San Diego era el destino de nuestro viaje, Gran Cañón una excursión planeada, y el aeropuerto de Chicago la primera escala en Estados Unidos. En Chicago el control de pasaporte consistía en dos colas que en aquel momento eran divididas, a base de gritos y “advertencias”, por un peculiar agente de seguridad; una era para los ciudadanos americanos, y otra para el resto. Aquel representante de la ley y el orden, que se ponía colorado como un tomate, me recordaba al Pollito de California, pero por sus modales podría ganarse el nombre artístico de Capullito de O’hare. Ya en la cola para extranjeros, heterogénea como la entrada de la ONU o como un equipo de la Premier League, el ambiente era realmente tenso, incómodo, silencioso, frío…
Los policías nos escrutaban acompañados de perros que olían las bolsas de mano en busca de comida (o eso nos dijo el simpático irlandés que teníamos delante y cuya charla amenizó la situación). No abrí el pico para no echar leña al fuego, fue mi novia la que dijo que pensaba en cómo se habrían sentido los que hayan pasado por un campo de concentración.
Pues algo parecido podrían haber pensado los presos alojados en tiendas de campaña y obligados a llevar ropa interior rosa por orden del fantástico sheriff Joseph M. Arpaio. El mismo que hizo marchar por la calle a doscientos inmigrantes ilegales de una cárcel a otra. El brazo armado de la ley “más duro de América” conocido tamién por sus abusos, arrestos injustificados, racismo contra hispanos, brutalidad, ineptitud policial y derroche. El sheriff de Maricopa County, población que ya lo ha votado cinco veces y que con ello se acerca en agudeza democrática a algunos pueblos de España. Maricopa (iba a hacer un chiste de borrachos) County está en Arizona, estado del Gran Cañón y de la ley SB 1070, una ley hecha para aliens, palabra inglesa que significa “extranjero”. Una ley que:
Miedo me dan el Capullo de O’hare y el sheriff Arpaio aplicando esta ley cuando se les enciendan los mofletes y tengan sus sospechas razonables. Estos te montan un apartheid de aliens como en District 9 pero en vez de extraterrestres lo llenan de hombres bajitos, morenos, cejudos y que hablando inglés dicen la “e” antes de la “s” como en “Espain”, ¿suena de algo el perfil? Porque en aquel viaje a San Diego, además de tratar con gente educadísima y civilizada, fueron unas cuantas las veces en que dijimos que éramos de España y lo asociaron a “de México para abajo”, así que cuidadín por Arizona. Obama de momento está intentando tumbar la ley (Barack yes, you can!).

También es cierto que todos los policías no son como Arpaio, ni tampoco debiéramos nosotros andar el caminito inverso hacia Arizona desde nuestro propio país, es decir, detener injustamente a nuestros propios aliens; las detenciones que vulneran los derechos humanos a inmigrantes en España son un tema oscuro del que algunos periodistas están intentando sacar más información.
Pero volvamos a EE. UU., que es más fácil dar hostias a los de fuera (el doble sentido de la frase me salió sin querer). El documento de la demanda contra la ley 1070 es un escrito de veinticinco páginas aquí traducido y resumido, razón por la que este artículo pretende no ser un mero refrito; las dudas que tenía ante publicar semejante tostón se me disiparon tras una horchata con Juin en la Rambla de Catalunya.
Aquí van las razones de la demanda contra la ley (opción exprés para el lector: seguir leyendo saltándose la lista):


En todos los países existen requisitos para obtener el permiso de residencia y si una persona no los cumple se expone a que la expulsen, pero no implica que sólo por ello sea ¡un criminal! que deba cumplir condena en la cárcel; conlleva generalmente a que la deporten y punto. A menos que vivas en Italia (Berlusconi you can´t!) o en Arizona.
La noticia no queda tan lejos, políticos escribiendo leyes con la zarpa no escasean por el globo. Y todos, que podemos ser aliens alguna vez, no querremos ser vistos como el de James Cameron, con baba corrosiva y un segundo bicharraco escondido en la boca, ni como a Gremlins en la fiesta de la espuma; siendo inmigrante es probable que se tenga más bien algo del ET de Spielberg cuando eche de menos su caaasa.
Tenía la sospecha razonable de que iban a tumbar esa ley. También sospecho que quizá vuelva al Gran Cañón de Arizona y admire de nuevo lo creado por la naturaleza durante dos mil millones de años. En comparación, el lapso de tiempo en que nos toca vivir parece insignificante… Pero a pesar de ello podemos, como la garganta del río Colorado, marcar en él un camino que merezca la pena heredar -o al menos dejarlo como estaba y no chafarlo- para todos los que vengan después.
Aliens incluidos.







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