ya estaba montando el numerito.

      -Los planos estarán listos en breve -dijo Minglanillas, con aire autoritario.

      -En breve. Pues mientras llegan los planos, ya me dirás que hacemos con los albañiles. ¿Los mandamos a casa hasta que tengan algo que hacer?

      Eso nunca, se dijo Minglanillas. ¿Qué dirían en la corporación si se enterasen de que los recursos humanos habían abandonado la obra y se habían ido por ahí a hacer el vago, como si fueran un puñado de hippies?

      -Aquí nadie puede estar sin hacer nada. Que vayan adelantando trabajo.

      -A ver. El problema es muy simple. Tenemos unos cimientos, unos albañiles, y un puñado de ladrillos. Hay unos documentos donde se relacionan las tres cosas; indica al albañil “A” el punto “X” donde colocar el ladrillo “Z”. Los planos. Cuando me entregues los planos, asignaré a cada albañil sus tareas. No hay planos, no hay trabajo.

      El tal Fuckowski dibujaba pequeños esquemas en el aire mientras hablaba. Ese tipo se creía muy listo, con sus ideas simplonas; se notaba que nunca había derivado un forlayo. Minglanillas estaba visiblemente molesto.

      -Ya he dicho que los planos estarán en breve. Mientras tanto, que se dediquen a la autoformación -dijo Minglanillas, haciendo ademán de entrar al despacho. Quería dar la conversación por terminada.

      -¿Autoformación? ¿No se te olvida un “pequeño” detalle? Todos nuestros albañiles son becarios; se les paga una mierda porque, en teoría, aquí les enseñamos a hacer las cosas. Decirles que aprendan solos es reírse de ellos; no seré yo el que se lo sugiera.

      Carajo. ¿Habría algo a lo que aquel tipo no pusiera pegas? Minglanillas intentaba imaginar el motivo de esa actitud tan negativa. Tenía que ser odio, frustración… o envidia. Eso, seguro que era envidia. Ese tío no tenía ningún estilo, no había más que mirar su peinado. Era uno más del montón, y la única forma que encontraba de llamar la atención era con sus protestas. Ah, ese Fuckowski le caía mal, pero que muy mal. Era un muro interpuesto entre él y su ascenso, iba a tener que derribarlo como fuera.

      -Mira, todos estamos en el mismo equipo. Tenemos que cooperar. Yo voy a trabajar duro con los planos. Vosotros id empezando la construcción de la forma habitual.

      -¿¡¡La forma habitual!!? Mira, según tengo entendido, ShopMaster incorpora novedosas técnicas de derivación de filostros, y nosecuantas filigranas más de quinta generación. Yo de filostros no entiendo, te lo filostreas tú y a mí me hablas en el lenguaje de los ladrillos. Y te digo otra cosa: mi análisis técnico está estimado en dos semanas. Hoy es lunes 4; el Lunes 18 empiezo mis vacaciones. Tú te puedes retrasar con los planos si quieres, pero yo no voy a retrasar mi viaje a Suiza. Ya tengo los billetes.

      Minglanillas no podía soportarlo más. Entró al despacho y dijo:

      -Fuckowski, vas a tener que aprender a confiar en tus superiores.

      -Hazme un favor. Conmigo deja los mandamientos de la biblia profesional del todo a veinte duros. Yo soy ateo.

      Se oyó un fuerte portazo y un silencio blanco se apoderó de todo. Blanco como los planos de ShopMaster.

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      El martes a primera hora recibió Minglanillas un correo del señor Smith solicitando un status report. Minglanillas empezó a sudar. Le presionaban por todas partes, y encima ese Fuckowski… así no se podía trabajar.

      Lo intentó con el viejo método de la patata caliente. Hizo un forward del mail del señor Smith a fuckowski@teddybearconsulting. A los diez minutos recibió un mail en blanco. El asunto decía:

      >>Vigila tu Chotus Notes, que se te están escapando los correos.

      Vaya. Encima el tipo se creía gracioso. Desde luego que no le faltaba un detalle; era el perfecto gilipollas.

      Los planos, los planos, los putísimos planos. A ver. Vamos a empezar por lo fácil. Minglanillas se quedó mirando la simulación 2D de la fachada de ShopMaster largo rato. Finalmente envió un correo:

      A: Fuckowski
      Asunto: Primer bloque de análisis funcional

      Componente: Tejado
      Dimensiones: Idénticas a los cimientos
      Color: Rojo
      Inclinación: 30 grados
      Impermeabilización: Estándar

      Realícese el análisis técnico a la mayor brevedad.

      Luego envió otro correo al señor Smith:

      Status: Iniciado análisis funcional.
      Solapando análisis técnico.
      El proyecto avanza suavemente.

      Suavemente. Sugería un avance a velocidad reducida, pero sin problemas. Indicaría al señor Smith que debía disminuir la presión, para no correr el riesgo de provocar un avance brusco. Estaba claro, Minglanillas tenía un don.

      Recibió otro correito jocoso del Fuckowski.

      >>Pues nada, empezaremos la casa por el tejado

      No le importó; ShopMaster era pan comido.

