(Juin): Hoy tenemos el honor de entrevistar a uno de los artistas con más talento del país. Muchos definirían lo que hace como “novela gráfica”, pero como bien dijo Mauro Entrialgo (otro gran artista), este término es sólo un eufemismo síntoma del complejo de inferioridad que tiene el mundo del cómic respecto al mundo literario. Así que Miguel Brieva hace cómics. Yo soy un orgulloso lector de cómics y lo digo bien alto, porque ahora tengo un método infalible para reafirmarme: cada vez que alguien me mira por encima de la tapa dura de su novela de Dan Brown cuando estoy leyendo un tebeo en el metro, saco de mi mochila mis ejemplares de Dinero y El otro mundo, y blandiendo uno en cada mano abofeteo con sus geniales páginas la cara del iluso hasta que reconoce que la única razón que tiene para considerar el medio del comic un género “de bajo nivel cultural” son sus prejuicios sin fundamento y su esnobismo intelectual.
Cuando un día cayó “Dinero” en mis manos me tuvo un fin de semana encerrado en casa. Cuando acabé, me di cuenta de que necesitaba a alguien para hablar de él, así que aparecí en casa de Alfredo para prestárselo.
(Adehoces): Recibí el ejemplar de manos de Juin y me lo lei de una sentada. Quedé absolutamente fascinado por el corrosivo humor de Miguel Brieva, un humor capaz de sacarte una carcajada y removerte las entrañas al mismo tiempo. Sus personajes ponen una y otra vez de manifiesto el descorazonador absurdo de la sociedad de consumo: sonríen felices mientras cometen las mayores atrocidades contra el sentido común y los derechos humanos. Su obra rezuma filosofía; con frecuencia consigue hacernos reír de puro gozo intelectual. Una de las grandes habilidades de Miguel es la de desenmascarar con extrema facilidad las trampas ideológicas que siempre se ocultan en la propaganda. Con frecuencia recurre a la distopía para hacernos ver a dónde conducen determinados senderos ideológicos; gran parte de sus viñetas podrían perfectamente ilustrar el 1984 de Orwell o el Mundo Feliz de Huxley.
Y aquí viene lo irónico del asunto: cuando terminé de leer “Dinero”, en lugar de salir corriendo al bosque intentando escapar de las garras del la sociedad de consumo, cogí la VISA y me fui a la FNAC. Compré dos flamantes ejemplares del libro: uno para mí para siempre, y otro para el Señor E, pues supuse que disfrutaría de su lectura tanto como yo.
(Señor E): El paquete llegó a Suecia con el libro, una nota de Alfredo escrita en mayúsculas y otro papel de valor. A partir de entonces, durante unas semanas, mis noches siguieron el ritual de escabullirme de la cama cuando mi novia se quedaba dormida, y encender una lamparita en la mesa de la cocina que sólo alumbraba las fascinantes páginas de Dinero.
Esa carcajada que te arranca Brieva es un ejercicio mental recomendable, una catarsis que pone algunas cosas en orden; sus viñetas, sazonadas con una guasa muy española, no son un manual de cómo debe ser la sociedad pero dejan muy claro cómo no debería ser.
Cerraba el libro después de esa nocturna detonación controlada en el cráneo y me iba de nuevo a la cama entrenado para que no me la colasen al día siguiente, confiando a la vez en no despertarme y verme en el espejo con una pelusa gigante por cabeza.
Señoras y señores, con ustedes: Miguel Brieva.
En primer lugar felicitarte por tu carrera y por tu extraordinario talento; me declaro ferviente admirador de tu obra. Hoy por hoy vives únicamente de tu talento artístico; ¿cómo ha sido tu trayectoria profesional. ¿Has tenido otro tipo de empleos? ¿Qué consejo darías a las personas que quieran vivir del arte?
(Miguel Brieva): He trabajado de profesor de pintura decorativa para discapacitados mentales (allí lo aprendí todo, de ellos precisamente), de diseñador, ilustrador de museos y como montador de exposiciones.
En cuanto a consejos, únicamente diría que lo fundamental es disfrutar de los procesos, sin albergar objetivos ni pretensiones demasiado elevadas o abstractas. Uno observa y aprende, en función de las inclinaciones que tenga, pero luego todo eso va tomando cuerpo, de manera caótica, conforme se hace propio, y del choque entre todas esas influencias y lo que uno es sale la expresión personal, los registros que uno es capaz de alcanzar.
Por último les diría que el acto creativo es, en cierto modo, un acto de amor con el universo, así que si no acostumbran a amar por dinero, que tampoco malgasten su talento e imaginación en contra de sus propios principios, que esa sí que es la forma más sórdida y triste de prostitución.
Lo primero darte la enhorabuena por Dinero (me tuvo absolutamente enganchado), harían falta unas cuantas páginas para contar sus virtudes. Ya voy al grano, pero permíteme que me extienda en el planteamiento: Un tema que tocas y con el que comparto la perspectiva es el de la utilización de la mujer como objeto; más concretamente, como objeto sexual para satisfacer al hombre en la pornografía. En gran parte del porno (véanse las biografías de las actrices) la mujer acaba en él por presiones, condicionantes y manipulaciones psicológicas que consiguen que lo haga “porque quiere” o porque sea una “(póngase aquí algún vocablo típico de la moral machista)”. De este modo el consumidor por un lado se deshace de toda responsabilidad ética ante la eventual explotación de un ser humano, y por otro además satisface su (terminología de algunos artículos científicos) “fantasía de la puta guarra”. Tu viñeta en la que una mujer es fustigada por dos hombres con la leyenda “la pornografía es libertad, igualdad y amor” es muy ilustrativa. ¿Cómo ves el nivel de concienciación ante este problema y el de la prostitución? ¿Cuáles crees que son las causas por las que esta situación de explotación de la mujer se mantenga generación tras generación?
