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  • Muchas letras de canciones modernas me sumen en la más absoluta de las confusiones. Supongo que mi cuadriculada mente de ciencias no es capaz de apreciar el arte ni las finas y sublimes metáforas que los artistas muchas veces nos ofrecen. Es por esto que he decidido abrir esta sección de “Canciones traducidas”, para compartir con nuestro público más técnico una traducción racional de los sutiles matices que nos ofrecen los más selectos músicos de nuestra era.

    En esta primera entrada analizaremos el significado de “Tuna Punk”, una interpretación libre del clásico Compostelando de la Tuna de Santiago por el virtuoso cantautor maño “Manolo Kabezabolo”. Consolidado ya a su vez como clásico, Don Kabezabolo es conocido por su exquisito uso del lenguaje castellano, ocultando un profundo valor metafísico y romántico dentro de intrincadas y sutiles metáforas en clave de punki calimochero.

    Letra obtenida en todo su esplendor ortográfico de quedeletras.com. Traducción por Juin.

    Manolo Kabezabolo – Tuna Punk (1995, Ya hera ora): Alegro

    Kuando los punkis nos vamos de martxa
    no te enamores tonta del aba

    Querida mia,

    Te escribo suma dificultad ya que las lágrimas en los ojos me estorban en la ya de por si ardua tarea de decirte: Nuestro amor es imposible.

    kada imperdible ke llevo en la txupa
    es el recuerdo de algún follón,

    Mi vida ha estado siempre rodeada de violencia… No estoy orgulloso de ello, pero es la realidad. Me aterra la posibilidad de que un alma tan bella y pura como la tuya sea expuesta a los horrores que la mia ha vivido. Como ya dijo Nietzsche, cuando uno mira dentro del abismo, el abismo mira dentro de él.

    Si ves a los punkis pasar
    no te enamores, tonta del aba
    Si ves a los punkis pasar
    kon su vomito sozial.

    Mi corazón se desgarra al escribirte estas palabras, pero no puedo seguir luchando contra lo evidente. Mi amor, nuestro amor es imposible porque yo… soy Punki.

    Pasan los punkis gritando
    arrasando y kantando vómito sozial
    toda la gente se aparta
    y mira diziendo ké inmoralidad
    y en un garito de degenerados
    spiz y kanutos korren sin parar

    Los Punkis somos un pueblo orgulloso, pero también una raza trágica marginada por la sociedad. Nuestras bellas costumbres son muchas veces malinterpretadas y nuestras danzas rituales y sustancias sagradas son tachadas de incivilizadas y bárbaras.

    y en la ventana una mierda de kria
    la muy gilipollas se me etxa a llorar.

    Cuando me miraste por primera vez, tú, una bellísima dama de la alta nobleza, sentí que todo mi cuerpo se derretía de amor. Por un tiempo albergué vanas esperanzas, pero ahora me doy cuenta que simplemente estaba cegado por la ilusión de que un día cabalgaríamos juntos por el desierto del Monegro con los fardos de nuestras monturas repletos de anfetas y condones. Ahora, con la cabeza fría, sólo puedo reirme con amargura de mi ingenuidad.

    Kuando los punkis nos vamos de martxa
    no te enamores tonta del aba
    kada imperdible ke llevo en la txupa
    es el recuerdo de algún follón.

    La interminable guerra de las tribus urbanas me reclama, mi amor. Las hordas de modernos se agrupan a las puertas de Punkilandia y cada vez somos menos, ya que desde que murió el General Vicious y los traidores del “hardcore melódico” se abanderaron como “nueva corriente del punk” nuestro clan entró en un lento pero irreversible declive. La guerra está perdida, pero lucharemos hasta el final.

    Si ves a los punkis pasar
    no te enamores, tonta del aba
    Si ves a los punkis pasar
    kon su vomito sozial.


    Por eso te pido que te olvides de mi, quemes esta misiva y sigas con tu vida entre los tuyos. Aún eres joven, el amor te volverá a encontrar y serás feliz de nuevo. Respecto a mi… Es ya demasiado tarde.


    Siempre tuyo,

    Comandante Kabezabolo

    25 de marzo de 2010

    Dinero · Miguel Brieva

    (Juin): Hoy tenemos el honor de entrevistar a uno de los artistas con más talento del país. Muchos definirían lo que hace como “novela gráfica”, pero como bien dijo Mauro Entrialgo (otro gran artista), este término es sólo un eufemismo síntoma del complejo de inferioridad que tiene el mundo del cómic respecto al mundo literario. Así que Miguel Brieva hace cómics. Yo soy un orgulloso lector de cómics y lo digo bien alto, porque ahora tengo un método infalible para reafirmarme: cada vez que alguien me mira por encima de la tapa dura de su novela de Dan Brown cuando estoy leyendo un tebeo en el metro, saco de mi mochila mis ejemplares de Dinero y El otro mundo, y blandiendo uno en cada mano abofeteo con sus geniales páginas la cara del iluso hasta que reconoce que la única razón que tiene para considerar el medio del comic un género “de bajo nivel cultural” son sus prejuicios sin fundamento y su esnobismo intelectual.

    Cuando un día cayó “Dinero” en mis manos me tuvo un fin de semana encerrado en casa. Cuando acabé, me di cuenta de que necesitaba a alguien para hablar de él, así que aparecí en casa de Alfredo para prestárselo.

    (Adehoces): Recibí el ejemplar de manos de Juin y me lo lei de una sentada. Quedé absolutamente fascinado por el corrosivo humor de Miguel Brieva, un humor capaz de sacarte una carcajada y removerte las entrañas al mismo tiempo. Sus personajes ponen una y otra vez de manifiesto el descorazonador absurdo de la sociedad de consumo: sonríen felices mientras cometen las mayores atrocidades contra el sentido común y los derechos humanos. Su obra rezuma filosofía; con frecuencia consigue hacernos reír de puro gozo intelectual. Una de las grandes habilidades de Miguel es la de desenmascarar con extrema facilidad las trampas ideológicas que siempre se ocultan en la propaganda. Con frecuencia recurre a la distopía para hacernos ver a dónde conducen determinados senderos ideológicos; gran parte de sus viñetas podrían perfectamente ilustrar el 1984 de Orwell o el Mundo Feliz de Huxley.