      Bueno, estamos en racha. ¡Vamos a por lo de dentro! Veinte tiendas. Bien, diseñamos una tienda, y copypaste. Tirado. La cuestión es: ¿cómo mierda se hace el análisis funcional de una tienda? Ese capullo de Fuckowski seguro que lo sabía. Pero claro, no cooperaría, por mucho que Minglanillas se lo pidiera.

      A no ser que…

      7

      En recepción, Clarisa discutía acaloradamente con Álvaro.

      -Es que ya no es como antes -decía ella-. Ya casi no salimos, no nos divertimos…

      -Pero cariño, esto es temporal… en cuanto esté acabado este maldito ShopMaster, me harán finalmente coordinador de mantenimiento, dejaré de ser pretending y se acabará el echar horas, estoy seguro. Entonces todo volverá a ser como antes.

      -¿Te das cuenta de que llevamos así casi un año? Yo lo único que sé es que nunca tienes tiempo para mí. ¡Le prestas más atención a ese husky siberiano!

      -Amor, ya me gustaría a mí no tener que trabajar doce horas al día, ni tener que venir a éste puto sitio los fines de semana. Pero es esto, o la calle. Es un proyecto de vital importancia para todos, según dicen. Y a Tara le dedico justo la atención que requiere, el resto de mi tiempo es tuyo…

      Clarisa no parecía prestar mucha atención. Se colocaba una y otra vez los rubios cabellos detrás de las orejas con la mirada perdida.

      -Creo que me he equivocado contigo. Tú no tienes ambición.

      -¿¡QUE!? -a Álvaro se le hincharon las pelotas- Pero, ¿se puede saber a qué viene eso? Oye, que tú eres recepcionista, eh…

      -¡Ya estás otra vez! ¿Qué pasa, que no soy suficientemente buena para ti? ¿Por eso me hiciste ir a esa gilipollez de curso, no?

      -Yo no he dicho eso. Es sólo que no es justo que te comportes como una princesita; todos tenemos que arrimar el hombro. Yo estoy más jodido que tú.

      Era inútil, habían tenido la misma discusión cientos de veces. Él no tenía más remedio que aguantarse con su situación laboral; ella tenía serias dificultades para ver las cosas desde otro punto de vista que no fuera el de su propio bienestar.

      Clarisa se quedó pensando que en realidad él no era el tipo de hombre que ella necesitaba. A ella le iba más alguien que estuviera por encima de toda la mierda, un triunfador, alguien con estilo.

      En respuesta a su plegaria, sonó el teléfono.

      -TeddyBear Consulting, división Shopmaster, dígame…

      -¿Clarisa? Le habla Minglanillas, el arquitecto… Escuche, veo en su ficha que tiene usted un curso de desarrollo. Necesito a alguien para hacer un trabajito… puede ser una buena oportunidad. ¿Alguna vez se planteó ser consultora?

      Quedaron a las 19:00 en el despacho de Minglanillas. Clarisa se disculpó con Álvaro; había surgido un imprevisto y tenía que preparar unos documentos. Le acompañó a la puerta, le despidió con un frío beso y volvió a la mesa.

      Al sentarse, resbaló en la silla y casi cayó al suelo. Tenía el chocho hecho agua.

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      Se encaminó al despacho de Fuckowski intentando recordar todo lo que le habían explicado. Estaba oscuro, era ya bastante tarde. Llovía a mares.

      Llamó a la puerta.

      -¡Adelante, está abierto! -se oyó.

      Entró a la oficina, tan sólo iluminada por una pequeña lámpara de escritorio. El tipo la recibió de pie junto a su mesa, sonriente.

      -Señor Fuckowski, soy Clarisa, ¿puedo hablar con usted?

      -Claro, cómo no. Por favor, siéntese -señaló a una silla situada en la esquina del despacho.

      Clarisa tomó asiento, se obligó a sonreír, y dijo:

      -Señor Fuckowski, como sabe soy recepcionista, pero tengo un diploma de desarrolladora. Verá, ha surgido un puesto de consultoría; quiero presentarme al examen y me gustaría aprender de usted…

      Se tocaba continuamente el pelo para ocultar su nerviosismo. Fuckowski volvió a sentarse en su mesa. Su cara quedó iluminada por la pequeña lámpara, dándole un aire tenebroso.

      -Oh… ¿Y que desea aprender exactamente? -preguntó, mirando fijamente a Clarisa.

      -Bueno, lo usual… he traído unos casos prácticos que me gustaría que resolviera.

      Clarisa le pasó un montón de papeles. Él empezó a ojearlos a toda prisa, con ademán desinteresado.

      -Si pudiera tenerlos resueltos para mañana, le estaría infinitamente agradecida… -le indicó.

      Fuckowski acabó de leer el último folio y dijo:

      -Dígale al subnormal de Minglanillas que si quiere sacarme un análisis funcional, va a tener que darme la mitad de su salario. No basta con enviarme esta mierda de especificaciones y una rubia que me toque el ego -soltó los papeles sobre la mesa.

      -¡Oh! ¡Señor Fuckowski! ¿Cómo puede usted pensar que…?

      -¿Cree que me chupo el dedo, Clarisa? ¿Qué pensaban? ¿Que me iba a poner cachondo y le iba a hacer su trabajo al de los pelos chisposos por la posibilidad de echarle a usted un polvo? -dijo, y le guiñó un ojo.

      -Me parece que es usted un paranoico, señor Fuckowski.

