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  • 25 de marzo de 2010

    Dinero · Miguel Brieva

    (Juin): Hoy tenemos el honor de entrevistar a uno de los artistas con más talento del país. Muchos definirían lo que hace como “novela gráfica”, pero como bien dijo Mauro Entrialgo (otro gran artista), este término es sólo un eufemismo síntoma del complejo de inferioridad que tiene el mundo del cómic respecto al mundo literario. Así que Miguel Brieva hace cómics. Yo soy un orgulloso lector de cómics y lo digo bien alto, porque ahora tengo un método infalible para reafirmarme: cada vez que alguien me mira por encima de la tapa dura de su novela de Dan Brown cuando estoy leyendo un tebeo en el metro, saco de mi mochila mis ejemplares de Dinero y El otro mundo, y blandiendo uno en cada mano abofeteo con sus geniales páginas la cara del iluso hasta que reconoce que la única razón que tiene para considerar el medio del comic un género “de bajo nivel cultural” son sus prejuicios sin fundamento y su esnobismo intelectual.

    Cuando un día cayó “Dinero” en mis manos me tuvo un fin de semana encerrado en casa. Cuando acabé, me di cuenta de que necesitaba a alguien para hablar de él, así que aparecí en casa de Alfredo para prestárselo.

    (Adehoces): Recibí el ejemplar de manos de Juin y me lo lei de una sentada. Quedé absolutamente fascinado por el corrosivo humor de Miguel Brieva, un humor capaz de sacarte una carcajada y removerte las entrañas al mismo tiempo. Sus personajes ponen una y otra vez de manifiesto el descorazonador absurdo de la sociedad de consumo: sonríen felices mientras cometen las mayores atrocidades contra el sentido común y los derechos humanos. Su obra rezuma filosofía; con frecuencia consigue hacernos reír de puro gozo intelectual. Una de las grandes habilidades de Miguel es la de desenmascarar con extrema facilidad las trampas ideológicas que siempre se ocultan en la propaganda. Con frecuencia recurre a la distopía para hacernos ver a dónde conducen determinados senderos ideológicos; gran parte de sus viñetas podrían perfectamente ilustrar el 1984 de Orwell o el Mundo Feliz de Huxley.

    Y aquí viene lo irónico del asunto: cuando terminé de leer “Dinero”, en lugar de salir corriendo al bosque intentando escapar de las garras del la sociedad de consumo, cogí la VISA y me fui a la FNAC. Compré dos flamantes ejemplares del libro: uno para mí para siempre, y otro para el Señor E, pues supuse que disfrutaría de su lectura tanto como yo.

    (Señor E): El paquete llegó a Suecia con el libro, una nota de Alfredo escrita en mayúsculas y otro papel de valor. A partir de entonces, durante unas semanas, mis noches siguieron el ritual de escabullirme de la cama cuando mi novia se quedaba dormida, y encender una lamparita en la mesa de la cocina que sólo alumbraba las fascinantes páginas de Dinero.

    Esa carcajada que te arranca Brieva es un ejercicio mental recomendable, una catarsis que pone algunas cosas en orden; sus viñetas, sazonadas con una guasa muy española, no son un manual de cómo debe ser la sociedad pero dejan muy claro cómo no debería ser.

    Cerraba el libro después de esa nocturna detonación controlada en el cráneo y me iba de nuevo a la cama entrenado para que no me la colasen al día siguiente, confiando a la vez en no despertarme y verme en el espejo con una pelusa gigante por cabeza.

    Señoras y señores, con ustedes: Miguel Brieva.

    En primer lugar felicitarte por tu carrera y por tu extraordinario talento; me declaro ferviente admirador de tu obra. Hoy por hoy vives únicamente de tu talento artístico; ¿cómo ha sido tu trayectoria profesional. ¿Has tenido otro tipo de empleos? ¿Qué consejo darías a las personas que quieran vivir del arte?

    (Miguel Brieva): He trabajado de profesor de pintura decorativa para discapacitados mentales (allí lo aprendí todo, de ellos precisamente), de diseñador, ilustrador de museos y como montador de exposiciones.

    En cuanto a consejos, únicamente diría que lo fundamental es disfrutar de los procesos, sin albergar objetivos ni pretensiones demasiado elevadas o abstractas. Uno observa y aprende, en función de las inclinaciones que tenga, pero luego todo eso va tomando cuerpo, de manera caótica, conforme se hace propio, y del choque entre todas esas influencias y lo que uno es sale la expresión personal, los registros que uno es capaz de alcanzar.

    Por último les diría que el acto creativo es, en cierto modo, un acto de amor con el universo, así que si no acostumbran a amar por dinero, que tampoco malgasten su talento e imaginación en contra de sus propios principios, que esa sí que es la forma más sórdida y triste de prostitución.

    Lo primero darte la enhorabuena por Dinero (me tuvo absolutamente enganchado), harían falta unas cuantas páginas para contar sus virtudes. Ya voy al grano, pero permíteme que me extienda en el planteamiento: Un tema que tocas y con el que comparto la perspectiva es el de la utilización de la mujer como objeto; más concretamente, como objeto sexual para satisfacer al hombre en la pornografía. En gran parte del porno (véanse las biografías de las actrices) la mujer acaba en él por presiones, condicionantes y manipulaciones psicológicas que consiguen que lo haga “porque quiere” o porque sea una “(póngase aquí algún vocablo típico de la moral machista)”. De este modo el consumidor por un lado se deshace de toda responsabilidad ética ante la eventual explotación de un ser humano, y por otro además satisface su (terminología de algunos artículos científicos) “fantasía de la puta guarra”. Tu viñeta en la que una mujer es fustigada por dos hombres con la leyenda “la pornografía es libertad, igualdad y amor” es muy ilustrativa. ¿Cómo ves el nivel de concienciación ante este problema y el de la prostitución? ¿Cuáles crees que son las causas por las que esta situación de explotación de la mujer se mantenga generación tras generación?

    Buf, es algo que se remonta al neolítico, no sé. Probablemente sea la lucha más urgente y primordial de todos los tiempos. Hay quien sostiene, de hecho, que las primeras monedas de cambio entre comunidades fueron las mujeres, es decir, que de esa injusticia se deriva posteriormente el germen mismo de la sociedad acumulativa o capitalista. La instrumentalización de la mujer es, tal vez, la piedra angular sobre la que se ha erigido nuestro enrevesado edificio social. Cambiar esta inercia es, pues, lo más urgente de todo, pero también lo más difícil, pues es algo arraigado en lo más arcaico de nuestra construcción antropológica.

