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  • Tecnócratas dirigiendo países de la UE. Industrias Clismón, quiero decir GoldMan Sachs formando parte de sucesivos gobiernos americanos incluido el de Obama. España indultando al banquero y recortando derechos, la policía pegando hostias al que se queje, etcétera y mientras, documentándome para un artículo sobre Olof Palme me encuentro con esto:

    “El día en que los llamados hombres de la vida práctica expulsen las ideas de la escena política, entonces abrimos las puertas a la progresiva decadencia política dentro de la democracia.”

    “En el momento en que intentásemos huir de las utopías, huir de los objetivos de la evolución de la sociedad a largo plazo, huir de crear esperanzas en las personas. Entonces, sí, todo se desintegraría, porque ya no tendríamos, por decirlo claro, la fuerza moral impulsora, la fuerza ideológica” (congreso de las Juventudes Socialdemócratas, 1964)

    Un par de años más tarde dijo en la radio francesa algo que parece anticipar la debacle actual de los socialistas españoles: “Cuando nuestro partido se quede paralizado perderemos el poder. Porque, según nosotros, no son ciertas personas las que tienen el poder sino un movimiento y unas ideas.”

    Y otro discurso más aplicable directamente al momento presente, aunque fuera redactado en 1970: “Nunca seremos víctimas desamparadas de fuerzas anónimas. Nunca tendremos que confiar decisiones a expertos y especialistas. La política es susceptible de que la podamos juzgar cada uno de nosotros. Porque depende en último término de ideales y de ideas.”

    Ideas pero también pragmatismo: “La política socialista, la de izquierda, siempre significa tensión entre las ideas y la utopía por las que se tiene que trabajar y la realidad que tan difícil es de cambiar. Para ser capaz de cambiar la realidad hay que mantener vivo el debate ideológico y siempre hablar de tus objetivos y de tus ideas básicas como elementos indispensables para tu actividad práctica. Pero en tu trabajo práctico tienes que ser pragmático, si no no llegarás a ninguna parte”.

    A Palme lo ajusticiaron. Dos disparos que no destruyeron el puente que construyó entre utopía y administración cotidiana. En estos días creo que merece la pena recordarle, releerle. Y ver con nuestros propios ojos lo que llevó a cabo.

    02 de noviembre de 2009

    La tele no avisa de que va a soltar basura, simplemente la emite y a veces uno se la traga si anda descuidado y con las defensas bajas. Si más tarde se visiona de nuevo ya con la perspectiva del tiempo, p.e. cuando la rescata algún documental, advierte uno por fin la pestilencia de esos mismos programas que antes encajaron en la “normalidad”. Como aquel programa que llegó a tener Jesús Gil, las mamachicho, las gracietas de Berlusconi en Italia o los shows con el impresentable de Menem en Argentina. Otros (aquí meto un saco de programas de la MTV) dan ganas de vomitar a la primera y aunque hoy se hayan colado sin hacer ruido en la cotidianidad, mañana llevan más papeletas en el concurso de esperpentos.

    Por otro lado están esos escasos momentos que te dejan pegado a la pantalla del televisor con la piel de gallina porque, bien algo trascendente está ocurriendo, o bien los protagonistas elevan el nivel de calidad del medio en información, periodismo, espectáculo, etc: Gabilondo preguntándole a González si ordenó el GAL, Del Olmo a Aznar que cuándo aceptaría una charla con Iñaki, Juan Echanove replicando a Gil, Eduard Murrow jugándosela en la entrevista a McCarthy, Frost acorralando a Nixon, etc, o en otra categoría de entrevistas memorables, la que le hizo a Aznar un Urdaci con los pantalones bajados antes de empezar.

    Cinco estrellas también para algunas ediciones del Daily Show de Jon Stewart quien haciendo una comparación a lo bruto, podría ser la versión yanqui de nuestro Gran Wyoming. Muy relevante también el hecho de que habla como si tuviera dos bolas de algodón en las encías inferiores, igual que las que se puso Marlon Brando en El Padrino. Su seguimiento a las elecciones que ganaría Obama era para no perdérselo: inteligente, ácido y disparando humor contra todo y contra todos. Los debates cara a cara para las presidenciales expusieron nítidamente por sí solos el (en mi opinión) penoso nivel de los representantes republicanos McCain-Palin (tan malo o peor que el de Bush) y la calidad del discurso Obama-Biden. Después The Daily Show hacía unos resúmenes que además de comentar e informar te tiraban al suelo de la risa.