      -Ah, ¿sí? Pues, ¿sabe lo que me parece usted, Clarisa? ¿Sabe lo que veo tras esa sonrisa de porcelana y esos tics tan estudiados? Veo un pendón. Un pendón descerebrado que quiere aparentar clase. Trabaja usted en una gran corporación, sí, pero me apuesto que le ha costado un par de revolcones, ¿eh? Se ha tenido que comer un par de forlayos -puso la boca en forma de O, y con una mano hizo ademán de meterse algo con forma de tubo.

      Clarisa le miraba con los ojos como platos.

      -Cada tarde al llegar a casa -siguió-, se quita usted su traje corporativo, deja la tarjeta de identificación al lado del pintalabios, y se dice a sí misma que ha llegado lejos. Pero apuesto a que a veces se despierta sudando en mitad de la noche, después de soñar con los forlayos, y ahora piensa que si aprueba ese examen dejará de sentirse un pendón, y entonces los forlayos callarán para siempre…

      Clarisa se levantó de un salto y gritó:

      -¡Es usted UN MONSTRUO, Fuckowski! ¡¡Un monstruo fascista y misógino!!

      Corrió hacia la puerta.

      -¿Me escribirá, Clarisa? ¿Me enviará un mail cuando guarden silencio los forlayos?

      -¡¡¡Váyase usted a tomar por culo, desgraciado!!!

      -Hala, hasta luego Lucas.

      Salió del despacho dando un portazo y echó a correr. Sus lágrimas se mezclaron con la lluvia.

      Iría a casa a toda prisa, se daría una ducha, se tomaría un Valium y se metería en la cama. Los forlayos habían empezado a gritar de nuevo.

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      Minglanillas se dio por vencido. Asumió la situación y empezó a trabajar duro; grapó diferentes vistas de la simulación 2D de ShopMaster a la pared de su oficina y empezó a trazar líneas en sus papeles en blanco.

      Aquí se ven seis escaparates, pues tienen que estar separados por cuatro paredes. Aquí pongo otras cuatro, entonces en medio pongo el pasillo. Puertas. Aquí pongo las puertas. Esto irá en moqueta roja. Aquí un cuarto de baño, aquí un trastero… en este hueco pongo una columna para sostener el tejado.

      Ocho días pasó Minglanillas encajándolo todo. Envió a Fuckowski el desglose de los planos: Diez columnas, veinticinco puertas, treinta claraboyas, cuarenta secciones de pared, ciento veinte secciones de moqueta, veintidós ventanas correderas, y multitud de accesorios. Fuckowski comenzó el análisis técnico, y sugirió que se nombrara a un sustituto para cubrir sus vacaciones.

      El lunes a primera hora Fuckowski embarcaba a Zurich por la puerta A69 mientras Monchito recogía el equipaje en la cinta 13.

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      Monchito no tenía la más puta idea de aproximadamente nada en absoluto, pero su actitud era muy positiva. Minglanillas estaba encantado; jamás obtuvo un no por respuesta. Haz esto ahora, esto tiene que estar mañana a primera hora, esto es máxima prioridad, esto también. Monchito no rechistaba; por cada difusa especificación del arquitecto se pegaba cuatro o cinco horas navegando por la red, descargaba algún análisis técnico parecido, cambiaba medidas y cantidades, lo imprimía todo y entregaba un folio a cada albañil.

      Nunca llegaba al hotel antes de las doce de la noche. Clarisa tampoco; al terminar su turno de recepcionista se iba al despacho de Minglanillas y le ayudaba en todo lo que podía. Ellos sí que sabían lo que era el trabajo en equipo.

      Diecisiete coma dos maridos maltrataron a sus mujeres, el precio de la vivienda subió un ocho por ciento, los tipos de interés un tres, veintidós moros se ahogaron en el estrecho, Quiquito fue expulsado de la casa de Gran Hermano, y finalmente, para gloria de la humanidad, ShopMaster estuvo terminado.

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      Al regreso de Fuckowski estaban dándole la última capa de pintura a la fachada; había quedado idéntica a la simulación. El primer gran proyecto de Minglanillas ya era una realidad.

      Dio comienzo la fase de pruebas: Fuckowski debía inspeccionar todo el edificio y listar las más que improbables incidencias. Minglanillas le abrió las enormes puertas con una gran sonrisa, pensando: a ver qué tienes que objetar ahora, pequeña cucaracha sabelotodo.

      Fuckowski salió de allí a la hora y media con un ataque de risa histérica. Intentaba decirle algo a Minglanillas, pero no podía pronunciar palabra. Rió, lloró, se revolcó por el suelo y a punto estuvo de ahogarse.

      Le trajeron un vaso de agua, y finalmente pudo hablar:

      -Bueno, en principio tres incidencias menores. Nada, poca cosa. A) Las puertas se abren hacia fuera y bloquean el pasillo, B) no hay tuberías que desalojen los residuos, la mierda, vaya, y C) no hay instalación eléctrica. Creo que voy poner una tienda de pilas alcalinas aquí al lado; en dos meses me compro una isla en el Caribe.

      Dos palomas picoteaban a los pies de Minglanillas. La cosa estaba jodida.