    Y aquí viene lo irónico del asunto: cuando terminé de leer “Dinero”, en lugar de salir corriendo al bosque intentando escapar de las garras del la sociedad de consumo, cogí la VISA y me fui a la FNAC. Compré dos flamantes ejemplares del libro: uno para mí para siempre, y otro para el Señor E, pues supuse que disfrutaría de su lectura tanto como yo.

    (Señor E): El paquete llegó a Suecia con el libro, una nota de Alfredo escrita en mayúsculas y otro papel de valor. A partir de entonces, durante unas semanas, mis noches siguieron el ritual de escabullirme de la cama cuando mi novia se quedaba dormida, y encender una lamparita en la mesa de la cocina que sólo alumbraba las fascinantes páginas de Dinero.

    Esa carcajada que te arranca Brieva es un ejercicio mental recomendable, una catarsis que pone algunas cosas en orden; sus viñetas, sazonadas con una guasa muy española, no son un manual de cómo debe ser la sociedad pero dejan muy claro cómo no debería ser.

    Cerraba el libro después de esa nocturna detonación controlada en el cráneo y me iba de nuevo a la cama entrenado para que no me la colasen al día siguiente, confiando a la vez en no despertarme y verme en el espejo con una pelusa gigante por cabeza.

    Señoras y señores, con ustedes: Miguel Brieva.

    En primer lugar felicitarte por tu carrera y por tu extraordinario talento; me declaro ferviente admirador de tu obra. Hoy por hoy vives únicamente de tu talento artístico; ¿cómo ha sido tu trayectoria profesional. ¿Has tenido otro tipo de empleos? ¿Qué consejo darías a las personas que quieran vivir del arte?

    (Miguel Brieva): He trabajado de profesor de pintura decorativa para discapacitados mentales (allí lo aprendí todo, de ellos precisamente), de diseñador, ilustrador de museos y como montador de exposiciones.

    En cuanto a consejos, únicamente diría que lo fundamental es disfrutar de los procesos, sin albergar objetivos ni pretensiones demasiado elevadas o abstractas. Uno observa y aprende, en función de las inclinaciones que tenga, pero luego todo eso va tomando cuerpo, de manera caótica, conforme se hace propio, y del choque entre todas esas influencias y lo que uno es sale la expresión personal, los registros que uno es capaz de alcanzar.

    Por último les diría que el acto creativo es, en cierto modo, un acto de amor con el universo, así que si no acostumbran a amar por dinero, que tampoco malgasten su talento e imaginación en contra de sus propios principios, que esa sí que es la forma más sórdida y triste de prostitución.

    Lo primero darte la enhorabuena por Dinero (me tuvo absolutamente enganchado), harían falta unas cuantas páginas para contar sus virtudes. Ya voy al grano, pero permíteme que me extienda en el planteamiento: Un tema que tocas y con el que comparto la perspectiva es el de la utilización de la mujer como objeto; más concretamente, como objeto sexual para satisfacer al hombre en la pornografía. En gran parte del porno (véanse las biografías de las actrices) la mujer acaba en él por presiones, condicionantes y manipulaciones psicológicas que consiguen que lo haga “porque quiere” o porque sea una “(póngase aquí algún vocablo típico de la moral machista)”. De este modo el consumidor por un lado se deshace de toda responsabilidad ética ante la eventual explotación de un ser humano, y por otro además satisface su (terminología de algunos artículos científicos) “fantasía de la puta guarra”. Tu viñeta en la que una mujer es fustigada por dos hombres con la leyenda “la pornografía es libertad, igualdad y amor” es muy ilustrativa. ¿Cómo ves el nivel de concienciación ante este problema y el de la prostitución? ¿Cuáles crees que son las causas por las que esta situación de explotación de la mujer se mantenga generación tras generación?

    Buf, es algo que se remonta al neolítico, no sé. Probablemente sea la lucha más urgente y primordial de todos los tiempos. Hay quien sostiene, de hecho, que las primeras monedas de cambio entre comunidades fueron las mujeres, es decir, que de esa injusticia se deriva posteriormente el germen mismo de la sociedad acumulativa o capitalista. La instrumentalización de la mujer es, tal vez, la piedra angular sobre la que se ha erigido nuestro enrevesado edificio social. Cambiar esta inercia es, pues, lo más urgente de todo, pero también lo más difícil, pues es algo arraigado en lo más arcaico de nuestra construcción antropológica.

    Los valores del hombre (conflicto, superación, prepotencia, beneficio individual, unidireccionalidad), es decir, los que rigen la humanidad, no son precisamente los más beneficiosos para la especie -para la felicidad de la especie-, pero hasta ahora se han mantenido inamovibles, tal vez por ser “activos” e “impositivos” frente a otros valores más “pasivos” (empatía, cuidado, bien común), que parecen preservar en nuestra especie precisamente las mujeres. Lo deseable sería una sabia intersección de estos dos ejes rectores, haciendo especial hincapié en el segundo, por aquello de compensar trayectorias hasta la fecha más que defectuosas.

    En tus comics, los niños son muchas veces los únicos personajes cuerdos. Creo que es obvio que no estás muy de acuerdo con la educación que reciben viendo en la clase de dementes que se convierten en tus comics cuando llegan a adultos. Debido a que sólo nos muestras instantaneas de tu universo y no solemos ver a tus personajes en evolución, te tengo que preguntar: ¿Los adultos dementes y consumidores compulsivos de tus comics nacieron siendo niños sabios? ¿Los niños sabios crecen para perder su intelecto irremediablemente, o queda esperanza para alguno?

