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  • 06 de septiembre de 2010

    España se arreglaba rapidito, pero vamos, a la de YA. ¿Que cómo? A esta panda de blogueros, columnistas y dibujantes sabelotodos que hablan como si supieran hasta la fórmula de la Coca-Cola les ponía yo encima el peso de la responsabilidad; sí, sí, ¿no sabéis tanto? Pues venga, en vuestras manos está ahora el país. Con vosotros, listillos, voy a hacer a conciencia un equipo salvador que dirija los destinos de la sociedad erpañola.

    Empezamos: como portavoz del gobierno ese de Mimesacojea, para transmitir al personal nítidamente, sin sobresaltos ni salidas de tono innecesarias, los mensajes del nuevo gobierno a la hora del telediario (subtitulado por él mismo en euskera). Le aceptamos menciones que no vengan a cuento sobre Maddie McCann.

    En Asuntos Exteriores pongo a Berto Romero (también bloguea), que además de listo es tan majo que ningún país extranjero nos va a tocar las narices (una expresión, Berto, no iba por lo de tu… eso).

    Ministerio de Interior para McNulty, un poli de los de verdad. ¿Que es sólo un personaje de ficción? Bueno pues a Alan Moore, sobran las explicaciones; ya veremos si le dejamos que diseñe también el uniforme de la Guardia Civil.

    El Ministerio de Vivienda recaerá en el Teleoperador, directo al meollo de uno de los problemones nacionales; venga vale, siguiente.

    Titular del Ministerio de Educación: Miguel Brieva, este está claro. Aunque no sé cómo vamos a ponerle corbata y coche oficial, nimios detalles en cualquier caso. Eso sí, en los cuatro años de cargo nada de lápices de colores en el despacho.

    Ministerio de Trabajo a Buenafuente: quiero que este tío nos enseñe cómo lo hace para currar tanto, reírse más y además forrarse.

    Creación de un nuevo ministerio (el futuro hay que pensarlo sin ataduras mentales): Ministerio de Interné. Secretaría de Estado del E-mule adjudicada al señor Fontdevila, vamos a tener fritos a los rebeldes del todogratis, lo que nos vamos a reír. Otra nueva secretaría de Estado en coordinación con el Ministerio de Ciencia y con cartera en manos de Mr. Fuckowski, para descubrir farsantes informatólogos y chamanes de pseudociencias. Se podría llamar de la can…, de la canca… nah, no se me ocurre nada. Ah sí, falta el ministro. Los microsiervos estaban llamando a la puerta pero por presión popular debo ceder el puesto a Eduardo Punset, que tiene el grupo ese en Facebook pidiéndolo. ¿Lo véis? reenviar mails y hacerse fan de grupos de Facebook al final cambia el mundo. Y una última reforma en ciencia: el Muy Interesante pasará a ser parte del BOE y considerado en España publicación científica con valor superior a Nature y Science.

    Igualdad asignado a Marta Nebot (que también bloguea). Si los machistas se enervan con Bibiana Aído, que vayan preparando el marcapasos.

    Otro ministerio de nueva creación será el de Persecución de la Corrupción (puf, no va a dar a basto). Aquí ficho a un extranjero que los tiene de mármol, Roberto Saviano, a ver si nos sanea el país. De Secretario de Estado me ofrezco voluntario (no sólo soy ideólogo del cambio, también quiero pasar a la acción y entrullar mangantes). Y preparaos que Saviano me ha pedido que cuando saque libro le vuelva a hacer una crítica de 2.000 palabras, ya aviso, mi tunda quemapestañas tiene cuerda para rato.

    Asimismo, para este cambio de rumbo he ideado hasta un lema unificador a la par que esperanzador e ilusionante:

    YES, WE ZAS! (en la boca)

    ¿Lo pillan, no? que a los españoles nos hacen mucha gracia las hostias al vecino y los comentarios cortantes e hirientes, nada de esas mariconadas de discusiones constructivas, sosegadas y respetuosas, ¡leña al mono! así se ganan unas elecciones y se gobierna, hostias.

    También he pensado crear un puesto totalmente innovador: el de Portavoz Vitalicio Único de la Oposición, cualesquiera que sea el segundo partido más votado que no gobierne. Lo he pensado ya -dejadme a mí tamaña tarea- y el cargo ya está asignado, tarde para el que tuviera otra idea: el cargo por méritos incontestables es para Esteban González Pons; en este saneamiento del panorama político nacional hay que dejar al único hombre con luces, cerebro ejemplar en un desierto de mediocridad, verdadero paradigma del político y del ser humano. Hasta las revoluciones tienen límites, Pons es intocable.

    Falta el cargo de presidente, un detalle que no carece de importancia (aunque lo parezca). Pero ahí me he quedado ya seco de imaginación, a ver qué se les ocurre a los demás, no voy a currármelo todo-todo yo, ¿no?

    Aún así, uno de los problemas que le veo a esta insondable acumulación de talento trabajando en equipo es que a estos blogueros no hay cosa que les guste más que poner a parir a otro bloguero. Les gusta incluso más que azuzar políticos (lo de generalizar sin justificación es una cosa que a mí siempre se me ha dado muy bien). Ya están los listos de turno diciéndome que me contradigo puesto que el presente manifiesto de salvación nacional es en sí otra muestra de pura endogamia blogosférica, puro chup*** las p**** unos a otros. Pues no señor, esta entrada (vocablo que no hace justicia a la sublimación del lenguaje y del pensamiento que acabo de mandar a vuestras molleras) de blog está por encima de todo eso, esto es el primer ladrillo en terreno no urbanizable para construir el porvenir DESPAÑA, así que noslomiso.

    Si todo esto no funciona entonces estamos perdidos. El plan B se me ha desbaratado, ya que pretendía en ese caso infiltrar en el partido que ganase las elecciones a alguien con una prodigiosa visión por encima de nuestras cabezas, una mente verdaderamente maravillosa… a Morrie Yohai. Pero mi penúltima esperanza ha sido fulminada.