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      La reunión de crisis duró tres horas y media. Minglanillas exigía una estimación del tiempo necesario para solucionar las incidencias, y Fuckowski sostenía que lo que necesitaban era una demoledora porque aquello no lo arreglaba ni Perry Mason. Dieron vueltas y más vueltas sobre lo mismo, hablaron de reusabilidad, refactorización, las pirámides de Egipto, los esclavos, se mentaron a las respectivas madres y se arrojaron documentos con sus pisapapeles, pero no consiguieron llegar a un acuerdo.

      Minglanillas, el Niño de las Chispas, se puso la montera y sacó el capote, y Monchito y Clarisa subieron a lomos de sus caballos con sus sombreros de picadores, pero Fuckowski (setenta y cinco kilos, ganadería de Pito del Sereno) tenía ya los cuernos retorcidos y luego de un par de verónicas abandonó la plaza sin que le pusieran ni una sola banderilla. Minglanillas dio la vuelta al ruedo y se fue a su oficina a ponerle una velita a San Cipriano.

      En la soledad de su despacho, Minglanillas abrió la guía Zen buscando iluminación. Leyó y leyó desesperadamente, pero no encontraba la respuesta. Estaba a punto de perder la esperanza cuando de entre las páginas algo cayó al suelo.

      Se hizo la luz. Era la Business Card del señor Smith.

      Con un dedo tembloroso marcó el número, respiró hondo, carraspeó, y una vez intercambiados los saludos de rigor, Minglanillas expuso la situación de la forma más objetiva que pudo.

      Fuckowski lo había jodido todo. Su actitud había sido reticente desde un principio, no había colaborado en nada, se había mostrado inflexible, se había negado a echar horas, había sido extremadamente grosero con el equipo, se había ido de vacaciones cuando más se le necesitaba, y ahora se negaba a solucionar las incidencias. Estaba cometiendo el peor de los pecados: la no creencia en el proyecto. ShopMaster corría peligro.

      La respuesta del señor Smith le heló la sangre. Minglanillas le dio las gracias, colgó el teléfono y rompió a llorar.

      Le enviaba al Escorpión Rojo.

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      Muchos pensaban que el Escorpión Rojo era una leyenda urbana. Todos habían oído hablar de él, pero pocos lo habían visto.

      El martes a primera hora, multitud de curiosos acudieron a recepción. Minglanillas, Monchito y Clarisa esperaban en la entrada con sus mejores sonrisas.

      A las ocho cero cero, las puertas automáticas empezaron a abrirse lentamente.

      Se hizo el silencio. Ante ellos, el mito: Estela, Mike y Marc, la división Escorpión Rojo, elite de la consultoría, en perfecta formación triangular. Estela al frente, toda ella gabardina azul de tres cuartos a juego con sus tacones y sus guantes de cuero; Marc y Mike detrás, elegante simetría de chalecos negros y zapatos italianos. Una sola palabra lo inundaba todo: escoba.

      Clarisa les dio la bienvenida. El Escorpión Rojo, sin romper nunca la formación, atravesó las instalaciones justo por la bisectriz, desfilando en dirección al recién construido edificio. El sepulcral silencio fue perforado por el armónico rodar de las tres pequeñas maletas y los autoritarios taconazos de Estela, precisos cual metrónomo japonés. Comparada con Estela, Ivon era una palurda con calculadora.

      Entraron a ShopMaster. Los tres consultores miraban rítmicamente a izquierda y derecha, comprendiéndolo todo a su paso. De vez en cuando intercambiaban alguna frase en inglés o alemán, a pesar de que los tres eran de Soria. Estela era la más entusiasta: caminaba con los ojos abiertos de par en par, se fijaba en cada detalle y todo le maravillaba. Mirad, ¡ventanas de doble acristalamiento! Oh my god! A cada paso soltaba un ¡oooh! y un ¡ah!. Parecía que llevase unas bolas chinas metidas en el chocho.

      Mike llevaba largas patillas y un peinado con cresta que le daba un aire de diablillo ingenioso. Cuando hablaba Estela, Mike asentía sonriente con una ceja levantada, como si siempre llevase un as en la manga. Nada como el PVC, decía ella. Si supieras por dónde van ya los alemanes, replicaba él.

      Marc, cabello rubio barnizado, solía responder a ambos simplemente con un gesto. Extendía las dos manos y las bajaba lentamente. Tranquilos, niños (algún día dirigiré todo esto). Minglanillas le observaba con absoluta admiración y pensaba: mierda, ese gesto… ¡ese tipo es doble arquitecto!

      Ninguno de los escorpiones era guapo, pero se comportaban como top models. En el siglo de la estupidez, todas las casas se empezaban por la fachada.

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      Después del análisis ocular in situ, los escorpiones se encerraron en un despacho. Cubrieron toda una mesa de juntas con documentos a color, acoplaron sus portátiles, y se pusieron manos a la obra.

      Durante seis días y seis noches trabajaron sin descanso. Estudiaron la casuística, identificaron con éxito todos los weak points, listaron los use cases, conexionaron sinergias, corrigieron desajustes sectoriales, crearon métodos idempotentes, aplicaron estrategias de convergencia, generaron documentación IEEE compliant, y pidieron pizza.