Buf, es algo que se remonta al neolítico, no sé. Probablemente sea la lucha más urgente y primordial de todos los tiempos. Hay quien sostiene, de hecho, que las primeras monedas de cambio entre comunidades fueron las mujeres, es decir, que de esa injusticia se deriva posteriormente el germen mismo de la sociedad acumulativa o capitalista. La instrumentalización de la mujer es, tal vez, la piedra angular sobre la que se ha erigido nuestro enrevesado edificio social. Cambiar esta inercia es, pues, lo más urgente de todo, pero también lo más difícil, pues es algo arraigado en lo más arcaico de nuestra construcción antropológica.
Los valores del hombre (conflicto, superación, prepotencia, beneficio individual, unidireccionalidad), es decir, los que rigen la humanidad, no son precisamente los más beneficiosos para la especie -para la felicidad de la especie-, pero hasta ahora se han mantenido inamovibles, tal vez por ser “activos” e “impositivos” frente a otros valores más “pasivos” (empatía, cuidado, bien común), que parecen preservar en nuestra especie precisamente las mujeres. Lo deseable sería una sabia intersección de estos dos ejes rectores, haciendo especial hincapié en el segundo, por aquello de compensar trayectorias hasta la fecha más que defectuosas.
En tus comics, los niños son muchas veces los únicos personajes cuerdos. Creo que es obvio que no estás muy de acuerdo con la educación que reciben viendo en la clase de dementes que se convierten en tus comics cuando llegan a adultos. Debido a que sólo nos muestras instantaneas de tu universo y no solemos ver a tus personajes en evolución, te tengo que preguntar: ¿Los adultos dementes y consumidores compulsivos de tus comics nacieron siendo niños sabios? ¿Los niños sabios crecen para perder su intelecto irremediablemente, o queda esperanza para alguno?
Los niños no son precisamente sabios, pero sí ingenuos y desprejuiciados -están aún sin hacer-, y, por encima de todo, lo único que les guía es una permanente pulsión por la vida, un deseo de juego y goce sin premios, sólo por el mero hecho del disfrute en el presente. Únicamente siendo niños -o bien mediante la meditación o la ingesta de ciertas sustancias-, puede uno llegar a abolir el tiempo y el espacio, y desembarazarse de ese lastre que conocemos por “realidad”. Sería, claro está, muy difícil constituir una sociedad exclusivamente de niños, pero algo hay en este comportarse de los primeros años de vida de las personas que parece perderse irremisiblemente en el adulto, y que sin embargo bien merecería la pena conservar. Algo de ello, de hecho, siempre queda, pero la mayoría de las veces es justamente lo peor de los rasgos del niño lo que permanece, como el egoísmo, la visión reducida de las cosas, la inmadurez emocional, etc.
Si lográsemos educar a los que aún son niños para que conserven su curiosidad, su imaginación, su vitalidad, su ausencia de dogmas, estaríamos alumbrando una nueva manera del ser humano. Ha habido algunos intentos pedagógicos en esa dirección, y algunos muy esperanzadores, pero difícilmente son aplicables a las estructuras de un estado, y mucho menos a las de uno capitalista.
En tu obra hay padres desastrosos que creen hacerlo de maravilla, y al mismo tiempo se preocupan tanto o más del dinero que de sus propios hijos. ¿Cuáles crees que son algunos de esos valores perniciosos que estamos transmitiendo a la próxima generación desde casa, desde el colegio, a través de la publicidad, etc?
Lo más desastroso de todo es precisamente la desvalorización que se transmite, puesto que el dinero como motivador único no es un valor (no tiene contenido antropológico posible), sino una mera coordenada para insertar en una ecuación. Afortunadamente, las personas todavía no somos ecuaciones, pero se está haciendo todo lo posible para que respondamos como si lo fuéramos.
Otra enseñanza que se da a los niños es que no existe la causa-efecto, no existe en los hechos y por tanto menos aún en el plano moral. De esta manera es posible mantener un discurso-carcasa cargado de buenas intenciones y al mismo tiempo provocar las acciones más atroces imaginables. Alabamos la naturaleza mientras la destruimos, nos repetimos lo mucho que queremos a nuestros hijos mientras les enterramos bajo el jardín de infancia toneladas de residuos nucleares. Es la naturalización del mal y la primacía de la inconsecuencia.
Muy interesantes a este respecto son los libros de Santiago Alba Rico (filósofo y uno de los guionistas de La Bola de Cristal), especialmente Leer con Niños, o el más reciente El Naufragio del Hombre, junto con Carlos Fernández Liria.
En el último salón de Comic de Barcelona hablaste de la cantidad de profesionales creativos que hay en el mundo de la publicidad en comparación con la cantidad de creativos en áreas del arte. Me pareció una reflexión muy interesante, y me gustaría que profundizaras en ella. ¿Crees que el modelo económico actual es nocivo para la expresión artística? ¿Que alternativas crees que podrían existir para evitar este ratio?
El modelo económico actual es claramente nocivo para cualquier área de la actividad humana salvo para la puramente económica o financiera, o la del ejercicio abierto de la violencia. En el terreno de la imaginación, el cómputo es desalentador. Por cada creador libre hay 200 que han puesto todo su potencial al servicio de la maquinaria sistémica. Una persona trata, trabajosamente y con paciencia, de alumbrar otra manera de ver las cosas, y enfrente suyo, 200 cuentan con todos los medios del mundo para reafirmar exactamente lo contrario: compra, no hay mucho más que hacer. Muchos de ellos tal vez escriban poemas en sus ratos libres, o tengan la vaga idea de hacer algún día un corto propio, yo qué sé, pero entre tanto su energía creativa sólo sirve para apuntalar todo este despropósito. La lucha es, por tanto, muy desproporcionada.