    Una de esas brillantes ediciones ya al margen de las elecciones enfrentó a Jon (no James, ése era el actor y siempre confundo el nombre) Stewart contra Jim Cramer, presentador de Mad Money en la cadena de noticias financieras CNBC. Cramer es, ¿cómo podría describirse?… pura cancamusa (dónde he escuchado yo…? da igual). La entrevista no tuvo desperdicio: Jon se comió a Jim -dialécticamente- con patatas. Ambos discutieron sobre la crisis económica con un lenguaje directo (esto muy americano) pero al mismo tiempo sin gritar ni insultar y aunque hubo momentos de tensión, los dos supieron desengrasar la charla con alguna que otra broma. Jim, que quedó para el arrastre, al menos tuvo el mínimo de decencia para dar la cara y una vez desarmado, no negar la evidencia. Mal acostumbrados estamos en España, donde lo habitual es ver políticos en rueda prensa diciendo que es de noche cuando es de día porque así se decidió en sede del partido, o evadiendo preguntas definitivas con ese “no a todo” para la posteridad de la tránsfuga Sáez en el tamayazo.

    Lo que viene a continuación es simplemente una narración y traducción libre de esa entrevista (alguno pensará con razón que es como cantar los goles de un partido de la temporada pasada); señoras y señores, esto no es una peli del Oeste pero se titula JON STEWART vs JIM CRAMER.

    The Daily Show With Jon Stewart Mon – Thurs 11p / 10c
    Jim Cramer Extended Interview Pt. 1
    www.thedailyshow.com
    Daily Show
    Full Episodes
    Political Humor Health Care Crisis

    Primer asalto, primer punch.

    CNBC se ha opuesto a rescatar a las personas acechadas por embargos hipotecarios; ¡que les jodan! gritaban los brokers ante un comentarista de esa cadena en el parqué del CME. Esa misma cadena, cuenta Jon Stewart, ha estado jaleando a los bancos que extendían préstamos a un interés del 30% y seguido insultando a los que ahora pierden sus casas.

    Cramer dice para defenderse que no comparte ese ataque a los que se han arruinado, que la gente que ahora necesita tres trabajos son héroes y no perdedores… que él mismo en su día llegó a vivir en el coche. Jon le agradece ese desmarque pero lanza el primer ataque (echa la silla hacia atrás, barbilla abajo, dedos al labio inferior): en CNBC se presentan como expertos financieros con acceso a los CEO… ¡¡y ni la olieron!! ¡además le echan la culpa a la gente corriente que no tiene la pericia en economía de la que ellos presumen! ¡les acusan de ser parte del problema!

    Segundo punch.

    Jim, que aguanta el chaparrón como puede, es la viva estampa del minglanillas (otro déjà vu…? da igual), estresado porque se le está poniendo un espejo delante; admite errores pero defiende el no verla venir asegurando -angelito- que aquello era una probabilidad entre un millón…

    - (Jon) ¿Entonces por qué te pones furioso con nosotros? ¿por qué dices que somos injustos?.

    Cramer rectifica, ahora dice que The Daily Show no fue injusto y se escuda en que tienen que rellenar 17 horas de tv al día y hacer predicciones (tan exitosas como la de comprar cedés).

    - (Jon) A lo mejor podríais recortar tantas horas y de hecho, dejar de hacer predicciones ¿acaso tienes que hacerlas, es algo genético?… Llegaste a soltar que se había llegado al fondo, que las acciones sólo bajarían 15 puntos y al día siguiente, después de un repliegue de 300 puntos bailaste sobre la tumba de los chicos desplumados de la bolsa.

    Ahora Cramer hace un enorme esfuerzo por explicar lo que no puede, habla lento, gesticulando, exagerando, espeso, con vocabulario simplón…

    - (Jon) …gracias por hablarme como si tuviera 5 años…

    Las carcajadas en el plató dan un respiro a un Jim Cramer que parece disfrazado de sí mismo: camisa arrugada dos tallas demasiado grande, arremangada nerviosamente por encima de los codos como preparada para meterse en faena sucia y que subraya su imagen de farsante, de vendedor de crecepelos, trepa, etc.

    Dime la contraseña y pongo el vídeo.