      ¡Oh! Nada como la mozarella holandesa…
      Ja, si supieras por dónde van ya los italianos…
      Tranquilos (algún día dirigiré todo esto)

      Una tarde, Estela salió a dar un paseo. Se sentó en un banco del jardín, encendió un cigarro y fumó despacio. Su mirada atravesaba el rimel y se perdía en el infinito de sus reflexiones.

      Allí donde la mujer quiere llegar, de allí parto yo… Todo lo que la mujer desea se da en mí. Yo soy la ambición y el éxito, yo soy el fin del camino al futuro.

      Pronto me saldrá polla.

      Y será más grande que la de Mike.

      Clarisa la miraba desde recepción. Anochecía. Tenía que aprobar ese examen.

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      La solución óptima a las incidencias fue enviada a todo el equipo en formato Power Point.

      SOLUCIONES ESTRATEGICAS
      PROYECTO SHOPMASTER
      División Escorpión Rojo

      PUNTOS CLAVE:
      1. Apertura inversa de puertas delimitadoras de sectores
      2. Sistema de desalojos residuales divergentes no integrado
      3. Suministro energético no inherente a la infraestructura

      SOLUCION:

      Aplicar metodología SmartShopping®

      1. En el mercado de la convergencia, la información es el valor añadido. Por ello se hace cada vez más necesaria la protección de datos. SmartShopping® incorpora el sistema ProtectedSpace®, que bloquea el acceso al canal común (el pasillo) en todas las operaciones de entrada/salida, asegurando así la total privacidad de los datos en cada sector. Tan sólo es necesario un sistema de semáforos que controle los accesos concurrentes al canal común para evitar interbloqueos.

      2. La ineficiencia de los sistemas integrados de desalojo de residuos ha sido recientemente demostrada. SmartShopping® incorpora la tecnología GarbageCollector®, que elimina residuos de forma externa y bajo demanda. GarbageCollector® solo opera cuando se le necesita, consiguiendo un uso eficiente de los recursos. Debe implementarse un sistema de semáforos que indique cuándo deben desalojarse residuos de cada sector, sincronizado con el sistema de señales de ProtectedSpace®.

      3. Los suministros energéticos inherentes a infraestructuras provocan una total dependencia de la plataforma, debiendo situarse el hardware siempre cercano a los puntos de acceso al suministro, vulgarmente denominados enchufes. Esto dificulta enormemente el cambio rápido del look and feel de cada sector, imprescindible para adaptar la decoración a las siempre cambiantes tendencias. SmartShopping® incorpora el sistema VirtualPlug®, consistente en un set de baterías recargables fácilmente reposicionables. Con VirtualPlug®, la posición de los puntos de acceso es totalmente customizable. Se necesita un sistema de semáforos adicional que indique qué baterías se encuentran en estado crítico, sincronizado con GarbageCollector® y ProtectedSpace®

      Hoy por hoy, podemos asegurar que SmartShopping® marcará las tendencias de los mercados del mañana.

      Y el Escorpión Rojo se quedó tan ancho.

      El feedback no pudo ser más positivo. Todos se deshicieron en elogios a excepción de Fuckowski, que respondió con un mail en blanco con Subject: >>CUÑAAAAAAAO!!!!

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      Se implementaron las soluciones y se integraron los sistemas de semáforos. ShopMaster quedó repleto de pequeñas baterías con ruedas y lucecitas de colores. El pasillo se asemejaba al interior de una nave espacial, con todos esos centelleantes indicadores.

      Se preparó minuciosamente el plan de pruebas. Decenas de becarios ocuparon las posiciones indicadas. Uno de ellos tuvo el honor de desempeñar el puesto de GarbageCollector®. Le dieron un cubo y una pequeña pala y se dedicó a hacer la ronda por los retretes recolectando residuos.

      En la primera prueba hubo un pequeño percance: al atravesar el canal común, el GarbageCollector® tropezó con un VirtualPlug® y se estrelló contra un ProtectedSpace®, incrustando la cabeza en el cubo de la mierda. Salió de allí corriendo, todo marrón, y nunca más se supo de él. Algunos le oyeron gritar: ¡que le den por culo al mantenimiento técnico!

      El siempre despierto Escorpión Rojo identificó la necesidad de diseñar un curso de formación para nuevos usuarios de SmartShopping®, dado lo novedoso de la metodología.

      El señor Smith consiguió que el curso lo subvencionara la junta, con lo que se embolsó quince millones a cambio de dar esperanza a trescientos parados.

      Minglanillas le hizo el examen a Clarisa. Fue un examen oral. Ella lo pasó sin problemas y se fue a comprar pictolines.

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      En total cuatrocientas personas asistieron al curso impartido por la recién constituida división Águila Dorada: Clarisa, Monchito y Minglanillas. Fuckowski, en su eterna necesidad de despreciar toda elite, los rebautizó como el pollo amarillo.

      Casi todos los asistentes pensaron que la tecnología SmartShopping® era demasiado compleja; no entendían por qué tenían que esperar a que un semáforo se pusiera verde hasta para ir a cagar. Pero supusieron que SmartShopping® era para empleados inteligentes, y como nadie quería parecer no capacitado para el posible puesto de trabajo, no se habló del tema.