Algo muy similar a esto sucede con la investigación científica; esa brecha entre lo que la gente investigaría libremente y por el bien común, y lo que en verdad se ven forzados a investigar para vivir de ello.
La única alternativa a esto es que cada individuo con talento e imaginación valore bien hacia donde quiere remar, y tenga el valor de crear luchando y construir creando, al margen del dinero y la vida fácil, que no es precisamente la más grata.
Haces una muy dura crítica de la sociedad de consumo y su maquinaria propagandística creadora de realidades alternativas. ¿Crees que nos volvemos imbéciles porque se nos impone una visión naif del mundo, o que en muchos casos elegimos voluntariamente vivir alienados? Es decir, el imbécil, ¿nace o se hace?
Nadie nace imbécil, aunque siempre se puede tener cierta predisposición genética para ello. El problema es que la escala del mundo en nuestros días es casi inaprensible (la globalización es enrevesada e inabarcable) , y es necesario un gran esfuerzo emocional e intelectual para comprenderlo en su totalidad. Los medios de incomunicación, por supuesto, hacen todo lo posible por fragmentar sus contenidos y reducirlos a meras anécdotas que sólo generen una respuesta emocional, nunca reflexiva. La gente, por tanto, con tan sólo tres o cuatro piezas entre las manos de entre un millón existentes en el puzzle de la realidad, difícilmente se hace una idea del conjunto.
Luego están las inercias que vienen desde hace siglos, las convenciones mantenidas e incuestionadas, como las religiones o el propio sistema financiero. Deconstruir esas falacias nos puede llevar siglos y siglos, en tanto que a menudo se sustentan en instituciones muy poderosas y arraigadas cuyo único propósito es perpetuarse sin cambio alguno.
Si tuvieras que reencarnarte y estuvieras obligado a elegir entre concursante de Gran Hermano, CEO de una multinacional que se dedica a hacer zapatillas con piel de niños del tercer mundo, jerarca de una secta sexista y homófoba o publicista: ¿Qué eligirías?
Mmmmmmmm. Ante tan estimulantes alternativas es difícil decantarse por una sola. Lo mejor sería ser todas ellas a la vez, una suerte de reconcentrado pesadillesco que tal vez así, de tan compacto y denso, implosionase por sí mismo hasta convertirse en un bello e inofensivo nenúfar que fuera engullido instantes después por una megafoca venida del precámbrico superior. Por decir algo.
“Yo sólo cumplo con mi deber” decía en Dinero el empleado que encerraba en una caja blindada la última partícula de sentido común del mundo. ¿Sientes alguna responsabilidad (por llamarlo de alguna manera) de aportar sentido común, o descubrir la falta de él en la sociedad?
Creo que eso es responsabilidad de todos. El que tenga facilidad para pensarlo, que lo piense y lo comparta, el que la tenga para evocarlo artísticamente, que así lo haga, el que tenga otros oficios o talentos, que lo reivindique desde sus ámbitos. Cada uno, al hacer nuestro trabajo, hacemos el mundo. Y por supuesto, no es algo exclusivo de lo laboral, sino de todo lo que hacemos, lo que decimos, lo que consumimos. Esa responsabilidad la llevamos todos encima, lo queramos o no.
Nuestra actual sociedad mundial, multiconectada e hipercompleja en su funcionamiento, ha logrado engendrar un nuevo estado, el de la disipación continuada de la culpa. Todos (las élites de las corporaciones y los gobiernos en mayor medida, claro está) somos partícipes de lo que pasa, y sin embargo nadie se da por aludido. ¡Es fantástico!
Acerca de los derechos de autor. Editas tu obra como Creative Commons, y se vende muy bien porque el formato papel es muy superior al formato electrónico. Pero en caso de que esto dejara de ser así (es decir, se inventara un ebook muy barato, cómodo y fácil de usar que fuera igual o mejor que el papel), de qué forma se te ocurre que se te podría remunerar tu trabajo?
Hace un tiempo que le estamos dando vueltas a eso junto con otros amigos. Ahora existe un momento de transición y ambigüedad a ese respecto, y lo ideal sería que la gente que genera contenidos creativos formase una plataforma digital colectiva de distribución de materiales, una especie de SGAE pero de verdad, no en su versión cortijo-empresarial, que además cerrase esa brecha entre autor-consumidor. De esta manera, cada autor podría elegir si quiere regalar las descargas de su trabajo o cobrar algo por ellas, pero algo que siempre sería mucho menos que lo que ahora se paga, puesto que ya no estarían los intermediarios (editoriales, productoras, distribuidoras, tiendas) para aumentar costes o simplemente llevarse el botín.
La democracia degenerada en dictadura del mercado. “Compre, obedezca, no piense, trabaje”. Quien no se atenga al lema es un terrorista. ¿Qué valores tendríamos que aprender para escapar de esta tendencia que va a llevar a convertirnos en hormigas subnormales con la tarjeta de crédito insertada en la piel?
El capitalismo, afortunadamente y como todo, también será una cosa del pasado. De hecho, sus topes de expansión se ven cada día más delimitados, fundamentalmente por las limitaciones energéticas inminentes y el deterioro del ecosistema, pero también por su propio funcionamiento financiero, completamente ficticio, que los economistas más juiciosos juzgan insostenible por mucho más tiempo.
Los nuevos valores habrán de surgir, por tanto, de la gente, de todos nosotros, y posiblemente muchos de ellos no serán nuevos en absoluto, si no los mismos de siempre. Creo, en todo caso, que sí será necesario para nuestra supervivencia el superar prejuicios e inercias ancestrales, como las religiones dogmáticas o los hieratismos ideológicos, y habremos de guiarnos más por un compromiso con el bienestar común y el equilibrio con el entorno. Y tal vez todo ello requiera, no sé, de cierto salto espiritual, con todo lo escurridiza que una cosa así pueda sonarnos.