    Porque Morrie nos ha dejado. Que su espíritu ilumine a este recién creado grupo que debe liderarnos, a los Watchmen del 2.0 patrios. El reloj del fin DESPAÑA inicia su cuenta atrás.

    25 de marzo de 2010

    Dinero · Miguel Brieva

    (Juin): Hoy tenemos el honor de entrevistar a uno de los artistas con más talento del país. Muchos definirían lo que hace como “novela gráfica”, pero como bien dijo Mauro Entrialgo (otro gran artista), este término es sólo un eufemismo síntoma del complejo de inferioridad que tiene el mundo del cómic respecto al mundo literario. Así que Miguel Brieva hace cómics. Yo soy un orgulloso lector de cómics y lo digo bien alto, porque ahora tengo un método infalible para reafirmarme: cada vez que alguien me mira por encima de la tapa dura de su novela de Dan Brown cuando estoy leyendo un tebeo en el metro, saco de mi mochila mis ejemplares de Dinero y El otro mundo, y blandiendo uno en cada mano abofeteo con sus geniales páginas la cara del iluso hasta que reconoce que la única razón que tiene para considerar el medio del comic un género “de bajo nivel cultural” son sus prejuicios sin fundamento y su esnobismo intelectual.

    Cuando un día cayó “Dinero” en mis manos me tuvo un fin de semana encerrado en casa. Cuando acabé, me di cuenta de que necesitaba a alguien para hablar de él, así que aparecí en casa de Alfredo para prestárselo.

    (Adehoces): Recibí el ejemplar de manos de Juin y me lo lei de una sentada. Quedé absolutamente fascinado por el corrosivo humor de Miguel Brieva, un humor capaz de sacarte una carcajada y removerte las entrañas al mismo tiempo. Sus personajes ponen una y otra vez de manifiesto el descorazonador absurdo de la sociedad de consumo: sonríen felices mientras cometen las mayores atrocidades contra el sentido común y los derechos humanos. Su obra rezuma filosofía; con frecuencia consigue hacernos reír de puro gozo intelectual. Una de las grandes habilidades de Miguel es la de desenmascarar con extrema facilidad las trampas ideológicas que siempre se ocultan en la propaganda. Con frecuencia recurre a la distopía para hacernos ver a dónde conducen determinados senderos ideológicos; gran parte de sus viñetas podrían perfectamente ilustrar el 1984 de Orwell o el Mundo Feliz de Huxley.

    Y aquí viene lo irónico del asunto: cuando terminé de leer “Dinero”, en lugar de salir corriendo al bosque intentando escapar de las garras del la sociedad de consumo, cogí la VISA y me fui a la FNAC. Compré dos flamantes ejemplares del libro: uno para mí para siempre, y otro para el Señor E, pues supuse que disfrutaría de su lectura tanto como yo.

    (Señor E): El paquete llegó a Suecia con el libro, una nota de Alfredo escrita en mayúsculas y otro papel de valor. A partir de entonces, durante unas semanas, mis noches siguieron el ritual de escabullirme de la cama cuando mi novia se quedaba dormida, y encender una lamparita en la mesa de la cocina que sólo alumbraba las fascinantes páginas de Dinero.

    Esa carcajada que te arranca Brieva es un ejercicio mental recomendable, una catarsis que pone algunas cosas en orden; sus viñetas, sazonadas con una guasa muy española, no son un manual de cómo debe ser la sociedad pero dejan muy claro cómo no debería ser.

    Cerraba el libro después de esa nocturna detonación controlada en el cráneo y me iba de nuevo a la cama entrenado para que no me la colasen al día siguiente, confiando a la vez en no despertarme y verme en el espejo con una pelusa gigante por cabeza.

    Señoras y señores, con ustedes: Miguel Brieva.

    En primer lugar felicitarte por tu carrera y por tu extraordinario talento; me declaro ferviente admirador de tu obra. Hoy por hoy vives únicamente de tu talento artístico; ¿cómo ha sido tu trayectoria profesional. ¿Has tenido otro tipo de empleos? ¿Qué consejo darías a las personas que quieran vivir del arte?

    (Miguel Brieva): He trabajado de profesor de pintura decorativa para discapacitados mentales (allí lo aprendí todo, de ellos precisamente), de diseñador, ilustrador de museos y como montador de exposiciones.

    En cuanto a consejos, únicamente diría que lo fundamental es disfrutar de los procesos, sin albergar objetivos ni pretensiones demasiado elevadas o abstractas. Uno observa y aprende, en función de las inclinaciones que tenga, pero luego todo eso va tomando cuerpo, de manera caótica, conforme se hace propio, y del choque entre todas esas influencias y lo que uno es sale la expresión personal, los registros que uno es capaz de alcanzar.

    Por último les diría que el acto creativo es, en cierto modo, un acto de amor con el universo, así que si no acostumbran a amar por dinero, que tampoco malgasten su talento e imaginación en contra de sus propios principios, que esa sí que es la forma más sórdida y triste de prostitución.

    Lo primero darte la enhorabuena por Dinero (me tuvo absolutamente enganchado), harían falta unas cuantas páginas para contar sus virtudes. Ya voy al grano, pero permíteme que me extienda en el planteamiento: Un tema que tocas y con el que comparto la perspectiva es el de la utilización de la mujer como objeto; más concretamente, como objeto sexual para satisfacer al hombre en la pornografía. En gran parte del porno (véanse las biografías de las actrices) la mujer acaba en él por presiones, condicionantes y manipulaciones psicológicas que consiguen que lo haga “porque quiere” o porque sea una “(póngase aquí algún vocablo típico de la moral machista)”. De este modo el consumidor por un lado se deshace de toda responsabilidad ética ante la eventual explotación de un ser humano, y por otro además satisface su (terminología de algunos artículos científicos) “fantasía de la puta guarra”. Tu viñeta en la que una mujer es fustigada por dos hombres con la leyenda “la pornografía es libertad, igualdad y amor” es muy ilustrativa. ¿Cómo ves el nivel de concienciación ante este problema y el de la prostitución? ¿Cuáles crees que son las causas por las que esta situación de explotación de la mujer se mantenga generación tras generación?