    El trailer del programa de Jim Cramer, Mad Money, lo presenta como un gurú: “cuándo no sabes dónde invertir, qué hacer, Cramer te respalda… IN CRAMER WE TRUST”.

    - (Jon) ¡Dios viene a vernos! ¿¿es Dios quien te señala e ilumina las acciones??

    Por lo visto Jim dirige un fondo de inversiones; el dardo que viene ahora apunta precisamente en esa dirección: Stewart indica a su equipo la contraseña de un vídeo en concreto, un vídeo de Jim contando cosas interesantes…

    - (Jim) Muchas veces, cuando las acciones iban a declinar, crearía -usa el condicional- con antelación un nivel de actividad que encauzara el futuro… es un juego divertido.

    Se acaba el vídeo y Cramer intenta empezar al menos tres frases que no consigue terminar, quiere explicarse pero no lo consigue. Afirma hipócritamente que eso que cuenta en el vídeo no lo ha llegado a hacer, que estaba en realidad intentado revelar cómo funcionan esas cosas, que su intención iba aún más allá: que los reguladores lo vieran. El vídeo se reanuda dejándolo por mentiroso:

    - (Jim) …animaría a cualquiera que dirija un fondo de inversiones a hacerlo porque es legal y una manera muy rápida y satisfactoria de hacer dinero. Nadie admitiría esto pero me da igual.

    De nuevo Cramer siente que debe dar explicaciones en el plató de The Daily Show pero esta vez traslada la responsabilidad a los reguladores que no han llevado acciones después de (supuestamente) haber visto el vídeo. Débil argumento fulminado ipso facto:

    - (Jon) ¿PORQUÉ LOS REGULADORES? ¿PORQUÉ NO LA CADENA CNBC, QUE PRECISAMENTE ES LA “EMISIÓN DE NOTICIAS FINANCIERAS”? CNBC podría ser una herramienta increíble de iluminación para la gente que empieza a creer que en realidad hay dos mercados: Uno, el que se nos ha vendido como de largo plazo, el de nuestras pensiones, el del pon la pasta aquí y no te preocupes y dos, el “real”, el de la trastienda de transacciones rápidas con muchísimo dinero. Pero este segundo mercado es PELIGROSO, ÉTICAMENTE DUDOSO y de hecho PERJUDICIAL para el mercado de largo plazo. Da la sensación de que el gran público está poniendo el capital para vuestra aventura y de que es UN JUEGO QUE VOSOTROS CONOCÉIS, cuando tenéis una cadena de televisión en la que se actúa como si esto no ocurriese. La industria de noticias financieras es culpable por todo ello, de un delito no ya de omisión sino de actuación.

    Una de vídeo y otra de arena.

    Jim Cramer se intenta presentar como el único entre los suyos que dice la verdad, el engañado por los CEO, el honesto entre compañeros que debieran haberse juramentado a sí mismos decir la verdad antes de salir en antena. Pero The Daily Show no ha acabado y vienen más vídeos. Jon suelta otra contraseña.

    - (Jim, en el vídeo) No puedes fomentar, porque sería una violación de las reglas, la impresión de que unas acciones van a bajar… pero lo haces de todas maneras porque el SEC no se entera.

    ¿Se puede caer más bajo?… Sí. Siguiente vídeo, Diciembre de 2006, antes de que el iPhone se presentara en la convención MacWorld (Enero de 2007).

    - (Jim) Sobre las acciones de Apple decir que es importante extender el rumor de que tanto ATT como Verizon han decidido que no quieren el teléfono, o de que no estará listo para el MacWorld, esto es muy fácil de hacer…

    La cosa se calienta.

    - (Jon) Entiendo que quieras hacer divertidas las noticias financieras… ¡PERO NO ES UN PUTO JUEGO! Después de ver este vídeo comprendo que vosotros sí que sabéis cómo funciona todo.
    - (Jim) Lo que pretendía realmente era mostrar los shenanigans.

    S-h-e-n-a-n-i-g-a-n-s: esta palabra va directa a la versión inglesa de nuestro diccionario cancamusero, además impresiona que no veas… la tuve que buscar y significa más o menos argucia, truco sucio, etc.

    -(Jon) Mientras sabíais lo que los bancos estaban haciendo os burlabais de nosotros y llegado el momento en que la cosa explota, actuáis como si fuese un tsunami, un algo impredecible que ocurre una vez en la vida. Como mínimo eso es falsamente ingenuo o un crimen en el peor de los casos.