“Las Pelusas” son objetos omnipresentes en tu obra. ¿Por qué? ¿Algún jersey que te volvió loco? ¿Acaso las coleccionas? ¿Has pensado venderlas como merchandising a través de “Editoriales Clismon”?
La convivencia forzosa, y luego más tarde consentida, con estas formaciones hogareñas naturales me hizo tomar conciencia de su belleza y armonía. El mercadeo con estos entes no me interesa; lo verdaderamente bonito sería que entráramos en contacto íntimo con esa pelusa que todos llevamos dentro. La pelusa es la parte más humilde y peluda del alma.
¿Has contemplado la posibilidad de hacer animación?
Algo he hecho, pero más por encargo que por vocación. He hecho animación un poco básica, a lo Terry Gilliam con los Monty Python, pero aplicar animación tradicional al tipo de dibujo que yo hago es tan trabajoso y caro que ni me lo planteo. Antes que eso, tan esforzado, me molaría hacer algo con actores, pero eso también cuesta lo suyo. En fin.
Ahora te dedicas también a la música. La página web de tu grupo Las Buenas Noches es una obra de arte en si misma y la música me encanta. El problema es que no he sido capaz de ponerle ninguna etiqueta, así que me he asesorado con los demás miembros de la página y hemos sacado las siguentes etiquetas: “Folk independiente”, o “Indie-Folk-Pop-Latinoamericano” o “Simon & Garfunkel hartos de peyote”. ¿Que opinas de que se etiquete la música? ¿Qué instrumento tocas? ¿Cuanto tiempo llevas tiempo en el mundo de la música? ¿Estais viviendo una espiral de gloria, lujo, groupies, drogas y degeneración?
Afortunadamente, si eres tú el que tocas no tienes que preocuparte por poner etiquetas, que eso ya lo hacen otros por ti, aunque por otra parte nadie se lo haya pedido. El etiquetado es útil a la hora de clasificar cosas, pero siempre suele estar por debajo de la realidad de las cosas.
Nosotros hacemos el refrito musical que nos sale de múltiples músicas que nos gustan, a menudo sin pensarlo demasiado. Y por lo demás, se hace lo que se puede. Yo toco el charango, el ukelele, la guitarra, el cajón y el cuatro venezolano, pero todos ellos muy mal tocados.
En cuanto al desenfreno, el lujo y la vida al límite, la respuesta es: nos comemos un mojón. Pero por otra parte, tampoco es que andemos persiguiéndolo, ya que a estas alturas estamos todos un poco viejunos y lo que tratamos más bien es de redireccionar nuestra carrera para conseguir en un futuro amenizar veladas en un asilo de la tercera edad de Benidorm, 3 comidas al día y cama gratis.
¿Cómo te defines en política? ¿Y en un plano filosófico? ¿Cómo imaginas la sociedad ideal?
Mis simpatías, por razones obvias, son con la izquierda, que yo entiendo como el aglutinamiento de todas aquellas corrientes que han apostado y luchado por el progreso colectivo a lo largo de la historia. Todo lo bueno del mundo, desde las artes a la ciencia, se lo debemos a esa tendencia de cambio permanente, a esa incansable pulsión de mejora social y humana.
En todo caso, creo que el cambio necesario ha de venir más de la urgencia de resolver cuanto antes nuestros acuciantes problemas que de un cuerpo ideológico cerrado y riguroso. Una sociedad humana hipotética pero realista, a mi entender, habría de sustituir el sistema monetarista por otro de propiedad colectiva, despoblar las mega ciudades (insostenibles, nos pongamos como nos pongamos) para dispersarse por el territorio, autoproduciendo sus productos básicos en un ámbito local, generando poblaciones más reducidas en las que el autogobierno por asamblea fuese posible (los estados, aunque más controlables que las corporaciones, también son temibles), y usando exclusivamente las fuentes de energía renovables, que por cierto tienen un potencial infinitamente más poderoso que todas las contaminantes actuales juntas. Habría que renunciar, claro está, a ciertos caprichos de la vida consumista, pero con el tiempo, un desarrollo tecnológico colectivo focalizado en resolver las verdaderas necesidades acabaría generando un nivel de vida muy superior al actual.
Pero, vamos, definir cómo pase todo esto (o lo que sea que pase) habrá de ser tarea de todos, y eso sí que es bueno.
Los desarreglos humanos y sociales que se recogen en tu obra son, desgraciadamente, universales. ¿Váis a publicar Dinero en otros países e idiomas, si no se ha hecho ya?
A mí me gustaría, y creo que efectivamente se entendería en otros idiomas, pero de momento no ha habido ocasión. Un amigo publicó algo de Dinero en Argentina, una revista anarquista de Grecia también saca viñetas de vez en cuando, y ahora Bienvenido al Mundo se edita en Cuba, pero poco más.
Algunas de tus viñetas sólo necesitan dar una leve vuelta de tuerca al panorama político para convertirse en humor disparatado. ¿Crees que la clase política exigirá a los humoristas pagar un canon por hacerles parte del trabajo?
Eso, o al revés. Podemos denunciarles nosotros por intromisión gremial reiterada.
El otro día -verídico- me intentaron vender por teléfono un cepillo de dientes eléctrico. Colgué antes de escuchar la marca pero tengo mis sospechas, ¿sabes si Clismón quiere su trozo de pastel en el mercado de la higiene mental (quiero decir, dental)?
Lo desconozco, la verdad, pero si una corporación tan oscura y oblicua como Clismón llama a tu casa, lo mejor que puedes hacer es apuntalar puertas, ventanas e interfonos, y poner la televisión al máximo volumen. Eso, y rezar, o acabarás empelusado por entero.