      Álvaro se encontraba entre los asistentes. A veces Clarisa, entre diapositiva y diapositiva, le echaba una mirada maliciosa y seguía hablando de la protección de datos y el uso eficiente de recursos como si toda la vida se hubiera dedicado a ello. A ella le encantaba estar por encima de él. A él no le gustaban esos ruidosos tacones nuevos.

      Al finalizar el curso se repartieron cuatrocientos diplomas acreditativos. Uno de los desempleados fue contratado como GarbageCollector® y al resto le fueron enviadas cartas agradeciéndoles la asistencia, informándoles de que su currículum permanecería durante seis meses en la base de datos de Teddybear Consulting, y deseándoles suerte en todo lo que emprendieran.

      El mismo día de la inauguración, ShopMaster salió a bolsa. Todos los directivos de Teddybear tenían en sus contratos una cláusula de opción de compra sobre acciones en más que ventajosas condiciones. En concreto el señor Smith compró quince millones en acciones de ShopMaster.

      La inauguración fue apoteósica. Se habilitó un escenario frente al reluciente edificio. Junto a él se colocó un enorme cartel publicitario que mostraba el logotipo de ShopMaster sobre un fondo de nubes y un montón de gente feliz que señalaba al cielo como si lloviesen billetes de 500.

      El señor Smith, situado entre el Escorpión Rojo y el Águila Dorada, obsequió a la audiencia con un elocuente discurso sobre la excelencia profesional, que culminó con un “hoy por hoy, podemos asegurar que ShopMaster sentará las bases del futuro del comercio”.

      Cortó la cinta roja y todo termino en una orgía de aplausos y confeti.

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      En los meses siguientes el valor de las acciones subió y subió hasta casi quintuplicarse, el señor Smith vendió su paquete embolsándose cincuenta kilos, y un siete de Agosto a las tres de la tarde ShopMaster fue declarado oficialmente en quiebra. En Cuenca soplaban vientos del noroeste.

      Se produjeron muchos despidos. Hubo un gran revuelo, el asunto incluso llegó a la televisión. Se retransmitieron imágenes de gente acampada frente a ShopMaster reclamando sus puestos de trabajo. Aguantaron casi cuatro semanas y finalmente volvieron a sus casas a intentar rehacer sus vidas.

      El último en abandonar fue un joven que pasó treinta días y treinta noches acampado en el jardín en compañía de un husky siberiano, que solo se separó de su lado para ir a buscar alguna botella de plástico y dejarla a los pies de su amo pidiendo juego.

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      Para adaptarse a las nuevas tendencias, Teddybear cambió de nombre y de domicilio fiscal.

      Corrió el rumor de que el cambio de nombre tenía algo que ver con la quiebra de ShopMaster; incluso se llegó a insinuar que las cuentas se habían estado maquillando durante meses para mantener el valor de las acciones hasta que la directiva hubiera vendido sus paquetes.

      Los documentos nunca aparecieron. Alguien dijo que el Escorpión Rojo había llevado a cabo una operación secreta en la que se destruyó toda la documentación. Pero la mayoría pensaba que el Escorpión Rojo no existía.

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      Minglanillas olvidó pronto todo ese asunto lleno rumores malintencionados. Él vivía con la mirada puesta en el futuro. Muchos otros tenían que quedarse a vivir en el pasado de Minglanillas, pero a él nada de esto le importaba. No hay que centrarse en lo negativo, decía la guía Zen. Eso era lo que hacían los Fuckowskis, por eso vivían cabreados.

      Salió del nuevo edificio de la empresa con su nueva novia y su nueva tarjeta de identificación. Abrió la puerta de su nuevo descapotable rojo e hizo entrar a Clarisa.

      Minglanillas tenía un don, sí. Todo lo que tocaba se convertía en mierda. Clarisa también tenía el don; sólo dios sabía lo que podía pasar si les daba por hacer el sesenta y nueve.

      Antes de entrar al coche echó un vistazo al nuevo cuartel general de la compañía. Era una preciosa fachada.

      En el jardín de la entrada había una estatua en bronce del señor Smith. Sobre la enorme puerta giratoria, el nuevo logotipo en letras doradas:

      FUTURE RAINBOW CONSULTING.

      Por todas partes revoloteaban palomas.

      11 de enero de 2005

      I.

      -Póngase cómodo, señor Fuckowski; ¿quiere una cerveza? En esta empresa no nos gustan las formalidades, no nos van los estirados con palos de escoba metidos por el culo…

      Coño. Pues sí que empieza bien la cosa.

      -Esto… sí, por favor, negra, bien fría…

      -Maika, por favor, tráigale una jarra de cerveza negra helada al señor Fuckowski. Estamos en la 237 -dijo por el intercomunicador.

      Era un tipo de unos cuarenta años, con clase, algún mechón de canas, pero lucía una sonrisa de aspecto juvenil. Prosiguió:

      -Bien. Ha superado usted tres entrevistas técnicas. Ésta será la entrevista final. Vayamos al grano. Veo por su currículum que tiene usted bastante experiencia. Pero no dura usted mucho en las empresas, ¿eh? -el tipo me guiñó un ojo.

      -Pues… es que…

      -No, no se disculpe. Sigue usted buscando el empleo ideal, en ese sitio donde las cosas se hagan bien, ¿me equivoco?

      -Eso, exactamente.

      -Ocho años de experiencia. Está muy bien para su edad. Lleva usted diez años en la universidad, ¿cierto?