    Los valores del hombre (conflicto, superación, prepotencia, beneficio individual, unidireccionalidad), es decir, los que rigen la humanidad, no son precisamente los más beneficiosos para la especie -para la felicidad de la especie-, pero hasta ahora se han mantenido inamovibles, tal vez por ser “activos” e “impositivos” frente a otros valores más “pasivos” (empatía, cuidado, bien común), que parecen preservar en nuestra especie precisamente las mujeres. Lo deseable sería una sabia intersección de estos dos ejes rectores, haciendo especial hincapié en el segundo, por aquello de compensar trayectorias hasta la fecha más que defectuosas.

    En tus comics, los niños son muchas veces los únicos personajes cuerdos. Creo que es obvio que no estás muy de acuerdo con la educación que reciben viendo en la clase de dementes que se convierten en tus comics cuando llegan a adultos. Debido a que sólo nos muestras instantaneas de tu universo y no solemos ver a tus personajes en evolución, te tengo que preguntar: ¿Los adultos dementes y consumidores compulsivos de tus comics nacieron siendo niños sabios? ¿Los niños sabios crecen para perder su intelecto irremediablemente, o queda esperanza para alguno?

    Los niños no son precisamente sabios, pero sí ingenuos y desprejuiciados -están aún sin hacer-, y, por encima de todo, lo único que les guía es una permanente pulsión por la vida, un deseo de juego y goce sin premios, sólo por el mero hecho del disfrute en el presente. Únicamente siendo niños -o bien mediante la meditación o la ingesta de ciertas sustancias-, puede uno llegar a abolir el tiempo y el espacio, y desembarazarse de ese lastre que conocemos por “realidad”. Sería, claro está, muy difícil constituir una sociedad exclusivamente de niños, pero algo hay en este comportarse de los primeros años de vida de las personas que parece perderse irremisiblemente en el adulto, y que sin embargo bien merecería la pena conservar. Algo de ello, de hecho, siempre queda, pero la mayoría de las veces es justamente lo peor de los rasgos del niño lo que permanece, como el egoísmo, la visión reducida de las cosas, la inmadurez emocional, etc.

    Si lográsemos educar a los que aún son niños para que conserven su curiosidad, su imaginación, su vitalidad, su ausencia de dogmas, estaríamos alumbrando una nueva manera del ser humano. Ha habido algunos intentos pedagógicos en esa dirección, y algunos muy esperanzadores, pero difícilmente son aplicables a las estructuras de un estado, y mucho menos a las de uno capitalista.

    En tu obra hay padres desastrosos que creen hacerlo de maravilla, y al mismo tiempo se preocupan tanto o más del dinero que de sus propios hijos. ¿Cuáles crees que son algunos de esos valores perniciosos que estamos transmitiendo a la próxima generación desde casa, desde el colegio, a través de la publicidad, etc?

    Lo más desastroso de todo es precisamente la desvalorización que se transmite, puesto que el dinero como motivador único no es un valor (no tiene contenido antropológico posible), sino una mera coordenada para insertar en una ecuación. Afortunadamente, las personas todavía no somos ecuaciones, pero se está haciendo todo lo posible para que respondamos como si lo fuéramos.

    Otra enseñanza que se da a los niños es que no existe la causa-efecto, no existe en los hechos y por tanto menos aún en el plano moral. De esta manera es posible mantener un discurso-carcasa cargado de buenas intenciones y al mismo tiempo provocar las acciones más atroces imaginables. Alabamos la naturaleza mientras la destruimos, nos repetimos lo mucho que queremos a nuestros hijos mientras les enterramos bajo el jardín de infancia toneladas de residuos nucleares. Es la naturalización del mal y la primacía de la inconsecuencia.

    Muy interesantes a este respecto son los libros de Santiago Alba Rico (filósofo y uno de los guionistas de La Bola de Cristal), especialmente Leer con Niños, o el más reciente El Naufragio del Hombre, junto con Carlos Fernández Liria.

    En el último salón de Comic de Barcelona hablaste de la cantidad de profesionales creativos que hay en el mundo de la publicidad en comparación con la cantidad de creativos en áreas del arte. Me pareció una reflexión muy interesante, y me gustaría que profundizaras en ella. ¿Crees que el modelo económico actual es nocivo para la expresión artística? ¿Que alternativas crees que podrían existir para evitar este ratio?

    El modelo económico actual es claramente nocivo para cualquier área de la actividad humana salvo para la puramente económica o financiera, o la del ejercicio abierto de la violencia. En el terreno de la imaginación, el cómputo es desalentador. Por cada creador libre hay 200 que han puesto todo su potencial al servicio de la maquinaria sistémica. Una persona trata, trabajosamente y con paciencia, de alumbrar otra manera de ver las cosas, y enfrente suyo, 200 cuentan con todos los medios del mundo para reafirmar exactamente lo contrario: compra, no hay mucho más que hacer. Muchos de ellos tal vez escriban poemas en sus ratos libres, o tengan la vaga idea de hacer algún día un corto propio, yo qué sé, pero entre tanto su energía creativa sólo sirve para apuntalar todo este despropósito. La lucha es, por tanto, muy desproporcionada.

    Algo muy similar a esto sucede con la investigación científica; esa brecha entre lo que la gente investigaría libremente y por el bien común, y lo que en verdad se ven forzados a investigar para vivir de ello.

    La única alternativa a esto es que cada individuo con talento e imaginación valore bien hacia donde quiere remar, y tenga el valor de crear luchando y construir creando, al margen del dinero y la vida fácil, que no es precisamente la más grata.

    Haces una muy dura crítica de la sociedad de consumo y su maquinaria propagandística creadora de realidades alternativas. ¿Crees que nos volvemos imbéciles porque se nos impone una visión naif del mundo, o que en muchos casos elegimos voluntariamente vivir alienados? Es decir, el imbécil, ¿nace o se hace?

    Nadie nace imbécil, aunque siempre se puede tener cierta predisposición genética para ello. El problema es que la escala del mundo en nuestros días es casi inaprensible (la globalización es enrevesada e inabarcable) , y es necesario un gran esfuerzo emocional e intelectual para comprenderlo en su totalidad. Los medios de incomunicación, por supuesto, hacen todo lo posible por fragmentar sus contenidos y reducirlos a meras anécdotas que sólo generen una respuesta emocional, nunca reflexiva. La gente, por tanto, con tan sólo tres o cuatro piezas entre las manos de entre un millón existentes en el puzzle de la realidad, difícilmente se hace una idea del conjunto.