    Los niños no son precisamente sabios, pero sí ingenuos y desprejuiciados -están aún sin hacer-, y, por encima de todo, lo único que les guía es una permanente pulsión por la vida, un deseo de juego y goce sin premios, sólo por el mero hecho del disfrute en el presente. Únicamente siendo niños -o bien mediante la meditación o la ingesta de ciertas sustancias-, puede uno llegar a abolir el tiempo y el espacio, y desembarazarse de ese lastre que conocemos por “realidad”. Sería, claro está, muy difícil constituir una sociedad exclusivamente de niños, pero algo hay en este comportarse de los primeros años de vida de las personas que parece perderse irremisiblemente en el adulto, y que sin embargo bien merecería la pena conservar. Algo de ello, de hecho, siempre queda, pero la mayoría de las veces es justamente lo peor de los rasgos del niño lo que permanece, como el egoísmo, la visión reducida de las cosas, la inmadurez emocional, etc.

    Si lográsemos educar a los que aún son niños para que conserven su curiosidad, su imaginación, su vitalidad, su ausencia de dogmas, estaríamos alumbrando una nueva manera del ser humano. Ha habido algunos intentos pedagógicos en esa dirección, y algunos muy esperanzadores, pero difícilmente son aplicables a las estructuras de un estado, y mucho menos a las de uno capitalista.

    En tu obra hay padres desastrosos que creen hacerlo de maravilla, y al mismo tiempo se preocupan tanto o más del dinero que de sus propios hijos. ¿Cuáles crees que son algunos de esos valores perniciosos que estamos transmitiendo a la próxima generación desde casa, desde el colegio, a través de la publicidad, etc?

    Lo más desastroso de todo es precisamente la desvalorización que se transmite, puesto que el dinero como motivador único no es un valor (no tiene contenido antropológico posible), sino una mera coordenada para insertar en una ecuación. Afortunadamente, las personas todavía no somos ecuaciones, pero se está haciendo todo lo posible para que respondamos como si lo fuéramos.

    Otra enseñanza que se da a los niños es que no existe la causa-efecto, no existe en los hechos y por tanto menos aún en el plano moral. De esta manera es posible mantener un discurso-carcasa cargado de buenas intenciones y al mismo tiempo provocar las acciones más atroces imaginables. Alabamos la naturaleza mientras la destruimos, nos repetimos lo mucho que queremos a nuestros hijos mientras les enterramos bajo el jardín de infancia toneladas de residuos nucleares. Es la naturalización del mal y la primacía de la inconsecuencia.

    Muy interesantes a este respecto son los libros de Santiago Alba Rico (filósofo y uno de los guionistas de La Bola de Cristal), especialmente Leer con Niños, o el más reciente El Naufragio del Hombre, junto con Carlos Fernández Liria.

    En el último salón de Comic de Barcelona hablaste de la cantidad de profesionales creativos que hay en el mundo de la publicidad en comparación con la cantidad de creativos en áreas del arte. Me pareció una reflexión muy interesante, y me gustaría que profundizaras en ella. ¿Crees que el modelo económico actual es nocivo para la expresión artística? ¿Que alternativas crees que podrían existir para evitar este ratio?

    El modelo económico actual es claramente nocivo para cualquier área de la actividad humana salvo para la puramente económica o financiera, o la del ejercicio abierto de la violencia. En el terreno de la imaginación, el cómputo es desalentador. Por cada creador libre hay 200 que han puesto todo su potencial al servicio de la maquinaria sistémica. Una persona trata, trabajosamente y con paciencia, de alumbrar otra manera de ver las cosas, y enfrente suyo, 200 cuentan con todos los medios del mundo para reafirmar exactamente lo contrario: compra, no hay mucho más que hacer. Muchos de ellos tal vez escriban poemas en sus ratos libres, o tengan la vaga idea de hacer algún día un corto propio, yo qué sé, pero entre tanto su energía creativa sólo sirve para apuntalar todo este despropósito. La lucha es, por tanto, muy desproporcionada.

    Algo muy similar a esto sucede con la investigación científica; esa brecha entre lo que la gente investigaría libremente y por el bien común, y lo que en verdad se ven forzados a investigar para vivir de ello.

    La única alternativa a esto es que cada individuo con talento e imaginación valore bien hacia donde quiere remar, y tenga el valor de crear luchando y construir creando, al margen del dinero y la vida fácil, que no es precisamente la más grata.

    Haces una muy dura crítica de la sociedad de consumo y su maquinaria propagandística creadora de realidades alternativas. ¿Crees que nos volvemos imbéciles porque se nos impone una visión naif del mundo, o que en muchos casos elegimos voluntariamente vivir alienados? Es decir, el imbécil, ¿nace o se hace?

    Nadie nace imbécil, aunque siempre se puede tener cierta predisposición genética para ello. El problema es que la escala del mundo en nuestros días es casi inaprensible (la globalización es enrevesada e inabarcable) , y es necesario un gran esfuerzo emocional e intelectual para comprenderlo en su totalidad. Los medios de incomunicación, por supuesto, hacen todo lo posible por fragmentar sus contenidos y reducirlos a meras anécdotas que sólo generen una respuesta emocional, nunca reflexiva. La gente, por tanto, con tan sólo tres o cuatro piezas entre las manos de entre un millón existentes en el puzzle de la realidad, difícilmente se hace una idea del conjunto.

    Luego están las inercias que vienen desde hace siglos, las convenciones mantenidas e incuestionadas, como las religiones o el propio sistema financiero. Deconstruir esas falacias nos puede llevar siglos y siglos, en tanto que a menudo se sustentan en instituciones muy poderosas y arraigadas cuyo único propósito es perpetuarse sin cambio alguno.

    Si tuvieras que reencarnarte y estuvieras obligado a elegir entre concursante de Gran Hermano, CEO de una multinacional que se dedica a hacer zapatillas con piel de niños del tercer mundo, jerarca de una secta sexista y homófoba o publicista: ¿Qué eligirías?

    Mmmmmmmm. Ante tan estimulantes alternativas es difícil decantarse por una sola. Lo mejor sería ser todas ellas a la vez, una suerte de reconcentrado pesadillesco que tal vez así, de tan compacto y denso, implosionase por sí mismo hasta convertirse en un bello e inofensivo nenúfar que fuera engullido instantes después por una megafoca venida del precámbrico superior. Por decir algo.

    “Yo sólo cumplo con mi deber” decía en Dinero el empleado que encerraba en una caja blindada la última partícula de sentido común del mundo. ¿Sientes alguna responsabilidad (por llamarlo de alguna manera) de aportar sentido común, o descubrir la falta de él en la sociedad?