¿Cómo das sentido a tu vida? ¿Eres una persona espiritual?
Bueno, se hace lo que se puede. A veces nada parece tener sentido, pero luego te tomas una cañita al sol con un buen amigo y todo se resitúa más amablemente. En cuanto a mi espiritualidad, si es que existe, podría acotarla en algún lugar entre mirar un insectito de los que pululan por mi mesa fijamente durante horas, sin saber por qué, y tratar de visualizar el tamaño del universo como si uno fuese un gigante tan grande que se saliese literalmente de él. No sé si me explico. Lo más espiritual que puede hacer cualquiera es olvidarse por un momento de sí mismo.
El fútbol como fabricante de micro-expectativas: genial definición. En España especialmente -por lo visto en los telediarios- parece que no haya otros deportes, ni que las mujeres practiquen o compitan en alguno. La pregunta (profunda) es… ¿de qué equipo eres? ¿piensas que el codazo de Ronaldo merecía roja?
Siendo sincero, he de confesar que me encanta el fútbol, más aún jugarlo que verlo, pero en todo caso me gusta. Ello no impide que con cada absurda repetición en cámara lenta de alta tecnología de un futbolista echando un gargajo, me dé como un extraño sonrojo de vergüenza ajena-propia universal. El fútbol es un juego divertido de ver, como cualquier otro. El uso que se hace de él como opiáceo social espectacular (generador de micro-momentos de plenitud, de épica, de “magia”) para encubrir la realidad, eso da tanto vértigo y por otra parte es tan efectivo como el reiterado uso que se da del cuerpo de la mujer.
Confiesa, ¿ves telebasura en la intimidad?
Suelo verla los domingos a la hora del té. Me arrebujo en mi batín de seda japonés, sobre mi trono de zafiros de peluche, y la veo con fruición, 27 canales a la vez, en compañía de 27 caniches austro-húngaros que van tomando nota de todo lo que acontece en cada monitor. Luego hacemos una mesa redonda y jugamos a la canasta.
Teniendo en cuenta el estado de la educación actual, ¿Qué opinión te merece la “escolarización en casa”?
No me parece mal, pero creo que casi más importante aún que los métodos y contenidos educativos es la compañía de otros niños. Lo ideal sería hacer escuelas-cooperativas de padres y profesores o algo así, no muy grandes, pero con el tamaño suficiente para que se oyera siempre griterío en el patio.
En tu obra parece claro que crees que la educación juega un papel fundamental en el devenir de la sociedad. En gran medida el individuo piensa, siente y por ende se comporta en función a la educación recibida, y esto lo saben los poderosos, que siempre procuran adoctrinarnos desde los medios de masas. Estoy totalmente de acuerdo con el papel clave de la educación, pero no puedo dejar de reparar en la cantidad de veces a lo largo de la historia en que los propios revolucionaros se han convertido en dictadores, al estilo de “Rebelión en la granja” ¿Cómo podríamos evitar la tendencia al aburguesamiento? ¿Puede una educación correcta no solo inculcar ciertos principios, sino asegurar que el individuo permanecerá fiel a ellos? ¿Se puede evitar de alguna forma que el poder corrompa?
Después de todo, el comportamiento humano, al margen de los matices genéticos de cada persona, es fundamentalmente mimético. Si en una familia se miente con regularidad, el niño naturalizará la mentira como un hábito aceptable. Si en cambio la honestidad es lo común, el niño integrará esa pauta de comportamiento como suya propia. No somos robots, y esta explicación no será 100% infalible, pero sí creo que representa lo que más comúnmente se da. Esto quiere decir que unas condiciones de vida aceptables en un contexto social más o menos equilibrado podrían devenir en una forma de comportamiento colectiva no egoísta que se fuera asentando con las sucesivas generaciones. En todo caso, como es una pesadilla que se muerde la cola, lo primero que hemos de hacer para cortar este bucle es modificar nuestro comportamiento nosotros mismos, los adultos de hoy en día
Así a bote pronto se me ocurre: 1-Pensar, así en general. 2- No creerse lo que viene de los medios del espectáculo y buscar fuentes de información alternativas. 3- Sacar el dinero de los grandes bancos y meterlo en banca ética o en cooperativas de servicios como Coop 57. 4-Consumir lo menos posible, ceñirse fundamentalmente a lo producido en el entorno, y comer cuanto menos carne posible. 5- Usar el transporte público, la bicicleta y el tren en detrimento del coche y el avión. 6- No participar de la democracia ficticia. El bipartidismo actual es la perpetuación de lo peor. 7- Intercambiar impresiones con los demás; hablar, compartir e imaginar juntos lo que vendrá.
En cuanto al poder, siempre que existan estructuras de poder habrá una alta probabilidad de que éstas devengan en corruptas. Hemos de imaginarnos, pues, estructuras sociales en las que el poder sea temporal, muy limitado y nunca compatible con el beneficio personal, y para ello será necesario vivir en poblaciones más reducidas, en unidades de gobierno local y asambleario, aunque bien pudiera haber alguna clase de acuerdo mundial común en los puntos básicos más elementales.
No sé, y a vosotros ¿qué se os ocurre?
En Perspicalia apostamos por un conjunto de medidas simples y contundentes: reciclar la basura, consumir ecológico, exigir siempre el cumplimiento de los Derechos Humanos y hacer boicot a toda empresa que no los respete al cien por cien o que incurra en maltrato animal, cumplir a rajatabla con nuestras obligaciones cívicas, sustituir la asignatura de religión por la de “historia de las religiones” como en otros paises europeos, fomentar y premiar en la escuela todos estos valores de responsabilidad social, Derechos Humanos, Ecología, Civismo, etc, en una asignatura que se podría llamar, por ejemplo, Educación para la Ciudadanía (por decir algo), no leer a Enrique Dans, no reenviar powerpoints, y solo consumir contenidos de bloggers que corran libres por el corral y no de esos a los que tienen encerrados en jaulas publicando tres posts diarios.