    Luego están las inercias que vienen desde hace siglos, las convenciones mantenidas e incuestionadas, como las religiones o el propio sistema financiero. Deconstruir esas falacias nos puede llevar siglos y siglos, en tanto que a menudo se sustentan en instituciones muy poderosas y arraigadas cuyo único propósito es perpetuarse sin cambio alguno.

    Si tuvieras que reencarnarte y estuvieras obligado a elegir entre concursante de Gran Hermano, CEO de una multinacional que se dedica a hacer zapatillas con piel de niños del tercer mundo, jerarca de una secta sexista y homófoba o publicista: ¿Qué eligirías?

    Mmmmmmmm. Ante tan estimulantes alternativas es difícil decantarse por una sola. Lo mejor sería ser todas ellas a la vez, una suerte de reconcentrado pesadillesco que tal vez así, de tan compacto y denso, implosionase por sí mismo hasta convertirse en un bello e inofensivo nenúfar que fuera engullido instantes después por una megafoca venida del precámbrico superior. Por decir algo.

    “Yo sólo cumplo con mi deber” decía en Dinero el empleado que encerraba en una caja blindada la última partícula de sentido común del mundo. ¿Sientes alguna responsabilidad (por llamarlo de alguna manera) de aportar sentido común, o descubrir la falta de él en la sociedad?

    Creo que eso es responsabilidad de todos. El que tenga facilidad para pensarlo, que lo piense y lo comparta, el que la tenga para evocarlo artísticamente, que así lo haga, el que tenga otros oficios o talentos, que lo reivindique desde sus ámbitos. Cada uno, al hacer nuestro trabajo, hacemos el mundo. Y por supuesto, no es algo exclusivo de lo laboral, sino de todo lo que hacemos, lo que decimos, lo que consumimos. Esa responsabilidad la llevamos todos encima, lo queramos o no.

    Nuestra actual sociedad mundial, multiconectada e hipercompleja en su funcionamiento, ha logrado engendrar un nuevo estado, el de la disipación continuada de la culpa. Todos (las élites de las corporaciones y los gobiernos en mayor medida, claro está) somos partícipes de lo que pasa, y sin embargo nadie se da por aludido. ¡Es fantástico!

    Acerca de los derechos de autor. Editas tu obra como Creative Commons, y se vende muy bien porque el formato papel es muy superior al formato electrónico. Pero en caso de que esto dejara de ser así (es decir, se inventara un ebook muy barato, cómodo y fácil de usar que fuera igual o mejor que el papel), de qué forma se te ocurre que se te podría remunerar tu trabajo?

    Hace un tiempo que le estamos dando vueltas a eso junto con otros amigos. Ahora existe un momento de transición y ambigüedad a ese respecto, y lo ideal sería que la gente que genera contenidos creativos formase una plataforma digital colectiva de distribución de materiales, una especie de SGAE pero de verdad, no en su versión cortijo-empresarial, que además cerrase esa brecha entre autor-consumidor. De esta manera, cada autor podría elegir si quiere regalar las descargas de su trabajo o cobrar algo por ellas, pero algo que siempre sería mucho menos que lo que ahora se paga, puesto que ya no estarían los intermediarios (editoriales, productoras, distribuidoras, tiendas) para aumentar costes o simplemente llevarse el botín.

    La democracia degenerada en dictadura del mercado. “Compre, obedezca, no piense, trabaje”. Quien no se atenga al lema es un terrorista. ¿Qué valores tendríamos que aprender para escapar de esta tendencia que va a llevar a convertirnos en hormigas subnormales con la tarjeta de crédito insertada en la piel?

    El capitalismo, afortunadamente y como todo, también será una cosa del pasado. De hecho, sus topes de expansión se ven cada día más delimitados, fundamentalmente por las limitaciones energéticas inminentes y el deterioro del ecosistema, pero también por su propio funcionamiento financiero, completamente ficticio, que los economistas más juiciosos juzgan insostenible por mucho más tiempo.

    Los nuevos valores habrán de surgir, por tanto, de la gente, de todos nosotros, y posiblemente muchos de ellos no serán nuevos en absoluto, si no los mismos de siempre. Creo, en todo caso, que sí será necesario para nuestra supervivencia el superar prejuicios e inercias ancestrales, como las religiones dogmáticas o los hieratismos ideológicos, y habremos de guiarnos más por un compromiso con el bienestar común y el equilibrio con el entorno. Y tal vez todo ello requiera, no sé, de cierto salto espiritual, con todo lo escurridiza que una cosa así pueda sonarnos.

    “Las Pelusas” son objetos omnipresentes en tu obra. ¿Por qué? ¿Algún jersey que te volvió loco? ¿Acaso las coleccionas? ¿Has pensado venderlas como merchandising a través de “Editoriales Clismon”?

    La convivencia forzosa, y luego más tarde consentida, con estas formaciones hogareñas naturales me hizo tomar conciencia de su belleza y armonía. El mercadeo con estos entes no me interesa; lo verdaderamente bonito sería que entráramos en contacto íntimo con esa pelusa que todos llevamos dentro. La pelusa es la parte más humilde y peluda del alma.

    ¿Has contemplado la posibilidad de hacer animación?

    Algo he hecho, pero más por encargo que por vocación. He hecho animación un poco básica, a lo Terry Gilliam con los Monty Python, pero aplicar animación tradicional al tipo de dibujo que yo hago es tan trabajoso y caro que ni me lo planteo. Antes que eso, tan esforzado, me molaría hacer algo con actores, pero eso también cuesta lo suyo. En fin.

    Ahora te dedicas también a la música. La página web de tu grupo Las Buenas Noches es una obra de arte en si misma y la música me encanta. El problema es que no he sido capaz de ponerle ninguna etiqueta, así que me he asesorado con los demás miembros de la página y hemos sacado las siguentes etiquetas: “Folk independiente”, o “Indie-Folk-Pop-Latinoamericano” o “Simon & Garfunkel hartos de peyote”. ¿Que opinas de que se etiquete la música? ¿Qué instrumento tocas? ¿Cuanto tiempo llevas tiempo en el mundo de la música? ¿Estais viviendo una espiral de gloria, lujo, groupies, drogas y degeneración?

    Afortunadamente, si eres tú el que tocas no tienes que preocuparte por poner etiquetas, que eso ya lo hacen otros por ti, aunque por otra parte nadie se lo haya pedido. El etiquetado es útil a la hora de clasificar cosas, pero siempre suele estar por debajo de la realidad de las cosas.