    Creo que eso es responsabilidad de todos. El que tenga facilidad para pensarlo, que lo piense y lo comparta, el que la tenga para evocarlo artísticamente, que así lo haga, el que tenga otros oficios o talentos, que lo reivindique desde sus ámbitos. Cada uno, al hacer nuestro trabajo, hacemos el mundo. Y por supuesto, no es algo exclusivo de lo laboral, sino de todo lo que hacemos, lo que decimos, lo que consumimos. Esa responsabilidad la llevamos todos encima, lo queramos o no.

    Nuestra actual sociedad mundial, multiconectada e hipercompleja en su funcionamiento, ha logrado engendrar un nuevo estado, el de la disipación continuada de la culpa. Todos (las élites de las corporaciones y los gobiernos en mayor medida, claro está) somos partícipes de lo que pasa, y sin embargo nadie se da por aludido. ¡Es fantástico!

    Acerca de los derechos de autor. Editas tu obra como Creative Commons, y se vende muy bien porque el formato papel es muy superior al formato electrónico. Pero en caso de que esto dejara de ser así (es decir, se inventara un ebook muy barato, cómodo y fácil de usar que fuera igual o mejor que el papel), de qué forma se te ocurre que se te podría remunerar tu trabajo?

    Hace un tiempo que le estamos dando vueltas a eso junto con otros amigos. Ahora existe un momento de transición y ambigüedad a ese respecto, y lo ideal sería que la gente que genera contenidos creativos formase una plataforma digital colectiva de distribución de materiales, una especie de SGAE pero de verdad, no en su versión cortijo-empresarial, que además cerrase esa brecha entre autor-consumidor. De esta manera, cada autor podría elegir si quiere regalar las descargas de su trabajo o cobrar algo por ellas, pero algo que siempre sería mucho menos que lo que ahora se paga, puesto que ya no estarían los intermediarios (editoriales, productoras, distribuidoras, tiendas) para aumentar costes o simplemente llevarse el botín.

    La democracia degenerada en dictadura del mercado. “Compre, obedezca, no piense, trabaje”. Quien no se atenga al lema es un terrorista. ¿Qué valores tendríamos que aprender para escapar de esta tendencia que va a llevar a convertirnos en hormigas subnormales con la tarjeta de crédito insertada en la piel?

    El capitalismo, afortunadamente y como todo, también será una cosa del pasado. De hecho, sus topes de expansión se ven cada día más delimitados, fundamentalmente por las limitaciones energéticas inminentes y el deterioro del ecosistema, pero también por su propio funcionamiento financiero, completamente ficticio, que los economistas más juiciosos juzgan insostenible por mucho más tiempo.

    Los nuevos valores habrán de surgir, por tanto, de la gente, de todos nosotros, y posiblemente muchos de ellos no serán nuevos en absoluto, si no los mismos de siempre. Creo, en todo caso, que sí será necesario para nuestra supervivencia el superar prejuicios e inercias ancestrales, como las religiones dogmáticas o los hieratismos ideológicos, y habremos de guiarnos más por un compromiso con el bienestar común y el equilibrio con el entorno. Y tal vez todo ello requiera, no sé, de cierto salto espiritual, con todo lo escurridiza que una cosa así pueda sonarnos.

    “Las Pelusas” son objetos omnipresentes en tu obra. ¿Por qué? ¿Algún jersey que te volvió loco? ¿Acaso las coleccionas? ¿Has pensado venderlas como merchandising a través de “Editoriales Clismon”?

    La convivencia forzosa, y luego más tarde consentida, con estas formaciones hogareñas naturales me hizo tomar conciencia de su belleza y armonía. El mercadeo con estos entes no me interesa; lo verdaderamente bonito sería que entráramos en contacto íntimo con esa pelusa que todos llevamos dentro. La pelusa es la parte más humilde y peluda del alma.

    ¿Has contemplado la posibilidad de hacer animación?

    Algo he hecho, pero más por encargo que por vocación. He hecho animación un poco básica, a lo Terry Gilliam con los Monty Python, pero aplicar animación tradicional al tipo de dibujo que yo hago es tan trabajoso y caro que ni me lo planteo. Antes que eso, tan esforzado, me molaría hacer algo con actores, pero eso también cuesta lo suyo. En fin.

    Ahora te dedicas también a la música. La página web de tu grupo Las Buenas Noches es una obra de arte en si misma y la música me encanta. El problema es que no he sido capaz de ponerle ninguna etiqueta, así que me he asesorado con los demás miembros de la página y hemos sacado las siguentes etiquetas: “Folk independiente”, o “Indie-Folk-Pop-Latinoamericano” o “Simon & Garfunkel hartos de peyote”. ¿Que opinas de que se etiquete la música? ¿Qué instrumento tocas? ¿Cuanto tiempo llevas tiempo en el mundo de la música? ¿Estais viviendo una espiral de gloria, lujo, groupies, drogas y degeneración?

    Afortunadamente, si eres tú el que tocas no tienes que preocuparte por poner etiquetas, que eso ya lo hacen otros por ti, aunque por otra parte nadie se lo haya pedido. El etiquetado es útil a la hora de clasificar cosas, pero siempre suele estar por debajo de la realidad de las cosas.

    Nosotros hacemos el refrito musical que nos sale de múltiples músicas que nos gustan, a menudo sin pensarlo demasiado. Y por lo demás, se hace lo que se puede. Yo toco el charango, el ukelele, la guitarra, el cajón y el cuatro venezolano, pero todos ellos muy mal tocados.

    En cuanto al desenfreno, el lujo y la vida al límite, la respuesta es: nos comemos un mojón. Pero por otra parte, tampoco es que andemos persiguiéndolo, ya que a estas alturas estamos todos un poco viejunos y lo que tratamos más bien es de redireccionar nuestra carrera para conseguir en un futuro amenizar veladas en un asilo de la tercera edad de Benidorm, 3 comidas al día y cama gratis.

    ¿Cómo te defines en política? ¿Y en un plano filosófico? ¿Cómo imaginas la sociedad ideal?