    Buf, es algo que se remonta al neolítico, no sé. Probablemente sea la lucha más urgente y primordial de todos los tiempos. Hay quien sostiene, de hecho, que las primeras monedas de cambio entre comunidades fueron las mujeres, es decir, que de esa injusticia se deriva posteriormente el germen mismo de la sociedad acumulativa o capitalista. La instrumentalización de la mujer es, tal vez, la piedra angular sobre la que se ha erigido nuestro enrevesado edificio social. Cambiar esta inercia es, pues, lo más urgente de todo, pero también lo más difícil, pues es algo arraigado en lo más arcaico de nuestra construcción antropológica.

    Los valores del hombre (conflicto, superación, prepotencia, beneficio individual, unidireccionalidad), es decir, los que rigen la humanidad, no son precisamente los más beneficiosos para la especie -para la felicidad de la especie-, pero hasta ahora se han mantenido inamovibles, tal vez por ser “activos” e “impositivos” frente a otros valores más “pasivos” (empatía, cuidado, bien común), que parecen preservar en nuestra especie precisamente las mujeres. Lo deseable sería una sabia intersección de estos dos ejes rectores, haciendo especial hincapié en el segundo, por aquello de compensar trayectorias hasta la fecha más que defectuosas.

    En tus comics, los niños son muchas veces los únicos personajes cuerdos. Creo que es obvio que no estás muy de acuerdo con la educación que reciben viendo en la clase de dementes que se convierten en tus comics cuando llegan a adultos. Debido a que sólo nos muestras instantaneas de tu universo y no solemos ver a tus personajes en evolución, te tengo que preguntar: ¿Los adultos dementes y consumidores compulsivos de tus comics nacieron siendo niños sabios? ¿Los niños sabios crecen para perder su intelecto irremediablemente, o queda esperanza para alguno?

    Los niños no son precisamente sabios, pero sí ingenuos y desprejuiciados -están aún sin hacer-, y, por encima de todo, lo único que les guía es una permanente pulsión por la vida, un deseo de juego y goce sin premios, sólo por el mero hecho del disfrute en el presente. Únicamente siendo niños -o bien mediante la meditación o la ingesta de ciertas sustancias-, puede uno llegar a abolir el tiempo y el espacio, y desembarazarse de ese lastre que conocemos por “realidad”. Sería, claro está, muy difícil constituir una sociedad exclusivamente de niños, pero algo hay en este comportarse de los primeros años de vida de las personas que parece perderse irremisiblemente en el adulto, y que sin embargo bien merecería la pena conservar. Algo de ello, de hecho, siempre queda, pero la mayoría de las veces es justamente lo peor de los rasgos del niño lo que permanece, como el egoísmo, la visión reducida de las cosas, la inmadurez emocional, etc.

    Si lográsemos educar a los que aún son niños para que conserven su curiosidad, su imaginación, su vitalidad, su ausencia de dogmas, estaríamos alumbrando una nueva manera del ser humano. Ha habido algunos intentos pedagógicos en esa dirección, y algunos muy esperanzadores, pero difícilmente son aplicables a las estructuras de un estado, y mucho menos a las de uno capitalista.

    En tu obra hay padres desastrosos que creen hacerlo de maravilla, y al mismo tiempo se preocupan tanto o más del dinero que de sus propios hijos. ¿Cuáles crees que son algunos de esos valores perniciosos que estamos transmitiendo a la próxima generación desde casa, desde el colegio, a través de la publicidad, etc?

    Lo más desastroso de todo es precisamente la desvalorización que se transmite, puesto que el dinero como motivador único no es un valor (no tiene contenido antropológico posible), sino una mera coordenada para insertar en una ecuación. Afortunadamente, las personas todavía no somos ecuaciones, pero se está haciendo todo lo posible para que respondamos como si lo fuéramos.

    Otra enseñanza que se da a los niños es que no existe la causa-efecto, no existe en los hechos y por tanto menos aún en el plano moral. De esta manera es posible mantener un discurso-carcasa cargado de buenas intenciones y al mismo tiempo provocar las acciones más atroces imaginables. Alabamos la naturaleza mientras la destruimos, nos repetimos lo mucho que queremos a nuestros hijos mientras les enterramos bajo el jardín de infancia toneladas de residuos nucleares. Es la naturalización del mal y la primacía de la inconsecuencia.

    Muy interesantes a este respecto son los libros de Santiago Alba Rico (filósofo y uno de los guionistas de La Bola de Cristal), especialmente Leer con Niños, o el más reciente El Naufragio del Hombre, junto con Carlos Fernández Liria.

    En el último salón de Comic de Barcelona hablaste de la cantidad de profesionales creativos que hay en el mundo de la publicidad en comparación con la cantidad de creativos en áreas del arte. Me pareció una reflexión muy interesante, y me gustaría que profundizaras en ella. ¿Crees que el modelo económico actual es nocivo para la expresión artística? ¿Que alternativas crees que podrían existir para evitar este ratio?

    El modelo económico actual es claramente nocivo para cualquier área de la actividad humana salvo para la puramente económica o financiera, o la del ejercicio abierto de la violencia. En el terreno de la imaginación, el cómputo es desalentador. Por cada creador libre hay 200 que han puesto todo su potencial al servicio de la maquinaria sistémica. Una persona trata, trabajosamente y con paciencia, de alumbrar otra manera de ver las cosas, y enfrente suyo, 200 cuentan con todos los medios del mundo para reafirmar exactamente lo contrario: compra, no hay mucho más que hacer. Muchos de ellos tal vez escriban poemas en sus ratos libres, o tengan la vaga idea de hacer algún día un corto propio, yo qué sé, pero entre tanto su energía creativa sólo sirve para apuntalar todo este despropósito. La lucha es, por tanto, muy desproporcionada.

    Algo muy similar a esto sucede con la investigación científica; esa brecha entre lo que la gente investigaría libremente y por el bien común, y lo que en verdad se ven forzados a investigar para vivir de ello.