    Nosotros hacemos el refrito musical que nos sale de múltiples músicas que nos gustan, a menudo sin pensarlo demasiado. Y por lo demás, se hace lo que se puede. Yo toco el charango, el ukelele, la guitarra, el cajón y el cuatro venezolano, pero todos ellos muy mal tocados.

    En cuanto al desenfreno, el lujo y la vida al límite, la respuesta es: nos comemos un mojón. Pero por otra parte, tampoco es que andemos persiguiéndolo, ya que a estas alturas estamos todos un poco viejunos y lo que tratamos más bien es de redireccionar nuestra carrera para conseguir en un futuro amenizar veladas en un asilo de la tercera edad de Benidorm, 3 comidas al día y cama gratis.

    ¿Cómo te defines en política? ¿Y en un plano filosófico? ¿Cómo imaginas la sociedad ideal?

    Mis simpatías, por razones obvias, son con la izquierda, que yo entiendo como el aglutinamiento de todas aquellas corrientes que han apostado y luchado por el progreso colectivo a lo largo de la historia. Todo lo bueno del mundo, desde las artes a la ciencia, se lo debemos a esa tendencia de cambio permanente, a esa incansable pulsión de mejora social y humana.

    En todo caso, creo que el cambio necesario ha de venir más de la urgencia de resolver cuanto antes nuestros acuciantes problemas que de un cuerpo ideológico cerrado y riguroso. Una sociedad humana hipotética pero realista, a mi entender, habría de sustituir el sistema monetarista por otro de propiedad colectiva, despoblar las mega ciudades (insostenibles, nos pongamos como nos pongamos) para dispersarse por el territorio, autoproduciendo sus productos básicos en un ámbito local, generando poblaciones más reducidas en las que el autogobierno por asamblea fuese posible (los estados, aunque más controlables que las corporaciones, también son temibles), y usando exclusivamente las fuentes de energía renovables, que por cierto tienen un potencial infinitamente más poderoso que todas las contaminantes actuales juntas. Habría que renunciar, claro está, a ciertos caprichos de la vida consumista, pero con el tiempo, un desarrollo tecnológico colectivo focalizado en resolver las verdaderas necesidades acabaría generando un nivel de vida muy superior al actual.

    Pero, vamos, definir cómo pase todo esto (o lo que sea que pase) habrá de ser tarea de todos, y eso sí que es bueno.

    Los desarreglos humanos y sociales que se recogen en tu obra son, desgraciadamente, universales. ¿Váis a publicar Dinero en otros países e idiomas, si no se ha hecho ya?

    A mí me gustaría, y creo que efectivamente se entendería en otros idiomas, pero de momento no ha habido ocasión. Un amigo publicó algo de Dinero en Argentina, una revista anarquista de Grecia también saca viñetas de vez en cuando, y ahora Bienvenido al Mundo se edita en Cuba, pero poco más.

    Algunas de tus viñetas sólo necesitan dar una leve vuelta de tuerca al panorama político para convertirse en humor disparatado. ¿Crees que la clase política exigirá a los humoristas pagar un canon por hacerles parte del trabajo?

    Eso, o al revés. Podemos denunciarles nosotros por intromisión gremial reiterada.

    El otro día -verídico- me intentaron vender por teléfono un cepillo de dientes eléctrico. Colgué antes de escuchar la marca pero tengo mis sospechas, ¿sabes si Clismón quiere su trozo de pastel en el mercado de la higiene mental (quiero decir, dental)?

    Lo desconozco, la verdad, pero si una corporación tan oscura y oblicua como Clismón llama a tu casa, lo mejor que puedes hacer es apuntalar puertas, ventanas e interfonos, y poner la televisión al máximo volumen. Eso, y rezar, o acabarás empelusado por entero.

    ¿Cómo das sentido a tu vida? ¿Eres una persona espiritual?

    Bueno, se hace lo que se puede. A veces nada parece tener sentido, pero luego te tomas una cañita al sol con un buen amigo y todo se resitúa más amablemente. En cuanto a mi espiritualidad, si es que existe, podría acotarla en algún lugar entre mirar un insectito de los que pululan por mi mesa fijamente durante horas, sin saber por qué, y tratar de visualizar el tamaño del universo como si uno fuese un gigante tan grande que se saliese literalmente de él. No sé si me explico. Lo más espiritual que puede hacer cualquiera es olvidarse por un momento de sí mismo.

    El fútbol como fabricante de micro-expectativas: genial definición. En España especialmente -por lo visto en los telediarios- parece que no haya otros deportes, ni que las mujeres practiquen o compitan en alguno. La pregunta (profunda) es… ¿de qué equipo eres? ¿piensas que el codazo de Ronaldo merecía roja?

    Siendo sincero, he de confesar que me encanta el fútbol, más aún jugarlo que verlo, pero en todo caso me gusta. Ello no impide que con cada absurda repetición en cámara lenta de alta tecnología de un futbolista echando un gargajo, me dé como un extraño sonrojo de vergüenza ajena-propia universal. El fútbol es un juego divertido de ver, como cualquier otro. El uso que se hace de él como opiáceo social espectacular (generador de micro-momentos de plenitud, de épica, de “magia”) para encubrir la realidad, eso da tanto vértigo y por otra parte es tan efectivo como el reiterado uso que se da del cuerpo de la mujer.

    Confiesa, ¿ves telebasura en la intimidad?

    Suelo verla los domingos a la hora del té. Me arrebujo en mi batín de seda japonés, sobre mi trono de zafiros de peluche, y la veo con fruición, 27 canales a la vez, en compañía de 27 caniches austro-húngaros que van tomando nota de todo lo que acontece en cada monitor. Luego hacemos una mesa redonda y jugamos a la canasta.

    Teniendo en cuenta el estado de la educación actual, ¿Qué opinión te merece la “escolarización en casa”?

    No me parece mal, pero creo que casi más importante aún que los métodos y contenidos educativos es la compañía de otros niños. Lo ideal sería hacer escuelas-cooperativas de padres y profesores o algo así, no muy grandes, pero con el tamaño suficiente para que se oyera siempre griterío en el patio.