    El knockout

    - (Jim) …quien dirige Lehman Brothers me mintió.

    Jim Cramer está muy nervioso, levanta la voz que cada vez le sale más aguda, echa el cuerpo encima de la mesa…

    - (Jon) ¿Y NO SERÍA PRECISAMENTE VUESTRA TAREA DAR ESA NOTICIA, VOSOTROS, EL CANAL DE FINANZAS?

    Un Cramer muy alterado dice que querría que se dictaminasen acusaciones contra esos CEO, que él ya le ha dicho al Departamento de Justicia cómo conseguirlas.

    - (Jon) ¿De qué parte está la cadena CNBC? Esta gente ha estado de celebraciones pagadas por sus compañías con el dinero de nuestras pensiones, todos sus incentivos se convirtieron en beneficios, quemaron la casa con lo nuestro dentro y se marcharon andando ricos como el demonio mientras CNBC LO SABÍA.

    Jim Cramer sigue con la cantinela de que jugaban a algo posible, a conseguir beneficios ininterrumpidos año tras año del 30%.

    - (Jon) Eso es UNA MENTIRA PELIGROSA que vendéis, “no hagas nada, sacarás entre el 10 y el 20% de beneficios”… cuándo nos daremos cuenta de que NUESTRA RIQUEZA ES EL TRABAJO.

    Cramer ya está totalmente desarmado, tira la toalla y se convence de que debería contar en su programa que no hay manera fácil de ganar dinero.

    - (Jon) … y por eso anuncias tu programa como “FAST MONEY”.

    Jim afirma conocer todos esos shenanigans, pero que realmente confiaba en que el mercado subiría siempre.

    - (Jon) ¿Pero ante quiénes sóis vosotros responsables, ante los pensionistas y el público en general o antes los comerciantes de Wall Street?

    - (Jim) …sí, deberíamos haber señalado constantemente los fallos que cometimos… absolutamente.

    - (Jon) Estoy bajo la suposición de que no tomáis en valor ni la palabra del Secretario del Tesoro ni la de los CEO, sino que los escucháis y luego lo descifráis. Aparte de eso y para colmo, ya estáis mostrando reticencias a que el gobierno intervenga demasiado. Como tú has dicho en uno de tus vídeos, por un lado está la letra de la ley y por otro la intención de la ley. Por ello sería bueno que hubiese una ORGANIZACIÓN DE NOTICIAS QUE MANTUVIESE LA INTENCIÓN DE LAS LEYES y con ello forzasen a las compañias a que crecieran y tuviesen beneficios pero de una manera en la que NO QUEMASEN TODO EL CAMPO.

    - (Jon de nuevo) Mi madre tiene ya 75 años y aún así ella piensa que el camino a seguir son las inversiones a largo plazo.

    - (Jim, voz baja, cabeza gacha) …no salió bien… no salió bien…

    - (Jon) Deberíamos quitar el “In Cramer We Trust” y volver a LOS FUNDAMENTOS DEL PERIODISMO, así yo puedo volver a lo que hacía antes, poner caras divertidas y hacer sonidos de pedos.

    - (Jim) …lo firmo, aquí mismo.

    K.O. a la cancamusa. Qué tío este James Stewart. Quiero decir… Jon.

    14 de julio de 2009

    -¡Los talibanes!

    Fairuz no se había enterado de qué iba el ejercicio. Fairuz es mi compañera del curso de sueco para extranjeros; me ha contado la receta típica de lentejas de su país, Afganistán, que es igualita a la receta española (no pude preguntarle por la morcilla y el chorizo, nuestro nivel de sueco no da para tanto).

    Para decirme que odiaba a los integristas musulmanes, sus asiáticos ojos negros me miraron seriamente. Cuando le dije que yo también odiaba a los talibanes, se echó a reír. Pero mi pregunta había sido que a qué personaje famoso odiaba más y Fairuz para contestar debía meterse en la piel de otra persona, de la que la profesora nos había dado una foto, y responder como se supone lo habría hecho esa persona. El caso es que mi compañera no comprendía aquello y respondió por sí misma, contándome detalles de su vida.