    Mis simpatías, por razones obvias, son con la izquierda, que yo entiendo como el aglutinamiento de todas aquellas corrientes que han apostado y luchado por el progreso colectivo a lo largo de la historia. Todo lo bueno del mundo, desde las artes a la ciencia, se lo debemos a esa tendencia de cambio permanente, a esa incansable pulsión de mejora social y humana.

    En todo caso, creo que el cambio necesario ha de venir más de la urgencia de resolver cuanto antes nuestros acuciantes problemas que de un cuerpo ideológico cerrado y riguroso. Una sociedad humana hipotética pero realista, a mi entender, habría de sustituir el sistema monetarista por otro de propiedad colectiva, despoblar las mega ciudades (insostenibles, nos pongamos como nos pongamos) para dispersarse por el territorio, autoproduciendo sus productos básicos en un ámbito local, generando poblaciones más reducidas en las que el autogobierno por asamblea fuese posible (los estados, aunque más controlables que las corporaciones, también son temibles), y usando exclusivamente las fuentes de energía renovables, que por cierto tienen un potencial infinitamente más poderoso que todas las contaminantes actuales juntas. Habría que renunciar, claro está, a ciertos caprichos de la vida consumista, pero con el tiempo, un desarrollo tecnológico colectivo focalizado en resolver las verdaderas necesidades acabaría generando un nivel de vida muy superior al actual.

    Pero, vamos, definir cómo pase todo esto (o lo que sea que pase) habrá de ser tarea de todos, y eso sí que es bueno.

    Los desarreglos humanos y sociales que se recogen en tu obra son, desgraciadamente, universales. ¿Váis a publicar Dinero en otros países e idiomas, si no se ha hecho ya?

    A mí me gustaría, y creo que efectivamente se entendería en otros idiomas, pero de momento no ha habido ocasión. Un amigo publicó algo de Dinero en Argentina, una revista anarquista de Grecia también saca viñetas de vez en cuando, y ahora Bienvenido al Mundo se edita en Cuba, pero poco más.

    Algunas de tus viñetas sólo necesitan dar una leve vuelta de tuerca al panorama político para convertirse en humor disparatado. ¿Crees que la clase política exigirá a los humoristas pagar un canon por hacerles parte del trabajo?

    Eso, o al revés. Podemos denunciarles nosotros por intromisión gremial reiterada.

    El otro día -verídico- me intentaron vender por teléfono un cepillo de dientes eléctrico. Colgué antes de escuchar la marca pero tengo mis sospechas, ¿sabes si Clismón quiere su trozo de pastel en el mercado de la higiene mental (quiero decir, dental)?

    Lo desconozco, la verdad, pero si una corporación tan oscura y oblicua como Clismón llama a tu casa, lo mejor que puedes hacer es apuntalar puertas, ventanas e interfonos, y poner la televisión al máximo volumen. Eso, y rezar, o acabarás empelusado por entero.

    ¿Cómo das sentido a tu vida? ¿Eres una persona espiritual?

    Bueno, se hace lo que se puede. A veces nada parece tener sentido, pero luego te tomas una cañita al sol con un buen amigo y todo se resitúa más amablemente. En cuanto a mi espiritualidad, si es que existe, podría acotarla en algún lugar entre mirar un insectito de los que pululan por mi mesa fijamente durante horas, sin saber por qué, y tratar de visualizar el tamaño del universo como si uno fuese un gigante tan grande que se saliese literalmente de él. No sé si me explico. Lo más espiritual que puede hacer cualquiera es olvidarse por un momento de sí mismo.

    El fútbol como fabricante de micro-expectativas: genial definición. En España especialmente -por lo visto en los telediarios- parece que no haya otros deportes, ni que las mujeres practiquen o compitan en alguno. La pregunta (profunda) es… ¿de qué equipo eres? ¿piensas que el codazo de Ronaldo merecía roja?

    Siendo sincero, he de confesar que me encanta el fútbol, más aún jugarlo que verlo, pero en todo caso me gusta. Ello no impide que con cada absurda repetición en cámara lenta de alta tecnología de un futbolista echando un gargajo, me dé como un extraño sonrojo de vergüenza ajena-propia universal. El fútbol es un juego divertido de ver, como cualquier otro. El uso que se hace de él como opiáceo social espectacular (generador de micro-momentos de plenitud, de épica, de “magia”) para encubrir la realidad, eso da tanto vértigo y por otra parte es tan efectivo como el reiterado uso que se da del cuerpo de la mujer.

    Confiesa, ¿ves telebasura en la intimidad?

    Suelo verla los domingos a la hora del té. Me arrebujo en mi batín de seda japonés, sobre mi trono de zafiros de peluche, y la veo con fruición, 27 canales a la vez, en compañía de 27 caniches austro-húngaros que van tomando nota de todo lo que acontece en cada monitor. Luego hacemos una mesa redonda y jugamos a la canasta.

    Teniendo en cuenta el estado de la educación actual, ¿Qué opinión te merece la “escolarización en casa”?

    No me parece mal, pero creo que casi más importante aún que los métodos y contenidos educativos es la compañía de otros niños. Lo ideal sería hacer escuelas-cooperativas de padres y profesores o algo así, no muy grandes, pero con el tamaño suficiente para que se oyera siempre griterío en el patio.

    En tu obra parece claro que crees que la educación juega un papel fundamental en el devenir de la sociedad. En gran medida el individuo piensa, siente y por ende se comporta en función a la educación recibida, y esto lo saben los poderosos, que siempre procuran adoctrinarnos desde los medios de masas. Estoy totalmente de acuerdo con el papel clave de la educación, pero no puedo dejar de reparar en la cantidad de veces a lo largo de la historia en que los propios revolucionaros se han convertido en dictadores, al estilo de “Rebelión en la granja” ¿Cómo podríamos evitar la tendencia al aburguesamiento? ¿Puede una educación correcta no solo inculcar ciertos principios, sino asegurar que el individuo permanecerá fiel a ellos? ¿Se puede evitar de alguna forma que el poder corrompa?