    En tu obra parece claro que crees que la educación juega un papel fundamental en el devenir de la sociedad. En gran medida el individuo piensa, siente y por ende se comporta en función a la educación recibida, y esto lo saben los poderosos, que siempre procuran adoctrinarnos desde los medios de masas. Estoy totalmente de acuerdo con el papel clave de la educación, pero no puedo dejar de reparar en la cantidad de veces a lo largo de la historia en que los propios revolucionaros se han convertido en dictadores, al estilo de “Rebelión en la granja” ¿Cómo podríamos evitar la tendencia al aburguesamiento? ¿Puede una educación correcta no solo inculcar ciertos principios, sino asegurar que el individuo permanecerá fiel a ellos? ¿Se puede evitar de alguna forma que el poder corrompa?

    Después de todo, el comportamiento humano, al margen de los matices genéticos de cada persona, es fundamentalmente mimético. Si en una familia se miente con regularidad, el niño naturalizará la mentira como un hábito aceptable. Si en cambio la honestidad es lo común, el niño integrará esa pauta de comportamiento como suya propia. No somos robots, y esta explicación no será 100% infalible, pero sí creo que representa lo que más comúnmente se da. Esto quiere decir que unas condiciones de vida aceptables en un contexto social más o menos equilibrado podrían devenir en una forma de comportamiento colectiva no egoísta que se fuera asentando con las sucesivas generaciones. En todo caso, como es una pesadilla que se muerde la cola, lo primero que hemos de hacer para cortar este bucle es modificar nuestro comportamiento nosotros mismos, los adultos de hoy en día

    Así a bote pronto se me ocurre: 1-Pensar, así en general. 2- No creerse lo que viene de los medios del espectáculo y buscar fuentes de información alternativas. 3- Sacar el dinero de los grandes bancos y meterlo en banca ética o en cooperativas de servicios como Coop 57. 4-Consumir lo menos posible, ceñirse fundamentalmente a lo producido en el entorno, y comer cuanto menos carne posible. 5- Usar el transporte público, la bicicleta y el tren en detrimento del coche y el avión. 6- No participar de la democracia ficticia. El bipartidismo actual es la perpetuación de lo peor. 7- Intercambiar impresiones con los demás; hablar, compartir e imaginar juntos lo que vendrá.

    En cuanto al poder, siempre que existan estructuras de poder habrá una alta probabilidad de que éstas devengan en corruptas. Hemos de imaginarnos, pues, estructuras sociales en las que el poder sea temporal, muy limitado y nunca compatible con el beneficio personal, y para ello será necesario vivir en poblaciones más reducidas, en unidades de gobierno local y asambleario, aunque bien pudiera haber alguna clase de acuerdo mundial común en los puntos básicos más elementales.

    No sé, y a vosotros ¿qué se os ocurre?

    En Perspicalia apostamos por un conjunto de medidas simples y contundentes: reciclar la basura, consumir ecológico, exigir siempre el cumplimiento de los Derechos Humanos y hacer boicot a toda empresa que no los respete al cien por cien o que incurra en maltrato animal, cumplir a rajatabla con nuestras obligaciones cívicas, sustituir la asignatura de religión por la de “historia de las religiones” como en otros paises europeos, fomentar y premiar en la escuela todos estos valores de responsabilidad social, Derechos Humanos, Ecología, Civismo, etc, en una asignatura que se podría llamar, por ejemplo, Educación para la Ciudadanía (por decir algo), no leer a Enrique Dans, no reenviar powerpoints, y solo consumir contenidos de bloggers que corran libres por el corral y no de esos a los que tienen encerrados en jaulas publicando tres posts diarios.

    Muchas gracias por tu tiempo, Miguel. Un fuerte abrazo.

    Cuando hablamos de la sagrada red de redes se nos llena la boca de grandes ideales: que si el espacio común, que si la tierra prometida, que si la libertad de expresión. Esto es la panacea, a dios pongo por testigo de que ya nadie nunca podrá cerrarnos la boca, podremos decir lo que queramos de la SGAE, de Teddy Bautista, del ministro de cultura, de Microsoft… Ahora se oirá la voz del individuo con la misma intensidad que la de las empresas, y al que no le guste que se joda, que para eso el bit es la unidad de medida de la libertad, y tal.

    El problema viene, como siempre, cuando no se trata de la libertad de uno sino de la de los otros. Ahí ya la cosa cambia, oiga. Que una cosa es que yo sea libre de opinar lo que quiera sobre los demás, y otra muy diferente que los demás puedan ir por ahí opinando de mí lo que les dé la gana. Vamos hombre, hasta ahí podíamos llegar.

    Hace unos días se me informa de que alguien ha presentado una queja contra mí acusándome de cosas diversas: acoso desde diversos medios de Internet (¡acoso, ni más ni menos!), creación de múltiples identidades para mancillar su honor, atentados contra su imagen, secuestro de Madeleine y asesinato con premeditación del torero Manolete, entre otras. ¿Y dónde piensan ustedes que se presentó la queja? ¿Guardia Civil, Policía Nacional, Tribunal Supremo, Organización de Consumidores…? Pues no. La queja se presentó en la empresa donde trabajo. Y qué tendrán que ver los cojones con el trigo, se preguntarán ustedes. Efectivamente, amigos: hay que decirlo más.

    Andaba yo griposo perdido partiéndome la cara con cinco mil líneas de código, en una semana en la que no me había podido permitir ni cogerme días por enfermedad por la cercanía de una fecha de entrega, cuando se me convoca a una reunión en Recursos Humanos. Me acerco por la oficina indicada, todo sudoriento y polvoroso yo; allí me espera Jack Bauer con cara de pocos amigos y un cascanueces tamaño familiar. Tomo asiento y el amigo Jack me cuenta la película: un tal Enrique Dans ha presentado una queja por todo lo arriba expuesto, indicando además que mi actividad criminal se realiza usando recursos de la compañía. Acto seguido a mí se me caen los palos del sombrajo y no sé si descojonarme o pellizcarme a ver si estoy teniendo una pesadilla 2.0. Entonces se produce un amago de conversación sobre qué es o deja de ser humor, dónde acaba la parodia y empieza la suplantación, si soy la mano negra que anda detrás de tal o cual cuenta de twitter con nariz roja y si tengo contactos con Al Qaeda.