    Los talibanes la habrían tratado peor que a un perro si hubiera seguido viviendo en Afganistán sólo por el hecho de ser mujer. En Suecia sin embargo tenía un trabajo digno, estudiaba, conducía un Volvo y daba paseos con sus hijos los fines de semana por donde quería. Y preparaba las lentejas como hacemos los españoles, en una olla con tomate y cebolla (pero sin pimiento). Estaba aprovechando las ventajas de vivir en esta parte del mundo para desarrollarse como persona en lo individual, familiar, social, etc.

    Fairuz suele venir a la escuela en vaqueros y lleva un hiyab en la cabeza, un pañuelo muy suelto sobre los hombros y la coronilla (siempre me da la sensación de que de un momento a otro se le va caer hacia atrás) que no le tapa la cara ni el pelo (y que le sienta bien). Aunque no sé realmente si es libre o no de llevarlo, aparentemente su pañuelo es más un signo de identidad cultural que una imposición machista religiosa. Ese foulard en concreto me sirvió para matizar (o al menos prepararme para matizar, si finalmente estoy en un error) mi percepción sobre el problema religioso-social del pañuelo.

    Muy distinto al modo en que lo lleva mi compañera de clase es el de la siguiente foto:

    Las tres chicas protagonizan un programa de televisión en el que dan a conocer su perspectiva de la sociedad desde su condición de suecas musulmanas; al menos una de ellas es nacida en Suecia. Llevan el hiyab literalmente hasta las cejas (como se les baje un poco van a necesitar retrovisores) y el cuerpo totalmente cubierto. Además, dos de ellas se niegan a saludar estrechando la mano: va contra su religión y cuando se produce una situación embarazosa por ese motivo, arguyen con altanería que ninguna ley les obliga a dar la mano y que se les debe respetar su costumbre. Desde luego, respetadas están, pero ya que hablan de ley y orden: en Europa no te meten en la cárcel por negarte a dar la mano, sin embargo en algunos países árabes vas directa al trullo como se te olvide el pañuelo en casita.

    En la foto van vestidas de hinchas para el programa que hicieron sobre lo apasionadamente que viven el fúmbol en su comunidad: animan con fervor a la selección sueca. Los colores azul y amarillo del país de Alfred Nobel les cubren por completo y ello transforma por un instante mi decepción en esperanza. La decepción por ver a religiones y a culturas menos desarrolladas (sí, he dicho bien) echando por tierra los valores de libertad e igualdad conseguidos por los escandinavos… se convierte en ventana abierta a una nueva posibilidad: la posibilidad de que este país, que no se traiciona a sí mismo y les ofrece tanto autonomía como medios para integrarse (hasta un programa de televisión), cuando las rodee con la manta transparente y liviana de la LIBERTAD, va de hecho a descubrirlas de velos que no son más que cadenas con un extremo en el pasado oscuro de la humanidad. Esta tierra nórdica las va a abrazar como un padre generoso, inteligente y de miras amplias abraza a su hija no para atraparla sino para que vuele lejos de las tinieblas.

    Esa manta emancipadora antes de ser traslúcida era amarilla y azul. Azul y amarillo, como el fondo y las estrellas de la bandera europea que colorean el camino hacia el futuro, un camino que deja atrás siglos de sombras. Un camino que ELLAS, por supuesto, también van a andar.

    El hombre vive situaciones en que es consciente de su impunidad, de su poder, de que sólo responde ante sí mismo. Encuentra espacios en los que se le otorga libertad de actuar en ausencia de supervisión o juicio.

    En estos casos el hombre suele sacar lo peor de sí: la moral, la ética, el actuar según los imperativos categóricos de Kant, etc, son conceptos que en esa situación pierden su valor y se diluyen más rápido que un alka-seltzer. Quedan muy bien en ensayos, columnas y conferencias donde sí hay público, donde sí hay control, pero cuando los focos se apagan la oscuridad del alma sale del pozo.

    Habitualmente se ven ejemplos de esto en políticos, funcionarios, empresarios, compañeros de trabajo, etc. Ocurre en los calabozos de la policía, ocurre tras una ventanilla de la administración o la caja de un banco; en las gradas de un campo de fútbol o en el de batalla. Hombres civilizados en sociedades civilizadas se vuelven lobos cuando están solos, ya sea en casita o en tierras lejanas donde los vigilantes de la ley y la moral no miran. Le ocurrió a Kurtz en el Corazón de las Tinieblas y a su versión bélica de Apocalypse Now: la fascinación de lo degradante. También lo vivieron soldados americanos en Abu Ghraib, por poner un ejemplo reciente (¿qué país puede tirar la primera piedra?).