      Joder. La pregunta del millón. A ver como le explico yo ahora el tema.

      -Esto… sí. Tuve la oportunidad de trabajar, y consideré que… bueno… me quedan sólo seis asignaturas, y…

      -No, no, por favor, nada de explicaciones. No le culpo por ello. Con la mierda de universidades que tenemos en este país… Pero no se preocupe, aquí no será prejuzgado por su expediente académico.

      Entonces entró Maika y por poco no se me cayeron las pelotas. Una tía de mi estatura, morena, pelo sedoso, piel blanca, enormes ojos azules… ¡y qué cuerpo! La voluptuosidad hecha secretaria. Llevaba unos pantalones negros ajustados que se aferraban con fuerza a su imponente culo y bajaban justo hasta la mitad de las pantorrillas, tacones altos, y un top blanco que apenas podía contener las tetas más inmensas que había visto fuera de internet.

      -Aquí está la cerveza, señor Fuckowski -me dijo Maika.

      Encima tenía voz de tontita, de no haber roto un plato, de chuparse el dedo, de tenerlo todo afeitadito, de no decir nunca que no, de disfrutar como una perra chupando y chupando y dejándose chupar y…

      -Si no la quiere, me la llevo -me había quedado embobado mirándole las tetas; tenía la boca abierta y la lengua colgando.

      Cogí la cerveza e intenté decir gracias, pero con la lengua fuera sólo pude emitir un nosequé estúpido y baboso. Maika salió de la sala sonriendo. Juraría que me había guiñado un ojo…

      El director de mirada joven prosiguió:

      -Uno de nuestros análisis iniciales reveló que el 99.5% de alumnos con expediente brillante son borregos mediocres que jamás se dan cuenta de si aquello que les exigen hacer es una memez o no, que no piensan por ellos mismos, que presuponen a sus superiores el don de la verdad absoluta, que se autoculpabilizan de todo, y que son capaces de estudiar quince horas al día simplemente por miedo al fracaso, porque “así funcionan las cosas”. Acaban devorados por las consultoras, son el perfil ideal. Los mandan a marear la perdiz al cliente y ellos no se dan ni cuenta. ¿Cree usted que un cliente, en su ignorancia tecnológica, sería capaz de concluir que está pagando una millonada por cuatro chavales sonrientes con expediente de sobresaliente, por cambiarle los colorcitos de la página web? No, sobre todo cuando los cuatro chavales sostienen, porque de hecho están convencidos de ello, que están “desarrollando un proyecto de reestructuración de cascade style sheets para adaptar los estilos subyacentes a la usabilidad de la quinta generación y así posicionar el producto a la cabeza del mercado”. Y encima, como son unos mantas, pues tardan cien horas que se le cobran al cliente, y todos tan contentos. Así va el país…

      Joder. Oír hablar a ése tío era como oírme hablar a mí mismo. Quería más.

      -¿Y el otro cero coma cinco?

      -¡Por el culo te la hinco! -me espetó el tipo a la vez que extendía el brazo y me señalaba con su dedo índice.

      Yo no estaba preparado para aquello y se me quedó cara de absoluto gilipollas. Tenía que haber una cámara oculta en algún sitio.

      -Bébase su cerveza, hombre, ¡que aún le veo un poco estirado!

      Cuando el hombre termino de reírse a mi costa, me explicó lo del otro cuatro mas uno:

      -Los otros pertenecen al reducido grupo de los genios que no se han desmotivado, porque desde siempre quisieron dedicarse a la enseñanza e investigación y tuvieron claro que un buen expediente era su única posibilidad. Saben que la docencia es deficiente, que emplear carísimas horas de clase en copiar al dictado es una estafa, que en realidad lo que hay que saber no son las respuestas correctas, si no las que el profesor de turno considera correctas, y que posiblemente luego lo tengan que reaprender casi todo, pero aún así hacen el sacrificio en pos del futuro. Luego, después de unos años como becarios precarios haciendo el trabajo sucio del departamento, preparando apuntes de asignaturas nuevas, corrigiendo exámenes en fin de semana, yendo a por café, tiza y tabaco, redactando brillantes artículos que firman todos los demás, y en definitiva haciendo todo el trabajo de algún espabilado que se pasa el curso viajando por los cinco continentes de conferencia en conferencia y de hotel en hotel, consiguen su plaza. Y ahí es cuando empieza el verdadero infierno: su forma de hacer las cosas, su talento, su entusiasmo, deja en evidencia a todos los demás, así que se ven sometidos a la conjura de los necios, al más cruel acoso laboral, son perseguidos, calumniados, ninguneados. Salvo excepciones, acaban aislados en algún oscuro despacho, sufriendo algún tipo de úlcera y preguntándose en qué han fallado.

      -Terrible… -dije.

      Yo en toda la carrera había tenido tres o cuatro buenos profesores. Tenía que acordarme de mandarles un mail agradeciéndoles sus clases. Le pegué un buen viaje a la cerveza. Empezaba a sentirme como en casa.