    Después de todo, el comportamiento humano, al margen de los matices genéticos de cada persona, es fundamentalmente mimético. Si en una familia se miente con regularidad, el niño naturalizará la mentira como un hábito aceptable. Si en cambio la honestidad es lo común, el niño integrará esa pauta de comportamiento como suya propia. No somos robots, y esta explicación no será 100% infalible, pero sí creo que representa lo que más comúnmente se da. Esto quiere decir que unas condiciones de vida aceptables en un contexto social más o menos equilibrado podrían devenir en una forma de comportamiento colectiva no egoísta que se fuera asentando con las sucesivas generaciones. En todo caso, como es una pesadilla que se muerde la cola, lo primero que hemos de hacer para cortar este bucle es modificar nuestro comportamiento nosotros mismos, los adultos de hoy en día

    Así a bote pronto se me ocurre: 1-Pensar, así en general. 2- No creerse lo que viene de los medios del espectáculo y buscar fuentes de información alternativas. 3- Sacar el dinero de los grandes bancos y meterlo en banca ética o en cooperativas de servicios como Coop 57. 4-Consumir lo menos posible, ceñirse fundamentalmente a lo producido en el entorno, y comer cuanto menos carne posible. 5- Usar el transporte público, la bicicleta y el tren en detrimento del coche y el avión. 6- No participar de la democracia ficticia. El bipartidismo actual es la perpetuación de lo peor. 7- Intercambiar impresiones con los demás; hablar, compartir e imaginar juntos lo que vendrá.

    En cuanto al poder, siempre que existan estructuras de poder habrá una alta probabilidad de que éstas devengan en corruptas. Hemos de imaginarnos, pues, estructuras sociales en las que el poder sea temporal, muy limitado y nunca compatible con el beneficio personal, y para ello será necesario vivir en poblaciones más reducidas, en unidades de gobierno local y asambleario, aunque bien pudiera haber alguna clase de acuerdo mundial común en los puntos básicos más elementales.

    No sé, y a vosotros ¿qué se os ocurre?

    En Perspicalia apostamos por un conjunto de medidas simples y contundentes: reciclar la basura, consumir ecológico, exigir siempre el cumplimiento de los Derechos Humanos y hacer boicot a toda empresa que no los respete al cien por cien o que incurra en maltrato animal, cumplir a rajatabla con nuestras obligaciones cívicas, sustituir la asignatura de religión por la de “historia de las religiones” como en otros paises europeos, fomentar y premiar en la escuela todos estos valores de responsabilidad social, Derechos Humanos, Ecología, Civismo, etc, en una asignatura que se podría llamar, por ejemplo, Educación para la Ciudadanía (por decir algo), no leer a Enrique Dans, no reenviar powerpoints, y solo consumir contenidos de bloggers que corran libres por el corral y no de esos a los que tienen encerrados en jaulas publicando tres posts diarios.

    Muchas gracias por tu tiempo, Miguel. Un fuerte abrazo.

    01 de diciembre de 2009

    Lo que de verdad me irrita de los reality shows no es el hecho de que sean una forma de mantener entretenido al público con morbo malsano. Tampoco que a veces se presenten como “experimentos sociales” en los que participa “gente normal”. Los individuos dispuestos a vender su vida privada a cientos de miles de personas intentando hacerse famosos a golpe de genital no son la norma, ni psicológica ni estadísticamente hablando. Es duro pensar que cada vez que alguien eleva a la categoría de experimento científico esa casa con diez oligofrénicos copulando en los retretes y teniendo conversaciones que harían enrojecer a un niño de seis años, millones de científicos que dedicaron décadas de esfuerzo y pasión para hacer avanzar el conocimiento humano, desde Aristóteles hasta Einstein, se revuelven en sus tumbas. Pero esto no es nada nuevo.

    También tengo la impresión de que muchos de los que ven estos programas con la excusa de que “sólo se ríen de los frikis” lo hacen porque tienen la autoestima por los suelos y subconscientemente necesitan sentirse superiores a alguien, aunque sea un pobre anciano desfigurado con un retraso mental más que evidente, como era el ya desaparecido Pozi, o un yonki en las últimas al que años de consumo de drogas le han borrado del cerebro el sentido del ridículo. Pero esto no es lo que más me irrita.

    Lo peor de los realities son las cámaras en la nuca.

    Hablo en concreto de los programas para “buscar pareja”, subgénero dentro del género reality, como el actual Granjero busca Esposa o uno que daban en la MTV hace un tiempo, cuyo nombre ni siquiera quiero buscar en google.  Así como en Gran Hermano el “espectáculo” se centraba en la convivencia y tocaba de forma tangencial el romance entre los concursantes, aquí el “romance” es el tema principal. En teoría, estos programas diseñados para parecer reales (reality show, ¿recuerdan?) generan un ambiente relajado para los que están detrás de las cámaras. Los testimonios de los concursantes así lo afirman.

    -Estaba nervioso al principio, pero después de unas cuantas sesiones se olvida que las cámaras están ahí, ¿sabes? -dice Menganito.

    Oh, maravilla. Es entonces cuando empieza la magia, el inicio del espectáculo, dice el productor. Los concursantes se han olvidado de las cámaras y entonces el selecto público puede disfrutar de ser voyeur sin necesidad de llevar gabardina ni unos prismáticos ni el riesgo de acabar en el cuartelillo dando explicaciones.

    Pero la realidad es que los concursantes no se olvidan de las cámaras, simplemente se acostumbran a vivir con ellas.

    Es muy humano adaptarse a las diferentes situaciones sociales. No usamos las mismas palabras ni el mismo lenguaje corporal con los amigotes que con nuestros abuelos, ni siquiera usamos el mismo tono de voz. Todos nos creamos personajes que se adecuan a las distintas situaciones que vivimos en nuestras vidas. Nos imitamos unos a otros, a veces conciente y otras inconscientemente, como primates que somos. Nos adaptamos. Cuando los concursantes de los realities se acostumbran a las cámaras, no están olvidándolas. Simplemente han interiorizado sus personajes y pasan a actuar con la naturalidad de un actor profesional. Y pueden llegar a creerse que son ellos. Pero en ese momento los que están delante de las cámaras son los personajes que han creado para mostrar al mundo. Sus verdaderas personalidades están ocultas en el fondo de su cerebros, asustadas de salir porque saben que encima de su nuca está la cámara, esperando que pierdan el control, ávida de basura para rellenar los tabloides y alimentar de morbo a la gente que disfruta con las miserias ajenas. Estos personajes artificiales, creados en los cerebros de los concursantes, se multiplican como virus en millones de televisores y entran en los salones de nuestras casas.