    Respiro hondo, cuento hasta diez, reflexiono y expongo mis argumentos: a) Internet es muy grande, hay cientos de iniciativas críticas y/o humorísticas, y si alguien pretende afirmar que yo estoy detrás de todas y cada una de ellas es que, o bien sufre un trastorno narcisista severo que le impide aceptar que un montón de personas diferentes puedan estar en desacuerdo con tal o cual de sus opiniones o acciones, o bien está intentando aplicar el principio del enemigo único de Goebbels; b) tengo una página web en la que me limito a ejercitar mi libertad de expresión sin incurrir en actividad criminal alguna, y si alguien considerase que alguno de mis actos pudiera ser constitutivo de delito debería comunicarlo a las autoridades y no a una empresa a la que no le incumbe ni tiene derecho a exigir explicación alguna sobre mi vida privada; y c) rizar el rizo y afirmar que múltiples hechos que ni son delictivos ni son obra mía constituyen una actividad criminal que realizo yo desde mi lugar de trabajo, es una enorme calumnia que sólo puede entenderse como un intento vil y rastrero de intimidarme para censurar unas opiniones absolutamente legítimas agarrándose al clavo ardiendo de alguna intervención ocasional en la página del susodicho. En resumen, que lo más probable es que el denunciante me haya reconocido por algún comentario en su página realizado desde mi puesto de trabajo en mis ratos libres y haya intentado asestar un palo de ciego cargándome el muerto de toda aquella iniciativa de Internet que no resulte de su agrado, sin por supuesto tener forma alguna de saber a ciencia cierta quién anda detrás. Feo, muy feo.

    La cosa es de lógica aplastante y cae por su propio peso, así que no es necesario darle mas vueltas. Se me convoca a una reunión posterior después de la pertinente investigación. Me voy a casa reflexionando sobre la ley del embudo, el populismo, la hipocresía y lo fácil que resulta llenarse la boca y el blog de grandes valores, del “nosotros todos”, del “yo, vuestro humilde y altruista representante e incansable defensor de la libertad”, y luego andar por ahí en plan matón de la SGAE abusando de la denuncia y del cease and desist por aquello de que “la red es de todos pero a mí que no me toquen lo mío”.

    Lo cierto es que estas cosas hace mucho que no me sorprenden; cada cierto tiempo me pasa algo similar. Es el precio a pagar por tener opinión y expresarla a cara descubierta. Y por no tomarme a ciertos personajes tan en serio como ellos se toman a sí mismos. Ya tuve hace unos años a un juntaletras con muy mal perder que se dedicaba a contactar a cada tanto con los editores de “Fuckowski” (y con algunos escritores presentados al mismo concurso que yo) para informarles de que yo era el anticristo. “Ustedes crearon al monstruo”, llegó a decir. En fin, hay mucha gente desequilibrada que pierde bochornosamente los papeles cuando se les mete el dedo en la llaga. Cuatro años llevo ya con la jeta puesta en Internet; me han dicho de todo, pero jamás me he sentido acosado ni se me ha ocurrido tomar represalia alguna. De hecho me he reído un rato.

    Así que me agencio el teléfono del individuo (lo tiene publicado en su web) para intentar solventar la situación por la vía corta y pacífica (retirada inmediata de unas acusaciones absolutamente injuriosas antes de que se malgaste mi tiempo y el de Jack Bauer en reuniones y movidas), o por la vía larga y no tan pacífica (yo me veo obligado a pasar por el proceso de Kafka y, una vez superado, es mi turno de poner denuncia por injurias y pedir indemnización por daños y perjuicios). Y de paso para que me explique qué se ha fumado.

    Casi hora y media de conversación que no reproduciré por respeto a la privacidad de mi interlocutor. Sí diré que me harté de cancamusa. Pero a base de bien. La cosa empezó con mal pié y acabó de forma medianamente civilizada; se optó por la solución pacífica. Para mi sorpresa, a mi pregunta clara y concisa “cómo se atreve a mentir descaradamente y acusarme ni más ni menos que de acoso desde diversos medios, amén de otras lindezas”, el señor Dans responde, más o menos, que todo ha sido un lamentable error. Que la cosa no ha pasado de apenas un comentario informal a un amigo suyo. El cómo un comentario informal acaba convertido por arte de magia en una extensa acusación formal queda planteado como ejercicio al lector.

    El resto de la conversación, un claro caso de noslomismo:

    -¿Oiga, usted sí que puede cagarse repetidas veces en el ministro de cultura y afirmar que en España hay mucho hijo de puta al que habría que coser la cara a bofetadas, y yo no puedo indicar lo que pienso de usted?

    -Hombre, es que noslomismo.

    En resumen, incompatibilidad de perspectivas. A mí todo esto de la gran revolución de la Web 2.0 me sigue pareciendo una patochada que aprovechan un montón de mindundis para atiborrarse a canapés y chupar cámara a costa de repetir una y otra vez el mismo discurso hueco, trasnochado e intrascendente; estos individuos, como cualquier otra persona que sale a la palestra, son susceptibles de ser criticados y/o parodiados. Pero al parecer esto lo veo yo así porque tengo un tornillo suelto desde que un consultor externo me robó una novia, o algo. La verdad verdadera es que la Web 2.0 es la salvación del mundo y ellos los intocables caballeros de dorada armadura que, a lomos de sus pegasos blancos, vienen a imponer luz sobre las tinieblas; a ellos y su sacrosanta misión hay que tomarlos en serio, muy en serio. Con ellos, humor y crítica se convierten en herejía. A un caballero 2.0 hay que amarlo sobre todas las cosas sin jamás tomar su nombre en vano. Mas líbranos del mal, amén.

    Luego me hago asesorar y se me recomienda (cómo no), prudencia y buena voluntad para hacer de éste un asunto lo menos engorroso posible. Y uno, a pesar de que ácido pueda llegar a ser un rato, en el fondo no tiene mala fe. Así que me comprometo a dar un repaso a mis textos y retractarme de cualquier afirmación constitutiva de delito, e incluso a disculparme públicamente por ello. Me voy a casa, mando al limbo algunas entradas de mi página y espero a tener un rato para revisarlas a conciencia.

    Eso sí, lo cortés no quita lo valiente. Separando la cancamusa del grano, de todo esto he sacado un curso práctico de libertad de expresión con estupendos ejercicios a todo color. Veamos algunos ejemplos sencillos:

    “Señor ministro, es usted un mentiroso, un incompetente, un cavernícola, un farsante y un retrógrado”. Bien. Ejercicio legítimo de la libertad de expresión. Chachi piruli 2.0.

    “El señor Dans ha hecho el ridículo con el tema Mobuzz”. MAL. Fatal. Noslomismo. Acoso personal. A la hoguera.

    “Los de la SGAE son unos ladrones”. Bien. Afirmación totally totally amparada por la libertad de expresión.