    Por eso hay algo de seguro en ser vigilados y vigilantes a la vez; una de las virtudes de la democracia americana, según mi profe de Ciencia Política, es la del control recíproco entre poderes.

    El trato injusto del que se sabe impune fue el que observé y sufrí (madre mía, vaya si lo hice) por parte de unos cuantos profesores cuando estudiaba ingeniería. Eso de “el hombre es un lobo para el hombre”, que está muy trillado, lo tenía entonces grabado como “algunos docentes son lobos para sus alumnos”.

    Los responsables de aquella (ésta) injusticia no son sólo los propios maestros que desvirtuaban (desvirtúan) la enseñanza sino también sus superiores que han creado, propiciado e incentivado un marco de despotismo gratuito donde un grupo -los alumnos- están en clara posición de indefensión.

    La primera persona malvada que conocí en mi vida fue un profesor de universidad; aquellas no eran malas personas, sino personas malas, que es peor. Los de su propio gremio también lo creen: el profesor Neira decía haber tenido a monstruos como compañeros, gente “en la cola de la humanidad”. Una facultad de profes zombis, sin norte en sus vidas, descargando insatisfacción contra nosotros los que veníamos a empollar. Por elección propia, ellos habían renunciado a la vida, eran una especie de ascetas enormemente infelices atrapados en una posición que por un lado les daba prestigio, pero por otro les arrebataba todo lo demás. ¿Quién pagaba el pato? Exacto.

    Al menos encontré comprensión entre quienes como yo y como tantos habían sufrido ese esperpento. Friedrich Nietzsche dijo que “la ciencia es hoy un escondrijo para toda especie de mal humor, incredulidad, gusano roedor, desprecio de si, mala conciencia, es el desasosiego propio de la ausencia de un ideal, el sufrimiento por la falta de amor, la insuficiencia de una sobriedad involuntaria  [...] La ciencia como medio de aturdirse a sí mismo [...]

    Los que usan el despacho como escondrijo renuncian a la vida por un ideal falso. Lo saben, por eso son infelices, por eso sacan pinchos y espinas a los que estamos bajo su poder.

    A veces con una palabra inofensiva herimos a los doctos hasta el tuétano [...] Los sacamos de sus casillas meramente porque fuimos demasiado burdos para adivinar con quién estamos tratando en realidad, con seres que sufren y que no quieren confesarse a sí mismo lo que son, con seres aturdidos e irreflexivos que no temen más que una sola cosa: llegar a cobrar conciencia

    ¡No despertar! por ello intentan asesinar todo atisbo de alegría que cruce la puerta de su despacho. Tuve una profesora que amenazó con romper la cadena de mi bici y llevársela porque la aparqué en los solitarios laboratorios de Proyecto en la última planta (y eso que se supone que te respetaban más cuando ibas por quinto curso). Pobre bicicleta, nuevecita que estaba, tan chula, tan indefensa, ella misma que en sí representa civismo… amenazada por una zombi asceta, en fin.

    Esos “enseñantes” nada sabían de relaciones personales, respeto, de estimular y dar refuerzos positivos a los que veníamos con ganas de aprender; demostraron nulo conocimiento del ambiente social y humano que les rodeaba. Cada vez que lo recuerdo, encojo los hombros y me pregunto de dónde procedía esa miseria.

    Merecido es el estudio riguroso sobre el origen de la actitud y aptitud de estos hombres de ciencia. En el siguiente extracto, Ortega y Gasset se refiere al científico de finales del siglo XIX; no tiene desperdicio (si se ha estropeado el original con la negrita, es culpa mía):

    Generación tras generación, el hombre de ciencia ha ido constriñéndose, recluyéndose, en un campo de ocupación cada vez más estrecho [...] progresivamente perdiendo contacto con las demás partes de la ciencia. [...] Llega a proclamar como una virtud el no enterarse de cuanto quede fuera del angosto paisaje que especialmente cultiva [...]

    Ahora bajemos los humos a los que se creen por encima de niñatos recién salidos del instituto:

    La ciencia experimental ha progresado en buena parte merced al trabajo de hombres mediocres y aun menos que mediocres. Es decir, que la ciencia moderna, raíz y símbolo de la civilización actual, da acogida dentro de sí mismo al hombre intelectualmente medio y le permite operar con buen éxito [...]

