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  • 03 de febrero de 2011

    ¿Harto de bucear por la red buscando artículos antiguos de despacho101.com y perspicalia.com? ¿Relee de vez en cuando las columnas de opinión en pantalla y desearía conservarlas en papel? ¿No gusta de llevarse su portátil al WC?

    ¡No busque más! A partir de hoy mismo puede reservar su ejemplar de “De culo y contra el viento” en la Tienda Online de Perspicalia. Seis años de opinión condensados en una exquisita edición de doscientas páginas en papel ahuesado, portada blanda con solapas e interior pegado.

    Varsavsky y FON, los microsiervos y la publicidad, Mobuzz y la economía de la cancamusa, Enrique Dans y sus puñaladas traperas… Los grandes despropósitos de ayer y de hoy perpetrados por nuestra entrañable pandilla de hilarantes mindundis quedan inmortalizados en esta obra.

    Pero no solo de estopa vive el hombre y en de “De culo y contra el viento” también hay espacio para la lírica, a pesar de que corren malos tiempos para la lírica, para vender el piso, para buscar trabajo y para todo en general. Las columnas publicadas en el diario El Avance, en su mayor parte escritas desde la nostálgica perspectiva del exilio, también se han colado entre las páginas de este libro.

    Reserva ya y recibe tu ejemplar a partir del 21 de Febrero.

    24 de diciembre de 2010

    A partir de esta mañana puede adquirse la tercera edición de la novela, además de en la Tienda Online de Perspicalia, en la librería de Bubok.

    La novela puede adquirirse en papel (€15.00 + gastos, sin dedicatoria) y en digital (€3.50 + gastos, formatos PDF y ePub). Bubok ofrece diversas modalidades de envío; si escoges correo ordinario sin seguro, el precio total de un ejemplar impreso asciende a €19.93. El precio final del eBook asciende a €3.64.

    También podrás descargar gratuitamente las primeras páginas del libro (escoge la opción “Visualizar interior”), que incluyen el prólogo de Hernán Casciari y el primer capítulo (La delgada línea marrón). Puedes calificar la obra y dejar un comentario si lo deseas.

    Así que estas son las opciones de compra:

    Aprovecho para desearos unas Felices Fiestas y un año nuevo tan próspero que, como mínimo, nos haga olvidar esta mierda de 2010.

    Abrazos a todos.

    Alfredo

    Ya puedes reservar tu ejemplar de la flamante tercera edición de “Fuckowski, memorias de un ingeniero” en la Tienda Online, por €21 (ejemplar dedicado y firmado, gastos de envío incluídos a cualquier parte del mundo). La entrega de pedidos comenzará a primeros de Enero.

    La edición cuenta con prólogo del gran Hernán Casciari, y epílogo por el menda lerenda donde respondo a diversas cuestiones que en su momento me llegaron via Twitter. El libro se presenta en formato de bolsillo a 150×210, papel ahuesado y tapa blanda plastificada.

    No te quedes sin tu ejemplar de esta obra maestra atemporal que ya goza de estatus de culto en gran parte de un bloque de apartamentos de Teruel. Blablabla, no dejes pasar esta gran oportunidad, compra ahora y participa en el sorteo de un pelapapas solar con la cara de Belén Pesteban. En fin, el marketing nunca fue lo mío.

    Y ahora, emulando al replicante Leon, les voy a hablar de mi madre. Pocos días después de publicarse la primera edición de “Fuckowski”, mi madre, armada con un bolígrafo azul y seis décadas de recuerdos, encaró un folio en blanco y escribió página y media “por entretenerse un rato”. Luego me pasó aquel papel garabateado en su peculiar caligrafía y, con su habitual humildad, me contó que había redactado “una pequeñez” inspirada por mi “reciente faceta de escritor”, y que le hacía ilusión que yo lo leyese.

    Leí aquellas palabras y solo alcancé a guardar silencio. Como pude me aflojé el nudo de la garganta y luego, lleno de puro y simple orgullo, me deshice en elogios. Mi madre había plasmado en aquel reducido espacio un pequeño episodio de su vida y yo, llevado por su prosa suave y cálida, había podido revivirlo en todo su esplendor.

    A ella le sorprendieron mis alabanzas; no era consciente de la calidad de su escrito. Yo, en mi aún breve relación con el mundo de la escritura amateur, había tenido la oportunidad de leer muchas cosas horribles (he visto cosas que no creeríais: faltas de ortografía en el mismísimo título de una novela, sinopsis cortas que se te hacen largas, gramáticas tan pedantemente crípticas que provocan ceguera, párrafos de media página sin signo alguno de puntuación, pasajes líricos tan cursis y relamidos que harían morir de vergüenza ajena a Corín Tellado…), y el pasear mi vista por entre aquellas letras fue una gratificante bocanada de aire fresco.