      -En fin. Le explico como trabajamos en esta compañía: le damos un portátil con conexión por satélite a internet y a nuestra red privada. Un terabit. También le damos una tarjeta de crédito con la que podrá pagar billetes de avión, hoteles, restaurantes, y ocio. Sin límite. Usted se larga a donde le salga de los cojones: Teruel, Florencia, Estambul, Zihuatanejo. Cada viernes a las 14:00 GTM, se conecta con el cuartel general por videoconferencia para que sepamos que sigue vivo. Cuando corresponda, le enviaremos la lista de tareas y el plazo de entrega. Luego trabaja usted como le venga en gana, pero con una única condición: aquí no hay retrasos. Ante cualquier tipo de imprevisto, nos lo comunica inmediatamente para que alguien retome su trabajo, que debe estar perfectamente documentado y libre de bugs. Si el viernes no da usted señales de vida, alguien seguirá por donde usted lo hubiera dejado. Si no estaba usted en un hospital, estará despedido. Y si todo va bien, el 1 de cada mes le pagamos el sueldo base, y después de cada entrega nos repartimos los beneficios. Noventa por ciento a repartir entre los programadores y analistas, diez por ciento para mí que para eso la empresa es mía. Además, ¿no querrá que los tiburones que tengo en la pecera del salón se me mueran de hambre, no?

      La polla me iba a reventar la bragueta.

      -¿Dónde hay que follar? Digo, ¡FIRMAR!

      -Firmar, en el contrato. Follar, en la sauna.

      Accionó de nuevo el intercomunicador.

      -Maika, traiga el contrato, y prepárese para un masaje y una sesión de sauna.

      No me lo podía creer. A los diez segundos entró Maika en bikini, toda ella inmensas curvas de piel blanca y carne prieta, con los pezones y el sexo tapados por tres triángulos rojos de tela, cada uno del tamaño aproximado de un Dorito. Bajo el ombligo tenía uno de esos tatuajes tribales con forma de V, que no significan nada en chino, ni en sánscrito, ni hostias. Usan el lenguaje visual de las señales de tráfico y significan “por aquí se va al chocho”.

      Dejó el contrato sobre la mesa y empezó a masajearme los hombros. Ocasionalmente sus tetas se posaban sobre mi cabeza. Me bebí lo que me quedaba de cerveza de un tirón.

      Eché un vistazo rápido al contrato. Sin asteriscos, sin letra pequeña, sin cláusulas de abducción. Todo tal y como me lo habían explicado.

      -Bueno, firrrme ssu contrrrato y sse da ussted una sessión de ssauna con Maika, con todo incluido…

      De pronto el tío tenía acento rumano. Levanté la vista de los folios. Me ofrecía una pluma metálica con punta de aguja. Al tipo le habían salido unos enormes y afilados colmillos.

      -Ssupongo que no le imporrtarrá firrmarr con ssangrre…

      -Oiga, pero… ¿se puede saber qué clase de payasada es ésta? -dije, indignado, a la vez que me levantaba de mi silla.

      El tipo guardo la pluma en un cajón, y sacó un bolígrafo. Se echó mano a los colmillos, se quitó la dentadura postiza y la dejó junto a la pluma. Me pasó el bolígrafo y dijo:

      -Bueno, era nuestro último test psicológico. Lo ha superado usted. Verá, hemos observado que en un mundo en el que impera la más absoluta tiranía laboral, muchos trabajadores sufren una especie de síndrome de Estocolmo. Cuando empiezan a trabajar para nosotros sienten culpabilidad, remordimientos, una especie de rechazo al placer, al bienestar. Acostumbrados a cobrar un sueldo mísero y a oír la cantinela de “hay que apretarse el cinturón que el sector está mal”, cuando cobran un salario digno no pueden soportarlo. Al final se convierte en auténtica paranoia. Piensan que nos dedicamos al tráfico de armas, que somos mafiosos, o satánicos, que se van a quemar en el infierno. Es que la religión ha hecho estragos en las conciencias humanas…

      Pero, ¿quién cojones era ese tío? Bueno, iba a tener la oportunidad de averiguarlo.

      Firmé el contrato, se lo entregué, y dije:

      -Entonces, lo del casquete en la sauna, ¿era parte del test, o…?

      -No, en absoluto, Maika le acompañará a la sauna. Aquí somos muy abiertos, ¿verdad?

      -Por supuesto… -respondió Maika. Me cogió de la mano y se encaminó a la puerta. La seguí al pasillo.

      Era un pasillo largo de moqueta roja. La jarra de cerveza había hecho su efecto, tenía que ir al servicio urgentemente.

      -Perdón, ¿hay un servicio cerca, Maika?

      -Sí, es la puerta al final del pasillo. La sauna es aquí, te espero dentro. ¡No tardes!

      Se quitó la parte de arriba del bikini y me la colgó del cuello.

      -Ni dos segundos. Estaré ahí antes de que empieces a sudar.

      Me dirigí al final del pasillo. Anduve y anduve y de pronto reparé en que el pasillo no se acababa nunca. Joder. No sería la primera vez que me iba a quedar sin casquete por algún retraso estúpido.

      Me lo pensé un poco; luego me saqué la chorra, me apoyé en la pared, apunté al filo de la moqueta, y me dejé ir…

      Entonces me desperté.

      Era un uno de Octubre. Yo estaba en el paro: había dejado el trabajo y había decidido volver a la universidad, a terminar la carrera. Era mi primer día de clase.

      Tenía veinticinco años. Y me había meado encima.