Muchas gracias por tu tiempo, Miguel. Un fuerte abrazo.
La tele no avisa de que va a soltar basura, simplemente la emite y a veces uno se la traga si anda descuidado y con las defensas bajas. Si más tarde se visiona de nuevo ya con la perspectiva del tiempo, p.e. cuando la rescata algún documental, advierte uno por fin la pestilencia de esos mismos programas que antes encajaron en la “normalidad”. Como aquel programa que llegó a tener Jesús Gil, las mamachicho, las gracietas de Berlusconi en Italia o los shows con el impresentable de Menem en Argentina. Otros (aquí meto un saco de programas de la MTV) dan ganas de vomitar a la primera y aunque hoy se hayan colado sin hacer ruido en la cotidianidad, mañana llevan más papeletas en el concurso de esperpentos.
Por otro lado están esos escasos momentos que te dejan pegado a la pantalla del televisor con la piel de gallina porque, bien algo trascendente está ocurriendo, o bien los protagonistas elevan el nivel de calidad del medio en información, periodismo, espectáculo, etc: Gabilondo preguntándole a González si ordenó el GAL, Del Olmo a Aznar que cuándo aceptaría una charla con Iñaki, Juan Echanove replicando a Gil, Eduard Murrow jugándosela en la entrevista a McCarthy, Frost acorralando a Nixon, etc, o en otra categoría de entrevistas memorables, la que le hizo a Aznar un Urdaci con los pantalones bajados antes de empezar.

Cinco estrellas también para algunas ediciones del Daily Show de Jon Stewart quien haciendo una comparación a lo bruto, podría ser la versión yanqui de nuestro Gran Wyoming. Muy relevante también el hecho de que habla como si tuviera dos bolas de algodón en las encías inferiores, igual que las que se puso Marlon Brando en El Padrino. Su seguimiento a las elecciones que ganaría Obama era para no perdérselo: inteligente, ácido y disparando humor contra todo y contra todos. Los debates cara a cara para las presidenciales expusieron nítidamente por sí solos el (en mi opinión) penoso nivel de los representantes republicanos McCain-Palin (tan malo o peor que el de Bush) y la calidad del discurso Obama-Biden. Después The Daily Show hacía unos resúmenes que además de comentar e informar te tiraban al suelo de la risa.
Una de esas brillantes ediciones ya al margen de las elecciones enfrentó a Jon (no James, ése era el actor y siempre confundo el nombre) Stewart contra Jim Cramer, presentador de Mad Money en la cadena de noticias financieras CNBC. Cramer es, ¿cómo podría describirse?… pura cancamusa (dónde he escuchado yo…? da igual). La entrevista no tuvo desperdicio: Jon se comió a Jim -dialécticamente- con patatas. Ambos discutieron sobre la crisis económica con un lenguaje directo (esto muy americano) pero al mismo tiempo sin gritar ni insultar y aunque hubo momentos de tensión, los dos supieron desengrasar la charla con alguna que otra broma. Jim, que quedó para el arrastre, al menos tuvo el mínimo de decencia para dar la cara y una vez desarmado, no negar la evidencia. Mal acostumbrados estamos en España, donde lo habitual es ver políticos en rueda prensa diciendo que es de noche cuando es de día porque así se decidió en sede del partido, o evadiendo preguntas definitivas con ese “no a todo” para la posteridad de la tránsfuga Sáez en el tamayazo.
Lo que viene a continuación es simplemente una narración y traducción libre de esa entrevista (alguno pensará con razón que es como cantar los goles de un partido de la temporada pasada); señoras y señores, esto no es una peli del Oeste pero se titula JON STEWART vs JIM CRAMER.
| The Daily Show With Jon Stewart | Mon – Thurs 11p / 10c | |||
| Jim Cramer Extended Interview Pt. 1 | ||||
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Primer asalto, primer punch.

CNBC se ha opuesto a rescatar a las personas acechadas por embargos hipotecarios; ¡que les jodan! gritaban los brokers ante un comentarista de esa cadena en el parqué del CME. Esa misma cadena, cuenta Jon Stewart, ha estado jaleando a los bancos que extendían préstamos a un interés del 30% y seguido insultando a los que ahora pierden sus casas.
Cramer dice para defenderse que no comparte ese ataque a los que se han arruinado, que la gente que ahora necesita tres trabajos son héroes y no perdedores… que él mismo en su día llegó a vivir en el coche. Jon le agradece ese desmarque pero lanza el primer ataque (echa la silla hacia atrás, barbilla abajo, dedos al labio inferior): en CNBC se presentan como expertos financieros con acceso a los CEO… ¡¡y ni la olieron!! ¡además le echan la culpa a la gente corriente que no tiene la pericia en economía de la que ellos presumen! ¡les acusan de ser parte del problema!
Segundo punch.
Jim, que aguanta el chaparrón como puede, es la viva estampa del minglanillas (otro déjà vu…? da igual), estresado porque se le está poniendo un espejo delante; admite errores pero defiende el no verla venir asegurando -angelito- que aquello era una probabilidad entre un millón…
- (Jon) ¿Entonces por qué te pones furioso con nosotros? ¿por qué dices que somos injustos?.
Cramer rectifica, ahora dice que The Daily Show no fue injusto y se escuda en que tienen que rellenar 17 horas de tv al día y hacer predicciones (tan exitosas como la de comprar cedés).
- (Jon) A lo mejor podríais recortar tantas horas y de hecho, dejar de hacer predicciones ¿acaso tienes que hacerlas, es algo genético?… Llegaste a soltar que se había llegado al fondo, que las acciones sólo bajarían 15 puntos y al día siguiente, después de un repliegue de 300 puntos bailaste sobre la tumba de los chicos desplumados de la bolsa.