    Si un programa de estas características se vuelve popular no existe escapatoria, apagar el televisor no nos inmuniza. Cuando los personajes están en suficientes cabezas estos pasan a derramarse en conversaciones delante de la máquina de café en el trabajo y en las barras de los bares. Son personajes que parecen reales y que se comportan como si fueran reales, y les imitamos como primates que somos. Cuando nos contagian actuamos como si nuestras vidas también estuvieran siendo retransmitidas. De esta forma, los reality shows nos hacen un poco más superficiales, potenciando nuestra obsesión por la imagen, transformando las relaciones humanas en actuaciones y equiparando la búsqueda de pareja con la búsqueda de una chaqueta que nos siente bien. Eh, pero que quede bien claro que no tenemos ningún problema. Al principio se nos hizo un poco raro, pero por fin nos hemos acostumbrado y ya no notamos que las cámaras están ahí. En nuestras nucas.

    08 de octubre de 2009
    chorradas · humor · Juin ·  3

    Sobre la superficie lunar se encontraban dos astronautas. Estaban a unos cuantos metros de la nave de aterrizaje, donde el resto del equipo bajaba todo el material necesario para larga lista de experimentos planeados. El capitán James Mayansky increpó a su acompañante:

    -¿Qué, te convences ahora? ¿Es esto suficiente prueba? Has estado callado todo el viaje desde que despegamos de la Tierra, podrías decir algo.

    El segundo astronauta guardó silencio. Detrás del cristal de su casco espacial su rostro estaba serio y ceñudo.

    -¿No quieres hablar, eh? Ven, vamos a ver el módulo de alunizaje original.

    James tomó de la mano a su compañero y le guió hasta detrás de una duna plateada, donde se encontraba el histórico módulo lunar del Apolo 11. Por unos instantes se detuvo para disfrutar del momento: ¡Toda una vida de entrenamiento y al final lo había conseguido! Estaba en la Luna, contemplando el preciso lugar donde la había pisado por primera vez la humanidad. Se sintió extremadamente afortunado. ¡Que maravillosa vista!

    -¿Lo ves? Está todo ahí. El módulo, las huellas de los astronautas, las marcas del aterrizaje, la placa con la firma de Armstrong…

    James dejó de hablar para observar a su acompañante, que seguía silencioso y con cara de pocos amigos. Se preguntó si estaba escuchando, tal vez estaba en algún tipo de shock. Igual estaba enfermo. Al fin y al cabo no era la persona mejor entrenada de la misión.

    “¡No es justo que esté aquí!”, pensó James. “El único mérito que tiene este hombre es ser el chalado con la página conspiración lunar más popular. El directivo de la NASA que lo seleccionó para venir con nosotros tiene un sentido del humor de lo más retorcido.” De pronto sintió lástima por él. Toda una vida dedicada a buscar fantasmas y pruebas de que el hombre no había llegado a la luna para acabar pisándola él mismo. La situación era más trágica que irónica. Intentó ser amable.

    -Mira, sé que es difícil aceptar que llevas toda la vida obsesionado con una idea, pero disfruta de estar aquí, del enorme privilegio que se te ha concedido y de…

    -Es un montaje.

    -¡¿QUÉ?!

    -Es un montaje. Obviamente no estamos en la luna, todo esto es un elaborado escenario. Con la tecnología actual es imposible llegar a la Luna.

    -Pero eso es absurdo. Yo…

    -Vamos a ver, si yo no soy capaz de instalarme la impresora en mi güindous y soy más listo que el hambre. ¿Cómo vais a ser vosotros capaces de llegar a la Luna? Es un argumento irrefutable.¿Creíais que seríais capaces de engañarme, eh? ¿Eh? ¡Pues estabais equivocados!

    -Pero… pero…

    -Tengo que reconocer que ha sido un buen truco lo de pintar el desierto de Nevada de blanco y lanzar un enorme globo aerostático con la forma exacta del planeta Tierra para intentar hacerlo más creible.

    James no se lo podía creer. ¡Tenía que haber algo que la paranoia de este hombre no fuera capaz de explicar!

    -¡Ya lo tengo! ¿Que me dices de la gravedad? ¿No te sientes más ligero?

    El conspiranoico enarcó las cejas.

    -¡Ja! Buen intento, “Capitán”. Es un Campo Antigravitatorio Electromagnético (CAE) sacado del Área 51 implantado bajo tierra. Todo el mundo sabe que el gobierno Estadounidense extrajo esa tecnología del Ovni que aterrizó en la tierra en 1947 en Huelva.

    -¿De qué estás hablando? ¿Dónde está Huelva? ¿Cómo es posible que creas que el gobierno Estadounidense esté en contacto con alienígenas y tenga esa clase de tecnología y sin embargo sostengas que el hombre no llegó a la Luna? ¡Tú has llegado a la Luna! ¡ESTAMOS EN LA LUNA!

    -Desde luego, que poca capacidad interpretativa tienen los agentes del FBI. ¿Creía que me iba a impresionar con el “despegue” desde la Tierra? Con esos cientos de actores posando como técnicos de la NASA, toda la prensa internacional haciendo el paripé, las asombrosas vistas de la tierra fuera de órbita… La enhorabuena de mi parte a los encargados del departamento de animación multimedia, porque la verdad es que me costó ver el montaje. Han mejorado ustedes desde el burdo intento de 1969, pero siguen sin ser capaces de engañarme.

    -Oh, dios mio… – James se llevó las manos al cristal del casco.

    -Veo que ya se ha cansado de intentar engañarme y se ha rendido a la evidencia, agente. Espero que no le importe si me quito este casco de moto que me han puesto, es bastante incómodo…

    -¡Pero que haces, idiota!