    La única alternativa a esto es que cada individuo con talento e imaginación valore bien hacia donde quiere remar, y tenga el valor de crear luchando y construir creando, al margen del dinero y la vida fácil, que no es precisamente la más grata.

    Haces una muy dura crítica de la sociedad de consumo y su maquinaria propagandística creadora de realidades alternativas. ¿Crees que nos volvemos imbéciles porque se nos impone una visión naif del mundo, o que en muchos casos elegimos voluntariamente vivir alienados? Es decir, el imbécil, ¿nace o se hace?

    Nadie nace imbécil, aunque siempre se puede tener cierta predisposición genética para ello. El problema es que la escala del mundo en nuestros días es casi inaprensible (la globalización es enrevesada e inabarcable) , y es necesario un gran esfuerzo emocional e intelectual para comprenderlo en su totalidad. Los medios de incomunicación, por supuesto, hacen todo lo posible por fragmentar sus contenidos y reducirlos a meras anécdotas que sólo generen una respuesta emocional, nunca reflexiva. La gente, por tanto, con tan sólo tres o cuatro piezas entre las manos de entre un millón existentes en el puzzle de la realidad, difícilmente se hace una idea del conjunto.

    Luego están las inercias que vienen desde hace siglos, las convenciones mantenidas e incuestionadas, como las religiones o el propio sistema financiero. Deconstruir esas falacias nos puede llevar siglos y siglos, en tanto que a menudo se sustentan en instituciones muy poderosas y arraigadas cuyo único propósito es perpetuarse sin cambio alguno.

    Si tuvieras que reencarnarte y estuvieras obligado a elegir entre concursante de Gran Hermano, CEO de una multinacional que se dedica a hacer zapatillas con piel de niños del tercer mundo, jerarca de una secta sexista y homófoba o publicista: ¿Qué eligirías?

    Mmmmmmmm. Ante tan estimulantes alternativas es difícil decantarse por una sola. Lo mejor sería ser todas ellas a la vez, una suerte de reconcentrado pesadillesco que tal vez así, de tan compacto y denso, implosionase por sí mismo hasta convertirse en un bello e inofensivo nenúfar que fuera engullido instantes después por una megafoca venida del precámbrico superior. Por decir algo.

    “Yo sólo cumplo con mi deber” decía en Dinero el empleado que encerraba en una caja blindada la última partícula de sentido común del mundo. ¿Sientes alguna responsabilidad (por llamarlo de alguna manera) de aportar sentido común, o descubrir la falta de él en la sociedad?

    Creo que eso es responsabilidad de todos. El que tenga facilidad para pensarlo, que lo piense y lo comparta, el que la tenga para evocarlo artísticamente, que así lo haga, el que tenga otros oficios o talentos, que lo reivindique desde sus ámbitos. Cada uno, al hacer nuestro trabajo, hacemos el mundo. Y por supuesto, no es algo exclusivo de lo laboral, sino de todo lo que hacemos, lo que decimos, lo que consumimos. Esa responsabilidad la llevamos todos encima, lo queramos o no.

    Nuestra actual sociedad mundial, multiconectada e hipercompleja en su funcionamiento, ha logrado engendrar un nuevo estado, el de la disipación continuada de la culpa. Todos (las élites de las corporaciones y los gobiernos en mayor medida, claro está) somos partícipes de lo que pasa, y sin embargo nadie se da por aludido. ¡Es fantástico!

    Acerca de los derechos de autor. Editas tu obra como Creative Commons, y se vende muy bien porque el formato papel es muy superior al formato electrónico. Pero en caso de que esto dejara de ser así (es decir, se inventara un ebook muy barato, cómodo y fácil de usar que fuera igual o mejor que el papel), de qué forma se te ocurre que se te podría remunerar tu trabajo?

    Hace un tiempo que le estamos dando vueltas a eso junto con otros amigos. Ahora existe un momento de transición y ambigüedad a ese respecto, y lo ideal sería que la gente que genera contenidos creativos formase una plataforma digital colectiva de distribución de materiales, una especie de SGAE pero de verdad, no en su versión cortijo-empresarial, que además cerrase esa brecha entre autor-consumidor. De esta manera, cada autor podría elegir si quiere regalar las descargas de su trabajo o cobrar algo por ellas, pero algo que siempre sería mucho menos que lo que ahora se paga, puesto que ya no estarían los intermediarios (editoriales, productoras, distribuidoras, tiendas) para aumentar costes o simplemente llevarse el botín.

    La democracia degenerada en dictadura del mercado. “Compre, obedezca, no piense, trabaje”. Quien no se atenga al lema es un terrorista. ¿Qué valores tendríamos que aprender para escapar de esta tendencia que va a llevar a convertirnos en hormigas subnormales con la tarjeta de crédito insertada en la piel?

    El capitalismo, afortunadamente y como todo, también será una cosa del pasado. De hecho, sus topes de expansión se ven cada día más delimitados, fundamentalmente por las limitaciones energéticas inminentes y el deterioro del ecosistema, pero también por su propio funcionamiento financiero, completamente ficticio, que los economistas más juiciosos juzgan insostenible por mucho más tiempo.

    Los nuevos valores habrán de surgir, por tanto, de la gente, de todos nosotros, y posiblemente muchos de ellos no serán nuevos en absoluto, si no los mismos de siempre. Creo, en todo caso, que sí será necesario para nuestra supervivencia el superar prejuicios e inercias ancestrales, como las religiones dogmáticas o los hieratismos ideológicos, y habremos de guiarnos más por un compromiso con el bienestar común y el equilibrio con el entorno. Y tal vez todo ello requiera, no sé, de cierto salto espiritual, con todo lo escurridiza que una cosa así pueda sonarnos.

    “Las Pelusas” son objetos omnipresentes en tu obra. ¿Por qué? ¿Algún jersey que te volvió loco? ¿Acaso las coleccionas? ¿Has pensado venderlas como merchandising a través de “Editoriales Clismon”?