Ahora Cramer hace un enorme esfuerzo por explicar lo que no puede, habla lento, gesticulando, exagerando, espeso, con vocabulario simplón…
- (Jon) …gracias por hablarme como si tuviera 5 años…
Las carcajadas en el plató dan un respiro a un Jim Cramer que parece disfrazado de sí mismo: camisa arrugada dos tallas demasiado grande, arremangada nerviosamente por encima de los codos como preparada para meterse en faena sucia y que subraya su imagen de farsante, de vendedor de crecepelos, trepa, etc.
Dime la contraseña y pongo el vídeo.
El trailer del programa de Jim Cramer, Mad Money, lo presenta como un gurú: “cuándo no sabes dónde invertir, qué hacer, Cramer te respalda… IN CRAMER WE TRUST”.
- (Jon) ¡Dios viene a vernos! ¿¿es Dios quien te señala e ilumina las acciones??
Por lo visto Jim dirige un fondo de inversiones; el dardo que viene ahora apunta precisamente en esa dirección: Stewart indica a su equipo la contraseña de un vídeo en concreto, un vídeo de Jim contando cosas interesantes…
- (Jim) Muchas veces, cuando las acciones iban a declinar, crearía -usa el condicional- con antelación un nivel de actividad que encauzara el futuro… es un juego divertido.

Se acaba el vídeo y Cramer intenta empezar al menos tres frases que no consigue terminar, quiere explicarse pero no lo consigue. Afirma hipócritamente que eso que cuenta en el vídeo no lo ha llegado a hacer, que estaba en realidad intentado revelar cómo funcionan esas cosas, que su intención iba aún más allá: que los reguladores lo vieran. El vídeo se reanuda dejándolo por mentiroso:
- (Jim) …animaría a cualquiera que dirija un fondo de inversiones a hacerlo porque es legal y una manera muy rápida y satisfactoria de hacer dinero. Nadie admitiría esto pero me da igual.
De nuevo Cramer siente que debe dar explicaciones en el plató de The Daily Show pero esta vez traslada la responsabilidad a los reguladores que no han llevado acciones después de (supuestamente) haber visto el vídeo. Débil argumento fulminado ipso facto:
- (Jon) ¿PORQUÉ LOS REGULADORES? ¿PORQUÉ NO LA CADENA CNBC, QUE PRECISAMENTE ES LA “EMISIÓN DE NOTICIAS FINANCIERAS”? CNBC podría ser una herramienta increíble de iluminación para la gente que empieza a creer que en realidad hay dos mercados: Uno, el que se nos ha vendido como de largo plazo, el de nuestras pensiones, el del pon la pasta aquí y no te preocupes y dos, el “real”, el de la trastienda de transacciones rápidas con muchísimo dinero. Pero este segundo mercado es PELIGROSO, ÉTICAMENTE DUDOSO y de hecho PERJUDICIAL para el mercado de largo plazo. Da la sensación de que el gran público está poniendo el capital para vuestra aventura y de que es UN JUEGO QUE VOSOTROS CONOCÉIS, cuando tenéis una cadena de televisión en la que se actúa como si esto no ocurriese. La industria de noticias financieras es culpable por todo ello, de un delito no ya de omisión sino de actuación.
Una de vídeo y otra de arena.
Jim Cramer se intenta presentar como el único entre los suyos que dice la verdad, el engañado por los CEO, el honesto entre compañeros que debieran haberse juramentado a sí mismos decir la verdad antes de salir en antena. Pero The Daily Show no ha acabado y vienen más vídeos. Jon suelta otra contraseña.
- (Jim, en el vídeo) No puedes fomentar, porque sería una violación de las reglas, la impresión de que unas acciones van a bajar… pero lo haces de todas maneras porque el SEC no se entera.
¿Se puede caer más bajo?… Sí. Siguiente vídeo, Diciembre de 2006, antes de que el iPhone se presentara en la convención MacWorld (Enero de 2007).
- (Jim) Sobre las acciones de Apple decir que es importante extender el rumor de que tanto ATT como Verizon han decidido que no quieren el teléfono, o de que no estará listo para el MacWorld, esto es muy fácil de hacer…
La cosa se calienta.
- (Jon) Entiendo que quieras hacer divertidas las noticias financieras… ¡PERO NO ES UN PUTO JUEGO! Después de ver este vídeo comprendo que vosotros sí que sabéis cómo funciona todo.
- (Jim) Lo que pretendía realmente era mostrar los shenanigans.
S-h-e-n-a-n-i-g-a-n-s: esta palabra va directa a la versión inglesa de nuestro diccionario cancamusero, además impresiona que no veas… la tuve que buscar y significa más o menos argucia, truco sucio, etc.
-(Jon) Mientras sabíais lo que los bancos estaban haciendo os burlabais de nosotros y llegado el momento en que la cosa explota, actuáis como si fuese un tsunami, un algo impredecible que ocurre una vez en la vida. Como mínimo eso es falsamente ingenuo o un crimen en el peor de los casos.
El knockout
- (Jim) …quien dirige Lehman Brothers me mintió.
Jim Cramer está muy nervioso, levanta la voz que cada vez le sale más aguda, echa el cuerpo encima de la mesa…
- (Jon) ¿Y NO SERÍA PRECISAMENTE VUESTRA TAREA DAR ESA NOTICIA, VOSOTROS, EL CANAL DE FINANZAS?
Un Cramer muy alterado dice que querría que se dictaminasen acusaciones contra esos CEO, que él ya le ha dicho al Departamento de Justicia cómo conseguirlas.