    Así la mayor parte de los científicos empujan el progreso general de la ciencia encontrados en la celdilla de su laboratorio, como la abeja en la de su panal o como el pachón de asador en su cajón. Pero esto crea una casta de hombres sobremanera extraños [...] Con cierta aparente justicia se considerará como «un hombre que sabe» [...] El especialista «sabe» muy bien su mínimo rincón de universo: pero ignora la raíz de todo el resto [...] Habremos de decir que es un sabio-ignorante, cosa sobremanera grave, pues significa que es un señor el cual se comportará en todas las cuestiones que ignora, no como un ignorante, sino con toda la petulancia de quien en su cuestión especial es un sabio [...] En política, en arte, en los usos sociales, en las ciencias, tomará posiciones de primitivo, de ignorantísimo; pero las tomará con energía y suficiencia, sin admitir -y esto es lo paradójico- especialistas de estas cosas [...] Esta misma sensación íntima de dominio y valía le llevará a querer predominar fuera de su especialidad [...]

    La advertencia no es vaga. Quien quiera puede observar la estupidez con que piensan, juzgan y actúan hoy en política, en arte, en religión y en los problemas generales de la vida y el mundo los «hombres de ciencia» [...]

    ¡Lo atestiguo! Si es que hay miles de ejemplos… me viene a la mente uno con el que concerté una tutoría. La fecha era cercana al examen (una o dos semanas antes); tras resolverme unas cuantas dudas empezó a recular, se negaba a seguir respondiendo porque pensaba que “quizá te estoy explicando algo que puede caer en el examen”. Ya, señor mío, por eso me estoy estudiando TODA la asignatura, porque TODA ella puede caer en el examen. Usted es el profesor, ¿no quiere que los alumnos nos la sepamos lo mejor posible para poder aprobar? ¿O el objetivo es el contrario?

    Pero si el especialista desconoce la fisiología interna de la ciencia que cultiva, mucho más radicalmente ignora las condiciones históricas de su perduración, es decir, cómo tienen que estar organizados la sociedad y el corazón del hombre para que pueda seguir habiendo investigadores.

    Como ha dicho Ortega: nocivos para la propia ciencia que les ha dado su posición. Qué alivio que las grandes mentes nos escuchen, aunque sea en la desvelada soledad de la noche anterior a un examen.

    En cualquier caso nunca se me va a olvidar el funcionamiento inapropiado de aquella facultad, mal funcionamiento que se concretaba en: contenido de los exámenes (que excedían lo explicado en clase y/o el temario), su corrección (valoración global subjetiva y no numérica de cada apartado), tiempo de realización (insuficiente por norma), condiciones (prohibido preguntar sobre el enunciado, prohibido usar calculadora, prohibido usar el papel apaisado, ¡prohibido ir al W.C.!), tutorías (en las que se negaban a explicar dudas) y en el trato al estudiante (humillatorio, irrespetuoso, etc, etc, etc). Se lo cuentas a los Monty Python y te dicen que tanto surrealismo ya no tiene gracia.

    La tarde en que me enteré de que ya tenía el título fui andando solo hacia una cafetería. Guardo las cafeterías de diseño para su momento adecuado (que es cada dos por tres): cuando quiero ordenar mi mente, mejor estar en un lugar que no introduzca perturbaciones al caos que ya llevo por dentro. La frialdad de la decoración era el perfecto acompañamiento a mi sensación de entumecimiento. Era el único cliente, aquel sitio de moda no se llenaba entre semana. Me senté en una esquina junto a la ventana. Café solo en taza blanca simétrica al vaso ancho con dos dedos de Jameson sin hielo. Un periódico abierto desatendido. Me quedé mirando hacia fuera, mirando sin ver, mientras comprendía que ya había salido de la jungla y que lo había hecho sin mancharme. Limpio, pero con estigmas que veo cada vez que ese del espejo se desnuda.

    Claro, también me acordé de los que hicieron bien su trabajo, por eso les escribí dándole las gracias (la cantidad de éstos aumenta con la savia nueva, menos mal). Algunos de los buenos trabajaban de manera brillante y con un trato respetuoso, exquisito, hacia los alumnos. También hay que mencionarlos y se merecen un par de columnas.

    Pero esta vez tocaba hablar de aquellos otros. De aquellos indignos profesores.