    La convivencia forzosa, y luego más tarde consentida, con estas formaciones hogareñas naturales me hizo tomar conciencia de su belleza y armonía. El mercadeo con estos entes no me interesa; lo verdaderamente bonito sería que entráramos en contacto íntimo con esa pelusa que todos llevamos dentro. La pelusa es la parte más humilde y peluda del alma.

    ¿Has contemplado la posibilidad de hacer animación?

    Algo he hecho, pero más por encargo que por vocación. He hecho animación un poco básica, a lo Terry Gilliam con los Monty Python, pero aplicar animación tradicional al tipo de dibujo que yo hago es tan trabajoso y caro que ni me lo planteo. Antes que eso, tan esforzado, me molaría hacer algo con actores, pero eso también cuesta lo suyo. En fin.

    Ahora te dedicas también a la música. La página web de tu grupo Las Buenas Noches es una obra de arte en si misma y la música me encanta. El problema es que no he sido capaz de ponerle ninguna etiqueta, así que me he asesorado con los demás miembros de la página y hemos sacado las siguentes etiquetas: “Folk independiente”, o “Indie-Folk-Pop-Latinoamericano” o “Simon & Garfunkel hartos de peyote”. ¿Que opinas de que se etiquete la música? ¿Qué instrumento tocas? ¿Cuanto tiempo llevas tiempo en el mundo de la música? ¿Estais viviendo una espiral de gloria, lujo, groupies, drogas y degeneración?

    Afortunadamente, si eres tú el que tocas no tienes que preocuparte por poner etiquetas, que eso ya lo hacen otros por ti, aunque por otra parte nadie se lo haya pedido. El etiquetado es útil a la hora de clasificar cosas, pero siempre suele estar por debajo de la realidad de las cosas.

    Nosotros hacemos el refrito musical que nos sale de múltiples músicas que nos gustan, a menudo sin pensarlo demasiado. Y por lo demás, se hace lo que se puede. Yo toco el charango, el ukelele, la guitarra, el cajón y el cuatro venezolano, pero todos ellos muy mal tocados.

    En cuanto al desenfreno, el lujo y la vida al límite, la respuesta es: nos comemos un mojón. Pero por otra parte, tampoco es que andemos persiguiéndolo, ya que a estas alturas estamos todos un poco viejunos y lo que tratamos más bien es de redireccionar nuestra carrera para conseguir en un futuro amenizar veladas en un asilo de la tercera edad de Benidorm, 3 comidas al día y cama gratis.

    ¿Cómo te defines en política? ¿Y en un plano filosófico? ¿Cómo imaginas la sociedad ideal?

    Mis simpatías, por razones obvias, son con la izquierda, que yo entiendo como el aglutinamiento de todas aquellas corrientes que han apostado y luchado por el progreso colectivo a lo largo de la historia. Todo lo bueno del mundo, desde las artes a la ciencia, se lo debemos a esa tendencia de cambio permanente, a esa incansable pulsión de mejora social y humana.

    En todo caso, creo que el cambio necesario ha de venir más de la urgencia de resolver cuanto antes nuestros acuciantes problemas que de un cuerpo ideológico cerrado y riguroso. Una sociedad humana hipotética pero realista, a mi entender, habría de sustituir el sistema monetarista por otro de propiedad colectiva, despoblar las mega ciudades (insostenibles, nos pongamos como nos pongamos) para dispersarse por el territorio, autoproduciendo sus productos básicos en un ámbito local, generando poblaciones más reducidas en las que el autogobierno por asamblea fuese posible (los estados, aunque más controlables que las corporaciones, también son temibles), y usando exclusivamente las fuentes de energía renovables, que por cierto tienen un potencial infinitamente más poderoso que todas las contaminantes actuales juntas. Habría que renunciar, claro está, a ciertos caprichos de la vida consumista, pero con el tiempo, un desarrollo tecnológico colectivo focalizado en resolver las verdaderas necesidades acabaría generando un nivel de vida muy superior al actual.

    Pero, vamos, definir cómo pase todo esto (o lo que sea que pase) habrá de ser tarea de todos, y eso sí que es bueno.

    Los desarreglos humanos y sociales que se recogen en tu obra son, desgraciadamente, universales. ¿Váis a publicar Dinero en otros países e idiomas, si no se ha hecho ya?

    A mí me gustaría, y creo que efectivamente se entendería en otros idiomas, pero de momento no ha habido ocasión. Un amigo publicó algo de Dinero en Argentina, una revista anarquista de Grecia también saca viñetas de vez en cuando, y ahora Bienvenido al Mundo se edita en Cuba, pero poco más.

    Algunas de tus viñetas sólo necesitan dar una leve vuelta de tuerca al panorama político para convertirse en humor disparatado. ¿Crees que la clase política exigirá a los humoristas pagar un canon por hacerles parte del trabajo?

    Eso, o al revés. Podemos denunciarles nosotros por intromisión gremial reiterada.

    El otro día -verídico- me intentaron vender por teléfono un cepillo de dientes eléctrico. Colgué antes de escuchar la marca pero tengo mis sospechas, ¿sabes si Clismón quiere su trozo de pastel en el mercado de la higiene mental (quiero decir, dental)?

    Lo desconozco, la verdad, pero si una corporación tan oscura y oblicua como Clismón llama a tu casa, lo mejor que puedes hacer es apuntalar puertas, ventanas e interfonos, y poner la televisión al máximo volumen. Eso, y rezar, o acabarás empelusado por entero.

    ¿Cómo das sentido a tu vida? ¿Eres una persona espiritual?

    Bueno, se hace lo que se puede. A veces nada parece tener sentido, pero luego te tomas una cañita al sol con un buen amigo y todo se resitúa más amablemente. En cuanto a mi espiritualidad, si es que existe, podría acotarla en algún lugar entre mirar un insectito de los que pululan por mi mesa fijamente durante horas, sin saber por qué, y tratar de visualizar el tamaño del universo como si uno fuese un gigante tan grande que se saliese literalmente de él. No sé si me explico. Lo más espiritual que puede hacer cualquiera es olvidarse por un momento de sí mismo.