- (Jon) ¿De qué parte está la cadena CNBC? Esta gente ha estado de celebraciones pagadas por sus compañías con el dinero de nuestras pensiones, todos sus incentivos se convirtieron en beneficios, quemaron la casa con lo nuestro dentro y se marcharon andando ricos como el demonio mientras CNBC LO SABÍA.
Jim Cramer sigue con la cantinela de que jugaban a algo posible, a conseguir beneficios ininterrumpidos año tras año del 30%.
- (Jon) Eso es UNA MENTIRA PELIGROSA que vendéis, “no hagas nada, sacarás entre el 10 y el 20% de beneficios”… cuándo nos daremos cuenta de que NUESTRA RIQUEZA ES EL TRABAJO.
Cramer ya está totalmente desarmado, tira la toalla y se convence de que debería contar en su programa que no hay manera fácil de ganar dinero.
- (Jon) … y por eso anuncias tu programa como “FAST MONEY”.
Jim afirma conocer todos esos shenanigans, pero que realmente confiaba en que el mercado subiría siempre.
- (Jon) ¿Pero ante quiénes sóis vosotros responsables, ante los pensionistas y el público en general o antes los comerciantes de Wall Street?
- (Jim) …sí, deberíamos haber señalado constantemente los fallos que cometimos… absolutamente.
- (Jon) Estoy bajo la suposición de que no tomáis en valor ni la palabra del Secretario del Tesoro ni la de los CEO, sino que los escucháis y luego lo descifráis. Aparte de eso y para colmo, ya estáis mostrando reticencias a que el gobierno intervenga demasiado. Como tú has dicho en uno de tus vídeos, por un lado está la letra de la ley y por otro la intención de la ley. Por ello sería bueno que hubiese una ORGANIZACIÓN DE NOTICIAS QUE MANTUVIESE LA INTENCIÓN DE LAS LEYES y con ello forzasen a las compañias a que crecieran y tuviesen beneficios pero de una manera en la que NO QUEMASEN TODO EL CAMPO.
- (Jon de nuevo) Mi madre tiene ya 75 años y aún así ella piensa que el camino a seguir son las inversiones a largo plazo.
- (Jim, voz baja, cabeza gacha) …no salió bien… no salió bien…
- (Jon) Deberíamos quitar el “In Cramer We Trust” y volver a LOS FUNDAMENTOS DEL PERIODISMO, así yo puedo volver a lo que hacía antes, poner caras divertidas y hacer sonidos de pedos.
- (Jim) …lo firmo, aquí mismo.
K.O. a la cancamusa. Qué tío este James Stewart. Quiero decir… Jon.

Ya no es el tarot, la quiromancia o la sanación por imposición de manos. Hoy en día astrólogos, curanderos y echadores de cartas han quedado en su mayoría relegados a las madrugadas de los canales locales de televisión, donde compiten con los concursos de telellamadas para sacarle algún euro a la franja más incauta de la audiencia. Tras largos años sin demostrar absolutamente nada, estas y otras pseudo ciencias ya sólo consiguen tomar el pelo a lunáticos o completos ignorantes. Leer el futuro en los posos del café o en las manchas de un kleenex ya no tiene glamour; los ionizadores de aire y las pulseras magnéticas ya pasaron de moda. Se tocó oficialmente fondo cuando la señora madre del actor Silvester Stallone se especializó en rumpología (el arte de leer el futuro en las nalgas). Cuenta la leyenda que Rockefeller vendió todas sus acciones después de que su limpiabotas le pidiese consejo sobre dónde invertir su dinero; el magnate lo vendió todo justo a tiempo para librarse del crack del 29. Rockefeller llegó a la conclusión de que “cuando hasta tu limpiabotas invierte en bolsa, es momento de retirarse”. De igual forma, cuando la madre de Rambo puede leer el futuro en tu culo, es momento de sustituir la milonga por otra nueva: el tema ya está agotado.
Pero la idiotez es como la energía, que ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Esto lo saben perfectamente los individuos sin escrúpulos que una y otra vez se reinventan para seguir viviendo del cuento. Un cuento que va cambiando de forma pero que en el fondo siempre es igual: fórmulas mágicas para hacer realidad nuestros deseos. Al idiota le es más fácil creer que todo es posible que tener aceptar sus propias limitaciones y las del mundo en que vivimos. La religión históricamente ha ofrecido al individuo soluciones milagrosas a sus problemas existenciales por el método de la intervención divina, pero en estos tiempos en que la ciencia hace milagros a ojos de todos y sin necesidad de imponer la ceguera voluntaria de la fe, la superchería ha necesitado darse una capa de barniz pseudo científico para ampliar su público. Se cita la ley de gravitación universal para justificar la astrología y la “influencia de los planetas”, se habla de “las corrientes de energía que fluyen por nuestro cuerpo” para justificar medicinas alternativas, etcétera.
La última vuelta de tuerca es una corriente de pensamiento que postula que la mente puede moldear la materia, la realidad, el destino e incluso (si uno se concentra lo suficiente, al parecer) los tipos de interés del Banco Central Europeo. Para justificar semejante disparate se apoyan en un pastiche formado por aberrantes simplificaciones, generalizaciones y malas interpretaciones de ni más ni menos que la física cuántica. Sorprendentemente (o quizás no), esta corriente está gozando de un relativo éxito, y eso que una vez más pretenden vendernos el viejo “el éxito en su vida es posible y en mi libro encontrará usted la clave”. Más de uno se está forrando a vender panfletos. Cualquier persona en su sano juicio que goce de una mínima cultura y la más básica capacidad de raciocinio debería darse cuenta de que el asunto es simplemente el nuevo engañabobos. Pero claro, para llegar a la conclusión hay que usar el cerebro, y no se debe subestimar la gran tendencia del ser humano a pensar con el culo. Al final resultará que la madre de Stallone en realidad es psicóloga.
Columna publicada en el diario
El Avance de La Axarquía







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