    “Muchos de los conferenciantes de la Web 2.0 son unos charlatanes y unos cantamañanas”. Noooo. Mal. Herejía. Noslomismo. Los de la SGAE están ahí claramente por la pasta y el interés; los conferenciantes de la Web 2.0 son todos unos humildes y bonachones profesores que no cobran un duro y se pagan los eventos de su propio bolsillo movidos únicamente por el noble ideal de la cultura, y que entre conferencia y conferencia se van al parque a reflexionar sobre el Mayo del 68 y dar de comer a las palomas.

    “La mitad de los finlandeses son unos hijos de puta a los que habría que partir la cara”. Bien. Libertad de expresión en su máxima expresión, valga la rebuznancia. Minipunto.

    “Afirmar lo anterior es ser gilipollas”. No. Así no. Mal. Mofa, befa y escarnio. Y muy posiblemente acoso. Afirmación NO amparada por la libertad de expresión.

    Queda claro, ¿no? La libertad de expresión es la libertad del individuo de decir lo que quiera sobre los malos, pero nunca sobre los buenos. ¿Y quiénes son los buenos? Pues por sus blogs les conoceréis, hermanos.

    En fin, este es un cuento muy viejo ya. La historia de los revolucionarios que se acaban aburguesando se repite una vez más, esta vez en formato digital. Hace un par de años aupamos al olimpo de las A-lists a todo individuo con un perfil mínimamente académico y que nos cantase los mantras fundamentales: “SGAE mala, P2P bueno, bloggers unidos jamás serán vencidos, publicidad en los blogs no, mejor con Firefox, Linux forever”. Ellos prometieron guiarnos hacia esa tierra prometida que visionaban: los geeks dominarían el mundo, los bloggers podrían decir lo que quisieran en sus sagrados blogs, las empresas en lugar de intentar cerrar bocas escucharían atentamente las voces de los individuos y tomarían buena nota de sus críticas. Los dioses nos sonreirían desde el olimpo y harían llover maná en forma de mp3’s sin DRM y software libre, y todo sería júbilo.

    Claro, es fácil hablar del bien común cuando aún no se tiene nada. Pero una vez alcanzada cierta popularidad, la tentación es grande: ¿Y si me pongo un banner? Nada, uno pequeñito, a ver qué pasa. A modo de experimento, vaya. Total, si no se va a notar… Luego llega el “a nadie le amarga una BlackBerry” y “uy, qué majos los de Nokia que me mandan su último móvil, y a vosotros no, chincha”. Más tarde el “voy a hablar un poquito de la empresa de mi amigo, así desinteresadamente… total, mi participación de capital es casi testimonial”. Por último, después de asomar el careto por bodas, bautizos y comuniones, se le coge el ritmo a esto de capitalizar la popularidad y “El blog de Fulano” se convierte en “Fulano S.L.”. El individuo queda entonces transformado en otra empresa más a la que no le gusta ser criticada y que defiende con uñas y dientes su parte del pastel. El discurso ha ido cambiando poco a poco y al final es un gran eufemismo que esconde ni más ni menos que lo que en un principio se criticaba.

    Total que al final, cuando se pasa la tormenta y tengo un rato libre, le pego un repaso a los textos más controvertidos de mi página y para mi sorpresa compruebo que no hay nada que cambiar. Crítica, sí. Mordaz, ácida, jocosa. Opinión pura y dura. Así que vuelvo a subir las entradas tal cual, y ahí se van a quedar hasta que algún juez tenga algo que objetar. La próxima vez que esto me ocasione problemas volveré a capear el temporal como buenamente pueda, pero mi boca no se cierra.

    Eso sí, voy a aprovechar para llevarme todas las entradas clasificadas en “chorradas” a una página aparte, que es algo que hace mucho tiempo que quería hacer. Esta página se queda para opinión y narrativa; en cuanto tenga dos minutos abriré otra única y exclusivamente de humor, con un cartel bien grande arriba que ponga: “Ésta página es de humor. Si eres incapaz de reírte de ti mismo cierra tu navegador, deja de mirarte el ombligo, sácate el palo de escoba del culo y vete a un puto psiquiatra”.

    23 de marzo de 2006

    En TrabajoBasura se siguen recibiendo correos electrónicos solicitando la eliminación de comentarios “que constituyan calumnias” o “cuya veracidad no haya sido comprobada”. Otros solicitan información “acerca de las identidades de los autores de ciertos comentarios” para “emprender las oportunas acciones legales” por ser “constitutivos de delito de injurias”, información que el webmaster de TrabajoBasura ni puede ni está obligado a facilitar.

    Mi amiga Antonia Romero fue amenazada por teléfono por alguien que afirmaba ser el abogado de Entrelineas Editores. Este señor exigía a Antonia, entre gritos y descalificaciones, que retirase de su página web el artículo “Cuidado con Entrelíneas Editores”, donde Antonia relata el engaño al que fue sometida por esta empresa.

    La Frikipedia cerró tras una denuncia de la SGAE por “improperios e insultos” reclamándosele al webmaster una indemnización de entre 9.000 y 12.000 euros.

    Normal. Si es que una cosa es la libertad de expresión, y otra muy distinta ir por ahí diciendo lo que a uno le da la gana. Yo, en solidaridad con la noble causa de estos respetabilísimos señores, a partir de hoy pongo en marcha la operación “VERDAD INFINITA: por un mundo sin calumnias”. Voy a enviar diez cartas a diez destinatarios escogidos, usando la siguiente plantilla:

    A la atención de D./Dª [A], gerente de [E].

    Estimado señor o señora,

    me dirijo a usted en relación con ciertas afirmaciones que figuran en la pagina web de la empresa que usted dirige. En una o más secciones de dicha página web puede leerse el siguiente texto:

    “A pesar de ser una empresa joven, el equipo directivo de [E] cuenta con [n] años de experiencia y los mejores clientes, lo que la posiciona como lider en el sector tecnológico. Nuestro volumen de ventas presenta un crecimiento anual del 35%, habiéndose facturado [sopocientos] millones de euros en el ejercicio del presente año. En [E] contamos con un equipo de expertos altamente cualificados que, con la ayuda de un sistema de formación contínua, emplean las más novedosas y eficientes tecnologías y metodologías asegurando la máxima calidad de sus productos”

    Señor [A], habiendo yo sido empleado de [E] durante [x] meses, puedo afirmar categóricamente:

    1. Que antes de la creación de la empresa, el actual equipo directivo se dedicaba a la compraventa de bienes inmuebles, por lo que una experiencia de [n] años en el sector es del todo imposible.

    2. Que aplicando un crecimiento del 35% anual y teniendo en cuenta que en su primer año [E] apenas vendió una escoba, el volumen de facturación del presente año resultaría ser de unas 3 escobas y media, no sopocientos millones de euros.