    El fútbol como fabricante de micro-expectativas: genial definición. En España especialmente -por lo visto en los telediarios- parece que no haya otros deportes, ni que las mujeres practiquen o compitan en alguno. La pregunta (profunda) es… ¿de qué equipo eres? ¿piensas que el codazo de Ronaldo merecía roja?

    Siendo sincero, he de confesar que me encanta el fútbol, más aún jugarlo que verlo, pero en todo caso me gusta. Ello no impide que con cada absurda repetición en cámara lenta de alta tecnología de un futbolista echando un gargajo, me dé como un extraño sonrojo de vergüenza ajena-propia universal. El fútbol es un juego divertido de ver, como cualquier otro. El uso que se hace de él como opiáceo social espectacular (generador de micro-momentos de plenitud, de épica, de “magia”) para encubrir la realidad, eso da tanto vértigo y por otra parte es tan efectivo como el reiterado uso que se da del cuerpo de la mujer.

    Confiesa, ¿ves telebasura en la intimidad?

    Suelo verla los domingos a la hora del té. Me arrebujo en mi batín de seda japonés, sobre mi trono de zafiros de peluche, y la veo con fruición, 27 canales a la vez, en compañía de 27 caniches austro-húngaros que van tomando nota de todo lo que acontece en cada monitor. Luego hacemos una mesa redonda y jugamos a la canasta.

    Teniendo en cuenta el estado de la educación actual, ¿Qué opinión te merece la “escolarización en casa”?

    No me parece mal, pero creo que casi más importante aún que los métodos y contenidos educativos es la compañía de otros niños. Lo ideal sería hacer escuelas-cooperativas de padres y profesores o algo así, no muy grandes, pero con el tamaño suficiente para que se oyera siempre griterío en el patio.

    En tu obra parece claro que crees que la educación juega un papel fundamental en el devenir de la sociedad. En gran medida el individuo piensa, siente y por ende se comporta en función a la educación recibida, y esto lo saben los poderosos, que siempre procuran adoctrinarnos desde los medios de masas. Estoy totalmente de acuerdo con el papel clave de la educación, pero no puedo dejar de reparar en la cantidad de veces a lo largo de la historia en que los propios revolucionaros se han convertido en dictadores, al estilo de “Rebelión en la granja” ¿Cómo podríamos evitar la tendencia al aburguesamiento? ¿Puede una educación correcta no solo inculcar ciertos principios, sino asegurar que el individuo permanecerá fiel a ellos? ¿Se puede evitar de alguna forma que el poder corrompa?

    Después de todo, el comportamiento humano, al margen de los matices genéticos de cada persona, es fundamentalmente mimético. Si en una familia se miente con regularidad, el niño naturalizará la mentira como un hábito aceptable. Si en cambio la honestidad es lo común, el niño integrará esa pauta de comportamiento como suya propia. No somos robots, y esta explicación no será 100% infalible, pero sí creo que representa lo que más comúnmente se da. Esto quiere decir que unas condiciones de vida aceptables en un contexto social más o menos equilibrado podrían devenir en una forma de comportamiento colectiva no egoísta que se fuera asentando con las sucesivas generaciones. En todo caso, como es una pesadilla que se muerde la cola, lo primero que hemos de hacer para cortar este bucle es modificar nuestro comportamiento nosotros mismos, los adultos de hoy en día

    Así a bote pronto se me ocurre: 1-Pensar, así en general. 2- No creerse lo que viene de los medios del espectáculo y buscar fuentes de información alternativas. 3- Sacar el dinero de los grandes bancos y meterlo en banca ética o en cooperativas de servicios como Coop 57. 4-Consumir lo menos posible, ceñirse fundamentalmente a lo producido en el entorno, y comer cuanto menos carne posible. 5- Usar el transporte público, la bicicleta y el tren en detrimento del coche y el avión. 6- No participar de la democracia ficticia. El bipartidismo actual es la perpetuación de lo peor. 7- Intercambiar impresiones con los demás; hablar, compartir e imaginar juntos lo que vendrá.

    En cuanto al poder, siempre que existan estructuras de poder habrá una alta probabilidad de que éstas devengan en corruptas. Hemos de imaginarnos, pues, estructuras sociales en las que el poder sea temporal, muy limitado y nunca compatible con el beneficio personal, y para ello será necesario vivir en poblaciones más reducidas, en unidades de gobierno local y asambleario, aunque bien pudiera haber alguna clase de acuerdo mundial común en los puntos básicos más elementales.

    No sé, y a vosotros ¿qué se os ocurre?

    En Perspicalia apostamos por un conjunto de medidas simples y contundentes: reciclar la basura, consumir ecológico, exigir siempre el cumplimiento de los Derechos Humanos y hacer boicot a toda empresa que no los respete al cien por cien o que incurra en maltrato animal, cumplir a rajatabla con nuestras obligaciones cívicas, sustituir la asignatura de religión por la de “historia de las religiones” como en otros paises europeos, fomentar y premiar en la escuela todos estos valores de responsabilidad social, Derechos Humanos, Ecología, Civismo, etc, en una asignatura que se podría llamar, por ejemplo, Educación para la Ciudadanía (por decir algo), no leer a Enrique Dans, no reenviar powerpoints, y solo consumir contenidos de bloggers que corran libres por el corral y no de esos a los que tienen encerrados en jaulas publicando tres posts diarios.

    Muchas gracias por tu tiempo, Miguel. Un fuerte abrazo.