    El conspiranoico se quitó el casco y cayó al suelo con claros síntomas de asfixia. Mientras se agarraba el cuello y los ojos se le salían de las órbitas, James se apresuró en volverselo a colocar. El conspiranoico volvió a respirar y dijo entre jadeos:

    -¿Hasta donde pretendeis llegar para intentar convencerme de esta patraña? Habeis sellado este área del desierto de Arizona con una cúpula gigante, habeis pintado las estrellas y las constelaciones y habeis extraído todo el oxígeno con un fuelle. A mi me la vais a pegar, cachorros de los Illuminati.

    -Sigh… Volvamos a la nave.

    El Capitán James Mayansky volvió a la nave arrastrando las botas de su traje espacial. A su lado su acompañante le seguía dando saltitos en la baja gravedad, feliz por haber conseguido, una vez más, no ser engañado.

    30 de septiembre de 2009
    chorradas · humor · Juin ·  2

    Un hombre de tupida barba blanca, generosa barriga y camiseta de cuadros se subió a una tarima. Si no fuera por la cara seria y sus rasgos severos, habría parecido un Papá Noél de paisano. Delante suyo había una audiencia considerable, la mayoría hombres de mediana edad.

    -¡Queridos camaradas! ¡Nos hemos reunido aquí hoy para pasar a la acción y lavar la imagen de nuestro orgulloso colectivo!

    Un sonoro aplauso y numerosos gritos de ¡Viva! ¡Eso, eso! ¡Así se habla! interrumpieron al interlocutor. Este sonreía visiblemente satisfecho y movía lentamente su cabeza de arriba abajo. Levantó una mano pidiendo calma y prosiguió:

    -Desde hace demasiado tiempo ya, el colectivo de taxistas sufre un acoso absurdo e injusto por parte de la opinión pública. Nos tachan de maleducados, estafadores, agarrados… ¡Prácticamente nos llaman criminales! ¿Decidme, acaso sois vosotros unos estafadores?

    -¡No! -respondieron todos al unísono, haciendo retumbar la sala.

    -¿Acaso somos unos agarrados que sólo piensan en el dinero?

    -¡NO!

    -¡Por supuesto que no! Por eso estamos aquí hoy, para fundar un partido político que luche por nuestros derechos, por nuestra imagen y por nuestra libertad. Permitid que os presente a…

    Se dió la vuelta el Papá Noel Cabreado y miró hacia el inmenso telón que había detrás suyo. Tiró dramáticamente de la cuerda y el telón se abrió, mostrando una sola palabra en enormes caracteres negros sobre fondo blanco:

    El público rugió. La gente se levantó de sus asientos sin dejar de aplaudir, más que gritar aullaban como monos con una sobredosis de viagra. ¡Magnífico! ¡Excelso! ¡Nos vamos a comer el mundo! ¡De aquí al parlamento!

    -Entonces queda decidido por unanimidad. Fundaremos un partido político bajo las siglas de PESETO y nos presentaremos a las elecciones nacionales y europeas… ¿Alguna pregunta?

    La inmensa mayoría asentía con una expresión que decía “no queda nada por añadir”. Aun así, se levantó una mano vacilante. Con ella se levantó también un chico joven, con aspecto tímido e introvertido.

    - ¿Sí, camarada?

    - Eh… bueno… Yo… yo… tengo un par de dudas. Primero: ¿A qué corresponden las siglas de PESETO?

    Noel le miró condescendiente.

    -¡A nada, hombre! El nombre del partido tiene mucho más sentido sin nada complicado detrás, queremos transmitir un mensaje claro. Tiene gancho el nombre de PESETO. ¿No es así, chavalote?

    -Bueno… Llamar la atención, llama. Pero entonces no… no son unas siglas.

    -¡Claro que son unas siglas! ¿No ves que PESETO está escrito en mayúsculas? ¡Jajajajaja!

    El público rió con él, lleno de suficiencia. El chico parecía confundido por la respuesta.

    -Bueno… de acuerdo. Lógica aplastante. De hecho, esto me lleva a la segunda pregunta. Si lo que queremos es limpiar la imagen del gremio y que el gran público sepa de nuestra causa… ¿No es acaso PESETO un nombre… poco apropiado?

    Los ceños se empezaron a fruncir y muchas miradas se dirigieron al balbuceante joven.

    -¿Pero vamos a ver, chaval, que tiene de malo el nombre? ¡Dame una sóla razón!

    El joven había perdido la vergüenza inicial. Con seguridad, contestó:

    -Pues se me ocurre que precisamente el estereotipo de “peseto” lo que queremos quitarnos de encima. La inmensa mayoría de la población no está al tanto de nuestra causa y ver las “siglas” PESETO va a conseguir que mucha gente no se interese por nuestro programa y no nos tome en serio. Tener un nombre que nos desprestigia sólo por el intentar llamar la atención dice bien poco de nuestras convicciones y de nuestra capacidad de proponer algo serio.

    Un señor visiblemenente molesto se levantó de su silla y le increpó.

    -Pero a ver chaval: ¿Qué más da el nombre? Lo importante aquí son las propuestas y el programa. Es un nombre, nada más.

    -Si no somos capaces de elegir un nombre mínimamente decente que nos defina; ¿Cómo vamos a convencer a la gente de que nos de su voto para tomar cualquier decisión? Es equivalente a permitir a alguien conducir un fórmula uno si cada vez que le das un triciclo se estampa contra un muro.

    -A mi me da que lo que tú eres es un insolidario y un fascista.

    -¡Sí, fascista! Seguro que no eres taxista y que lo único que quieres es que dejemos de ser libres.

    -¡Linchadle!

    El joven fue linchado por la turba furiosa y el primer mitin de PESETO fue declarado un gran éxito.

    Un asistente se acercó a Papá Noél y le preguntó al salir de la sala.

    -¿Oye, de donde sacasteis el diseño del logo? ¡Está muy chulo!

    -Nos inspiramos en un partido político de marineros asesinos, o algo así. La verdad es que no me enteré muy bien de que iban.