    Sin dar demasiada importancia a mis elogios, mi madre siguió escribiendo con regularidad. Al poco enviamos algunos textos a diversos medios, e inmediatamente suscitaron gran interés. Se siguieron varios premios literarios, ofertas de colaboran con diarios, entrevistas en prensa y radio y finalmente, como no podía ser de otra manera, una recopilación de sus deliciosas narraciones ha sido editada en papel.

    “A la orilla de una higuera” es un libro que te permitirá redescubrir el mundo a través de unos ojos profundos que en todas partes encuentran belleza y significado. En ciento cincuenta páginas de pura lírica se evocan diversos pasajes de un romántico viaje: el que llevó a la niña que mi madre un día fue, desde una idílica infancia a la sombra de una higuera en la sierra de Gredos, a una madurez serena y contemplativa a orillas del Mediterráneo. Una obra de arte absolutamente recomendable.

    Si te apetece darte un capricho navideño y adquirir literatura de calidad, puedes entrar a la Tienda Online y adquirir “A la orilla de una higuera”. Y si no, siempre puedes adquirir “Fuckowski, memorias de un ingeniero”.

    Felices Fiestas.

    23 de julio de 2010

    La mosca Paul se dispone a predecir el resultado de las próximas elecciones generales

    La mosca Paul se dispone a predecir el resultado de las próximas elecciones generales

    05 de abril de 2010

    Paseaba distraído por la famosa calle Grafton. En eso que me di de bruces con un coro gospel al completo: unas diez o doce señoras negras con sus túnicas blancas entonaban el Amazing grace al ritmo que marcaban un batería, un bajista y un guitarra. No había una sola nube en el cielo, algo bastante inusual en Dublín. Serían aproximadamente las doce de la mañana; la luz del sol teñía de oro las calles y calentaba a los viandantes. Me uní al improvisado público que se había aglutinado alrededor de los músicos y disfruté en primera fila de clásicos como Oh happy day y Down in the river. Me estaba secando una lágrima bajo mis gafas de sol cuando se me acercó un tipo, me echó un brazo por los hombros y me preguntó: “¿Quieres que rece contigo?” “No gracias, soy ateo”, respondí. El hombre se quedó un poco extrañado, así que añadí: “Pero me encanta la música”. “Es música del espíritu”, me contestó, “Si la sientes es que sientes a Dios”. Yo me limité a levantar una ceja y a encogerme de hombros, dando a entender un “Si tú lo dices…” que dio por zanjada la conversación. Las discusiones sobre religión son como un autobús sin ruedas: no llegan a ninguna parte. El paso de los años y un montón de dolores de cabeza me han enseñado a no enfrascarme en este tipo de conversaciones; suelen eternizarse y acabar acaloradamente. Por eso me abstuve de indicar al tipo aquel que, a mi entender, acababa de incurrir en una práctica de mercado que por lo general está prohibida: forzar al consumidor a adquirir un producto con la compra de otro diferente.

    La religión se ha adueñado históricamente de la espiritualidad y ha obligado al individuo a adquirir con ella doctrinas y dogmas que, irónicamente, imponen numerosas (y más que cuestionables) barreras a la libertad del ser humano, incurriendo así en una triste contradicción: la libertad es la esencia misma de la espiritualidad, y limitando esta libertad no se consigue otra cosa que empobrecer el espíritu. La religión dice potenciar la espiritualidad del individuo, pero la realidad es que se adueña de ésta y la pone al servicio de sus propios intereses empresariales (básicamente dos: poder y dinero, conceptos hoy en día casi equivalentes).

    Pareciera que el individuo que no profesa religión alguna no pueda ser una persona espiritual: al no creyente se le tilda inmediatamente de frívolo y material. Pero lo cierto es que no se necesitan dioses, dogmas ni doctrinas morales para elevarse por encima del aspecto material de la existencia. Trascender al propio ego, tomar conciencia de grupo, sacrificar los caprichos del narcisismo en pos de valores superiores, cobrar perspectiva ante la existencia abandonando la estrechez de miras inherente al egocentrismo, todas estas son acciones que engrandecen el espíritu sin necesidad de profesar fe religiosa alguna ni de supeditar nuestra libertad a los intereses de grupo de poder alguno.

    Le pese a quien le pese, espiritualidad y religión no tienen que ir forzosamente ligadas. El individuo debe poder elevar su espíritu sin más coste que asumir sus responsabilidades como ser humano; se puede hablar de paz, amor y armonía sin hablar de Dios. Hay “happy day” sin “Jesus Christ” y “amazing grace” sin “God’s praise”. Se puede bajar al río a sentirse uno con el mundo sin arrastrar la culpa del pecado; uno puede maravillarse ante la infinita belleza de una puesta de sol sin tener que asumir mandamientos ni sacramentos. Como cantara John Lennon en su Imagine: “Sin infierno bajo nosotros, y por encima solo el firmamento […] Nada por lo que matar o morir, y ninguna religión. Imagina a todo el mundo viviendo la vida en paz”.

    Ni necesitamos a la Iglesia para disfrutar del espíritu, ni al Corte Inglés para disfrutar de la primavera.