    20 de julio de 2009

    -Pues yo a tu edad ya llevaba tres años partiéndome la espalda –su padre le repetía el mismo discurso por enésima vez-, y entre saco de cemento y saco de cemento a mí no me quedaba tiempo para depresiones, ni crisis, ni tonterías de esas que os pasan a los jóvenes hoy en día. Que os habéis vuelto muy blandos, tanta consola y tanta tele y tanta tontería, y no aguantáis nada. Teleco es muy duro, teleco es muy duro… ¡Hacer mezcla, poner ladrillos, levantar muros, eso sí que es duro! ¡Y veinte años me he pasado yo dando el callo de sol a sol para poder darte a ti las oportunidades que yo nunca tuve! ¡Vamos, me habría sacado yo teleco con la punta del pijo! ¿Qué es eso de que estás desmotivado? ¿Acaso le digo yo al capataz que no puedo sacar más mezcla porque me he desmotivado? Uy, pobre, que está desmotivado, llevémosle al psicólogo y a ver si en tres o cuatro meses podemos terminar la obra. Pero sin prisa, que vaya que le dé una crisis… Vamos hombre. Menuda chorrada. Los apuntes son como los ladrillos. Doscientos ladrillos, un tabique. Doscientos folios, una asignatura menos. Así de fácil. Y no me vengas con que no te entran, a ver si va a ser que he tenido un hijo tonto. ¡Tonto! ¡Un hijo mío! De eso nada. Tú llevas mi apellido, mi sangre y mi inteligencia. Así que no quiero oír más tonterías. Te metes en tu habitación y en Septiembre demuestras de qué madera estamos hechos en esta familia.

    Así que una vez más Roberto se metió en su habitación sin una salida, sin una respuesta. Sin poder replicar que el pedigrí de una humilde familia de albañiles no basta para dominar las ecuaciones diferenciales, máxime cuando se estudia en una universidad masificada donde entran cien y sólo pueden salir cinco, y además se sufren graves carencias de base por culpa de una reforma educativa diseñada para lavar la cara a las estadísticas a base de aflojar el nivel exigido en lugar de mejorar la calidad de la enseñanza. Sin encontrar siquiera una pequeña grieta en el férreo discurso paterno por la que introducir una idea muy simple: en realidad él nunca había querido ser ingeniero. Pero toda la vida había escuchado la misma cantinela: éste niño muy listo (como su padre), llegará lejos, sacará matrículas de honor, lucirá el apellido familiar bordado sobre una bata blanca por los pasillos de la universidad.

    Delante de él se elevaba un muro infranqueable de cincuenta asignaturas que se le antojaban imposibles y que además sólo le conducirían a un futuro que nunca había deseado; detrás de él, un muro de incomprensión. Avanzar le resultaba imposible y retroceder era decepcionar a todos. Así que justo antes de volverse loco, Roberto optó por escapar volando de su mudo cautiverio. Desempolvó la guitarra que tuvo que enterrar en un armario en primero de carrera, metió algo de ropa en su raída mochila y, sin dejar siquiera una nota de despedida, escapó en el tren nocturno con destino a cualquier parte. Hoy su foto decora las calles de la ciudad. Desaparecido hace ocho meses; se recompensará cualquier información sobre su paradero.

    Un joven anónimo le pone alma a una triste estación de metro arrancando acordes de blues a su vieja guitarra. Alguien se acerca, deja caer un euro sobre la raída mochila que yace en el suelo y dice: qué talento tienes, chaval. Y, por primera vez en años, Roberto sonríe.

    Columna publicada en el diario
    El Avance de La Axarquía

    16 de julio de 2009

    Conocía al autor, Javier Cercas, de artículos en El País Semanal con los que más de una vez me he tronchado de risa; me parecía un tipo lúcido, simpático y buena gente. Recuerdo una columna en la que contaba su encuentro fortuito con un “enemigo” literario y cómo le resultaba imposible mantener en persona una actitud hostil hacia aquel otro hombre. Qué majo.

    En Soldados de Salamina, Javier sigue mostrando mucho de sí mismo y eso me hace seguir conectando con él, por ejemplo cuando narra fantásticas reuniones donde se juntan sus amigos, su familia y la gente a la que admira (recordatorio: tengo que montar unas cuantas antes de palmarla). También al hacer representaciones mentales de funerales, esa ceremonia donde mostrar que duele el alma por la pérdida de a quien se quiere, ama, respeta o admira (o todo a la vez), es un homenaje noble. No pocas veces en la imaginación he vivido esas mismas situaciones.

    El libro en cuestión es un relato real sobre un episodio de la Guerra Civil, más las vivencias personales del autor en su investigación de los hechos. Ese es todo mi análisis objetivo.

    El título me confundió al principio, en mi ignorancia pensaba que era otra de esas novelas españolas que se anuncian juntando tres palabras pedantes sin pies ni cabeza por razones de marketing. Como los top ten Carrefour: “El templario bizco y su puta madre” y otras por el estilo.

    Me enganché fácilmente porque entre otros aspectos, mantenía el mismo tono cercano y directo de sus artículos en El País (aún así tuve que consultar la RAE veinticinco veces). Además, el tema de la Guerra Civil del que poco he leído, me parecía aún más interesante si cabe después de tanto revisionismo y tantas piruetas interpretativas de la historia -hasta hay quien dice que Franco preparó a España para la democracia… hay que joderse-.

    Un sólo hecho, ocurrido un día de 1939, le sirve a Cercas para preguntarse qué es realmente un héroe, para revelarnos que aún hay viejos españoles muriendo en asilos sin que a nadie le interese que perdieron todo luchando por la libertad, para contagiar el deseo de escuchar a esas personas, aún entre nosotros, que poseen tesoros guardados sin orgullo y con enorme tristeza. Tristeza porque de la guerra, cuentan ellos, no se saca nada, nada bueno. Porque perdieron a sus amigos, familiares, a sus compañeros y no pasa un día sin que se acuerden de todos ellos. Porque nosotros estamos vivos pero aquellos ya no. Porque a aquellos se les robó la oportunidad de tener esposa, tener hijos y poder arroparles por la noche, de reír, llorar, de envejecer con los de su quinta, con los de su pueblo o su barrio. Porque Soldados de Salamina es un canto, ¡¿qué canto?! es una hostia en la cara que nos avergüenza si es que no estamos otorgando los más altos galones a lo más preciado, LA VIDA: algo que aquellos héroes anónimos saben que es valor en sí mismo sin haber leído nunca a un filósofo vitalista. Aquellos héroes desconocidos sí comprenden lo que vale y lo absurda que sigue siendo a pesar de todo, porque aún concediéndonos el ser no viene con manual de instrucciones y por ello, en todos los intentos para entender de qué va, nos encontramos con que la única respuesta…

    … “es que no hay respuesta, la única respuesta era una especie de secreta e insondable alegría, algo que linda con la crueldad y se resiste a la razón pero tampoco es instinto, algo que vive en ella con la misma ciega obstinación con que la sangre persiste en sus conductos y la tierra en su órbita inamovible y todos los seres en su terca condición de seres, algo que elude a las palabras como el agua del arroyo elude a la piedra, porque las palabras sólo están hechas para decirse a sí mismas, para decir lo decible, es decir, todo excepto lo que nos gobierna o hace vivir o concierne o somos“.