    3. Que los apuntes del único curso de formación que recibí estaban redactados en hebreo.

    4. Que la metodología empleada en los proyectos de la empresa es la de “Condicionamiento Operante”, también conocida por “técnica de Ensayo/Error”, que a pesar de ofrecer posibilidades de éxito (véase el ejemplo de los diez mil monos y el Quijote), ni es novedosa ni mucho menos efectiva.

    5. Que la calidad de los productos de la empresa es tal que cuando abríamos la puerta del CPD salían las ratas a vomitar.

    Por ello le ruego que, al ser los mencionados contenidos de su web ofensivos e insultantes (para la inteligencia) y constitutivos de un delito de calumnias, proceda a su inmediata eliminación, o bien identifique al autor o autores del referido texto para interponer la correspondiente demanda con reclamación de entre 9.000 y 12.000 euros.

    Sin otro particular, le saluda atentamente:

    Fuckowski,

    miembro de Verdad Infinita.

    “Por un mundo sin calumnias”

    27 de enero de 2006

    Resulta que un buen amigo mío, antiguo compañero de penurias en un chiringuito puntocom de lo más pintoresco (con decir que un día vinieron los inversores y el director tuvo que pedir prestados unos cuadros y una mesa de juntas para dar el pego… y no pidió prestados unos EJB´s porque se apañaba con los PowerPoints), hace poco tuvo una idea. Pensando que resultaría muy útil disponer de antemano de referencias sobre las empresas en las que se está considerando trabajar, creó www.trabajobasura.com, empleando su tiempo y dinero. TrabajoBasura es un listado de empresas del sector tecnológico, con un foro donde cualquiera puede expresar su opinión.

    Pues bien, mi amigo está teniendo problemas con la justicia. O, para ser exactos, con algún abogado, que a veces una cosa no tiene nada que ver con la otra. Parece ser que “las opiniones vertidas por algunos usuarios del foro perjudican la imagen de sus representados”, en palabras de los propios abogados. Nos ha jodido Mayo con las flores, ¿o sea que la libertad de expresión acaba cuando empiezan los intereses de las empresas? Pues va a ser que sí. Al parecer, todas y cada una de las libertades acaban en ese mismo punto.

    No es que me sorprenda. Antecedentes hay muchos, como el caso de David Lozano y Axpe Consulting. David trabajaba para Axpe y estaba descontento por diversas razones. Dejó la empresa, y ejerciendo su derecho a la libertad de expresión publicó un breve artículo en su página web relatando su entrevista de salida. Multitud de internautas escribieron comentarios al artículo, éste empezó a ser enlazado en muchas otras páginas, y en pocos días sucedió lo que yo creo que es la clave del asunto: el enlace subió hasta los primeros puestos de Google al buscar “Axpe Consulting”. Hoy por hoy David se enfrenta a dos demandas por difamación. Él, a pesar del gasto de tiempo y dinero que le supone, está librando la batalla legal y se ha negado a retirar su artículo o retractarse de sus declaraciones. Es todo un ejemplo de entereza; la gran mayoría hubiera optado por someterse a las exigencias del demandante sólo por ahorrarse los gastos de la defensa al son del “yo no quiero problemas”. Todos deberíamos estar dispuestos a afrontar los problemas derivados de ejercitar nuestros derechos más básicos.

    Al webmaster de TrabajoBasura ya le han exigido varias empresas el ser retiradas de su listado, bajo amenaza de “emprender acciones legales”. Ahora le envían una citación con objeto de averiguar la identidad de los autores de ciertos comentarios. Y yo me pregunto: ¿qué les molesta tanto a estos señores? ¿Por qué intentar silenciarnos a todos? ¿De qué tienen miedo? La respuesta es fácil. En España, y presumiblemente en otros muchos países, el sector tecnológico es una estafa a gran escala donde se cobra por un conocimiento, una experiencia y una profesionalidad que no se tienen, un negocio bastante lucrativo en el que los miles de horas que se le roban al empleado y se le facturan al cliente se emplean en solucionar problemas que nunca debieron haberse producido y que son consecuencia directa de la absoluta incompetencia y falta de preparación y de ética de los directivos, casi todos pertenecientes a la simpática generación de los autodenominados “nuevos emprendedores”, que en su mayoría no son más que los pícaros y charlatanes de toda la vida que ahora se lanzan al ruedo de las tecnologías disfrazados de JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Prepotentes). Hace años vendían crecepelo y elixir de la juventud, ahora crecebeneficios y elixir del valor añadido. En ambos casos se aprovechan de lo mismo: la ignorancia y/o ingenuidad de cliente, que para cuando se da cuenta de que no sólo sigue siendo calvo si no que además tiene cáncer de piel, ya no encuentra al estafador por ninguna parte porque se ha dejado barba, le ha cambiado el logotipo al carro y ahora opera en el pueblo de al lado.

    Claro, antes no podías irte a internet y buscar “Crecepelo el Honrado Mr. Dodgy” antes de comprar. Ahora, por suerte, la información fluye libremente por las autopistas digitales, más que le pese a los que pretenden vivir de la ignorancia ajena o del simple peaje. La polémica está servida: empresas contra particulares difamadores, periodistas contra intrusos blogeros, sociedades de autores contra piratas comunistas. Es tan obvio que da risa.

    Cierto es que en esta autopista circula mucha información falsa. Igual que antes, pero al menos ahora proviene de muy diversas fuentes. Durante la fiebre de las puntocom cada empresa tenía su propio portal de noticias, dedicado en exclusiva al bombo y platillo y la publicidad engañosa. “ChiringuitoOnLine es una empresa joven y dinámica, líder en el sector de la cría de la angula, que cuenta con un equipo de profesionales con cinco lustros de experiencia y que en su primer año de vida ha facturado tropecientos millones. Fuente: ChiringuitoNews.com”. La realidad del asunto es que se ha facturado a sí misma a través de una filial y que al batallón de becarios esclavizados se le han muerto todas las angulas y ahora se pegan setenta horas a la semana pintándole ojos a los fideos.

    Hay honrosas excepciones, sí. Empresas que funcionan, que cumplen con el cliente y con el empleado, y que no creo que necesiten poner demandas por difamación.

    Yo confío en que la maquinaria de la justicia no se moverá para cerrar un simple foro o silenciar a un particular, si no para solucionar de una vez por todas esta precaria situación laboral que obliga a muchos a vender su juventud a algún farsante. Entretanto, señores JASP, a joderse tocan.