    Eso indescriptible que nos ha colocado a mí escribiendo esto y a ti leyéndolo. Setenta años después.

    29 de junio de 2007

    Algunas conclusiones del Proyecto «El Profesional Flexible en la Sociedad del Conocimiento: Nuevas Exigencias en la Educación Superior en Europa»

    -Junto con Francia, España es el país en el que los alumnos dedican más horas semanalmente a actividades académicas y de estudios.

    -Los graduados españoles son los menos satisfechos con los estudios universitarios seguidos.

    -Sólo el 50% declara que volvería a estudiar la misma carrera en la misma universidad.

    -Los titulados españoles, junto con los checos, en términos relativos, perciben los salarios más bajos de una lista de trece países europeos.

    -España, al igual que Italia, está a la cabeza en tasa de titulados viviendo en el hogar paterno cinco años después de acabar sus estudios universitarios.

    -Es el país en el que los titulados manifiestan «con más énfasis» la poca utilización que hacen en el puesto de trabajo de las competencias adquiridas.

    -Los españoles son los graduados con menor movilidad internacional por motivos de estudio.

    -Como mayores carencias apreciadas en sus trabajos con respecto a lo que desearían, los titulados españoles se refieren a disponibilidad de tiempo, a las perspectivas profesionales, a los ingresos elevados y la estabilidad laboral.

    (via La voz de Galicia -> meneame)

    O sea que en España nos matamos a estudiar largos años para luego pasar a cobrar una miseria en empleos inflexibles, inestables y sin perspectivas donde no ponemos en práctica nada de lo aprendido en esa carrera que nos arrepentimos de haber cursado. Supongo que esos cinco últimos años en el hogar paterno son los imprescindibles para ahorrar, por supuesto en pareja, para la entrada de una vivienda indigna.

    Y luego a los carroñeros de siempre se les llena la boca de “España va bien”, y ante la mínima queja se parapetan en el “ancha es Castilla” y el “nadie te obliga”. Pues sí, ancha es Castilla, y con la misma mierda repartida uniformemente en toda su extensión. Respecto al “nadie te obliga”, obvian ustedes que los derechos y libertades fundamentales que definen una vida digna han sido privatizados casi en su totalidad, y tenemos que comprarlos con el dinero que no tenemos. Nos obliga nuestra dignidad.

    Señores, más les valdría actualizar la cantinela a “ancha es Europa”, porque muchos nos estamos dando el piro.

    Quiero dar la enhorabuena a mi buen amigo Emilio, eterno compañero de penurias académicas, fatigas laborales e interminables charlas nocturnas regadas con música y alcohol. Después de largos años de esfuerzo acaba de salir del hoyo y en pocas semanas pasará a engrosar la lista de cerebros fugados que pagan con la distancia el precio de la dignidad. Después de tantos años de sacrificio Emilio sólo necesitaba que la suerte le sonriese un poco, y finalmente ha sucedido. Lo merecía más que nadie.

    Yo sé perfectamente lo que le espera: la vida agridulce del emigrante. Novedad, oportunidades, presente desahogado, perspectivas de futuro, retos, experiencias, vuelos de bajo coste, las voces queridas en el teléfono, el sol y el mar en el recuerdo, silenciosas noches de invierno sentado junto al fuego evocando atardeceres mediterráneos, el corazón siempre pidiendo volver a sentir el calor de tu familia, de tus amigos, de tu perro, de tu calle, de tu pedazo de playa. A veces se hace duro, pero merece mucho la pena. Al salir de esa trampa social que tantos años nos estranguló el alma se redescubre el mundo; al desaparecer el estrés se vive la vida con mucha más intensidad. Esos contados días de vuelta a casa brillan con tal intensidad en el calendario que iluminan el año entero.

    Reencontrarse con el pasado, con el hogar, con la propia sangre, y poder disfrutar de todo sin el peso de la angustia, es un privilegio. Lo primero que hago siempre al volver a Málaga, una vez que he abrazado a toda la familia y me he llenado de sus sonrisas, es salir a pasear con mi perro. Despacio, dejándome embriagar por todos esos olores que nunca se olvidan. El olor verde del mar siempre presente en el aire, el aroma dulce del té de calle Granada, el vino añejo aferrado a la madera de la Casa del Guardia… Camino sin rumbo, pero indefectiblemente acabo en la Malagueta. Busco una terraza, me siento en una silla de mimbre y al ritmo lento del anochecer me voy emborrachando de sal, arena, fuego y cerveza. Mi perro siempre se queda muy quieto; a veces suspira, a veces suspiro yo. Vuelvo a casa de noche, nadando en un largo silencio sólo interrumpido por alguna honda campanada que viene de lejos.

    La despedida siempre es dura. En el aeropuerto suelo dejarme alguna lágrima furtiva. Pero el tiempo poco a poco va acortando las distancias. Uno lucha por convencerse de que en realidad no ha abandonado el hogar, sino que el hogar se ha hecho más grande. Mi ciudad ya no es Málaga; ahora es una pintoresca ciudad donde a veces nieva y a veces hace un sol radiante, donde El Temple Bar dublinés está a la vuelta de la esquina de calle Larios, donde hay una Fnac madrileña al lado de un Coffee Shop holandés, donde para llegar de Timanfaya a Candem Town hay que atravesar una oscura calle medieval de Brujas. Una ciudad interminable rebosante de gente y de cultura.

    Emilio, bienvenido a la gran ciudad sin nombre.